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Casada Con Mi Verdugo

Casada Con Mi Verdugo

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Hija rica en bancarrota / Venderse para pagar una deuda / Atracción entre enemigos
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: MisterG028

Cuando una estafa sacude el imperio de Alfred Lecrec, el implacable magnate Sebastian Spencer está decidido a destruir a los responsables. Sin embargo, todo cambia al conocer a Elena Lecrec: una arquitecta independiente, inteligente y de carácter indomable. Fascinado por ella, Sebastian ofrece un cruel trato: perdonará a su familia si Elena acepta casarse con él durante cinco años y darle un heredero; de lo contrario, su hermano Martín, el verdadero culpable, pasará el resto de su vida en prisión.

Para Elena, Sebastian no es más que su verdugo. Pero mientras el odio se convierte en convivencia, descubrirá que detrás de ese hombre frío y despiadado se esconde un corazón marcado por profundas heridas. Lo que comenzó como un matrimonio por obligación podría convertirse en la única oportunidad para sanar… o destruirlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: La Ira del Lobo

Las oficinas centrales de Spencer Consulting & Construction se alzaban como un monolito de acero y cristal en el corazón financiero de Londres, dominando el skyline europeo. Era más que un edificio: era el símbolo del imperio que Sebastian Spencer había construido con sangre, ambición y una implacable falta de piedad. En la planta más alta, dentro de una oficina que parecía más un trono que un despacho, el aire estaba cargado de tensión.

Sebastian Spencer golpeó el escritorio de caoba con tal fuerza que el vaso de whisky escocés saltó. Su rostro, habitualmente cincelado en líneas frías y atractivas, estaba deformado por la furia.

—¡Diez millones de euros! —rugió, con la voz baja y peligrosa, como el gruñido de un lobo antes de atacar—. ¡Diez millones desaparecidos de las cuentas principales como si fueran calderilla! ¿Quién demonios se atrevió?

John Anderson, su amigo de toda la vida y mano derecha, estaba de pie frente al escritorio con los brazos cruzados. Alto, rubio y de expresión serena, era la única persona en el mundo capaz de hablarle a Sebastian en ese estado sin temer por su vida.

—Sebastian, respira. Ya puse a los mejores hackers y al equipo de auditoría interna a trabajar. En menos de veinticuatro horas tendremos un nombre —dijo John con tono firme pero calmado—. No es la primera vez que alguien intenta jugárnosla. Pero esta vez… fue demasiado limpio. Quien lo hizo sabía exactamente dónde mirar.

Sebastian se levantó de su sillón de cuero negro como un depredador. Sus ojos grises, casi plateados bajo la luz de los ventanales, brillaban con una mezcla de rabia y sed de venganza. A sus veintiocho años, era uno de los hombres más poderosos y temidos de Europa. No había llegado hasta allí siendo misericordioso.

—Quiero el nombre, John. Y cuando lo tenga… —sonrió, pero no había calidez en esa sonrisa—, esa persona va a desear nunca haber nacido. Nadie toca lo que es mío. Nadie.

John suspiró y se pasó una mano por el cabello.

—Entendido. Pero no hagas nada impulsivo. Déjanos trabajar. Tú concéntrate en la reunión con los inversores alemanes de mañana. No podemos permitirnos que esto se filtre.

Sebastian se acercó al ventanal, mirando la ciudad que parecía extenderse a sus pies como un reino conquistado.

—Impulsivo… —repitió con sorna—. Esto no es impulsividad, John. Es justicia. Y cuando encuentre al hijo de puta responsable… le haré pagar con intereses.

A varios kilómetros de allí, en las afueras de un exclusivo barrio residencial, la mansión Lecrec parecía haber perdido su antiguo esplendor. Las luces del gran salón estaban encendidas, pero el ambiente era pesado, cargado de desesperación.

Martín Lecrec entró tambaleándose, con la camisa empapada de sudor y el rostro pálido. Apenas había cerrado la puerta principal cuando su padre, Alfred Lecrec, apareció en lo alto de la escalera de mármol como un espectro furioso.

—¡¿Qué has hecho, maldito idiota?! —bramó Alfred, bajando los escalones de dos en dos.

Martín retrocedió instintivamente, pero no fue lo suficientemente rápido. La mano de su padre impactó contra su mejilla con un sonido seco y brutal. El golpe lo hizo trastabillar y caer de rodillas sobre la alfombra persa.

—Padre… yo… yo no quería… —balbuceó Martín, tocándose la mejilla enrojecida. Tenía veintinueve años, pero en ese momento parecía un niño aterrorizado.

Alfred Lecrec, un hombre de sesenta y tres años que aún conservaba una presencia imponente a pesar de las deudas que lo asfixiaban, lo miró con puro desprecio.

—¿Que no querías? ¡Tus deudas de juego han estado hundiendo esta familia durante meses! ¡La empresa está al borde del colapso! Y tú… ¡tú decides robarle a Sebastian Spencer! ¡A nuestro socio mayoritario! ¿En qué demonios estabas pensando?

Martín levantó la mirada, temblando. El miedo le corría por las venas.

—Era la única forma, padre. Spencer tiene tanto dinero que ni siquiera lo notaría. Solo tomé lo suficiente para cubrir las deudas más urgentes y… y para seguir operando. Pensé que podría devolverlo antes de que se dieran cuenta. ¡Era un plan perfecto!

Alfred soltó una carcajada amarga y volvió a abofetearlo, esta vez con el dorso de la mano.

—¿Perfecto? ¡Eres un imbécil! Spencer no es como los otros. Ese hombre es un tiburón. Si descubre que fuiste tú… no solo destruirá la empresa. Nos destruirá a todos. A tu hermana Elena, a mí, a toda la familia. ¿Entiendes eso?

Martín se quedó en el suelo, respirando agitadamente. Las lágrimas de rabia y miedo le quemaban los ojos.

—No dirá nada… No puede probarlo. Usé cuentas offshore, transferencias complejas. Nadie podrá rastrearlo hasta mí.

Alfred se pasó las manos por el cabello canoso, visiblemente agotado.

—Reza para que tengas razón, Martín. Porque si Spencer viene por nosotros… no habrá piedad. Y esta vez, ni siquiera yo podré salvarte.

El silencio cayó sobre la mansión como un manto pesado. Fuera, la noche londinense parecía más oscura que nunca, como si presagiara la tormenta que estaba a punto de desatarse.

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Suleima Dominguez Guzman
gracias por cada capítulo queremos maratón pliss
Diva Ramirez
Esta es una copia exacta de una novela turca
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora por cada capítulo excelente novela me encanta gracias por actualizar esta súper
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora por actualizar cada capítulo es excelente
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora excelente novela
Suleima Dominguez Guzman
buen inicio
Suleima Dominguez Guzman
te felicito autora excelente novela gracias por escribir
Darquiz Bonilla
y esa familia no tiene casa para venirse a meter a esta...
Deisy Campos
para que engañan con esas novelas por partes comenzamos bien y nos corta no vale
Yineth Carvajal: para cuándo la segunda parte de la novela Marcada por un Error
total 2 replies
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