Laura Una arquitecta brillante intentando llevar una vida normal, en medio de todo su caos, llegará para cambiarle la vida a él.
—Ojalá el amor se pesara, porque siento que hoy acabo de subir una tonelada
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capitulo 15
Mientras tanto, en la oficina de Alarcón & Co., el ambiente era comparable a un búnker en medio de un bombardeo. Marco no se había afeitado en tres días, su camisa milimétricamente planchada tenía una mancha de café que él ni siquiera notaba y su mirada daba miedo.
—Señor Alarcón, la señorita Azuaje está en la línea dos. Dice que es urgente sobre la fusión
anunció su secretaria, temblando.
—Dile a la señorita Azuaje que se meta la fusión por donde mejor le quepa
Rugió Marco, lanzando un informe contra la pared.
— ¡Y quiero al detective privado aquí ahora mismo! Si no encuentra la prueba de que ella pagó al fotógrafo de la cena, voy a empezar a despedir gente por orden alfabético.
Marco estaba roto. La ausencia de Laura era un vacío físico que no podía llenar con trabajo. Extrañaba su risa irónica, la forma en que ella desafiaba su autoridad con una lógica aplastante y, sobre todo, extrañaba la calidez de sus curvas, ese refugio donde él se sentía, por primera vez, un hombre completo y no un simple engranaje de poder. Él la amaba por todo lo que ella representaba en su vida desde que llegó, una sensualidad generosa que Carla Azuaje jamás entendería.
El segundo día de su separación, Marco cometió la locura de ir a la casa de los padres de Laura a las tres de la mañana. Se quedó en su coche, mirando la ventana de su habitación, sintiéndose como un adolescente castigado. Laura lo vio desde detrás de las cortinas.
—¿Sigue ahí?
preguntó su padre adoptivo, apareciendo con un vaso de leche.
—Sí, papá. Lleva cuatro horas estacionado bajo la farola
respondió Laura, con un nudo en la garganta. Ella desde el principio le contó todo lo que pasó a sus padres y ellos la apoyaron.
—Parece un perro abandonado en un coche de medio millón de dólares.
—Se ve que sufre, hija.
—Que sufra un poco más, papá. Me hizo dudar de mi valor. Me hizo creer que era una pieza de un tablero. Y que Carla Azuaje se sienta con el derecho de decirme gordita en un mail es, en parte, culpa de él por no haberme dado mi lugar desde el principio.
Al tercer día, la intriga de Carla subió de nivel. Empezó a publicar fotos retro en sus redes sociales de ella y Marco en eventos de gala de hace años, con leyendas sugerentes como Donde hubo fuego, quedan brasas de alta alcurnia. El objetivo era claro, desmoralizar a Laura, hacerla sentir pequeña, recordarle que ella era una recién llegada a un club donde se necesitaba una talla 90-60-90 para entrar.
Pero Laura ya no era la misma chica que derramó el batido el primer día. Llamó a su mejor amiga de la universidad, una experta en redes sociales y hacker amateur en sus ratos libres.
—Necesito que rastrees el pago de un fotógrafo independiente llamado El Lince. Creo que Carla Azuaje tiene una factura pendiente con él
le dijo Laura, mientras devoraba una manzana con la determinación de quien está planeando un golpe de estado.
Esa noche, Laura recibió una visita inesperada. No fue Marco, sino la madre de él, que llegó sin avisar y sin protocolo, cargada de bolsas de una tienda de bebés de lujo.
—He pensado mucho en lo que dijiste
dijo la señora Alarcón, sentándose en el sofá de flores de la madre de Laura, viéndose tan fuera de lugar como un diamante en un tazón de cereales.
— Marco está insoportable. No trabaja, no come y ha empezado a hablarle a las plantas. Si no vuelves, me va a arruinar la herencia por pura depresión. Y en cuanto a esa Azuaje... siempre me pareció una mujer que confunde la delgadez con la elegancia. Mis nietos necesitan a una madre con sustancia, no a una percha.
Laura no pudo evitar reírse. La madre de Marco era un personaje complejo, pero al menos tenía el instinto de una leona.
—No voy a volver solo porque Marco esté triste, señora Alarcón
sentenció Laura.
—Volveré cuando él entienda que yo no soy un anexo de su empresa, sino la mujer que tiene la llave de su futuro. Y cuando Carla Azuaje aprenda que meterse con una mujer con hambre
literal y figurada.
—es el peor error de su vida logística.
La puerta sonó y al salir vio un paquete. No eran flores. Era una caja con una nota de Carla, -Un vestido para la gala de mañana. Es una talla 38. Pensé que te serviría de motivación para empezar la dieta antes de que los gemelos te dejen... más grande. Te esperamos en la fiesta de fusión, si es que te atreves a aparecer.-
Laura miró el vestido minúsculo y luego miró su reflejo en el espejo. Una sonrisa lenta y peligrosa se dibujó en su rostro.
—Prepárate, Carla. Porque voy a ir. Y no voy a usar tu vestido, pero voy a hacer que te arrepientas de haberlo enviado.
La separación estaba cumpliendo su función. Laura se estaba empoderando, Marco se estaba humanizando a través del dolor y Carla estaba confiándose demasiado. Pero la intriga seguía ahí.