un hombre marcado por la tragedia, perdió a sus dos primeras mujeres y su hijo, el estaba creado qye era de mala suerte para las mujeres. Hasta que conoce a su nueva secretaria.
¿Se dara una nueva oportunidad?
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ALMUERZO
Mariano no le importó hacerlo sin protección, quería sentir la piel de su secretaria, se acomodó y comenzó a entrar en ella, pero empujó con fuerza que sintio romper una barrera, quedó sorprendido y miró el rostro de Silvia, tenía cara de dolor, allí entendió todo, su joven secretaria de dieciochoaños era virgen. Mariano se quedó inmóvil, todavía unido a ella, pero con el corazón latiendo ahora por una razón muy distinta; ella le estaba entregando algo que no se podía recuperar.
El rostro de ella, contraído por el espasmo del dolor inicial, no mostraba arrepentimiento, sino una entrega voluntaria, el no dejo de mirarla y ella le sostuvo la mirada dándole a entender que continuara, pero el le dijo suave.
MARIANO: Silvia... ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Porque permitiste todo esto?
SILVIA: ¿Para que? Y... lo permití porque quise y quiero.
La respuesta de ella lo volvió a encender, en se momento el comenzó a moverse, se despojó de toda su compostura habitual, se entregaba a un ritmo frenético, impulsado por una mezcla de deseo acumulado y la libertad de haber roto por fin sus propias cadenas. La fuerza de sus emb*stidas era el lenguaje de un hombre que ya no necesitaba negociar; simplemente sentir.
Silvia recibia cada impulso de Mariano con un jadeo que llenaba el aire denso de la oficina. La oficina y todo los objetos fueron testigos de todas las posturas que los dos lujuriosos hicieron para satisfacer sus necesidades.
Para Silvia lo vivido la dejo con más ganas de vivir su vida sex*al, Mariano con un poco de remordimiento, pero satisfecho por todo, pero la idea de no haber usado protección lo hacía sentirse responsable de un futuro que ahora parecía incierto. Miró a Silvia para confirmar si había arrepentimiento en ella, pero no, en su mirada encontró satisfacción, agradecimiento por lo ocurrido. El estaba satisfecho, su lo cuerpo se sentía más ligero que nunca.
El sabía que ese no era el final de la inocencia de su secretaria, sino la apertura de una puerta, y asi era, Silvia estaba dispuesta a disfrutar, a explorar cada rincón de su propia feminidad. El se sentó en el mueble y ella se dio cuenta que el sentía culpa, más no arrepentimiento, ella se sentó a su lado y el la miró con lástima porque no podía ofrecerle más, aún sentía miedo por lo sucedido con sus mujeres, ella le dio un beso en los labios y dijo.
SILVIA: No me mires con lástima, no me obligaste, yo quería, ambos lo queríamos sucedió y ya, somos adultos, no tienes que responder por nada.
Mariano la miró, sorprendido por la madurez que le estaba mostrando, se dio cuenta que era madura en todo el sentido de la palabra, pero aun asi, su remordimiento seguía ahí, pero la satisfacción de haber sido el primero en recorrer ese cuerpo empezaba a ganarle la batalla a la culpa, ya su joven secretaria de dieciochoaños no era virgen, ya era una mujer que acababa de reclamar su propio deseo.
Ella fue al baño y se baño, después salió completamente desnuda y comenzó a vestirse delante de Mariano, el la miraba vestirse, en ningún momento dejó de admirar su hermoso cuerpo y pensó ¿Cómo volverían a ser "jefe y secretaria" después de esto? ¿como iba a hacer para no mirarla como mujer? como la mujer que había disfrutado en su oficina.
Ella lo saco se sus pensamientos cuando se acercó a él y mirando el reloj le dijo.
SILVIA: Se paso la hora del almuerzo, no le va a dar tiempo de almorzar porque ya casi es la reunión.
Lo que ellos no sabían era que Mario había estado pendiente y les había pedido almuerzo, Mariano la miró diferente, ella se dio cuenta que ta no era la mirada fría y enojada que lo caracterizaba, sintió una mirada cariñosa, el aparto la mirada de ella y dijo
MARIANO: Pide algo para ti.
SILVIA: No... no da tiempo para esperar a que traigan comida, mejor voy a mi puesto y espero que suba el personal.
A él no le dio tiempo de hablar porque ella salio corriendo, se sonrió sin darse cuenta y se fue al baño para bañarse rápido. Silvia salió y se sentó en su puesto sonriente, ya no nerviosa, agarro una carpeta y en ese momento apareció Mario con dos bolsas con comida, ya el iba dispuesto a interrumpir lo que estuviera sucediendo en la oficina, ya era hora de estar organizando lo de la reunión, se acercó a ella y le dijo.
MARIO: Este es tu almuerzo, come todo para que recuperes energía.
El lo dijo sonriendo y mirándola, con esos gestos le dio a entender que sabía lo sucedido, a ella se le puso la cara pálida y no supo que decir, Mario se acercó un poco y dijo.
NARIO: Tranquila, no pasa nada.
El se fue con la otra bolsa a la oficina de su hermano, ella quedó avergonzada, pero no había nada que pudiera hacer o decir; Mario ingreso a la oficina y su hermano iba saliendo del baño, Mario feliz porque sabía lo que había sucedido puso la comida en el escritorio y dijo.
MARIO: Huele a sx*, ahí tienes la comida para que recuperes energía hermano, manda a limpiar el escritorio, mueble y todo, ah... ya le di almuerzo a tu mujer, osea, mi cuñada.
MARIANO: Deja de hablar estupidez, voy a comer, vez a esperar al personal.
MARIO: Pero primero dime... ¿que tal?
MARIANO: ¿Qué tal si te vas?
MARIO: Está bien, luego hablamos.
Mariano se sentó a comer, por primera vez después de años sentía gran apetito para comer, afuera Silvia también comía con ganas, Mario por otro lado estaba a la espera del personal de la empresa para la reunión, pero estaba feliz por su hermano porque lo vio diferente.
El personal comenzó a llegar y Silvia ya había terminado, pero su jefe no salía.