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Fuegos Artificiales Invisibles

Fuegos Artificiales Invisibles

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:651
Nilai: 5
nombre de autor: Yelina Lopez

¿Cuánto peso puede soportar un secreto antes de romperte por dentro?
Al principio, Jester y Yelina eran dos extraños unidos por un amigo en común. No había chispas, ni conexión, ni interés. Pero el roce diario y la complicidad silenciosa fueron tejiendo un lazo que ninguno de los dos vio venir. Se volvieron refugio, confidentes, mejores amigos.
Y fue ahí, en la calidez de esa cercanía, donde Yelina se perdió. Enamorarse de él fue inevitable; aceptar que nunca sería correspondida, una dolorosa certeza. Para salvar la amistad que tanto le costó construir, Yelina decide condenarse al silencio. Una historia sobre el amor que prefiere callar para no perder lo que más quiere en el mundo.

NovelToon tiene autorización de Yelina Lopez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Calidez Del Refugio

El desfile de otoño fue uno de los más estresantes de mi carrera. La diseñadora a cargo era sumamente exigente, y pasé tres días casi sin dormir, ensayando la caminata sobre tacones de quince centímetros y lidiando con el constante escrutinio de los críticos de moda. Para colmo de males, mi timidez habitual me jugó una mala pasada tras bambalinas, haciéndome sentir aislada entre el resto de las modelos que competían ferozmente por la atención de los fotógrafos.

Cuando el evento finalmente terminó el domingo por la noche, me sentía física y mentalmente agotada. Mi cuerpo dolía y una profunda sensación de soledad me oprimía el pecho mientras caminaba hacia mi apartamento bajo el frío viento nocturno. Todo lo que quería era encerrarme, llorar un poco para liberar la tensión y dormir durante doce horas seguidas.

Al llegar a mi edificio, me sorprendió ver una silueta conocida apoyada contra la pared junto a la entrada. Era Jester. Llevaba una chaqueta de cuero oscura que acentuaba su imponente estatura de un metro ochenta y sostenía una bolsa de papel térmico en sus manos. Al verme, su rostro cansado se iluminó con esa sonrisa cálida que siempre lograba desarmarme.

—¿Jester? ¿Qué haces aquí? Es tardísimo —pregunté, mi voz sonando apagada por el cansancio.

—Sé que tuviste un fin de semana terrible —dijo él, dando un paso hacia mí—. Gonzalo me contó lo estresada que estabas con el desfile, y supuse que no habrías comido nada decente en días. Así que te preparé algo.

Me quedé helada, mirando la bolsa que sostenía. Jester había trabajado todo el fin de semana en el bar, y aun así, había sacado tiempo de su descanso para cocinar para mí y traérmelo hasta mi puerta. Sentí que las lágrimas que había estado conteniendo durante todo el día amenazaban con desbordarse, esta vez por la inmensa gratitud y el amor que sentía por él.

—Pasa, por favor. No te quedes aquí afuera con este frío —le dije, abriendo la puerta del edificio con manos temblorosas.

Subimos a mi apartamento en silencio. Una vez dentro, me quité los zapatos con un suspiro de alivio y me senté en el sofá, mientras Jester dejaba la comida en la mesa de la cocina. Preparó un par de platos y me llevó uno de ellos. Era una sopa de verduras con pollo y especias, mi comida favorita para los días difíciles, acompañada de un té de manzanilla caliente.

—Pruébalo. Te aseguro que te devolverá el alma al cuerpo —dijo con suavidad, sentándose en el otro extremo del sofá, dándome mi espacio.

Le di una cucharada al caldo caliente. Estaba delicioso, con ese toque casero y reconfortante que solo él sabía darle a la comida. Sentí cómo la calidez del plato se extendía por mi cuerpo, aliviando la tensión de mis músculos y la opresión de mi mente.

—Está increíble, Jester. De verdad... no sé cómo agradecértelo —susurré, mirándolo con los ojos empañados por la emoción.

—No tienes que agradecer nada, Yadira —respondió él, mirándome con una ternura tan pura que me dolió—. Me gusta cuidarte. Eres una chica increíble, trabajas durísimo y a veces olvidas que también necesitas que te consientan un poco.

Sus palabras fueron un bálsamo para mi alma cansada, pero también una dolorosa confirmación. Jester me cuidaba porque era un buen amigo, un hombre noble y generoso que se preocupaba por las personas de su entorno. Para él, esto era un acto de pura camaradería. Para mí, era la prueba definitiva de que mi corazón le pertenecía por completo, aunque él nunca fuera a saberlo.

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