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Casada con el Señor Montero

Casada con el Señor Montero

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Maltrato Emocional / Malentendidos / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Divorcio / Completas
Popularitas:118.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Robles

Valentina Rossi sacrificó sus piernas por salvar a Sebastián Montero. A cambio, recibió un anillo de bodas y cinco años de indiferencia.

Mientras ella aprendía a caminar de nuevo, él soñaba con otra mujer. Mientras ella doblaba flores de papel rezando por su abuela enferma, otra se llevó el crédito. Mientras ella construía en silencio su plan de escape, él ni siquiera notó que ella se iba.

Pero Valentina no es una víctima. Es una bailarina que perdió el escenario pero no el fuego. Cuando por fin se va —a las cuatro de la madrugada, con su abuela y una maleta—, no mira atrás. En Europa, reconstruye su vida paso a paso: un nuevo escenario, una nueva compañía de danza, un nombre que el mundo empieza a conocer.

Sebastián no la busca por amor. La busca porque el silencio de la casa vacía le resulta insoportable. Pero cuando descubre la verdad sobre las flores de papel —quién las dobló, quién mintió, y a quién amó durante cinco años por error—, su mundo se derrumba.

Él intentará redimirse. Ella ya no lo necesita.

Y cuando una extraña enfermedad del sueño la arrastra de vuelta al pasado, Valentina descubrirá que hay destinos que ni siquiera el tiempo puede cambiar... y amores que solo se entienden cuando ya es demasiado tarde.

Una pulsera grabada con su nombre. Invisible para todos, excepto para una nieta que aún no ha nacido.

NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14 — No hace falta

La puerta de la habitación principal estaba entreabierta.

Valentina la vio desde el final del pasillo, a las dos de la tarde de un sábado. Venía del vestidor y caminaba descalza por el parquet cuando la vio.

La puerta del dormitorio de Sebastián. Entreabierta. Veinte centímetros.

De adentro salía un murmullo. Dos voces. La de Sebastián, grave, en el registro que solo aparecía con Camila. Y la de Camila, suave, convertiendo cada frase en una caricia verbal.

Se quedó de pie en el pasillo, descalza, a tres metros de la puerta. No quería escuchar. No necesitaba escuchar.

Pero el cuerpo no se movía.

Las voces subieron y bajaron. Valentina las convirtió en ruido blanco. Lo que sí registró fue una risa corta de Camila, seguida de un silencio que duró demasiado para ser inocente.

*Movete. Movete. Movete.*

Se movió. Dio un paso hacia atrás. Después otro. El parquet crujió bajo su pie izquierdo — el bueno, el silencioso — y el sonido cortó el aire como un disparo en una biblioteca.

Silencio adentro. Absoluto. El tipo de silencio que hacen dos personas cuando saben que alguien las escuchó.

Valentina caminó hacia la escalera. Bajó los peldaños con la calma de una sonámbula. Cada escalón era un pensamiento que archivaba sin procesar: la puerta entreabierta, las dos voces, la risa, el silencio. Los guardó como había guardado las fotos del estado financiero de Diego — en una carpeta mental que no se abría hasta que fuera necesario.

Llegó a la cocina. Puso la pava. Sacó la taza azul de Abuela Rosa. Esperó.

Escuchó los pasos. Dos pares bajando la escalera.

Valentina tomó un sorbo de té. Estaba hirviendo. Se quemó el labio. No se movió.

Camila apareció primero. El pelo ligeramente desordenado — un detalle que Valentina registró porque Camila nunca tenía el pelo desordenado.

Detrás, Sebastián. La camisa con un pliegue extraño, como si se la hubiera metido apurado.

—¡Vale! —dijo Camila, y la sonrisa fue inmediata, automática, como un reflejo condicionado—. No sabía que estabas. Vine a traerle a Seba unos documentos de un cliente. Estuvimos revisándolos arriba.

La mentira era tan pulida que brillaba. Documentos de un cliente. Arriba. En la habitación. Con la puerta entreabierta y una risa que no sonaba a cláusula contractual.

Valentina miró a Camila. Después miró a Sebastián. Sebastián no la miraba a ella; miraba un punto intermedio entre la mesada y la ventana, como un hombre que busca una salida en un cuarto sin puertas.

—No pasó nada, Vale —dijo Camila—. De verdad. Solo estábamos trabajando.

Valentina registró que Camila había dicho "no pasó nada" sin que nadie le preguntara. La gente inocente no se defiende de acusaciones que no existen. Registró que Sebastián seguía sin mirarla.

Tomó otro sorbo de té.

—No hace falta que me expliques, Camila.

Seis palabras. Sin ironía. Sin temblor. La respuesta no era la esperada. Lo esperado era rabia o llanto. Lo que Valentina le daba era peor: indiferencia. Y la indiferencia era un idioma que Camila no sabía traducir.

—Bueno —dijo Camila. Por primera vez, no tenía una segunda frase preparada.

Sebastián se aflojó el nudo de la corbata —el gesto que hacía cuando algo le apretaba por dentro— y carraspeó. Dio un paso hacia la cocina, se sirvió un vaso de agua, y dijo:

—Camila ya se va.

—Sí, me voy. —Camila recogió su cartera del sillón del living. Se puso los zapatos. Al pasar junto a Valentina, no la tocó. No dijo "chau." No sonrió. Fue la primera vez que Camila salió del departamento sin dejar un rastro de perfume en el aire, como si la propia atmósfera la hubiera rechazado.

La puerta de calle se cerró.

Valentina y Sebastián se quedaron en la cocina. Ella de pie con el té. Él apoyado contra la mesada con el vaso de agua. Dos metros de distancia. Cinco años de matrimonio. Y entre los dos, un silencio que pesaba más que cualquier cosa que pudieran decirse.

Sebastián abrió la boca. La cerró. La abrió de nuevo.

—Valentina...

—¿Querés que te caliente algo para cenar? —dijo ella.

La pregunta fue un muro. Un muro construido con ladrillos de cortesía doméstica, de los que no se pueden escalar ni derribar porque no hay nada contra lo que empujar. Sebastián la miró — por primera vez en semanas, la miró de verdad, con los ojos quietos y algo que podía haber sido confusión o culpa o simplemente el desconcierto de un hombre que esperaba una tormenta y recibió sol.

—No. Gracias. —Se fue.

Sus pasos subieron la escalera. La puerta de la habitación principal se cerró. Con llave esta vez.

---

Valentina lavó la taza. La secó. La puso en su lugar en el aparador. Cada gesto era una forma de control, una manera de decirle al cuerpo: estás bien, seguí funcionando, las manos sirven para agarrar tazas y secar platos, no para temblar.

Fue al vestidor. Cerró la puerta. Se dejó caer en el rincón de siempre — el metro cuadrado entre la pared y el perchero que se había convertido en lo más parecido a un lugar propio. Y ahí, sola, en el único espacio del mundo que era suyo, dejó que la superficie blanca de la mente se agrietara.

No lloró. No era una persona que lloraba con facilidad, y lo que sentía ahora no era la clase de dolor que se alivia con lágrimas. Era más parecido a la confirmación de un diagnóstico que ya conocía: el médico dice "es lo que pensábamos" y el paciente asiente, porque la información no es nueva pero escucharla en voz alta le da un peso que antes no tenía.

Sebastián y Camila.

No importaba si hoy había pasado algo o no. No importaba si "los documentos" eran una mentira o un pretexto o una verdad a medias. Lo que importaba era la puerta entreabierta, la risa, el silencio posterior, y sobre todo — sobre todo — las seis palabras que ella había dicho y que eran, sin que Camila lo supiera, lo más honesto que Valentina había pronunciado en años.

*No hace falta que me expliques.*

No hacía falta porque Valentina ya no necesitaba explicaciones. No necesitaba pruebas. No necesitaba confesiones ni disculpas ni escenas de confrontación donde alguien gritaba y alguien lloraba y alguien juraba que no volvería a pasar. Necesitaba un pasaporte, una visa, dos pasajes de avión y un cuaderno negro cuya columna derecha llegara a la cifra marcada con rojo en la última página.

Abrió el Samsung. Le escribió a Sofía.

**Vale**: *Camila salió de la habitación de Sebastián hoy. Me dijo "no pasó nada."*

**Sofía**: *¿Y vos qué hiciste?*

**Vale**: *Le dije "no hace falta que me expliques" y le ofrecí la cena a Sebastián.*

**Sofía**: *Sos una psicópata. Te amo.*

**Vale**: *No soy psicópata. Soy una mujer que tiene cita en el consulado español el 18 de diciembre.*

**Sofía**: *ESO SÍ ES UNA NOTICIA. ¿Tenés todo?*

**Vale**: *Carta de invitación, pasaporte, extractos bancarios (de la cuenta que Sebastián no sabe que existe), antecedentes penales. Me falta una cosa.*

**Sofía**: *¿Qué?*

**Vale**: *El pasaporte de la abuela. Doña Marta lo retira la semana que viene.*

**Sofía**: *¿Y después?*

**Vale**: *Después, esperar. Y seguir dando clase. Y seguir haciendo como que todo está bien.*

**Sofía**: *Está bien no es tu frase favorita, ¿lo sabías?*

Valentina cerró el chat. Se quedó un momento mirando la pantalla del Samsung. En el reflejo de la pantalla negra vio su cara: los ojos secos, la mandíbula firme, una expresión que no era calma sino algo más resistente — la expresión de una mujer que acaba de ver a su marido con otra mujer en su propia casa y que, en lugar de derrumbarse, ha tomado nota del pliegue en la camisa y ha seguido tomando té.

Guardó el Samsung. Se acostó. Desde la habitación principal, silencio. La puerta con llave.

Valentina cerró los ojos. *Dieciocho de diciembre. Tres semanas. Después, nada de esto va a importar.*

1
Juana Francisca López
yo tampoco la entiendo
Pany Rojas
esta muy tediosa la novela, la verdad, ya me aburrio.
Mari Cruz
🤔😲No entiendo esta novela de pana que no. 😏
Nadia Leonila Borjas Borjas
que largo el viaje para salir con el secuestro que malo
Nadia Leonila Borjas Borjas
la novela no es mala lo mala es la esperas de tanta fechas de viaje de separación de visa y ahora la espera para el viaje
lauritha
no sé supone que el padre es el apostador por el cual la secuestraron y pidieron el rescate? no entiendo. hay muchas inconsistencias en la historia
AnayAlexreyes Falcon
hola autora me gusto mucho tu historia de,casada con el señor montero, pero quiero preguntarte si tambien escribiste la historia de, herida por tu odio, ya que tienen mucha similitud, espero no molestarte, pero tengo curiosidad, felicidades escribes muy bien👏👏👏🥰🥰
Mari Cruz
😏Que aburrido esperando algo interesante y nada 🙄😏
Grciela Calanducci
ufffff.... qué pesada
Dosthy Muñoz
Maravilloso
Dosthy Muñoz
Autora eres una escritora con todas las letras he vivido y sentido está historia, no sé si algún día leas mi comentario, Pero te envidió no con una envidia fea y egoísta sino de la que se mezcla con admiración. Está historia merece sentir el papel. No sé si has logrado publicarla,.espero que si. Para que quienes no tienen acceso a medios digitales. Bendigo el talento que Dios ha puesto en tí.
Mari Cruz
😏Q aburrido 🤔yo sigo esperando algo nuevo y nada. 🙄
Mari Cruz
🤔Y ahora que biene 😏si Sebastián no ama a Valentina. Y tiene una Relación con la cuema de camilla 😡 Q quiere el de Valentina si la ignoro x 5Años. No entiendo deveras🤔😏
Mari Cruz
😡Ese Sebastián sos un perro 😏
Mari Cruz
X Dios yo Valentina le digo llevale te a camilla 🤣🤣🤣
Mari Cruz
😲
Mari Cruz
😏 Yo tenia las esperanzas de Q el Sebastián amara a Valentina 🤔Q clase de serie Ho no vela es esta 🤔 no entiendo esta drama 😏
Bianca Sand0
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣😉
Bianca Sand0
Espero leerlo con ansías 😉😌
Bianca Sand0
Desgraciada
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