Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.
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CAPITULO 14: "LAS FAUCES DEL CIELO"
El sonido de la grieta dejó de parecer un rugido.
Ahora sonaba como respiración.
Una respiración inmensa.
Hambrienta.
El océano invertido comenzó a girar lentamente sobre nosotros mientras la lluvia negra caía desde el tentáculo destrozado del Kraken. Cada gota que tocaba la cubierta del Luk’s Stray quemaba la madera y dejaba marcas oscuras que parecían moverse vivas sobre las tablas.
El barco gemía.
Pero seguía resistiendo.
Las cadenas espirituales que colgaban de los mástiles rotos brillaban con intensidad espectral, sujetando la estructura como si las propias almas de la tripulación se negaran a dejarlo hundirse todavía.
La capitana observó el cielo fracturado.
—No tenemos tiempo.
Otro rugido atravesó el mundo.
Esta vez el Leviatán empujó con más fuerza desde el otro lado de la puerta.
La grieta se abrió unos metros más.
Y algo gigantesco apareció entre la oscuridad.
No completo.
Solo una parte.
Una garra.
Era demasiado grande para existir.
Oscura.
Cubierta de ojos cerrados incrustados en la carne como perlas podridas.
El Kraken lanzó otro rugido furioso y envolvió la grieta con los tentáculos restantes, apretando con desesperación monstruosa para impedir que aquella mano atravesara completamente el océano invertido.
Pero el Leviatán seguía avanzando.
La cubierta se inclinó violentamente.
Varias sirenas cayeron al vacío.
Otras comenzaron a cantar desesperadas mientras intentaban mantener abierta la grieta.
La líder alzó ambos brazos.
Su voz atravesó las aguas congeladas.
—¡EL CICLO DEBE CONTINUAR!
La capitana apuntó el sable hacia ella.
—¡Tu ciclo va a destruirnos a todos!
—¡No entiendes nada humana!
Los ojos de la sirena brillaron con locura.
—¡El Leviatán no destruye! ¡Purifica!
—¡Eso dicen todos los monstruos!
La líder rugió y las aguas alrededor explotaron en espirales oscuras.
Decenas de sirenas cargaron hacia la capitana.
Ella giró inmediatamente el sable.
Las cadenas espirituales reaccionaron.
Los fantasmas de los tripulantes atravesaron el aire como flechas translúcidas, chocando contra las sirenas en una explosión de espuma negra y gritos.
El Luk’s Stray volvió a estremecerse.
Yo seguía observando al muchacho.
Arrodillado.
Temblando.
Luchando contra algo dentro de sí mismo.
Sus ojos cambiaban constantemente.
Humanos.
Negros.
Humanos.
Negros.
La espada azul vibraba tanto que parecía querer escapar de sus manos.
Y cada vez que el Leviatán respiraba…
la espada respondía.
BUM.
BUM.
BUM.
La marca en mi pecho ardió de nuevo.
Esta vez no dolió solamente.
Vi.
El océano desapareció alrededor de mí.
Vi una costa oscura bajo una tormenta imposible.
Miles de cuerpos alineados frente al mar.
Sacrificios.
Reyes.
Guerreros.
Niños.
Todos marcados.
Todos esperando algo.
Y frente a ellos…
la Frontera.
No era una muralla.
No era un lugar.
Era una criatura dormida debajo del mundo.
Sus ojos cerrados ocupaban horizontes enteros.
Sus cadenas atravesaban montañas.
Y sobre su frente…
había marcas iguales a la mía.
La voz regresó dentro de mi cabeza.
LA BESTIA DE LA FRONTERA NO FUE ENCADENADA.
SE OFRECIÓ.
Abrí los ojos sobresaltada.
La respiración me temblaba.
La capitana seguía peleando cerca del mástil roto mientras los espectros combatían contra las sirenas.
El Kraken rugía.
El Megalodón desgarraba carne monstruosa bajo los océanos suspendidos.
Y la grieta seguía abriéndose.
Entonces entendí algo.
Algo horrible.
La Frontera no encerraba al Leviatán.
La Frontera lo mantenía dormido.
Miré mi marca.
Luego al muchacho.
La llave y el heraldo.
No éramos armas.
Éramos sellos vivos.
El muchacho levantó lentamente la cabeza hacia mí.
Y supe que él también había comprendido parte de la verdad.
—Nos usaron… —susurró.
La voz dentro de él respondió inmediatamente.
ABRAN.
Él gritó y se sujetó la cabeza otra vez.
—¡CÁLLATE!
La espada azul explotó en energía.
Una ola atravesó la cubierta.
Yo casi caí por la borda.
La capitana clavó el sable en la madera para mantenerse firme.
La líder de las sirenas sonrió.
—Ya despertó.
—¡Todavía no! —rugió la capitana.
Pero incluso ella dudó al decirlo.
Porque el muchacho ya no parecía completamente humano.
Las venas azules recorrían todo su cuello.
Sus pupilas desaparecieron.
Y el océano alrededor comenzó a obedecer sus movimientos.
Cada respiración suya agitaba las aguas suspendidas.
Cada latido hacía temblar la grieta.
El Leviatán lo estaba usando como puente.
La líder descendió lentamente frente a él otra vez.
—No luches.
—¡Aléjate de mí!
—Tu dolor terminará cuando aceptes lo que eres.
—¡NO QUIERO SER ESTO!
La sirena extendió una mano.
—El océano te eligió antes de que nacieras.
El muchacho comenzó a llorar de rabia.
—¡Mi familia murió por culpa del océano!
Silencio.
La líder inclinó apenas la cabeza.
—No.
Sus ojos brillaron.
—Tu familia murió para devolverte a él.
El joven lanzó un grito salvaje.
La espada cortó el aire otra vez.
Esta vez la energía azul atravesó varias sirenas y explotó contra el océano invertido.
Nuevas grietas aparecieron en el cielo.
El Leviatán rugió detrás de ellas.
Más fuerte.
Más cerca.
La realidad comenzó a deformarse alrededor del barco.
Vi sombras caminando sobre el agua.
Ciudades hundidas apareciendo y desapareciendo debajo de las olas.
Escuché campanas.
Cantos.
Miles de voces rezando desde profundidades imposibles.
Y entonces el Luk’s Stray comenzó a moverse solo.
Las cadenas espectrales tiraron del barco lentamente.
Hacia la grieta.
La capitana lo notó enseguida.
—¡No…!
Corrió hacia el timón destruido intentando frenarlo.
Pero los fantasmas estaban guiando la nave.
No obedecían a nadie ya.
Las almas miraban la grieta con expresiones vacías.
Hipnotizadas.
El barco avanzó otro metro.
La madera crujió.
El Leviatán respiró satisfecho.
La capitana giró hacia mí.
—¡Escúchame bien!
Su voz apenas superaba el caos.
—¡La marca no sirve para destruir la puerta!
—¡Entonces qué hago!
Ella observó la grieta.
Y algo parecido al miedo cruzó su rostro.
Observa al chico.
—Tienes que cerrar el vínculo entre ambos.
Miré al joven.
—¿Cómo?
La capitana dudó.
—¡¿CÓMO?!
—La Frontera necesita reclamar otra vez lo que perdió.
Sentí hielo recorrerme el cuerpo.
—No entiendo…
Pero sí entendía.
Y ella también lo sabía.
El muchacho levantó lentamente la mirada.
Había escuchado todo.
Sus ojos volvieron a ser humanos apenas un instante.
Solo un instante.
Suficiente para que hablara con su verdadera voz.
—Mátame.
—No.
—¡Hazlo!
La espada azul vibró violentamente.
Las venas oscuras avanzaban hacia su corazón.
—¡Antes de que entre completamente!
Negué desesperadamente.
—¡Tiene que haber otra forma!
La capitana permaneció en silencio.
Y ese silencio me destruyó más que cualquier respuesta.
Porque significaba que no la había.
El joven apenas sonrió.
Triste.
Cansado.
—Supongo que por eso sobreviví…
El Leviatán rugió dentro de su mente.
El muchacho gritó otra vez.
Sus huesos comenzaron a crujir.
La piel de sus brazos se abrió mostrando líneas luminosas azules debajo de la carne.
La espada flotó sola frente a él.
El océano entero respondió.
Gigantescas columnas de agua ascendieron alrededor del barco como jaulas líquidas.
La líder de las sirenas cayó de rodillas emocionada.
—¡Mi señor despierta!
El Kraken soltó otro rugido brutal.
Los tentáculos restantes comenzaron a envolver completamente la grieta mientras el monstruo se sacrificaba para contenerla.
Pero estaba perdiendo.
El Leviatán arrancó otro tentáculo de un tirón.
La explosión negra cubrió el cielo.
El Megalodón desapareció entre las aguas destrozadas.
El océano comenzó a volverse rojo.
La capitana caminó lentamente hacia el muchacho.
—…
Él respiraba con dificultad.
—No puedo detenerlo…
Ella bajó el sable.
—Mírame.
El muchacho levantó apenas la cabeza.
—Luchaste más que cualquiera.
El joven soltó una risa ahogada.
—Gran final para un marinero de mierda.
—He visto marineros peores.
Él observó el barco destruido.
—Mentira.
—Sí. Bastante.
La capitana levantó una mano y apoyó la frente contra la de él.
Un gesto breve.
Humano.
En medio del fin del mundo.
—Gracias por mantenernos vivos hasta aquí.
El muchacho cerró los ojos.
Y durante un segundo…
el Leviatán dejó de rugir.
Como si incluso aquella cosa inmensa estuviera conectado.
La capitana dio un paso atrás.
Y me entregó la espada.
—Hazlo tú.
Abrí los ojos horrorizada.
—¡¿Qué?!
Ella me miró.
—La marca responderá mejor si eres tú quien cierra la puerta.
—¡No puedo!
—Sí puedes.
La voz dentro de mi cabeza susurró otra vez.
LA FRONTERA OBEDECE A LOS MARCADOS.
La espada comenzó a arder en mis manos apenas lo sostuve.
Negro.
Como brasas vivas.
La marca explotó en dolor.
Y sentí algo despertar muy lejos.
Mucho más allá del océano.
Algo enorme abriendo lentamente los ojos debajo del mundo.
La bestia de la Frontera.
El mar entero tembló.
Incluso el Leviatán se detuvo un instante.
La líder de las sirenas levantó la cabeza aterrorizada.
—No…
La temperatura cayó brutalmente.
Escarcha negra comenzó a cubrir el barco.
Las aguas suspendidas dejaron de moverse.
Y un sonido atravesó el horizonte.
Cadenas.
Miles de cadenas arrastrándose bajo el océano.
La grieta tembló.
Por primera vez…
el Leviatán retrocedió.
La voz dentro del muchacho rugió furiosa.
ABRAN LA PUERTA.
Pero otra voz respondió desde las profundidades del mundo.
No la escuché con los oídos.
La sentí en los huesos.
NO.
El océano entero se partió.
Gigantescas cadenas oscuras emergieron desde abajo atravesando tormentas y montañas de agua.
Las sirenas comenzaron a gritar.
El Kraken soltó un rugido desesperado y se apartó de la grieta justo cuando las cadenas envolvieron el océano invertido.
El Leviatán rugió con furia absoluta.
Miles de ojos se abrieron detrás de la puerta.
La garra gigantesca intentó salir completamente.
Entonces la marca ardió.
Y entendí qué debía hacer.
Él apenas seguía consciente.
La oscuridad avanzaba por todo su rostro.
—Puedes…
Me arrodillé frente a él.
—Mírame.
Sus ojos apenas volvieron a enfocarse.
—Tengo miedo…
Sentí un nudo romperse dentro de mi pecho.
Porque seguía siendo él.
Debajo de todo aquello…
seguía siendo él.
Tomé su mano.
La espada azul y mi espada comenzaron a vibrar juntos.
Dos fuerzas opuestas.
Océano y Frontera.
Apertura y cierre.
El muchacho respiró temblando.
—Si fallo…
—No vas a fallar.
Las cadenas siguieron rodeando la grieta.
El Leviatán rugió otra vez.
La realidad empezó a quebrarse alrededor del barco.
No quedaba tiempo.
La capitana gritó desde el timón destruido.
—¡AHORA!
La líder de las sirenas cargó hacia nosotros desesperada.
—¡DETÉNGANLOS!
Las sirenas restantes se lanzaron también.
Los espectros chocaron contra ellas.
El Kraken atrapó varias entre los tentáculos mutilados.
Caos absoluto.
El muchacho levantó la espada azul.
Yo levanté la espada con luz negra.
Las marcas ardieron al mismo tiempo.
Y juntos…
cortamos.
Hacia la grieta.
La energía explotó.
Negro.
Azul.
El océano desapareció en luz.
Escuché al Leviatán rugir de furia.
Escuché a la bestia de la Frontera responder.
Escuché cadenas cerrándose.
Y luego…
silencio.
Silencio absoluto.
El Luk’s Stray cayó brutalmente sobre el cielo.
Las aguas suspendidas colapsaron.
El océano invertido desapareció.
La grieta comenzó a cerrarse lentamente mientras recuperaba su forma.
Las sirenas gritaban.
Algunas huían.
Otras lloraban.
El Kraken se hundió herido entre las profundidades oscuras.
Y el Leviatán…
retrocedió.
Pero antes de desaparecer completamente…
miles de ojos se abrieron dentro de la oscuridad.
Mirándome.
Mirándonos.
Esperando.
La puerta terminó de cerrarse con un estruendo que hizo temblar el horizonte entero.
Después todo quedó en calma.
No paz.
Calma.
El barco seguía destruido.
Inclinado.
Lleno de cadáveres y espectros.
Pero flotaba.
La capitana respiró lentamente apoyándose contra el mástil roto.
Yo seguía arrodillada.
Sosteniendo la mano del muchacho.
Fría.
Inmóvil.
Entonces…
sus dedos se movieron apenas.
Abrí los ojos.
Él tosió agua violentamente.
La espada azul había desaparecido.
Las marcas negras de su piel comenzaban a retroceder lentamente.
Y cuando levantó la mirada hacia mí…
sus ojos volvieron a ser humanos.
Pero muy dentro de ellos…
todavía podía escuchar el océano respirar.