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Los Noctarys

Los Noctarys

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Mundo de fantasía
Popularitas:518
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

🌙 LOS NOCTARYS 🌙
Libro I: Marcada por la Luna Negra

La noche de su cumpleaños número dieciocho, Ayla descubre una marca imposible en su piel.

Una marca que la señala como parte de una raza antigua que jamás debió existir.

Los Noctarys.

Nacidos de la oscuridad de una estrella caída, ocultos entre los humanos durante siglos y condenados por una profecía que podría destruir su mundo.

Cuando Ayla conoce a Kael, el misterioso heredero de los Noctarys, algo despierta entre ellos.

Una conexión imposible.

Un destino escrito mucho antes de que nacieran.

Pero la profecía es clara:

Si el heredero y la marcada se enamoran, la Luna Negra despertará... y todo aquello que aman desaparecerá.

Entre secretos, traiciones, poderes prohibidos y una guerra que se acerca, Ayla deberá decidir si está dispuesta a desafiar al destino.

Porque algunas historias de amor están destinadas a salvar un mundo.

Y otras...

A destruirlo.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Los Ojos Rojos

Ayla no podía moverse.

Los ojos rojos brillaban en la oscuridad como brasas encendidas.

Observándola.

Esperándola.

La sombra permanecía inmóvil junto a la ventana rota.

Y aun así, la joven sentía que el peligro llenaba toda la habitación.

Su corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas.

—Kael... —susurró.

El heredero de los Noctarys no apartó la mirada de la criatura.

Su cuerpo parecía completamente tenso.

Preparado para atacar.

Preparado para matar.

—Retrocede —ordenó.

Ayla obedeció inmediatamente.

Nunca lo había visto así.

Hasta ese momento Kael había parecido misterioso.

Frío.

Arrogante.

Pero ahora...

Parecía un guerrero.

Un depredador.

Y eso la aterró.

La sombra soltó una carcajada.

Una carcajada extraña.

Vacía.

Como si varias voces hablaran al mismo tiempo.

—Después de tantos años...

La criatura dio un paso adelante.

Su forma comenzó a definirse.

Tenía apariencia humana.

Pero algo estaba mal.

Muy mal.

Su piel era gris.

Los dedos terminaban en largas garras negras.

Y sus ojos brillaban con un rojo intenso.

—Por fin encontramos a la Marcada.

Ayla sintió un escalofrío.

La Marcada.

Otra vez esa palabra.

—¿Quién eres? —preguntó.

La criatura sonrió.

—Un viejo enemigo.

Kael avanzó.

—No pronunciarás tu nombre frente a ella.

La sonrisa desapareció.

—Sigues creyendo que puedes protegerla.

Por primera vez Ayla notó odio en la voz de Kael.

Odio verdadero.

—Aléjate de ella.

La criatura soltó una carcajada.

—Ya es demasiado tarde.

Entonces ocurrió.

La sombra desapareció.

Y apareció frente a Ayla.

Tan rápido que ella ni siquiera pudo reaccionar.

Sintió una mano helada rodeando su muñeca.

La misma donde se encontraba la marca.

El dolor fue inmediato.

Intenso.

Brutal.

Ayla gritó.

La marca comenzó a brillar.

Una luz violeta inundó la habitación.

La criatura abrió los ojos sorprendida.

—Imposible...

Y entonces una explosión de energía los separó.

Kael fue el primero en moverse.

Golpeó a la criatura con una fuerza imposible.

La pared explotó.

Los muebles volaron por el aire.

Los cristales estallaron.

Ayla observaba todo sin poder creerlo.

Aquello no era humano.

Ninguno de los dos era humano.

La criatura se puso de pie entre los escombros.

Y sonrió.

—Así que el poder ya despertó.

Kael se colocó delante de Ayla.

Protegiéndola.

—No volverás a tocarla.

—No vine a llevármela.

—¿Entonces para qué estás aquí?

La criatura miró directamente a Ayla.

Y respondió:

—Para advertirla.

El silencio llenó la habitación.

Incluso Kael pareció sorprendido.

—¿Advertirla?

La criatura asintió.

—Los Noctarys le han mentido durante siglos.

—Cállate.

—¿Por qué? ¿Temes que escuche la verdad?

Kael apretó los puños.

La energía oscura volvió a recorrer su piel.

Pero la criatura continuó hablando.

—Dile quién era su madre.

Ayla sintió que el mundo se detenía.

—¿Mi madre?

—Dile la verdad.

Kael permaneció inmóvil.

Demasiado inmóvil.

Y eso fue peor que cualquier respuesta.

—Kael... ¿qué está diciendo?

El heredero evitó mirarla.

Por primera vez.

—No ahora.

—¿Qué significa no ahora?

La criatura volvió a reír.

—Significa que tiene miedo.

—¡Basta!

La habitación tembló.

Las sombras se agitaron.

Y durante unos segundos los ojos violetas de Kael brillaron con tanta intensidad que parecían estrellas.

La criatura observó aquello con diversión.

—Lo ves, Marcada.

—¿Ver qué?

—Ni siquiera él puede controlar lo que está ocurriendo.

Ayla ya no entendía nada.

Sentía miedo.

Confusión.

Y una extraña sensación que nacía en lo más profundo de su pecho.

Como si una parte de ella reconociera aquellas palabras.

Como si hubiera escuchado aquella historia antes.

En algún lugar.

En algún momento.

Entonces la marca volvió a arder.

Más fuerte que nunca.

La joven cayó de rodillas.

Y una nueva visión apareció.

Esta vez fue diferente.

Mucho más clara.

Mucho más real.

Vio un enorme salón de piedra negra.

Coronas.

Tronos.

Miles de Noctarys arrodillados.

Y en el centro...

Una mujer.

Cabello oscuro.

Ojos violetas.

Hermosa.

Poderosa.

Llevaba una corona idéntica a la que Kael le había dejado.

Y cuando la mujer levantó la cabeza...

Ayla dejó de respirar.

Porque estaba mirando su propio rostro.

La visión desapareció.

La joven abrió los ojos.

Temblando.

—¿Quién era ella?

Nadie respondió.

—¡¿Quién era ella?!

La criatura sonrió.

Y pronunció las palabras que cambiarían todo.

—La última reina de los Noctarys.

Ayla sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—No...

—Sí.

La criatura dio un paso atrás.

Las sombras comenzaron a rodearlo.

—Y tú eres su hija.

El silencio fue absoluto.

Ni siquiera Kael habló.

Ni siquiera intentó negarlo.

Porque era verdad.

Ayla lo vio en sus ojos.

Lo vio en su expresión.

Lo vio en el miedo que apareció por primera vez en el rostro del heredero.

La criatura comenzó a desaparecer entre las sombras.

Pero antes de irse dejó una última advertencia.

—La Luna Negra ya despertó.

Y cuando el Eclipse llegue...

Tendrás que elegir.

Tu reino.

O tu corazón.

Entonces desapareció.

La habitación volvió a quedar en silencio.

Ayla permaneció inmóvil.

Intentando respirar.

Intentando pensar.

Intentando comprender.

Pero solo una pregunta ocupaba su mente.

Una pregunta que lo cambiaría todo.

—Kael...

El heredero levantó la vista.

Y ella preguntó:

—¿Por qué me ocultaste que soy una reina?

Continuará...

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