Luciana Montreal siempre obtuvo lo que quiso.
Incluso a David Balbuena… el único hombre que alguna vez se le resistió.
Pero el deseo no siempre trae victoria.
Entre noches que la consumieron y una verdad que lo cambió todo, Luciana entendió que hay algo más peligroso que no tener a alguien… tenerlo y descubrir quién es en realidad.
Años después, convertida en una mujer poderosa e inalcanzable, ha construido un mundo donde nadie puede tocarla...
Hasta que el pasado regresa... y no viene solo: Un hombre que aún puede hacerla arder. Otro que ya decidió que será suya.
Entre el fuego que la desarma y el control que amenaza con atraparla, Luciana deberá enfrentar la única decisión que nunca pudo dominar: seguir lo que la consume… o no volver a perderse jamás.
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ANÁLISIS FRÍO
NARRADOR
Las sirenas policiales, el trabajo de los paramédicos, los periodistas hablando, una joven pareja en la escena luego de salir del vehículo que conducían para escapar del otro conductor... todo era transmitido.
Los canales televisivos solamente mencionaban el accidente y también la pregunta que a cada minuto tomaba más fuerza. ¿Existía un romance entre Luciana Montreal y David Balbuena o ella era una más en la lista de conquistas del empresario?
La ropa de la gala anterior, ir por una calle tan marginada en ese momento cuando ya tendrían que haber almorzado... todo era demasiado evidente. Habían pasado la noche juntos. Los habían visto muy cerca, bailando y después desapareciendo del salón al mismo tiempo.
Cuando los padres de Luciana se enteraron de lo ocurrido, lo primero que sintieron fue pánico, miedo, una terrible sensación en el pecho. Habían criado y querido a Lisandro como a un hijo, su muerte había dejado una huella imborrable en su vida. El dolor y el vacío por su partida no desaparecerían. Cuando escucharon que su hija era víctima de un accidente de tráfico pensaron lo peor.
Saber que Luciana estaba en la estación de policía, prestando declaración al igual que David y otros dos conductores le dio tranquilidad al matrimonio Montreal, aunque también un gran disgusto.
Para Ernesto y Margot, padres de Luciana, su hija merecía a otro hombre. David era deseado como yerno por muchas familias, solamente por poder y alianzas. Nadie lo querría por algo más. No parecía tener sentimientos, tan solo frialdad en cada aspecto de su vida. ¿Quién vería a ese hombre como padre o buen esposo? Era inimaginable.
El matrimonio fue a buscar a su hija. Fueron filmados y fotografiados. Una situación estresante y humillante para ellos.
Recordaban lo feliz que ella estaba mientras concursaba. Cómo posaba para las fotografías, como se preparaba y se ocupaba de que cada pequeño detalle estuviera dispuesto perfectamente. Desde el último concurso la habían notado distinta y después del fallecimiento de Lisandro mucho más. Ella había logrado recomponerse, pero supieron que no.
Luciana se había vuelto más fría, reservada, distante. Antes sus padres sabían sus planes. En ese momento no sabían qué esperar.
Ella tenía planes ambiciosos y sueños por cumplir. Se estaba preparando para cumplirlos algún día. Ese secreto lo compartía con Lisandro solamente.
Al llegar a la mansión en compañía de sus padres, Luciana se sentó en el sofá y cruzó sus piernas con elegancia. Sabía que ellos necesitaban hablar y ella no huiría de lo inevitable.
-Hija, jamás decidimos tu futuro. Nunca. Te pedimos que vivas tu vida con responsabilidad y que si tenías una aventura lo hicieras con discreción. Pudimos arreglar un matrimonio para ti desde hace años, pero dejamos que escogieras lo que deseabas, pero ¿David Balbuena?- Margot lo pronunció con desagrado. Decir que estaba desilusionada era poco para describir como se sentía
-¿Qué harás ahora? Admitir que fuiste una estúpida más que cayó en sus redes sería bochornoso, inventar que tienen una relación seria todavía peor- Ernesto la miró con severidad buscando una salida
-Me gusta David. Lo quiero para mí, lo amo- El matrimonio no podía creer estar escuchando esa atrocidad
-Eso sería aún peor para ti- Su madre intentó que desistiera
-Puedo casarme con él, con condiciones. No lo haría de otra manera y la fidelidad sería una de ellas. Pueden ayudarme con eso- Sus padres se miraron con resignación
-Lo arreglaremos- Aseguró Ernesto
Luciana se puso de pie y lo abrazó emocionada, tal como si hubiese ganado el premio mayor.
(....)
La noticia del accidente, el presunto atacante de la joven pareja y la relación ilícita entre David y Luciana estuvo en cada canal por horas.
David, prefería no continuar mirando televisión. Ya estaba harto de eso.
El empresario analizó fríamente la situación en la que estaba envuelto. ¿Le sorprendía? No. Sabía que eso podría ocurrir y había asumido el riesgo desde antes de acercarse a la ex reina de belleza durante la importante gala.
Supo también, que los Montreal pedirían una unión matrimonial por el bien de la reputación de su única hija. Miró su reloj. Sabía que en escasos minutos su propia familia lo llamaría con novedades.
David, también pensó en sus condiciones para que la boda se realizara. Solamente eran dos. Sabía que serían aceptadas: La primera, fidelidad porque no quería ser traicionado así su esposa fuera discreta. No era negociable. La segunda: proteger sus bienes. Si hubiese divorcio ninguna de las partes recibiría nada, conservarían sus fortunas.
Tal como lo esperó, su padre lo llamó. Quiso obligarlo a contraer matrimonio, pero no fue necesario. Él estaba decidido a hacerlo.
Lo siguiente fue enviarle un mensaje a Luciana: tenemos que hablar. Era frío, contundente y casi como una orden. Ella no respondió ese día, imaginaba que pasaría. Ya la había observado previamente. A Luciana le gustaba tener el control de cada aspecto y él sabía que ella querría decidir cuando y dónde ocurriría la conversación.
Por la mañana, en la privacidad de su oficina, David miraba por la ventana. Estaba despejando su mente. Había recibido un mensaje que no le había agradado, cargado de reproche. Estaba siendo acusado de traición. Fingió calma. Envió su respuesta, fiel a su estilo, corta, precisa y fría: No es lo que imaginas. No hubo respuesta.
La reunión con los padres de Luciana ya había sido pactada. Su padre estaría presente. Sería un acuerdo privado en dónde ambas familias participarían. ¿Estaba nervioso? No realmente. ¿Eso definiría su futuro? De ninguna manera.
Lo primordial y urgente para David era que todo lo referente al accidente terminara. Presionó para que hubiese un juicio en menos tiempo. Él podía controlar el tiempo, no la ley. Sería una obligación prestar declaración y no estaba dispuesto a hacerlo en mucho tiempo ni tampoco varias veces. Tiempo perdido equivalía a dinero no ganado. Tampoco quería más exposición pública de la mínima indispensable.