Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPITULO 3
La noche trascurre tranquila, más de lo que ella esperaba, parecía una cita normal entre dos personas que se acaban de conocerse, pero aunque ella intentaba disimular, había ese foco de tensión, en cada una de las charlas que tuvieron.
A las 3 AM, Scarlett está de vuelta en su apartamento seguro. Frente a su laptop, revisa la información recopilada durante la noche. Alejandro Moretti es más listo de lo que los archivos del FBI reflejan.
Enciende el comunicador cifrado.
—Reporte diario
dice en voz baja.
— Contacto inicial establecido. Objetivo mostró desconfianza inmediata. No cree mi identidad falsa.
La voz de su superior, el Agente Williams, responde estática.
—¿Peligro de exposición?
—No lo creo. Disfruta el juego. Quiere verme mover fichas.
—Ten cuidado, O'Connor. Moretti no es un pez pequeño. Ha evadido a la ley por diez años.
—Lo sé.
Scarlett mira las fotos en su pantalla. Alejandro en el puerto, Alejandro en su mansión, Alejandro sonriendo en una gala benéfica, ironías de la vida
— Pero tengo un plan.
Corta la comunicación y abre su diario de investigación.
Escribe:
Alejandro Moretti, 28 años. Alto 1.85. Complexión atlética. Tatuajes, mangas completas en ambos brazos, pecho, abdomen, cuello parcial. Personalidad, arrogante, calculador, observador. Puntos débiles potenciales, necesidad de control, posible soledad, no hay pareja estable conocida y gusto por el riesgo.
Nota personal: detectó mi mentira en minutos. Nadie lo había hecho antes, es muy peligroso.
Cierra el diario y se recuesta. El rostro de Alejandro flota en su mente, sus ojos oscuros penetrantes, su sonrisa lenta, la forma en que dijo mujeres como tú. Debería repelerla. Es un criminal. Un asesino, probablemente.
Pero hay algo magnético en él, algo que no sabe por qué la atrae.
Pero en la penumbra de la noche, suena su teléfono personal y es número desconocido. Por instinto profesional, lo deja sonar. Luego un mensaje de texto que la deja perpleja.
-Espero que no estés durmiendo, rojita. Los sueños con mentiras son los más interesantes. -A.
Ese remitente, sus palabras, era el.
Scarlett se incorpora de golpe.
—¿Cómo consiguió su número? El teléfono es seguro, cifrado, imposible de rastrear.
O al menos eso creía ella. Pero entonces teclea y llama a Williams inmediatamente.
—Mi número personal está comprometido. Moretti me contactó.
Dice ni bien su llamada fue atendida.
—¿Cómo?
—No lo sé. Pero necesito un nuevo dispositivo y rastrear este mensaje.
—O'Connor, si sabe quién eres...
—No lo sabe
interrumpe ella, aunque no está segura.
—Juega conmigo. Quiere verme nerviosa, pero no lo va a conseguir... Tú haz Lo que te pedí.
Cuelga y mira el teléfono. Después de unos minutos decide responder el mensaje:
-¿Siempre consigues el número de las mujeres a las que invitas champán?
La respuesta que llega casi inmediata.
-Solo a las que mienten tan bien que dan ganas de descubrir la verdad.
Scarlett sonríe a pesar de sí misma.
—Maldición. Esto no debería ser divertido.
Se queda mirando el dispositivo, el juego había empezado y en este momento se sentía ella la cazada y no la cazadora.