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Casada con un Mafioso

Casada con un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Matrimonio contratado / Mafia / Completas
Popularitas:181
Nilai: 5
nombre de autor: Autora Pandora

Oliver Santos solo quería salvar a su madre.

Con un diagnóstico de cáncer y sin dinero para el tratamiento, acepta la única opción que le queda: casarse con Gabriel Campos, el hombre misterioso y poderoso al que salvó una noche lluviosa en un callejón oscuro. Un matrimonio por contrato. Sin sentimientos. Sin complicaciones.

Pero Gabriel no es un hombre cualquiera.

Detrás de los trajes impecables, la mirada fría y los guardaespaldas, se esconde el líder de una de las organizaciones más temidas de la ciudad. Y ahora Oliver lleva su apellido.

Lo que comienza como un acuerdo calculado pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque en el mundo de Gabriel, la lealtad se prueba con sangre, los enemigos no perdonan… y el corazón no obedece contratos.

Entre traiciones, tiroteos, secretos familiares y una atracción imposible de ignorar, Oliver descubrirá que la línea entre el deber y el deseo es mucho más delgada de lo que imaginaba.

¿Puede un matrimonio falso convertirse en el amor más real de su vida?

NovelToon tiene autorización de Autora Pandora para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

El sonido seco del disparo resonó por el campo de entrenamiento subterráneo.

Oliver parpadeó varias veces, sintiendo el leve hormigueo en la palma de la mano. El arma seguía firme entre sus dedos, pero su corazón latía más rápido de lo que debería.

El olor a pólvora se esparcía por el aire.

Gabriel, que estaba a su lado, observaba en silencio.

—Sujétala con más firmeza —dijo, acercándose por detrás de Oliver—. No dejes que el retroceso te domine.

Oliver respiró hondo.

Él lo había pedido.

Después del incidente de la escalera, después de las provocaciones constantes, después de darse cuenta de que el mundo de Gabriel era mucho más peligroso de lo que imaginaba… decidió que ya no quería ser solamente alguien protegido.

Quería ser capaz de proteger también.

Gabriel ajustó la posición de sus manos, sus dedos grandes envolviendo los de Oliver por algunos segundos. El contacto fue firme. Seguro. Cálido.

—Concéntrate en el blanco. No en el arma —murmuró demasiado cerca del oído de Oliver.

El escalofrío fue inevitable.

Oliver asintió y respiró hondo otra vez. Apuntó.

Disparó.

Esta vez, la bala dio cerca del centro.

Andy, que observaba con los brazos cruzados, esbozó una pequeña sonrisa orgullosa.

—Nada mal para alguien que cose vestidos.

Oliver puso los ojos en blanco.

—Yo hago mucho más que vestidos.

Gabriel soltó una risa baja.

—Sí que lo hace.

El tono en su voz hizo que el rostro de Oliver se encendiera levemente.

Pero la ligereza de ese momento duró poco.

Porque del otro lado del campo, Bella observaba.

Suspendida oficialmente, apartada de las decisiones importantes y humillada frente a todos, no aceptaba aquello. No aceptaba perder terreno. No aceptaba que Oliver estuviera, poco a poco, ocupando un lugar que ella siempre creyó que era suyo.

Gisele estaba a su lado.

—Se está volviendo peligroso —murmuró Gisele—. La gente está empezando a respetarlo de verdad.

Bella apretó los dedos hasta que las uñas le marcaron la piel.

—No va a durar.

Pero, por primera vez, ni ella parecía creerlo del todo.

---

Días después, Oliver estaba frente al pequeño portón de la casa sencilla donde vivían sus hermanos.

Respiró hondo antes de tocar.

Josh abrió la puerta casi de inmediato.

—¡Oliver!

El hermano mayor lo jaló hacia un abrazo demasiado apretado, como siempre hacía.

—Estás aún más flaco. Estás trabajando demasiado, ¿verdad?

James apareció enseguida detrás, más tranquilo, pero igualmente preocupado.

—Dos empleos no son saludables.

Oliver forzó una sonrisa.

—Estoy bien, en serio.

Mentira.

Odiaba mentirles.

Pero aún no estaba listo para contarles la verdad.

Entró a la casa con familiaridad. El olor sencillo de comida casera le trajo una oleada de nostalgia.

Josh se pasó la mano por el cabello castaño, suspirando.

—Ojalá pudiera ayudar más con los gastos del hospital.

—Yo también —murmuró James.

Oliver sintió el pecho apretársele.

—Yo me estoy encargando de eso —dijo, demasiado rápido—. Se los prometo.

Ellos confiaron en él.

Siempre confiaron.

Y eso lo hacía todo más difícil.

---

Esa misma noche, algo andaba mal.

Oliver lo sintió antes siquiera de oírlo.

Se había quedado a cenar, y ya era tarde cuando empezó a ordenar la cocina con James. Josh estaba en la sala.

Entonces llegó el ruido.

Un chasquido metálico en la puerta trasera.

James se paralizó.

—¿Oíste eso?

Oliver escuchó pasos.

Muchos pasos.

Su cuerpo reaccionó antes que su mente.

Corrió hasta la mochila que había dejado discretamente cerca de la puerta de entrada. De adentro sacó el arma que Gabriel había insistido en que llevara consigo.

James se puso pálido.

—Oliver… ¿qué está pasando?

La puerta fue derribada.

Hombres armados invadieron la casa.

—¡¿Dónde está el marido de Gabriel?! —gritó uno de ellos.

A Oliver se le heló la sangre.

Mafia rival.

Ellos sabían.

Josh apareció en la sala, confundido.

—¿Qué…?

Un disparo impactó en la pared.

Oliver jaló a sus hermanos detrás del sofá, el corazón latiéndole tan fuerte que parecía desgarrarle el pecho.

—Quédense agachados —ordenó, con la voz firme, distinta de su suavidad habitual.

Otro hombre apareció por el costado.

Oliver no pensó.

Apuntó.

Disparó.

El hombre cayó.

El silencio que siguió fue pesado y aterrador.

Dos más intentaron avanzar.

Oliver disparó de nuevo, moviéndose con más confianza de la que creía tener.

Los hombres, al percibir una resistencia inesperada, retrocedieron.

—¡Repliegue! —gritó alguien desde afuera.

En segundos, se estaban yendo.

El silencio volvió.

Pero ahora lo rompía la respiración agitada de Josh y James.

Josh miraba a Oliver como si estuviera viendo a otra persona.

—Desde cuándo… tú…

Oliver bajó el arma lentamente.

Ya no había forma de mentir.

Cerró los ojos por un segundo.

—Necesito contarles algo.

---

Más tarde, sentados en la pequeña sala, con la policía ya habiendo sido llamada anónimamente por Oliver (un hábito aprendido de Gabriel), el ambiente era tenso.

Josh estaba con los brazos cruzados. James estaba sentado a su lado, serio.

—¿Estás casado con un mafioso? —repitió Josh, incrédulo.

Oliver asintió despacio.

—Sí.

—¿¡Y no te pareció importante contarnos eso antes!? —la voz de Josh salió más alta de lo que pretendía.

James puso la mano en el brazo de su hermano.

—Déjalo hablar.

Oliver respiró hondo.

—Lo hice para salvar a mamá. El tratamiento es caro. Yo… no tenía opción.

Josh se quedó en silencio.

La rabia dio paso a la preocupación.

—¿Él te obligó?

—No. —Oliver respondió de inmediato—. Fue mi decisión.

James analizaba cada detalle de la expresión de su hermano.

—¿Te gusta?

La pregunta tomó a Oliver desprevenido.

Abrió la boca.

La cerró.

Pensó en la forma en que Gabriel le sostenía las manos para enseñarle a disparar. En la manera en que eligió castigarlo, aun sabiendo que la caída era una farsa. En la forma en que siempre decía "mi esposo" sin vacilar.

—Yo… no lo sé.

Josh suspiró, pasándose la mano por el rostro.

—Él te puso en peligro.

—Yo entré en esto por mi cuenta —rebatió Oliver, alzando la voz por primera vez.

El silencio cayó.

Entonces, de forma inesperada, Josh lo jaló hacia un abrazo apretado.

—Eres un idiota —murmuró—. Pero eres nuestro idiota.

James se unió al abrazo, más discreto, pero igualmente firme.

—Solo prométenos que no te vas a lastimar.

Oliver sintió que le ardían los ojos.

—Se los prometo.

Pero las promesas eran frágiles en aquel mundo.

---

Cuando Gabriel llegó a la casona esa madrugada, ya sabía del ataque.

La información había llegado incluso antes de que Oliver regresara.

Estaba en la sala, inmóvil, cuando Oliver entró.

Los ojos azules estaban fríos.

—Invadieron la casa de tus hermanos.

No era una pregunta.

Oliver asintió.

—Yo lo resolví.

Gabriel se acercó lentamente.

—Lo sé.

Había algo diferente en su mirada.

Algo más intenso.

—Podrían haber muerto.

—No lo habría permitido —respondió Oliver, firme.

Gabriel le sostuvo el rostro con cuidado, los dedos fríos contrastando con la piel cálida.

—No deberías tener que hacer eso.

—Pero lo hice.

Los ojos verdes encontraron los azules sin vacilación.

Por primera vez, Gabriel parecía dividido entre el orgullo y la culpa.

—Cruzaron una línea —murmuró.

Y cuando Gabriel Campos decía eso, significaba guerra.

Oliver tragó saliva.

—No hagas nada imprudente.

Gabriel esbozó una pequeña sonrisa.

—¿Me estás dando órdenes ahora?

—Te lo estoy pidiendo.

El silencio entre los dos estaba cargado de cosas no dichas.

Gabriel pasó el pulgar suavemente por el pómulo de Oliver.

—Protegiste a tu familia.

—Protegeré la nuestra también, si es necesario —respondió Oliver sin pensar.

La palabra "nuestra" quedó flotando en el aire.

Gabriel lo notó.

Y algo dentro de él cambió.

Porque, en ese momento, dejó de ser solo un acuerdo.

Dejó de ser solo un contrato.

Era algo más peligroso.

Más profundo.

Más real.

Gabriel acercó su frente a la de Oliver.

—Van a pagar —murmuró—. Pero no porque tocaron un acuerdo.

Sus ojos azules se oscurecieron.

—Sino porque tocaron lo que es mío.

Y, por primera vez, Oliver no sintió miedo de esas palabras.

Sintió seguridad.

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