Leandro está en campaña de buscar un esposo para su madre y un buen padre para él. ¿Este pequeño niño de tan solo 10 años podrá encontrar al hombre perfecto? O en su travesía descubrirá secretos escondidos de traiciones y engaños pasados que sufrió su madre.
NovelToon tiene autorización de yanina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Confrontación.
Narra Octavio:
Veo cómo por fin Briella llega apresurada, ajustándose el bolso sobre el hombro mientras busca a su hijo entre la multitud de niños. Mientras tanto, ella está hablando muy animada con el profesor de matemáticas ese hombre la mira como si fuera el centro del universo, y cuando se separan, le da un abrazo casual que me revuelve por dentro. No pierdo ni un segundo, bajo rápido del coche antes de que logre escapar de mí otra vez… pero lo que veo no me gusta para nada.
—Briella.
Su mirada se endurece de inmediato, llena de desagrado y algo que parece ser dolor antiguo.
—¿Qué haces aquí, Octavio? —pregunta, poniéndose delante de Leo como un escudo.
—Quiero hablar contigo. Solo un momento, por favor.
—Yo no quiero hablarte. Ya no tenemos nada que decirnos. Adiós.
Intenta marcharse, pero la tomo de la mano antes de que pueda alejarse. El calor de su piel, la forma en que se ajusta a la mía… todo me recuerda a cuando estábamos juntos, cuando tomaba esta mano todos los días para cruzar la calle o simplemente caminar. Un mar de emociones me invade en un instante.
—Únicamente quiero disculparme contigo. Por todo lo que ha pasado con Rodo… por todo lo de antes.
—Ya lo hiciste con el niño. Ahora suéltame, estás asustándolo.
Leo se agarra fuerte a la falda de su madre, mirándome con recelo.
—Perdón… yo no quería hacerlo. Pero ¿crees que podamos hablar un momento a solas?
—No podemos. Mejor vuelve con tu esposa y tu hijo, Octavio… que en olvidar cosas y personas eres un experto.
La veo dar media vuelta y alejarse. Algo en mi pecho se rompe un poco más, y sin pensar, le grito:
—¡Sabes que me lo debes, Briella! Es lo mínimo que puedes hacer después de irte como una ladrona en aquella época.
La veo apretar los puños hasta que sus nudillos se ponen blancos. Luego se gira hacia mí, sus ojos llenos de furia contenida.
—Te equivocas. Yo no te debo NADA. Y me parece tan descarado de tu parte reclamar esto, olvidando todos tus propios pecados.
Después de esas palabras, se va sin mirar atrás. Me quedo solo en la acera, observando su silueta perderse entre la multitud. Está más que claro que Briella sabe que mentí sobre quien era Roxana exactamente… y eso deja a Roxana como la única responsable de todo lo que sucedio. Tengo que hablar con ella a solas, sin que su hijo esté cerca. Ese mal presentimiento en mi pecho me dice que no me gustará lo que descubriré… pero lo necesito con desesperación.
Narra Briella:
¡Es increíble el descaro de ese desgraciado! Reclamar como si él no fuera el causante de todo. Estoy tan enojada que no me doy cuenta de que prácticamente estoy corriendo, tirando a Leo de la mano.
—Mami… ya no puedo más! —jadea mi hijo, agarrándose fuerte a mi mano para no perderse.
—Lo siento tanto, cariño. No me di cuenta de lo rápido que iba.
—Mamá… tú conoces al papá de Rodo, ¿no es así?
Leandro es demasiado inteligente para sus años… sería estúpido mentirle.
—Así es, mi amor. Nos conocimos hace muchos años, pero ya no somos amigos ni tenemos nada que ver el uno con el otro.
—¿Es una mala persona como su hijo?
—Eso no lo puedo asegurar… pero sin dudas no es un buen padre. Escúchame bien, Leo, si ese hombre se te acerca, no le hables y dile a un adulto de inmediato.
—¿A Nahuel?
—Ja, ja, ja! Sí, Nahuel está perfecto. O a tu padrino Rafa.
—¡Ya quiero que venga otra vez para salir los tres juntos!
—Yo también lo quiero, mi tesoro.
No sé qué busca Octavio ahora después de tanto tiempo… pero sin dudas no lo dejaré acercarse a mi hijo. Él ya tiene al suyo, así que no permitiré que su malvada familia vuelva a lastimar a mi príncipe.
Ahora más que nunca, no puedo dejar que Octavio sepa que Leandro es su hijo. Porque esa demente de Roxana se desquitaría con mi bebé… y si llega a tocarle un pelo, yo misma le sacaría los ojos con mis propias manos. Pero tampoco puedo seguir escapando, Octavio no me dejará en paz hasta que hablemos de ese pasado que de repente lo tortura.
Bien, Octavio. Si así lo quieres, solo por esta vez te diré parte de la verdad. La justa y necesaria para que me deje en paz.
Dejo a Leo con Rafa en su casa y de inmediato me dirijo al hotel donde trabajo, pensando en cómo contactarlo para hablar a solas. Tiene que ser un lugar privado o muy público, para evitar malentendidos que puedan poner en peligro a mi hijo.
¡Ay, ya me está doliendo la cabeza solo de imaginar la conversación! Mientras camino y estoy a solo una cuadra del trabajo, alguien me choca de lleno. Levanto la vista y encuentro a la última persona que quería ver, Roxana.
—¡Oh, mira a quien tenemos aquí! ¡Cuñada, sabes qué? Hace once años esta mujer se escapó con otro hombre, dejando a su esposo completamente solo! —grita esa desgraciada, alzando la voz a propósito para que todos nos escuchen, señalándome como si fuera una delincuente.
—¿Briella? —la mirada inocente de Nadia se transforma en una llena de desprecio en cuestión de segundos— ¡Cómo fuiste capaz de hacerle eso a mi hermano! ¿Cómo te da la cara para volver a esta ciudad después de lo que hiciste?
Las personas que pasan comienzan a reunirse a nuestro alrededor, formando un círculo. Esas dos me bloquean el paso, impidiéndome seguir caminando.
—Y eso no es todo, cuñada. ¿Te puedes creer que esta perra tiene un hijo sin apellido que molestó a Rodo en el colegio y ahora lo acusa de hacer cosas horribles? Por eso Octavio está enojado con nuestro pequeño hijo. —la forma en que esa mujer miente con tanta naturalidad es tan repugnante que me hace temblar de ira.
—¡Qué clase de mujer eres, Briella! Siempre te tratamos tan bien, y así nos pagas… traicionando a mi hermano y ahora atacando a su hijo.
—¡YA BASTA! —grito, conteniendo con todas mis fuerzas la furia que me consume— ¿Eres tonta o te haces la tonta, Nadia? ¿Acaso no sabes sacar cuentas? El hijo aue Roxana tiene es incluso de más edad que cuando yo me fui de esa casa. Lo que significa que ellos dos eran amantes… y que la traicionada fui ¡YO!. Y te recuerdo que tu fuiste una de las personas que dejo entrar a esta serpiente en mi casa y en mi matrimonio así que no me señales con ese dedo.
Nadia retrocede de inmediato, sus ojos abiertos de sorpresa. Roxana se pone roja como un tomate al ver que todas las miradas ahora caen sobre ella, con sospecha y reproche. La multitud alrededor de nosotros está cada vez más atenta, escuchando cada palabra. Odiaba esto, sacar mis asuntos delante de desconocidos… pero ellas no me dejarían ir tan fácilmente.
—¡MENTIRA! ¡Mientes descaradamente para tapar tus propios errores! —grita Roxana desesperada, dándose cuenta de que su juego se está veniendo abajo.
—¿Es así? Fuiste tú quien se metió en mi casa, bajo mi mismo techo, y te acostaste con mi esposo mientras yo trabajaba. Tu hijo nació de esa infidelidad… y tú no eres nadie para señalar a mi hijo, porque yo nunca destruí ninguna familia.
Roxana pierde por completo el juicio, se lanza sobre mí con los puños cerrados, intentando golpearme. Pero antes de que sus manos lleguen a mi rostro, una mano fuerte la detiene por el brazo.
—¿Qué acabas de decir, Briella?
Giro la cabeza y encuentro la mirada de Octavio, llena de incredulidad y un dolor que nunca antes había visto en sus ojos.