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Protege Mi Corazón

Protege Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:66.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Vanesa Casarino

Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.

Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.

Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.

NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

El viernes arrancó con el cielo todavía cubierto por los restos de la tormenta de la noche anterior. Me desperté antes de que sonara la alarma, pero esta vez no me quedé dando vueltas en la cama ni mirando el techo con esa angustia que me venía pisando los talones desde que dejé Illinois. Me levanté derecha, fui directo a la cocina y me preparé un café doble, bien cargado, para despabilarme de golpe

Mientras el aroma inundaba el ambiente moderno del departamento, miré de reojo la carpeta con los balances trimestrales que tenía que entregar en la facultad, estaban impecables, revisados tres veces bajo mis propios controles. Sabía que técnicamente no tenía nada de qué preocuparme en lo académico, pero el verdadero desafío del día pasaba por otro lado, por esa extraña comodidad que estaba empezando a sentir con la presencia constante de Christopher Sterling a mi lado

Me vestí fina pero cómoda, con un blazer entallado gris, una blusa blanca de seda y unos zapatos bajos que me permitieran moverme rápido por los pasillos del campus. Al mirarme al espejo antes de salir, me acomodé el cuello de la camisa y busqué esa mirada firme que siempre me había caracterizado en las oficinas del centro, esa seguridad que se me había desdibujado un poco con los últimos acontecimientos familiares

No quería que Christopher pensara que sus palabras de aliento de la tarde anterior me habían ablandado de más, yo seguía siendo su jefa y la distancia jerárquica tenía que mantenerse intacta por el bien de los dos y por el respeto a las órdenes de mi padre Fabián

Cuando abrí la puerta que daba al palier, el reloj marcaba las siete en punto, tal como lo habíamos coordinado. Christopher estaba ahí, impecable como siempre, con su traje oscuro perfectamente planchado y esa postura de atención absoluta que no decaía ni un solo segundo. Al verme salir, dio un paso hacia el costado para dejarme el paso libre hacia el ascensor y me dedicó una mirada rápida que analizó mis movimientos con total profesionalidad

— Buenos días, señorita Elena — me saludó con su habitual tono de voz bajo y reservado, manteniendo las manos cruzadas por detrás de la espalda — El coche ya está encendido en el subsuelo y la temperatura del auto está regulada. Revisé los reportes de las avenidas laterales y, aunque el asfalto sigue húmedo por la tormenta, el tránsito hacia la universidad fluye con normalidad a esta hora

— Buenos días, Christopher — le respondí mientras caminábamos hacia las puertas metálicas del ascensor — Excelente. Hoy es un día clave para mí, la entrega de estos balances representa la mitad de la nota del trimestre y quiero estar en el aula antes de que el profesor empiece a llamar por lista. No nos podemos permitir ningún retraso en el camino

El trayecto hacia el campus se desarrolló en un silencio maduro y profesional. Yo me concentré en darles una última leída a los gráficos de rendimiento de mi entrega, pasando las hojas de la carpeta con un ritmo constante que llenaba el interior del vehículo

Christopher manejaba con esa suavidad y firmeza que me daban una tranquilidad enorme, esquivando los pozos de agua que la lluvia había dejado en las esquinas de Manhattan con una destreza que me demostraba que conocía el coche a la perfección

A través del espejo retrovisor, noté que su atención no solo estaba puesta en las calles, sino también en el entorno, vigilando los autos que se nos acercaban de más con esa desconfianza natural que mi hermano Franco le había inculcado en los depósitos del sur

Llegamos a la universidad con quince minutos de ventaja sobre el horario previsto. Christopher estacionó en la entrada principal, bajó con rapidez para abrirme la puerta y me acompañó con el paraguas en la mano hasta la entrada principal, protegiendo mis apuntes de las pocas gotas que todavía caían del cielo gris

Al llegar a la zona de seguridad del campus, donde él ya no podía ingresar por las normativas de la institución, me detuve y lo miré de frente

— Voy a estar ocupada en el aula magna hasta el mediodía, Christopher — le avisé, acomodándome la correa del bolso sobre el hombro — Podés aprovechar para almorzar algo o revisar los niveles del vehículo en el estacionamiento cercano. No hace falta que te quedes parado bajo el techo de la entrada toda la mañana

— Entendido, señorita Elena — me contestó con una leve inclinación de cabeza, manteniendo esa distancia reglamentaria que correspondía a su puesto — Estaré atento al teléfono por cualquier cosa que necesite y a las doce en punto me posicionaré en este mismo sector para su salida. Éxitos con la presentación de sus balances

Le devolví el saludo con un asentimiento corto y entré al edificio con el corazón latiéndome un poco más rápido de lo normal. Esas palabras de éxito, dichas con esa seriedad tan propia de él, me dieron un impulso de confianza que no me esperaba

La mañana en el aula magna fue intensa, el profesor, un economista estricto que había trabajado en los fondos de inversión de Wall Street, revisó cada una de mis hojas con una lupa analítica que hubiera hecho temblar a cualquiera. Pero yo no era una estudiante común, venía de auditar las cuentas reales de la galería de Chelsea y de coordinar las estructuras financieras de los Rossi en Delaware. Defendí mi proyecto con una claridad y una firmeza que dejaron al docente sin argumentos, obteniendo la calificación más alta del curso

Cuando el reloj marcó las doce, salí al patio central sintiendo que me había sacado un peso enorme de encima. El sol empezaba a asomar tímidamente entre las nubes, reflejándose en los charcos del suelo y dándole una luz más limpia a los jardines de la facultad

Caminé hacia la salida principal con la carpeta bajo el brazo y una sonrisa sutil que reflejaba mi orgullo personal. Ahí estaba Christopher, exactamente en el mismo lugar donde me había dejado, con su postura firme y los ojos puestos en la escalinata. Al verme aparecer, su semblante serio pareció aliviarse por un instante

— Por la expresión de su rostro, asumo que los balances contables cumplieron con las expectativas del tribunal, señorita Rossi — comentó mientras caminábamos hacia el auto, abriéndome la puerta con su cortesía habitual

— Fue mejor de lo que esperaba, Christopher — admití, sentándome en el asiento trasero con una sensación de alivio absoluto que me aflojó los músculos del cuello — El profesor intentó buscar fisuras en la asignación de capitales, pero la estructura que armé estaba blindada. Me felicitó delante de todo el curso

— No me sorprende en absoluto, señorita — respondió él, cerrando la puerta y subiéndose al lugar del conductor para poner el motor en marcha — En las oficinas de Chicago todos sabían que su capacidad para detectar anomalías en los números era infalible. Es de justicia que en Nueva York reconozcan el mismo valor que usted siempre tuvo

El elogio me llegó directo al pecho, desarmando por completo esa distancia formal que había intentado imponer al principio de la mañana. Christopher no me estaba halagando por compromiso ni por cumplir con las directrices de mi padre, hablaba con el conocimiento de quien había visto mi trabajo desde adentro de la corporación

Mientras el auto avanzaba por las calles del centro, me di cuenta de que el hambre empezaba a hacerse sentir después de tantas horas de tensión intelectual

— Christopher, no tengo ganas de volver directo al departamento a comer sola frente a la pantalla — le manifesté, inclinándome un poco hacia el frente para que me escuchara mejor — ¿Conocés algún lugar tranquilo por esta zona, lejos del ruido de los restaurantes universitarios, donde podamos parar a almorzar algo rápido?

— Conozco un pequeño restaurante de comida italiana cerca del sector portuario este, señorita Elena — sugirió después de pensarlo por unos segundos, mirando por el retrovisor para evaluar mi reacción — Es un lugar discreto, frecuentado por el personal de las agencias marítimas. La comida es excelente y el ambiente es lo suficientemente reservado como para que pueda disfrutar de su almuerzo con total tranquilidad

— Me parece una idea perfecta. Vamos para allá — accedí, recostándome de nuevo en el asiento y disfrutando del paisaje urbano que ahora se veía mucho más amigable bajo la claridad del mediodía

El restaurante resultó ser exactamente lo que Christopher había descrito: un local de techos bajos, paredes de ladrillo visto y mesas de madera oscura que me recordaban a los viejos despachos del puerto norte de Chicago

Nos ubicamos en una mesa apartada, cerca de una ventana lateral que daba a un callejón interior. El mozo nos atendió con una corrección impecable, trayéndonos un menú sencillo pero con platos tradicionales bien elaborados. Cuando llegó el momento de ordenar, pedí una pasta ligera y Christopher optó por un menú ejecutivo rápido, manteniendo su postura formal incluso sentado a la mesa

Al principio, el ambiente entre los dos se sintió un poco rígido por la falta de costumbre de compartir un espacio que no fuera el interior del vehículo o los pasillos del edificio, pero a medida que trajeron la comida, la conversación empezó a fluir con una naturalidad que me sorprendió. Dejamos de lado las formalidades de las cuentas de la firma y empezamos a hablar de las diferencias entre el ritmo de vida de Illinois y la locura constante de las avenidas de Nueva York

— Extraño un poco el silencio de las tardes en la mansión, no lo voy a negar — confesé, moviendo el tenedor con suavidad — Allá el tiempo parecía correr de otra manera. Acá sentís que si te detenés un segundo, la ciudad te pasa por encima sin pedirte permiso

— Es el precio de la modernidad, señorita Elena — opinó Christopher, mirándome con atención — Nueva York es una máquina que nunca duerme porque los intereses que se manejan en los muelles y en las bolsas de comercio no admiten pausas. Pero esa misma exigencia es la que saca lo mejor de las personas que tienen el carácter necesario para liderar las estructuras. Usted tiene ese temperamento, se le nota en la forma en que defiende sus posiciones en la oficina y en la universidad

— A veces ese temperamento cansa, Christopher — admití en un susurro, bajando la vista hacia el plato y dejando salir una parte de esa vulnerabilidad que tanto me pesaba — Toda la vida me esmeré por ser la fuerte, la que no lloraba, la que resolvía los problemas de Camilo y cuidaba las espaldas de Franco en las calles. Pero ahora que ellos no necesitan ese cuidado, me cuesta entender cuál es mi función en todo este entramado legal

Christopher dejó los cubiertos sobre la mesa y me miró con una seriedad tan profunda que me obligó a sostenerle la mirada. Sus ojos oscuros reflejaban un respeto y una admiración que no tenían nada que ver con los protocolos de un empleado de seguridad

— Su función no es cuidar de los demás toda la vida, señorita Rossi — pronunció con una voz baja que resonó con una fuerza absoluta en mi interior — Su función ahora es construir su propio imperio, un espacio donde sus decisiones dependan de sus deseos y no de las necesidades de la familia. El señor Fabián y su hermano Franco lo saben, por eso la dejaron venir a Manhattan. Ellos confían en su capacidad para brillar sola, y yo estoy acá para asegurarme de que nadie apague esa luz antes de que termine de consolidarse

El impacto de sus palabras me dejó sin aliento por unos instantes. Había tanta verdad y tanta firmeza en su tono que sentí que un nudo que tenía atorado en el pecho desde que salí de Chicago empezaba a soltarse de forma definitiva. Ya no me sentía tan sola ni tan deprimida, la presencia de Christopher se estaba transformando en un pilar fundamental para mi nueva etapa en la costa este, un amparo que iba mucho más allá de los blindajes perimetrales y de los mapas de la universidad

Terminamos el almuerzo en mitad de un silencio cómodo y reparador. Al salir del local, el sol de la tarde iluminaba con fuerza las calles de Nueva York, borrando los últimos rastros de la tormenta matutina

Subimos al auto y Christopher emprendió el regreso hacia el departamento de Manhattan, manejando con esa tranquilidad habitual que ahora me resultaba tan familiar y necesaria

Mientras miraba los rascacielos pasar a través del vidrio, me di cuenta de que el viaje a Nueva York estaba cumpliendo su objetivo: ya no era la tercera Rossi que sobraba en la mansión, era una mujer dueña de sus decisiones, lista para escribir el siguiente paso de su vida con sus propias reglas y bajo el amparo de una mirada que empezaba a importarme mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.

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Veronica Araceli Salinas cabrera
al parecer este par ya decidieron estar juntos
KCCC
hermoso
mariel⚘️
linda novela 😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭😘😘😘😘hermoso bebe
mariel⚘️
😘😘😘😘😘😘😘
mariel⚘️
🤭🤭😘😘😘😘
mariel⚘️
🤠🤠😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭
mariel⚘️
👍👍
mariel⚘️
l😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
🤠🤭
mariel⚘️
👍
Gavy Berrío
hermosa novela la recomiendo
Geo Guzmán
muy buena historia gracias
Geo Guzmán
👏👏👏👏 bonito cap muy tiermo
Gavy Berrío
buen cap me gustó
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
😘
mariel⚘️
😘😘😘
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