NovelToon NovelToon
El Monstruo Sin Nombre

El Monstruo Sin Nombre

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance / Mafia
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Black_Dragon

En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.

NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: Niño Maldito

No dormí aquella noche.

Después de conocer al hombre que era mi padre, algo dentro de mí había cambiado.

Durante años había imaginado ese encuentro.

Había soportado el frío.

Los castigos.

La soledad.

Las pruebas.

Todo por él.

Y al final no encontré respuestas.

Solo encontré un vacío.

Un monstruo vestido con un traje elegante.

Cuando el amanecer llegó, seguía sentado en mi cama.

Mirando la pared.

Pensando.

Siempre pensando.

La puerta se abrió.

Dos hombres entraron.

—Síguenos.

No pregunté nada.

Ya había aprendido que las preguntas rara vez eran respondidas en aquella mansión.

Los seguí por los pasillos.

Esta vez no me llevaron a una sala de entrenamiento.

Ni a un campo de pruebas.

Me condujeron a una oficina.

Sobre una mesa había varios documentos.

Fotografías.

Direcciones.

Y una pequeña maleta negra.

Uno de los hombres se sentó frente a mí.

—A partir de hoy comenzarás a trabajar.

Trabajo.

Aquella palabra sonó extraña.

—Ya no eres un candidato.

—Ya no eres un estudiante.

El hombre abrió una carpeta.

—Desde este momento serás conocido como Proklyatyy Málchik.

Observé la fotografía que me mostró.

Era una imagen tomada durante una de mis pruebas.

Mi rostro estaba cubierto de nieve.

Mis ojos parecían vacíos.

—¿Qué significa?

—Niño maldito.

No respondí.

Curiosamente, no me molestó.

Tal vez porque llevaba toda mi vida sintiéndome así.

Maldito.

Desde el momento en que nací.

Desde el momento en que mi madre murió.

Desde el momento en que mi padre decidió convertirme en aquello.

—Tu primera misión será sencilla.

Sencilla.

Otra palabra que aprendí a desconfiar.

---

Horas después me encontraba viajando.

Era la primera vez que abandonaba los alrededores de la mansión.

Observé el paisaje por la ventana del vehículo.

Bosques.

Carreteras.

Pueblos.

Casas.

Todo parecía extraño.

Nuevo.

Como si estuviera viendo otro mundo.

Porque en cierto modo así era.

Durante años había vivido encerrado.

El mundo exterior era casi una fantasía.

Hasta ese día.

Finalmente llegamos.

La casa era enorme.

Elegante.

Iluminada.

Parecía cálida.

Acogedora.

Era el tipo de lugar que jamás había conocido.

Los hombres me entregaron la información.

Una familia.

Objetivos específicos.

Órdenes específicas.

Nada más.

Para ellos era un trabajo.

Una misión.

Un número dentro de una lista.

Pero mientras observaba las fotografías sentí algo extraño.

Porque aquellas personas sonreían.

Parecían felices.

Parecían normales.

Algo que yo nunca había sido.

---

Esperé hasta que cayó la noche.

La nieve comenzaba a caer nuevamente.

Como si el invierno me hubiera seguido desde la mansión.

Me acerqué a la propiedad.

Los movimientos salieron de forma automática.

Años de entrenamiento.

Años de práctica.

Mi cuerpo sabía exactamente qué hacer.

Escalé.

Entré.

Me moví por la casa como una sombra.

Silencioso.

Invisible.

Perfecto.

Era aterrador lo natural que resultaba.

A veces olvidaba que solo tenía siete años.

Porque nadie de siete años debería ser capaz de hacer aquello.

Nadie.

---

Mientras avanzaba por los pasillos observé detalles que jamás había visto.

Fotografías familiares.

Dibujos infantiles.

Juguetes.

Libros.

Pequeñas cosas.

Pequeñas cosas normales.

Pequeñas cosas que nunca existieron en mi infancia.

Aquello me incomodó.

Mucho más de lo que esperaba.

Porque por primera vez estaba viendo lo que me habían arrebatado.

Una vida normal.

Una familia.

Un hogar.

---

Encontré a la madre primero.

Sentada junto a la chimenea.

Tejiendo.

Parecía tranquila.

Como si no existiera ninguna amenaza en el mundo.

Como si aquella noche fuera igual a cualquier otra.

Permanecí inmóvil durante unos segundos.

Observándola.

Recordé algo.

No sabía qué aspecto tenía mi propia madre.

Nunca la conocí.

Nunca vi su rostro.

Ni siquiera tenía una fotografía.

Y por un instante me pregunté cómo habría sido.

Aquella pregunta duró apenas unos segundos.

Después recordé quién era.

Recordé por qué estaba allí.

Y la misión continuó.

---

Más tarde encontré al padre.

Solo.

Distraído.

Ajeno a todo lo que estaba ocurriendo.

Todo siguió avanzando exactamente como me habían entrenado para hacerlo.

Sin errores.

Sin dudas.

Sin emociones.

Al menos por fuera.

Porque por dentro comenzaba a sentir algo que no lograba comprender.

Una incomodidad creciente.

Como si una parte de mí estuviera intentando despertar después de años dormida.

---

La situación cambió cuando apareció la hija.

Todo ocurrió demasiado rápido.

Demasiado caótico.

Demasiado inesperado.

Los planes dejaron de importar.

El entrenamiento tomó el control.

Los reflejos decidieron por mí.

Y cuando finalmente todo terminó, el silencio regresó a la casa.

Un silencio pesado.

Terrible.

---

Pensé que había acabado.

Pensé que podía marcharme.

Entonces escuché algo.

Pasos.

Pequeños pasos.

Me detuve.

Esperé.

Mi mano sujetó el cuchillo por pura costumbre.

Por puro entrenamiento.

Por puro instinto.

La sombra apareció al final del pasillo.

Y mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

Mucho antes.

Después llegó el silencio.

Un silencio absoluto.

Y entonces vi quién era.

No era un guardia.

No era un adulto.

No era una amenaza.

Era un niño.

Pequeño.

Mucho más pequeño que yo.

Durante varios segundos no pude moverme.

No pude respirar.

No pude pensar.

Mi mente simplemente se negó a aceptar lo que estaba viendo.

Porque por primera vez comprendí algo horrible.

Yo también era un niño.

Solo un niño.

Uno que había sido entrenado para olvidar que lo era.

Uno que había sido convertido en un arma.

Uno que ya no sabía distinguir entre obedecer y vivir.

Sentí un nudo en la garganta.

Las manos comenzaron a temblarme.

Era una sensación desconocida.

Extraña.

Dolorosa.

Y por primera vez en años quise escapar.

No de la misión.

No de la casa.

De mí mismo.

---

Salí corriendo.

No recuerdo cuánto tiempo.

No recuerdo el camino.

Solo recuerdo la nieve golpeando mi rostro.

El viento.

Y mi respiración agitada.

Cuando finalmente llegué al punto de extracción, los hombres de la mansión ya me esperaban.

Uno de ellos abrió la puerta del vehículo.

—Buen trabajo.

Buen trabajo.

Aquellas palabras me hicieron sentir enfermo.

Subí sin responder.

Nadie preguntó qué había ocurrido.

Nadie preguntó cómo me sentía.

Nadie preguntó nada.

Porque para ellos yo no era una persona.

Era una herramienta.

Una herramienta que había cumplido su función.

---

Durante el viaje de regreso observé mi reflejo en la ventana.

La nieve caía al otro lado.

Como siempre.

El invierno seguía allí.

Inmutable.

Eterno.

Y por primera vez desde que tenía memoria, sentí miedo de mí mismo.

No del dolor.

No del castigo.

No de mi padre.

De mí.

Porque aquella noche había comprendido algo que jamás me habían enseñado.

Las armas no nacen.

Se construyen.

Y mientras observaba mi reflejo en el cristal oscuro, comencé a preguntarme cuántas partes de mí seguían siendo humanas.

Y cuántas ya pertenecían al monstruo que mi padre había creado.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play