Belleza fría y fuerza divina se entrelazan en una alianza que decidirá el equilibrio entre reinos que nunca dejaron de vigilarse.
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Capítulo 14: “La frontera invisible”
El amanecer los encontró fuera del reino.
La ciudad quedó atrás envuelta en bruma, mientras el camino hacia la frontera oriental se extendía largo y silencioso.
Victoria caminaba a paso firme. Ya no miraba hacia atrás.
Rafael avanzaba a su lado, atento a cada sonido del bosque que bordeaba el sendero.
—Tres días —dijo él finalmente—. Si mantenemos el ritmo, cruzaremos sin usar las rutas principales.
Victoria asintió.
—¿Y después?
—Buscaremos el campamento de mercenarios que mencionaron en el gremio. Si el intermediario está financiando tropas, habrá registros, contratos… algo que podamos rastrear.
Victoria miró el horizonte.
—Mi ex prometido siempre fue ambicioso… pero no era paciente.
—Alguien más está detrás —respondió Rafael.
El viento sopló con fuerza, levantando polvo del camino.
Al mediodía alcanzaron una zona montañosa que marcaba el límite natural entre reinos. No había murallas imponentes.
Solo vigilancia discreta.
Rafael levantó la mano, deteniéndose.
—Dos exploradores —murmuró—. A la izquierda.
Victoria cerró los ojos un segundo, extendiendo apenas su percepción mágica.
—Sí. No son soldados oficiales. Son… independientes.
—Mercenarios.
Rafael evaluó el terreno.
—Si intentamos rodearlos, perderemos tiempo.
Victoria lo miró.
—Entonces no rodeemos.
Él arqueó una ceja.
—¿Tienes una idea?
Ella sonrió levemente.
—Siempre.
Se ajustó la capa y comenzó a caminar directamente hacia la zona donde sabía que estaban escondidos.
Rafael suspiró, pero la siguió.
No tardaron en salir dos hombres armados, bloqueando el paso.
—Territorio privado —dijo uno con tono áspero—. La ruta está cerrada.
Victoria inclinó la cabeza con educación calculada.
—No buscamos problemas. Solo empleo.
Los hombres intercambiaron miradas.
—¿Empleo?
Rafael dio un paso adelante.
—Somos combatientes. Discretos. Eficientes.
Uno de los mercenarios miró la espada de Rafael.
—¿Y por qué abandonarían su reino?
Victoria sostuvo la mirada del hombre sin vacilar.
—Porque las lealtades cambian.
El silencio se tensó.
Rafael sintió el leve calor del anillo. No peligro inmediato… pero sí atención peligrosa.
El segundo mercenario sonrió con desconfianza.
—Demuestren que valen algo.
Sin previo aviso, lanzó un golpe hacia Rafael.
Rafael no desenvainó la espada.
Desvió el puño con precisión y, en el mismo movimiento, desarmó al hombre haciéndolo caer de rodillas.
El primero intentó atacar por la espalda.
Victoria movió apenas los dedos.
El suelo bajo los pies del hombre se volvió inestable, como arena suelta. Perdió el equilibrio y cayó.
No hubo explosiones mágicas.
No hubo sangre.
Solo control.
Rafael ofreció su mano al mercenario que había derribado.
—No buscamos pelea innecesaria.
El hombre dudó… pero aceptó la ayuda.
Se puso de pie, respirando con dificultad.
—Hay una prueba esta noche —dijo finalmente—. Si quieren entrar al campamento, preséntense al anochecer. Si sobreviven… hablarán con el comandante.
Victoria intercambió una mirada rápida con Rafael.
—Estaremos allí.
Los mercenarios se apartaron.
Cuando retomaron el camino, Rafael habló en voz baja.
—Esto es arriesgado.
—Todo lo que estamos haciendo lo es.
—Podrían reconocer algo en ti.
Victoria lo miró fijamente.
—¿Crees que aún soy la princesa asustada que huía del palacio?
Rafael negó lentamente.
—No.
Ella continuó caminando.
—Entonces no dudes.
El sol comenzó a descender.
A lo lejos, humo se elevaba entre los árboles.
El campamento mercenario.
Rafael observó el lugar con atención estratégica.
—Una vez dentro, no habrá margen para errores.
Victoria asintió.
—Entonces no los cometeremos.
Se detuvieron un momento antes de avanzar.
El viento movió sus capas.
El anillo en sus dedos brilló brevemente, como si respondiera a la misma decisión compartida.
No estaban huyendo.
Estaban entrando directo en la boca del enemigo.
Y esta vez…
No sería para escapar.
Sería para descubrir quién movía los hilos desde las sombras.
Capítulo 14 – Parte 2
“La prueba del fuego”
El campamento mercenario estaba iluminado por antorchas cuando el sol terminó de ocultarse.
Carpas oscuras formaban un círculo amplio alrededor de una zona central despejada. El ruido de acero chocando y risas ásperas llenaba el aire.
Victoria y Rafael caminaron sin titubear hacia el centro.
Varias miradas se clavaron en ellos.
Evaluación. Desconfianza. Desafío.
El mercenario que habían encontrado en la frontera los reconoció y habló con un hombre más alto, de espalda ancha y cicatrices visibles en el rostro.
Ese debía ser el comandante.
El hombre dio un paso al frente.
—Así que ustedes son los que quieren unirse.
Rafael respondió con serenidad.
—Buscamos trabajo. Nada más.
El comandante miró a Victoria.
—¿Y ella?
Victoria sostuvo la mirada sin retroceder.
—No soy carga.
Algunos mercenarios rieron.
El comandante levantó una mano y el silencio volvió.
—La prueba es simple. Resistan cinco minutos contra mis hombres. Sin magia destructiva. Sin matar.
Rafael asintió.
—Aceptamos.
Tres combatientes entraron al círculo.
Uno con espada larga.
Otro con lanza.
El tercero, dagas dobles.
Victoria murmuró apenas:
—Lanza primero. Es el más rápido.
Rafael apenas inclinó la cabeza.
El combate comenzó.
La lanza atacó directa al pecho de Rafael.
Él giró el cuerpo con precisión, desviando el asta y acercándose al portador antes de que pudiera retroceder. Un golpe controlado al costado lo obligó a caer de rodillas.
El de las dagas se movió por el flanco.
Victoria avanzó un paso.
No lanzó hechizo visible, pero una ráfaga de viento dirigida desvió apenas la trayectoria de una de las dagas.
Eso fue suficiente.
Rafael atrapó la muñeca del atacante y la inmovilizó contra el suelo.
La espada larga descendió desde arriba.
Rafael bloqueó sin desenvainar completamente, usando la funda reforzada para absorber el impacto. Luego giró sobre su eje y desarmó al último combatiente con un movimiento limpio.
Tres hombres en el suelo.
Menos de dos minutos.
Silencio en el campamento.
El comandante no parecía impresionado… pero tampoco decepcionado.
—Interesante —murmuró.
Se acercó unos pasos más.
—Pero no peleaban en serio.
Rafael lo miró con calma.
—Usted pidió no matar.
Un murmullo recorrió el lugar.
El comandante soltó una breve risa.
—Bien. Están dentro. Pero aquí no hay amigos. Solo contratos.
Victoria cruzó los brazos.
—Eso nos basta.
El comandante se inclinó ligeramente hacia Rafael.
—Mañana recibiremos órdenes importantes. Un noble pagó bien por una operación delicada.
El corazón de Victoria se tensó… pero su rostro no cambió.
—¿Qué tipo de operación? —preguntó Rafael.
El comandante sonrió.
—Captura. No muerte.
Silencio.
Victoria sintió el anillo calentarse apenas.
Captura.
Eso significaba que aún la querían viva.
—¿El objetivo? —preguntó Rafael con tono neutral.
El comandante lo observó fijamente.
—Eso lo sabrán si demuestran lealtad.
Se dio media vuelta y ordenó que les asignaran una carpa.
Cuando finalmente estuvieron solos dentro de la tienda improvisada, Victoria dejó salir el aire que había estado conteniendo.
—Captura… —susurró—. Me quieren viva.
Rafael asintió.
—Eso complica y simplifica las cosas.
—¿Cómo puede simplificar algo así?
—Si te quieren viva, no atacarán sin cálculo. Eso nos da margen.
Victoria se sentó sobre el catre improvisado.
—Mi ex prometido no era paciente… pero alguien más sí.
Rafael se agachó frente a ella.
—Mañana sabremos más.
Ella lo miró fijamente.
—Si descubren quién soy…
—No lo harán.
—Rafael.
Él sostuvo su mirada.
—Si eso ocurre, lucharé.
—No puedes contra todo un campamento.
—No planeo hacerlo solo.
El silencio entre ellos se volvió más denso.
Afuera, risas y el sonido de metal seguían resonando.
Dentro, solo sus respiraciones.
Victoria bajó la vista hacia el anillo.
—Esto ya no es infiltración. Es entrar en el centro del problema.
Rafael se levantó lentamente.
—Entonces mañana estaremos en el centro.
La luz de la antorcha proyectaba sombras largas dentro de la carpa.
Sombras que parecían anticipar algo más grande.
En algún lugar del campamento, un mensaje sellado con cera esperaba ser abierto al amanecer.
Y cuando eso ocurriera…
El nombre del objetivo quedaría al descubierto.
Continuará…