Selina tiene 18 años y descubrió que aunque puede transformarse en loba, no tiene a su loba interna. Ha estado enamorada de su amigo Isaac Newman el beta de la manada White Moon, ella creía que su amor por el sería correspondido, sin embargo dolorosamente descubre la verdad de sus sentimientos y la traición de quienes ella más amaba. Inesperadamente la ayuda viene de quien ella más detesta...
NovelToon tiene autorización de Noruka para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Calma
Mi tío Paolo arregló todo para que pudiera quedarme y descansar.
Este día había sido demasiado largo para mí.
Demasiadas verdades.
Demasiadas mentiras.
Apenas había logrado sentarme cuando alguien tocó la puerta.
—Permiso, papá _dijo una voz masculina al otro lado.
—Pasa, Fernando_ respondió mi tío. Tu prima Selina está aquí.
Fruncí el ceño.
¿Fernando…?
La puerta se abrió.
Un joven entró.
Su mirada se posó en mí… y se quedó ahí.
Como si no pudiera creer lo que veía.
—¿Cómo que… mi prima Selina? _ preguntó, claramente desconcertado.
No dije nada.
Solo lo observé. Analizando. Midiendo.
—El tío Drago nos informó que ella… _continuó—
dudó un segundo— que tanto ella como el tío Iván habían fallecido.
El silencio se volvió pesado.
Mi mandíbula se tensó.
—Vaya… —murmuré con frialdad—.
—Parece que no soy la única a la que le mintieron.
Fernando me miró de nuevo.
Esta vez con algo distinto.
No solo sorpresa.
Atención.
—Entonces… _ dijo lentamente
—sí eres tú.
Me crucé de brazos.
—Depende.
—¿De qué?
—De si vienes a comprobarlo…
lo miré fijamente
—o a terminar el trabajo.
Mi tío Paolo suspiró.
—Selina—
—No _ lo interrumpí.
—Ya escuché suficiente por hoy como para confiar a ciegas. Fernando alzó una ceja. Y para mi sorpresa… sonrió apenas.
—Bien _ dijo.
—Eso tiene más sentido.
Entrecerré los ojos.
—¿Te parece gracioso?_ pregunté
—No_ respondió.
Me parece… lógico_ agregó
Dio un paso más cerca.
—Si yo hubiera crecido rodeado de mentiras…
su mirada se sostuvo en la mía
—también desconfiaría de todos_ mencionó
El silencio volvió a caer.
—¿Qué más te dijeron? —pregunté directamente.
Fernando miró de reojo a su padre.
—Lo suficiente como para creer que no quedaba nadie _ respondió finalmente.
Apreté los puños.
—Conveniente_ dije con dientes apretados
—Para alguien, sí _ añadió él.
Hubo un pequeño silencio.
—Pero no para nosotros.
Eso me hizo mirarlo mejor.
Más allá de la sorpresa… no había rechazo.
Ni desprecio.
Solo… curiosidad.
—Así que eres tú… —murmuró, fijándose en mi cabello. La de la que hablaban.
Mi cuerpo se tensó levemente.
—¿Qué decían?
Fernando sonrió de lado.
—Que si eras real…
todo iba a cambiar.
El aire se volvió más pesado.
—Entonces supongo que llegué en el momento justo.
—O en el peor _ respondió él.
Lo miré fijo.
—Eso aún está por verse.
Pero en el fondo… sabía que algo ya había empezado a moverse. Y esta vez… no tenía idea de cómo detenerlo.
Al día siguiente nuevamente me enfrente a mi primo Fernando, había venido a buscarme directamente. Había terminado de tomar desayuno, mi desconfianza estaba a flor de piel.
—Mi padre dice que necesitas aprender a controlar tu energía.
—Tu padre dice muchas cosas _ respondí con frialdad.
Fernando alzó una ceja.
—Y tú cuestionas todas. Interesante.
—No confío en nadie que no conozco.
—Perfecto —respondió.
Entonces empieza por sobrevivir… y después decides si confías.
Fruncí el ceño.
—¿Ese es tu método?_ pregunté
—No —dijo, dando un paso atrás.
Esa eres tú_ señaló
3 Meses después...
Intenté concentrarme. Respirar. Controlar. Fallé.
La energía se desbordó y retrocedí bruscamente.
—Maldición…
Esperé la burla.
No llegó.
—Otra vez _ dijo Fernando.
Lo miré, sorprendida.
—¿Eso es todo?
—¿Qué esperabas?
—Que dijeras que no sirvo para esto.
Fernando negó.
—Si no sirvieras… ya estarías muerta.
El silencio cayó.
—Lo que tienes…_ me miró fijamente
no es debilidad. Es exceso_ agregó
Tragué saliva.
—Aprende a manejarlo… y nadie va a poder tocarte_ indico serio
—Muy bien_ dije sin aliento
Cuando la práctica terminó, aprovechamos de tomar agua:
—¿Siempre eres así? —pregunté.
—¿Así cómo?
—Tranquilo… incluso cuando todo se está desmoronando.
Fernando soltó una pequeña risa.
—No.
Lo miré, esperando.
—Solo aprendí a no mostrarlo.
El silencio se volvió más suave.
—¿Y funciona? —pregunté.
—No —respondió.
—Pero ayuda a que los demás no se den cuenta.
Bajé la mirada.
—Entonces sí funciona... murmuré.
Punto de vista de Bruno
Tres meses.
Eso fue lo que pasó desde que Selina se fue.
Tres meses… y nada volvió a sentirse igual. La manada siguió. Siempre lo hace. Entrenamientos. Reuniones. Órdenes. Su desaparición pareciera no ser nada. Quizás mi padre simplemente aguarda.
Pero sí cambiaron las cosas. Yo lo sentía.
Todos los días. No siempre con la misma intensidad… pero lo suficiente para no olvidarlo.
Selina.
A veces… era solo un eco. Otras… Algo más.
Como si estuviera luchando contra algo que no podía ver. Apreté la mandíbula.
—Resiste… murmuré, casi por costumbre.
—¿Sigues haciendo eso?_ preguntó mi hermana
La voz de Leticia me sacó de mis pensamientos.
La miré. Ya no era la misma. Había algo distinto en ella. Más firme. Más… segura.
—¿Hacer qué? _ respondí.
—Hablar solo.
Rodé los ojos.
—No estoy hablando solo_ dije molesto
Leticia sonrió levemente.
—Claro.
El silencio se instaló entre nosotros… pero no era incómodo.
No como antes.
—Hoy llega_ dijo de pronto.
Fruncí el ceño.
—¿Quién?_ pregunté
Me miró como si fuera obvio.
—Isaac.
Ah.
Asentí lentamente.
—Cierto.
—Volvió de la universidad esta mañana.
Noté cómo evitaba mirarme directamente.
—¿Y?
Leticia exhaló despacio.
—Y… dudó un segundo. Ya no hay duda.
La miré con atención.
—Es él_ dijo
El silencio cayó.
—Mi compañero_ susurró
Su voz no tembló.
Pero sus manos… sí.
—¿Estás segura?_ dije confundido
Leticia asintió lentamente.
—Lo supe apenas lo vi.
Bajó la mirada.
—No fue como pensaba…
Fruncí el ceño.
—¿Qué quieres decir?_ pregunté
—Pensé que sería… más claro. Más fácil.
Levantó la mirada hacia mí.
—Pero no lo es_ agregó
Eso me hizo tensar.
—¿No lo quieres?
—Sí —respondió rápido.
Sí lo quiero.
Dudó.
—Pero eso no borra lo que pasó antes_ señaló
Selina.
El nombre no fue dicho.
Pero estuvo ahí.
Entre nosotros.
—Tienes que hablar con ella —dije.
Leticia soltó una pequeña risa amarga.
—¿Y decirle qué?
¿Que tenía razón en todo?
¿Que le mentí? ¿Qué debí ser más franca, que estaba cegada por celos?
Negó con la cabeza.
—Ni siquiera sé dónde está_ indico triste
Apreté los puños.
Yo sí sabía. No exactamente… pero lo suficiente.
—Lo sabrás —murmuré.
Leticia me miró.
—¿Cómo?
Negué con la cabeza.
—Solo… lo harás.
El viento pasó entre los árboles.
Y en ese instante… la sentí otra vez. Más clara.
Más fuerte.
—¿Qué pasa? —preguntó Leticia.
No respondí de inmediato.
Porque esta vez… no era solo inestabilidad.
Era otra cosa. Como si algo… estuviera cambiando.
—Nada —dije finalmente.
Pero no era cierto. Nunca lo era… cuando se trataba de ella.
Miré hacia el bosque. Hacia donde ya no estaba…
pero nunca había dejado de estar.
Suspiré. En un mes alcanzaría la mayoría de edad.
Y no sabía… si ella podría soportarlo.
y el Ysacc anda entre las 2😡😡😡
de seguir al malvado de su padre y se ponga los pantalones por ella
sobre todo la perra de la amiga que es igual a Carol