Un matrimonio por conveniencia une a Carolina y Benjamín, dos mundos opuestos marcados por el interés y el orgullo. Pronto descubrirán que el amor puede surgir incluso en los acuerdos más fríos.
NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 1
El despacho de Rodolfo Álvarez ya no transmitía poder.
Antes, aquel espacio había sido el corazón de Álvarez Ingeniería y Proyectos, una empresa dedicada al diseño y ejecución de infraestructuras urbanas: carreteras, edificios residenciales y obras comerciales que alguna vez llevaron el apellido Álvarez con orgullo.
Ahora… solo quedaba el eco de lo que fue.
Carolina se detuvo en la puerta, observando a su padre. Su postura encorvada, el rostro marcado por el cansancio y la culpa, le dolieron más de lo que quería admitir.
—Papá… me dijiste que era urgente —dijo suavemente.
Rodolfo levantó la vista, como si le costara sostenerle la mirada.
—Pasa, hija… siéntate.
Carolina dejó su mochila a un lado. Estaba vestida de forma sencilla, lista para ir a la universidad. Era su tercer año, y a pesar de todo, había intentado mantener cierta normalidad.
Se sentó frente a él.
—Tengo clase en una hora…
Rodolfo asintió lentamente, pero no habló de inmediato. Sus manos temblaban ligeramente.
—Hija… hablé con el CEO de Conglomerado Rossi. Ellos van a sacar la empresa adelante.
Carolina frunció el ceño.
—¿Cómo? Pensé que ya no había inversionistas interesados.
—No los hay… —respondió con voz grave—. Pero los Rossi no son inversionistas comunes. Ellos… absorben empresas. Las reconstruyen. Las hacen crecer.
Un silencio incómodo se instaló.
—¿Y qué quieren a cambio? —preguntó Carolina, sintiendo cómo algo en su pecho se tensaba.
Rodolfo tragó saliva.
—Me impusieron una condición.
Carolina lo miró fijamente.
—¿Cuál, papá?
El aire pareció volverse más pesado.
—Debes casarte con el hijo mayor de los Rossi.
El tiempo se detuvo.
Carolina parpadeó, incrédula.
—¿…Te estás escuchando?
Se puso de pie de inmediato, el impacto golpeándola con fuerza.
—¿Me estás diciendo que me quieres vender?
—¡No es eso! —respondió él, levantándose también—. Es una alianza, Carolina, un acuerdo…
—¡Es lo mismo! —lo interrumpió, con la voz quebrada—. Soy tu hija, no una moneda de cambio.
Rodolfo cerró los ojos un segundo, como si le doliera escucharla.
—Hija… piensa en Emely.
El nombre de su hermana hizo que todo se detuviera.
—Está en su último año de preparatoria —continuó—. Sueña con entrar a la universidad. ¿Con qué dinero vamos a pagar eso? Yo… —su voz se rompió— yo solo dependo de está empresa.
Carolina apretó los labios.
Las imágenes comenzaron a formarse en su mente.
Su madre… en una cama de hospital, debilitándose día tras día.
El día que murió.
El silencio en casa.
Su padre perdiéndose poco a poco, dejando que todo se viniera abajo.
Cinco años.
Cinco años intentando sobrevivir.
Y ahora… cuando él intentaba levantarse…
El precio era ella.
Carolina bajó la mirada. Sus manos temblaban levemente.
—¿Quién es él? —preguntó en voz baja.
—Benjamín Rossi. El heredero del conglomerado.
Carolina soltó una risa sin humor.
—Perfecto… un desconocido multimillonario comprando una esposa para cerrar un trato.
Rodolfo no respondió.
Y ese silencio… dijo todo.
Carolina cerró los ojos.
Pensó en Emely. En sus sueños.
Pensó en su padre… intentando, por fin, volver a levantarse.
Y entendió algo que le rompió el alma.
No había otra salida.
Cuando abrió los ojos, había una calma extraña en ellos.
—Acepto.
Rodolfo la miró sorprendido.
—Hija…
—Pero no lo hago por la empresa —dijo con firmeza—. Lo hago por Emely.
El hombre asintió, con los ojos brillosos.
—Gracias…
Carolina tomó su mochila lentamente.
—Tengo que irme a la universidad.
Rodolfo la observó, confundido.
—¿Ahora?
Ella asintió.
—Sí. Porque mi vida no se va a detener… al menos no todavía.
Se dirigió a la puerta, pero se detuvo antes de salir.
—¿Cuándo tengo que conocerlos?
—Mañana por la noche debemos ir a casa de los Rossi.
Carolina apretó la correa de su mochila.
—Bien.
Y sin decir nada más… salió.
El aire exterior le golpeó el rostro. Caminó hacia la calle, sintiendo que cada paso la alejaba de la vida que conocía.
Subió al transporte, mirando por la ventana sin realmente ver.
Personas, edificios, rutina…
Todo seguía igual.
Menos ella.
Por primera vez en su vida, no iba a la universidad pensando en exámenes o clases…
Sino en el hombre con el que se casará.
Un completo desconocido.
......................
Por otro lado…
El edificio de Rossi Global Holdings dominaba el horizonte con su estructura de vidrio y acero.
Un imperio empresarial diversificado en construcción, energía, tecnología y desarrollo urbano. Una maquinaria perfecta de poder.
En la sala de juntas del último piso, Federico Rossi acababa de cerrar un acuerdo importante relacionado con la expansión de infraestructura en la región.
Los ejecutivos se retiraron uno a uno, dejando la sala en silencio.
Solo quedaron sus hijos.
Benjamín, de pie junto al ventanal, con la ciudad extendiéndose ante él.
Daniel, relajado, girando una pluma entre sus dedos.
Macarena, revisando datos en su tablet.
—Bien —dijo Federico, tomando asiento—. Ahora hablaremos en familia.
Benjamín no se giró.
—Hazlo rápido tengo trabajo que hacer.
Federico lo ignoró.
—Planeo retirarme próximamente.
Daniel levantó una ceja.
—Eso sí es nuevo.
—Y alguien tomará mi lugar —continuó.
El silencio se tensó.
—Benjamín.
Macarena sonrió levemente.
—Era obvio.
Pero Benjamín habló sin emoción:
—No me interesa.
Federico entrecerró los ojos.
—No es opcional.
Macarena intervino, divertida:
—Seguro hay una condición. Siempre la hay.
Federico asintió.
—Vas a casarte.
Daniel soltó una risa baja.
—Vaya… eso no lo esperaba.
Benjamín finalmente se giró.
—No.
Federico no se inmutó.
—Debes casarte con Carolina Álvarez. Hija de Rodolfo Álvarez.
—¿La empresa de ingeniería? Están en quiebra —dijo Benjamín.
—Exacto —respondió Federico—. Vamos a absorberla. Su estructura aún tiene valor.
Benjamín negó con la cabeza.
—¿Y tengo que casarme con ella para eso?
—Sí.
Macarena cruzó los brazos.
—Debe ser una caza fortunas.
—No hables sin conocerla —intervino Dalia, entrando en la sala.
Benjamín la miró.
—Sé suficiente. ¿Aceptó el trato?.
—O tal vez no tuvo opción —respondió su madre con suavidad.
Eso lo hizo tensarse.
Pero no respondió.
—No me caso —repitió.
Federico se inclinó hacia adelante, su voz cortante:
—Si no aceptas, te desheredo.
El silencio fue absoluto.
Daniel dejó de jugar con la pluma.
Macarena observó con atención.
—Pierdes todo —continuó Federico—. Negocios son negocios. Y esto nos conviene.
Benjamín sostuvo su mirada.
El desafío era claro.
Y él odiaba perder.
Respiró hondo.
—¿Cuándo la conoceré?
—Mañana irán a la casa. Cenarán con nosotros.
Macarena sonrió.
—Interesante.
Daniel se levantó.
—Esto se va a poner bueno.
Federico caminó hacia la salida.
—Lleguen temprano. Y tú, Benjamín…
Se detuvo frente a él.
—Compórtate.
Benjamín no respondió.
Pero en su interior, la molestia crecía.
No quería ese matrimonio.
No quería a esa mujer.
Pero mañana …
La conocería.
Y estaba seguro de algo:
Nada de esto sería fácil.
queremos leer un poco más...maravillosa como estas llevando el trama ..excelente novela 👌👌👏👏👏
ya empezó lo bueno excelente historia