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Se Lo Dejo A Su Amante

Se Lo Dejo A Su Amante

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Venganza / Divorcio
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Creyó vivir un cuento de hadas hasta que descubrió la traición: su esposo compartía su vida, su tiempo y su dinero con otra mujer. En lugar de luchar por un amor muerto, decidió renunciar a todo… menos a sí misma.

Pero pronto descubrirán que recibir lo que otros abandonan, trae consecuencias terribles. Ella se libera, se transforma y triunfa; ellos caen en la trampa que ellos mismos construyeron. ¿Quién saldrá ganando al final?

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Capítulo 6: Palabras que hieren, silencios que preparan

Los días se sucedían con la misma apariencia tranquila, pero cada hora que pasaba Yaneth la sentía como un eslabón más en la cadena que ella misma estaba construyendo: fuerte, ordenada, invisible para quien no quería ver. Emiliano seguía su rutina igual que siempre: salía temprano, regresaba tarde, hablaba poco, se encerraba en su estudio o se perdía en llamadas que cortaba en cuanto ella entraba en la habitación. Estaba tan seguro de su dominio, tan convencido de que su esposa vivía ajena a todo, que ya ni siquiera se molestaba en ocultar por completo sus huellas.

Una tarde, mientras él se había quedado en la oficina según decía, Yaneth encontró sobre la mesa del vestíbulo un recibo olvidado: pago de una cena elegante, para dos personas, en un restaurante exclusivo de la zona alta de la ciudad. La fecha coincidía exactamente con el día que él le había dicho que debía viajar por negocios a otra ciudad. Lo tomó entre sus manos, lo leyó despacio, sin rabia descontrolada, solo con una tristeza fría y profunda. Ya no le dolía tanto la traición en sí misma: lo que dolía era ver cómo él había gastado en lujos y cenas con otra mujer el dinero que ella misma había ayudado a ganar, administrar y cuidar durante años, contando cada gasto para que nada faltara en casa.

—Todo lo que construimos juntos… él lo usa para regalárselo a ella —susurró guardando el papel en su libreta, junto a las demás pruebas que ya empezaban a llenar varias páginas—. Cada esfuerzo mío, cada sacrificio, cada noche sin dormir preocupada por sus negocios… todo ha servido para enriquecer la vida de otra persona. Pero ya no importa. Ahora todo eso es parte del plan.

Esa misma noche, cuando Emiliano llegó, entró con aire impaciente, arrojó su maletín sobre el sofá y se sentó sin siquiera quitarse el abrigo. Yaneth lo observó desde la cocina, viendo cómo su rostro reflejaba cansancio, pero también esa satisfacción propia de quien cree tener todo bajo control. Se acercó despacio, le sirvió una taza de café caliente y se la puso sobre la mesa, manteniendo su mirada suave y su voz serena, tal como él esperaba siempre.

—¿Te fue bien hoy? —preguntó con la misma dulzura que usaba desde hacía años.

Él tomó la taza sin mirarla a los ojos, bebió un sorbo y respondió con tono cortante y distante:

—Sí, como siempre. Aunque me cansa mucho tener que resolver todo yo solo. A veces pienso que nadie me ayuda de verdad en esta vida. Tú siempre estás aquí, tranquila, sin preocupaciones, mientras yo me desvivo por mantenernos a flote. No sabes lo pesado que es cargar con todo el peso de la casa, el dinero, el estatus… solo.

Esas palabras cayeron sobre ella como agua helada, pero Yaneth no se movió, no alzó la voz, no derramó una sola lágrima. Por el contrario, sintió cómo se fortalecía aún más su decisión. Él hablaba así porque estaba seguro de que ella nunca diría nada, nunca reclamaría, nunca le recordaría todo lo que ella también había puesto: su juventud, su tiempo, su inteligencia, su propia familia, todo lo que había dejado de lado para que él pudiera brillar sin obstáculos.

—Entiendo —respondió ella despacio, midiendo cada palabra—. Sé que trabajas mucho. Y sabes que siempre estoy aquí, dispuesta a ayudarte en lo que haga falta, como siempre lo he hecho. Solo… a veces me gustaría saber un poco más de tus cosas, acompañarte más, ser realmente tu compañera.

Emiliano soltó una risa seca y despectiva, apartando la taza a un lado con brusquedad.

—¡Bah! No hables de lo que no entiendes —replicó con dureza—. Tú no sabes nada de negocios ni de relaciones importantes. Lo mejor que puedes hacer es mantenerte tranquila, cuidar que todo esté bien aquí dentro y no meterse en cosas que te quedan grandes. Yo sé lo que hago. No necesito que nadie me enseñe cómo vivir ni cómo triunfar.

—Claro que no —dijo ella, bajando levemente la mirada, ocultando el brillo decidido que le nacía en la mirada—. Tú eres el que sabe todo. Tú eres el que decide todo. Yo solo estoy aquí, esperando, cumpliendo mi papel.

—Exactamente —respondió él, satisfecho con la respuesta que esperaba recibir—. Así es como debe ser. Mientras hagas lo tuyo, todo irá bien. No te compliques la vida ni me compliques la mía.

Se levantó entonces, se dirigió hacia la escalera y subió hablando solo, quejándose de cansancio, de problemas, de gente que no entendía su valor… sin darse cuenta de que acababa de darle a Yaneth una razón más, mucho más fuerte, para llevar hasta el final lo que había empezado.

Cuando él ya estuvo arriba, ella se quedó sola en la sala, caminando despacio hacia la ventana. Afuera la noche cubría la ciudad, pero en su interior todo estaba mucho más claro que nunca. Él la subestimaba. Él creía que por ser callada, paciente y dedicada, era también débil, tonta, incapaz de defenderse o de pensar por sí misma. Ese era su mayor error, y sería justo esa confianza ciega su peor enemigo.

—Tú crees que yo soy solo lo que ves —pensó mirando hacia la oscuridad—. Crees que soy una sombra que te sigue, que no tiene voz ni voluntad propia. Pero no sabes que mientras tú construías tu doble vida, yo construía mi libertad. No sabes que cada palabra que me dices para humillarme, cada mentira que sueltas como verdad, cada cosa que ocultas… todo se vuelve contra ti.

Al día siguiente, Marisol le llamó temprano, con noticias nuevas, y se vieron en un lugar apartado, lejos de miradas conocidas.

—Yaneth, tengo más información —le dijo su amiga con seriedad—. Clarisa ya no se conforma con ser la amante. Ha empezado a exigirle a Emiliano que acelere todo: que presente el divorcio pronto, que ponga a su nombre bienes, que hable de ella públicamente. Ella dice que ha esperado suficiente y que no piensa seguir escondiéndose. Y lo peor… ha empezado a presionarlo con amenazas: si no cumple lo prometido, revelará cosas que pueden dañar su reputación y sus negocios.

Yaneth escuchaba todo con una sonrisa leve, casi imperceptible, formándose en sus labios. Era exactamente lo que esperaba. La ambición que había notado en ella, esa prisa por alcanzar lo que creía merecer, empezaba a jugar en su contra.

—Perfecto —dijo ella con calma—. Ella lo empuja, él se siente acorralado, y en su desesperación va a cometer errores grandes. Cuando uno miente para sostener dos vidas a la vez, tarde o temprano se le cae todo encima. Solo necesito esperar, dejar que ellos mismos se enreden solos… y recoger las pruebas mientras caen.

—Pero ten cuidado —advirtió Marisol, tomándola de las manos—. Emiliano es orgulloso y peligroso. Si se siente acorralado, puede reaccionar con violencia, intentar culparte a ti, o inventar historias para quedar él como la víctima. No bajes la guardia ni un segundo.

—No lo haré —respondió Yaneth con firmeza absoluta—. Ya no soy la mujer que tenía miedo de perderlo. Ahora tengo miedo de perder mi propia dignidad… y eso no voy a permitirlo jamás. Él cree que yo estoy esperando su perdón o su atención. No sabe que yo ya estoy esperando su caída.

Regresó a casa con el corazón más ligero que en días anteriores. Sabía que el tiempo jugaba a su favor. Cada pelea entre ellos, cada exigencia de Clarisa, cada mentira que él debía inventar para sostener su engaño… todo iba sumando hasta el momento final.

Esa tarde, al entrar al estudio para dejar unos papeles, vio sobre el escritorio una foto pequeña, que él había tratado de esconder entre documentos: era una imagen de él y Clarisa, tomada en un evento social, sonriendo juntos, muy cerca, como una pareja legítima. Yaneth la miró unos segundos, sin sentir dolor, solo con una certeza definitiva:

Tienes lo que querías, Emiliano. Tienes a quien elegiste. Pues bien… ya no tendrás que esperar más.

Guardó la foto con cuidado, añadiéndola a su colección de pruebas, y salió cerrando la puerta suavemente detrás de sí. Ya faltaba menos para decir la frase que cambiaría todo: Se lo dejo a su amante. Y cuando lo hiciera, no sería una renuncia: sería el fin de una mentira y el comienzo de su propia vida.

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Eliana Angulo
excelente capítulo @🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆ 👏👏
Eliana Angulo
no te quedes callada Yaneth dile más a ese perro😡
Eliana Angulo
se hace el loco este hombre ..... todo lo que le está pasando, se lo busco el
Eliana Angulo
pero que reclama este hombre... si el fue que quiso vivir dos vida y fue el le pintó un vida a la amante que no podía darle
Eliana Angulo
🤣🤣🤣 mija le pintaron pajaritos en el aire🤣🤣
Eliana Angulo
Yaneth eres la mejor... así deberíamos ser las mujeres..no pelear por hombres, que las amantes solas se estrellen con la realidad 🤣🤣
Eliana Angulo
más de ladrón bufon... sinceramente que de los hombres se puede esperar cualquier cosa... ahora ella le sale a deber😡
Eliana Angulo
así se habla Yaneth 👏👏👏
Eliana Angulo
una mujer valiente, yo desde que me hubiera enterado que tiene otra le reclamaría así sea que me llamara loca
Flickr Mary Soly
Livertad dice pero sigue siambulando por ahi
Flickr Mary Soly
Y que hace hay ella por que no se va
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Porque primero necesita reunir todas las pruebas, aclarar todo lo oculto
total 1 replies
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