historia de una chica curvy y un cantante que se conocen por casualidad enfrentan prejuicios obstáculos para separarlos pero ellos luchan con todo para estar juntos
(es un cuento corto y reflexivo
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El primer escenario y su prueba de fuego
El día del primer concierto llegó entre un torbellino de actividad y nervios contenidos. El escenario se alzaba imponente en una plaza de toros abarrotada, con luces que rasgaban la tarde y un sonido de miles de voces que retumbaba en el pecho. Damián se ajustó la guitarra en el camerino, con las manos ligeramente temblorosas; había cantado muchas veces, pero nunca ante una multitud así, ni abriendo para un monstruo de la música como la Banda MS.
Lila le arregló el cuello de la camisa con una sonrisa serena, sus ojos llenos de fe:
—Cuando subas ahí arriba, piensa solo en lo que sientes y en lo que quieres contar. Esa gente no espera a un artista perfecto, espera a alguien que les haga sentir. Y nadie lo hace mejor que tú.
Le dio un beso breve pero cargado de fuerza, y la voz en off anunció su nombre. Damián salió al escenario bajo una ovación cálida pero expectante. Los reflectores le cegaron un instante, pero distinguió a lo lejos, en el lateral del escenario, las siluetas de Sergio, Oswaldo y los demás chicos de la banda, observando atentos.
Comenzó con una balada suave, desgranando las notas con cuidado, dejando que su voz se extendiera como un manto sobre la multitud. Al principio, algunos murmullos y movimientos le hicieron dudar; parecía que la gente estaba impaciente por el plato fuerte. Pero cerró los ojos, pensó en Lila, en su historia, en todo lo que había luchado para estar ahí, y soltó la voz con toda la potencia y el sentimiento que llevaba dentro.
La canción cambió de tono, se volvió más intensa, apasionada. El murmullo disminuyó poco a poco hasta convertirse en silencio absoluto, y luego, al llegar el estribillo, la plaza entera estalló en aplausos y vítores. Muchos levantaban las manos, se dejaban llevar por la emoción. Al terminar, Damián se inclinó, emocionado y aliviado. Al levantar la vista, vio a los chicos de la Banda MS aplaudiendo con entusiasmo y asintiendo con aprobación.
—¡Eso fue magia, Damián! —le dijo Oswaldo al encontrarse de nuevo entre bastidores, dándole una palmada en la espalda—. Te ganaste a esta gente en pocos minutos.
Capítulo 18: El Contratiempo en la Carretera
La gira avanzaba con éxito, pero no todo era camino fácil. Una noche, mientras viajaban en el autobús hacia la siguiente ciudad, por una carretera sinuosa y oscura, el vehículo sufrió una avería inesperada. Un ruido seco y fuerte los sacudió, y el conductor tuvo que detenerse en un tramo desolado, lejos de talleres o poblaciones.
La lluvia comenzó a caer con fuerza, convirtiendo el entorno en un escenario gris y húmedo. El ánimo del grupo se desplomó: había que llegar a tiempo para el montaje del escenario y la prueba de sonido era inaplazable. Algunos mostraban su frustración con comentarios impacientes y gestos bruscos. Damián intentó mantener la calma, pero la incertidumbre le carcomía: ¿y si esto arruinaba su oportunidad? ¿y si pensaban que su presencia traía mala suerte?
—No podemos quedarnos aquí parados —dijo Sergio, con la autoridad que le caracteriza, pero también con preocupación—. Necesitamos repuestos y ayuda mecánica, y con esta lluvia tardará en llegar.
A la tensión se sumó un problema logístico: el camión que transportaba parte de los instrumentos y equipos de sonido había tomado una ruta diferente y no contestaba a las llamadas. Parecía que todo se estaba confabulando para complicar las cosas.
En medio de ese caos, Lila fue un pilar fundamental. Ayudó a organizar el espacio dentro del autobús para que todos pudieran descansar un poco mientras esperaban, repartió bebidas y palabras de aliento, y habló con el conductor para enterarse bien de la situación sin perder la compostura.
—La tormenta pasa, los problemas se resuelven —decía con voz tranquila—. Lo importante es que estamos juntos y nadie corre peligro. El concierto se hará, quizás con retraso, pero se hará.
Damián admiraba esa fortaleza. Decidió entonces dejar de lado su propia inquietud y poner su granito de arena: ayudó a revisar lo que estaba a su alcance, se comunicó con la producción buscando alternativas y animó a los demás contando anécdotas divertidas o recordando momentos buenos de la gira.