Después de Ti ,Yo
La historia de una mujer madura, que aprendió a elegirse ,demostrando que ser una mujer de 50 años todavía tiene la oportunidad de ser feliz
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capitulo 15
Los pasillos de la clínica estaban en silencio.
Alejandro esperaba noticias del contador ya habían propuesto una auditoría,por otro lado
Su esposa estaba bajo observación después del brutal ataque.
Aunque los médicos habían informado que estaba fuera de peligro, nadie sabía todavía cuánto tardaría en recuperarse.
Analia permanecía junto a su hijo
La pequeña hija de Alejandro.
Alejandra quería saber de su mamá
Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
Solo recordaba que estaba esperando.
Esperando verla aparecer.
Esperando escuchar su voz.
Pero, en lugar de eso, había visto a los adultos correr y hablar desesperadamente.
Cuando Alejandro se acercó, la pequeña lo abrazo
—¡Papá!
Alejandro la abrazó con fuerza.
—Estoy aquí, hija.
—¿Dónde está mi mamá?
Alejandro cerró los ojos.
—Los médicos están cuidándola.
Alejandra levantó la mirada.
—¿Está bien?
Aquella pregunta destruyó el corazón de Alejandro.
—Tu mamá es fuerte.
—¿Cuándo podré verla?
—Muy pronto.
Alejandra comenzó a llorar.
—Yo quiero verla , la necesito
Alejandro la abrazó nuevamente.
—Lo sé.
—¿Por qué alguien le hizo daño?
Alejandro permaneció en silencio.
No tenía una respuesta.
Y esa era precisamente la parte que más miedo le producía.
Porque alguien estaba tratando de dañar a su familia
ese alguien que los conocía
Mientras tanto, Iván volvió a recibir una llamada.
Escuchó atentamente durante varios minutos.
Su rostro cambió.
Era lo que estaba esperando la confirmación de todo
—¿Estás completamente seguro?
Guardó silencio.
—Está bien. Continúa investigando.
Colgó.
Analia se acercó.
—¿Qué ocurre?
Iván la miró.
—Encontraron una conexión con Gissela.
Analia sintió un escalofrío.
—¿Con Gissela?
—Todavía no sabemos exactamente qué relación tiene con el ataque.
—¿Ella ordenó que atacaran a mi nuera?
—No podemos asegurarlo.
Iván guardó silencio.
—Pero su nombre apareció relacionado con una persona que estaba cerca del lugar.
Analia cerró los ojos.
La situación era cada vez más peligrosa.
Y en medio de todo aquello...
Gissela pidió reunirse con Iván.
La reunión se realizó en un restaurante discreto.
Gissela llegó antes.
Estaba perfectamente arreglada.
Había elegido cuidadosamente su ropa.
Su perfume.
Incluso la mesa.
Cuando Iván entró, ella sonrió.
—Pensé que no vendrías.
Iván se sentó frente a ella.
—No vine por ti.
La sonrisa de Gissela desapareció por un instante.
—Entonces, ¿por qué viniste?
—Porque dijiste que tenías información.
Gissela inclinó ligeramente la cabeza.
—Quizás podamos hablar de muchas cosas.
Iván la observó en silencio.
—Habla.
Gissela sonrió.
—Eres un hombre muy directo.
—No tengo tiempo para juegos.
Gissela acercó lentamente su mano a la de Iván.
—No todos los encuentros tienen que ser tan serios.
Iván retiró inmediatamente su mano.
—No me toques.
Gissela lo miró sorprendida.
—Solo estaba siendo amable.
—No.
Iván mantuvo una mirada firme.
—Estás intentando manipularme.
Gissela sonrió.
—Tal vez me gustas.
Iván soltó una pequeña risa.
—¿Crees que no sé quién eres?
La expresión de Gissela cambió.
—¿Y quién soy?
—Una mujer que ha vivido durante años intentando conseguir un lugar en una familia destruyendo a otra.
Gissela apretó los labios.
—No sabes nada de mí.
—Sé suficiente.
Iván se inclinó hacia ella.
—Y escucha bien lo que voy a decirte.
Gissela lo miró fijamente.
—No vuelvas a confundirme con Elías.
El silencio fue inmediato.
—Yo no soy un hombre al que puedas seducir para conseguir lo que quieres.
Gissela retiró lentamente su mano.
Su orgullo había sido herido.
—No sabes lo que estás perdiendo.
Iván sonrió con frialdad.
—No estoy perdiendo nada.
Gissela lo observó con rabia.
—Todos los hombres terminan cayendo.
Iván se levantó.
—Ese es precisamente tu problema.
Gissela levantó la mirada.
—¿Cuál?
—Crees que todos son como Elías.
Iván se inclinó ligeramente.
—Pero no todos traicionan a las mujeres que dicen amar.
Las palabras golpearon a Gissela.
Iván comenzó a alejarse.
Pero antes de salir, se detuvo.
—Si tienes información sobre el ataque, entrégala.
—¿Y si no quiero?
Iván la miró.
—Entonces los investigadores descubrirán por qué estás vinculada.
Gissela palideció.
—Yo no tuve nada que ver.
—Entonces demuestra tu inocencia.
Y se marchó.
Gissela permaneció sola.
Por primera vez...
alguien la había puesto en su lugar.
Esa misma noche, Elías llegó furioso a la casa de Isabel.
Ella abrió la puerta sorprendida.
—¿Qué haces aquí?
Elías entró sin esperar una invitación.
—¿Qué estás diciendo sobre Analia e Iván?
Isabel cerró la puerta.
—No sé de qué hablas.
—¡No me mientas!
Isabel se quedó inmóvil.
—He escuchado los rumores.
—La gente habla.
Elías se acercó.
—No.
Su voz era firme.
—Tú estás hablando.
Isabel cruzó los brazos.
—¿Y qué si estoy diciendo la verdad?
Elías abrió los ojos.
—¿Qué verdad?
—Iván apareció justo cuando Analia decidió sacarte de su vida.
—¡Porque es amigo de la familia!
Isabel soltó una risa.
—¿Estás seguro?
Elías la miró con rabia.
—¿Tú sabes por qué Iván llegó?
Isabel guardó silencio.
—No.
—Entonces no hables.
Isabel cambió de expresión.
—¿Ahora te importa defender a Analia?
Aquella pregunta dejó a Elías sin palabras.
—Después de todo lo que le hiciste.
Elías bajó la mirada.
Pero luego volvió a levantarla.
—Yo cometí errores.
Isabel soltó una risa amarga.
—¿Errores?
—Sí.
—¡Tú destruiste tu matrimonio!
Elías permaneció en silencio.
Isabel continuó:
—Y ahora quieres que todos crean que eres una víctima.
—No quiero ser una víctima.
—Entonces, ¿qué quieres?
Elías la miró directamente.
—Que dejes a Analia en paz.
Isabel quedó sorprendida.
—¿Ahora la proteges?
Elías respiró profundamente.
—Tal vez sea demasiado tarde para recuperar mi matrimonio.
Hizo una pausa.
—Pero todavía puedo evitar que ustedes destruyan a mi familia.
Isabel palideció.
—¿Nosotros?
—Tú y mamá.
El silencio se apoderó de la habitación.
—Sé que ustedes estuvieron involucradas en demasiadas cosas.
Isabel lo miró con rabia.
—Tú también.
—Sí.
—Entonces no vengas a señalarme.
Elías dio un paso hacia ella.
—Por eso mismo te estoy diciendo que pares.
Isabel permaneció en silencio.
—Porque si todo sale a la luz...
Elías bajó la voz.
—Nadie de nosotros estará a salvo.
Mientras tanto, Araceli había descubierto que su padre se encontraba en la casa de Raiza.
No dudó en ir.
Cuando llegó, encontró a Elías, Raiza e Isabel reunidos.
El silencio fue inmediato.
Araceli entró furiosa.
—¡Así que aquí están todos!
Elías se puso de pie.
—Araceli...
—¡No me llames así!
Raiza frunció el ceño.
—¿Qué son esos modales?
Araceli se volteó hacia ella.
—¡Usted no tiene derecho a hablarme de modales!
Raiza quedó sorprendida.
—¡Soy tu abuela!
—Y se supone que debería querer a su familia.
Isabel intentó intervenir.
—Araceli, cálmate.
La joven se volteó hacia ella.
—¡Tú cállate!
Isabel abrió los ojos.
—¿Cómo te atreves?
Araceli se acercó.
—¿Cómo me atrevo?
Las lágrimas comenzaron a aparecer en sus ojos.
—¿Cómo se atreven ustedes?
Elías permaneció en silencio.
Araceli lo miró.
—¿Cómo pudiste permitir que durante años destruyeran a mi mamá?
Elías bajó la mirada.
—Hija...
—¡No!
Araceli levantó la voz.
—Durante toda mi vida pensé que éramos una familia.
Miró a Raiza.
—Y ahora descubro que usted sabía de las amantes de mi papá.
Raiza permaneció en silencio.
Araceli miró a Isabel.
—Y tú también.
Isabel intentó defenderse.
—No sabes toda la historia.
—¡Entonces cuéntamela!
El silencio fue absoluto.
—Dime por qué ayudaron a mi papá a engañar a mi mamá.
Nadie respondió.
Araceli comenzó a llorar.
—¿Por qué no pensaron en nosotros?
Elías levantó lentamente la mirada.
—Yo fui responsable de mis decisiones.
Araceli lo miró.
—Sí.
Sus ojos estaban llenos de dolor.
—Y también eres responsable de permitir que estas personas destruyeran nuestra familia.
Elías quedó inmóvil.
Araceli señaló a Raiza.
—¡Ella siempre quiso controlar todo!
Luego señaló a Isabel.
—¡Y tú siempre has querido destruir a mi mamá!
Isabel se acercó furiosa.
—¡No hables así de mí!
—¿Por qué no?
Araceli retrocedió un paso.
—¡Todos saben que estás difundiendo rumores sobre mi mamá e Iván!
Isabel palideció.
Elías la miró.
—¿Es verdad?
Isabel guardó silencio.
Araceli continuó:
—¡Mi mamá ha sufrido durante años!
Sus lágrimas comenzaron a caer.
—¡Y ahora que finalmente está intentando recuperar su vida, ustedes quieren destruirla otra vez!
Raiza levantó la voz.
—¡No sabes de lo que hablas!
Araceli se volteó hacia ella.
—¡Claro que sé!
—¡Analia tampoco es perfecta!
Aquellas palabras hicieron que Araceli quedara inmóvil.
—¿Qué dijiste?
Raiza levantó la mirada.
—Tu madre también tiene secretos.
Araceli sintió un escalofrío.
—¿Qué secretos?
Raiza sonrió ligeramente.
—Pregúntale a Iván.
Elías se volteó inmediatamente.
—¡Mamá!
Pero ya era demasiado tarde.
Araceli miró a Raiza.
—¿Qué sabe Iván?
Raiza permaneció en silencio.
Elías comprendió que su madre estaba intentando hacer exactamente lo que él temía.
Crear dudas.
Sembrar sospechas.
Destruir nuevamente a Analia.
—¡Basta! —gritó Elías.
Todos quedaron en silencio.
Elías miró a su madre.
—No vas a volver a hablar de Analia.
Raiza abrió los ojos.
—¿Ahora me vas a dar órdenes?
—Sí.
Isabel intervino.
—¿Y quién eres tú para defenderla?
Elías respiró profundamente.
—El hombre que le hizo demasiado daño.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Elías continuó:
—Y no voy a permitir que ustedes hagan más.
Araceli observó a su padre.
Por primera vez, parecía arrepentido.
Pero el dolor todavía estaba allí.
—Es demasiado tarde, papá.
Elías bajó la mirada.
—Lo sé.
Araceli caminó hacia la puerta.
Antes de salir, se detuvo.
Miró a Raiza.
Luego a Isabel.
—Manténganse alejadas de mi mamá.
Isabel sonrió con desprecio.
—¿Y si no queremos?
Araceli levantó la mirada.
—Entonces tendrán que enfrentarse a mí.
Y salió de la casa.
Elías permaneció observando la puerta.
Sabía que su hija tenía razón.
Ya era demasiado tarde para recuperar lo perdido.
Al día siguiente, Gissela recibió otra llamada.
Esta vez no era Iván.
Era Nayid.
—Mamá, tenemos que hablar.
—Estoy ocupada.
—No.
La voz de Nayid era seria.
—Esto es importante.
Gissela permaneció en silencio.
—¿Qué ocurre?
—Me dijeron que Iván se reunió contigo.
Gissela frunció el ceño.
—¿Quién te dijo?
—Eso no importa.
—No tienes derecho a vigilarme.
—¿Qué querías de él?
Gissela permaneció en silencio.
—Mamá...
—Solo quería hablar.
—¿Intentaste seducirlo?
Gissela abrió los ojos.
—¿Qué?
—Respóndeme.
Gissela comenzó a enfurecerse.
—¡No tienes derecho a preguntarme eso!
Nayid colgó.
Gissela quedó completamente sola.
Y por primera vez comenzó a comprender algo.
Todos los secretos que había utilizado para controlar a los demás...
ahora comenzaban a volverse contra ella.
En otro lugar, Elías recibió oficialmente la citación.
La auditoría comenzaría en pocos días.
Se sentó lentamente y abrió el documento.
Sus manos temblaban.
Raiza lo observó.
—¿Qué vamos a hacer?
Elías levantó la mirada.
—No lo sé.
Isabel apareció detrás de ellos.
—Tenemos que encontrar una manera de detenerlos.
Elías cerró los ojos.
—Ya no podemos detenerlo.
—¡Claro que podemos!
Elías la miró.
—No.
Su voz fue firme.
—Porque esta vez...
Elías levantó lentamente el documento.
—La verdad está empezando a encontrarnos.
Mientras tanto, en la clínica...
la esposa de Alejandro comenzó lentamente a recuperar la conciencia.
Alejandro estaba junto a ella.
—Amor.
Ella abrió lentamente los ojos.
—Alejandro...
Él tomó su mano.
—Estoy aquí.
La mujer intentó hablar.
—Yo...
Alejandro se acercó.
—Tranquila. No tienes que decir nada.
Pero ella negó.
—Yo vi...
Alejandro quedó inmóvil.
—¿Viste qué?
La mujer cerró los ojos intentando recordar.
—A la persona.
Alejandro sintió que su corazón comenzaba a latir con fuerza.
—¿Quién fue?
Ella abrió lentamente los ojos.
Su rostro mostró miedo.
—Era...
Pero antes de poder terminar la frase...
la puerta de la habitación comenzó a abrirse.
Alejandro se volteó.
Una figura entró lentamente.
Y la esposa de Alejandro...
abrió los ojos aterrorizada.
Ahora se descubre que Isabel está involucrada en el desvío del dinero y el ataque de la esposa de Alejandro y por eso Iván fue a la casa de Raiza.
Quien fue que atacó a la esposa de Alejandro y llegó a la habitación y ella se aterrorizó 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien es Iván y que relación tenían el padre de él y el de Analía 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Porque Elías y Raiza están tan asustados con la auditoría van a encontrar sus fechorías y estafas.
Isabel prácticamente Ivan te descubrió lo que estás tratando de hacer desprestigiar a Analía no sabes con quiénes te haz metido.
Gissela ahora vas a traicionar a Elías para salvar tu pellejo o por dinero 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien estaba manipulando la herencia de Analía y porque 🤔🤔🤔❓❓❓
Que esconde Raiza que Isabel y Gissela quieren saber 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Isabel no le importa su sobrina Araceli ya le sembró una duda lo más probable es que destruyan la confianza que sus hijos tienen en ella que desgraciada pero eso se paga el karma no perdona.
Tamara quiere saber quién es Nayid es mejor decirle la verdad de una vez.
Que querrá la loca de Gisela ahora en la casa de Analía menos mal que está Alejandro allí.
Obvio que Araceli está dolida puesto que para ella su padre era un ejemplo y la decepcionó.
Tamara esa niña de 12 años piensa infantilmente e inocentemente que todo se arreglará.
Aquí no hay arreglo ni tampoco solución lo que hay es un divorcio.
Alejandro que descubrió el abogado de la empresa de quién es 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Ese Alejandro es de armas a tomar no se deja y pensaron que el iba a ceder a cuenta de que 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que desilusión para su hija que la persona que creía era un hombre sin defecto resultó un ídolo de barro.
Lourdes me gusta esa temática muchas suerte en esta nueva novela.