El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.
NovelToon tiene autorización de pitufina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
la sangre de los reyes
Avelina no pretendía llevar a Lyra con ella.
La idea original había sido dejarla en casa con Evans y Luna, pero ninguno de los dos podía hacerse cargo de ella durante aquella jornada.
Y, siendo completamente sincera consigo misma, Avelina no confiaba en nadie más.
No después de todo lo que había ocurrido.
Por eso aquella mañana se encontraba frente al espejo ayudando a Lyra a vestirse.
—Bien, amor. Debemos estar presentables.
Subió lentamente el cierre del vestido.
—Hoy conoceremos a la reina de los vampiros.
Lyra abrió mucho los ojos.
—¿La reina es la mamá de papá?
Avelina se quedó inmóvil.
Desde que la pequeña había llegado del futuro había intentado hacerle preguntas sobre su vida.
Sobre la guerra.
Sobre Kael.
Sobre el futuro.
Sobre las personas que habían estado a su lado.
Pero, de alguna manera, jamás se había detenido a preguntarle demasiado sobre la familia de Kael.
—Sí, amor.
Se agachó frente a ella.
—¿No la conociste?
Lyra negó con la cabeza.
—Papá siempre decía que los abuelitos me cuidaban desde el cielo.
Avelina sintió un pequeño nudo en el pecho.
—¿Te mostró alguna vez una pintura de ellos?
—Sí.
Lyra sonrió.
—Estaba en su despacho.
Aveline permaneció en silencio.
—¿Y al señor de ayer?
Lyra negó nuevamente.
—Nunca lo había visto.
—¿Sabes por qué?
—¿Por qué?
Avelina respiró profundamente.
—Porque Kiam es el hermano menor de tu papá.
Los ojos de Lyra se iluminaron.
—¿Es mi tío?
—Sí.
La niña sonrió.
—Papá dijo que estaba solo, igual que tú.
Avelina sintió que algo dentro de ella se detenía.
—¿Qué?
—El abuelito y los abuelos murieron cuando yo era bebé.
Avelina bajó la mirada.
Aquella información no hacía más que confirmar algo que ya sabía.
En el futuro que Lyra había dejado atrás...
Kael había perdido a toda su familia.
Y ahora comprendía por qué la niña hablaba de ellos como si estuvieran presentes.
Eran los únicos recuerdos familiares que le quedaban.
Avelina terminó de colocarle las sandalias.
Luego tomó sus pequeñas manos.
—Hija, sé que te gustaría estar con papá.
Lyra asintió.
—Pero ¿entiendes por qué no podemos decirle a nadie la verdad?
La niña bajó la mirada.
—Los malos no pueden saber de mí.
—Exactamente.
Avelina acarició su mejilla.
—En cuanto todo se descubra, te prometo que todos te amarán igual que te amo yo.
Extendió su dedo meñique.
—Pero por ahora no podemos decir nada. Tú solo eres mi hija.
Lyra enganchó su pequeño dedo con el de ella.
—Promesa de dedito.
—Promesa.
---
Fuera de la mansión Parker las esperaba un elegante carruaje.
El escudo familiar estaba tallado en la puerta.
No necesitaba caballos.
La magia lo hacía levitar.
Avelina subió junto a Lyra y pronunció el destino.
—Reino de los vampiros.
El carruaje comenzó a moverse.
---
Cuando aterrizaron cerca de las puertas del reino vampírico, Avelina tomó a Lyra en brazos.
—Quédate conmigo.
—Sí, mami.
Antes de acercarse a los guardias, Avelina indicó al carruaje que regresara a la mansión.
Luego avanzó.
—Mi nombre es Avelina Parker y tengo una audiencia con la reina Serafine.
Entregó la carta.
El guardia la leyó.
Después miró a Lyra.
—La niña no aparece en la lista.
Avelina sostuvo su mirada.
—Es mi hija.
El guardia permaneció unos segundos en silencio.
—Espere aquí.
Desapareció detrás de las puertas.
Avelina sintió cómo Lyra se aferraba a su vestido.
—Todo estará bien.
—¿La reina es mala?
—No.
Avelina acarició su cabello.
—Creo que no.
El guardia regresó.
—Pueden pasar.
---
El reino vampírico era completamente diferente a todo lo que Avelina había imaginado.
Edificios oscuros.
Calles de piedra.
Antorchas mágicas.
Torres enormes.
Y una arquitectura que parecía haber sido construida siglos antes.
Avelina caminaba con la cabeza en alto.
No permitiría que Lyra percibiera su nerviosismo.
Los habitantes las observaban.
Reconocían inmediatamente su olor a hierbas.
Brujas.
No parecían odiarlas.
Pero tampoco parecían especialmente felices de verlas.
Lyra miraba todo con enorme curiosidad.
Finalmente llegaron al castillo.
Y allí estaba ella.
Serafine.
La reina de los vampiros esperaba en las escaleras, rodeada por sus escoltas.
—Señorita Avelina Parker.
La mujer sonrió.
—Es un placer tenerla aquí.
Sus ojos descendieron hasta la pequeña niña.
—¿Y quién es esta preciosura?
Avelina hizo una reverencia.
—Reina Serafine, ella es mi hija Lyra.
La bajó de sus brazos.
La pequeña imitó inmediatamente el gesto de su madre.
Serafine sonrió.
—Pero qué criatura tan educada.
Hizo una pequeña reverencia.
—No sabía que había sido madre.
—Muchas gracias por recibirnos.
—Por favor, pasen.
---
Las mujeres que acompañaban a Serafine observaban discretamente a Lyra.
Había algo en aquella niña.
Algo que ninguna podía explicar.
Aunque el brazalete ocultaba sus características vampíricas, todas sentían algo extraño.
Una presencia.
Una familiaridad.
Como si la pequeña perteneciera a aquel lugar.
Serafine las condujo hacia el jardín.
—Tomaremos el té aquí.
Avelina asintió.
—Si no es molestia, reina, me gustaría que pudiéramos hablar a solas.
Serafine la miró.
No necesitaba entrar en su mente.
Había aprendido hacía muchos siglos a distinguir una mentira de la verdad.
Y aquella joven estaba aterrada.
No por sí misma.
Por la niña.
—Por supuesto.
Se giró hacia sus acompañantes.
—Retírense todas.
No necesitó levantar la voz.
Todas obedecieron.
Lyra, entretanto, había encontrado unos pequeños pastelitos con fresas.
Se sentó sin protocolo alguno.
Serafine sonrió.
—Tiene carácter.
—Eso parece.
La reina tomó asiento frente a Avelina.
—Ahora dime algo.
Sus ojos se posaron en Lyra.
—¿Qué esconde esta pequeña?
Avelina sacó una piedra con una runa tallada y la colocó sobre la mesa.
—Esto evita que nos escuchen.
La piedra comenzó a brillar.
—Solo podrán ver aquello que yo quiera que vean.
Serafine asintió.
—Debe ser algo muy importante.
Avelina tomó aire.
—Quiero que me prometa algo.
—Habla.
—Pase lo que pase...
Miró a Lyra.
—Cuidará de mi hija.
Serafine quedó completamente inmóvil.
Hasta aquel momento había pensado que Avelina era simplemente una joven bruja interesada en estudiar plantas.
Ahora comprendía que aquello era mucho más serio.
La reina extendió una mano.
—Le prometo, señorita Parker, que nadie dentro de este reino tocará a esta niña para hacerle daño.
Avelina cerró los ojos.
—Gracias.
Y comenzó a contarle todo.
La llegada de Lyra.
El viaje en el tiempo.
El diario.
Las pesadillas.
La destrucción del futuro.
Los enemigos.
Las palabras de la niña.
Serafine escuchó sin interrumpir.
Hasta que finalmente habló.
—Es hija de Kael.
No fue una pregunta.
Avelina asintió.
—Sí.
Miró a Lyra.
—Amor, quítate el brazalete.
La niña obedeció.
La transformación fue inmediata.
Uno de sus ojos volvió a ser rojo como la sangre.
Pequeños colmillos aparecieron entre sus labios.
Su cabello adquirió reflejos rojizos.
Serafine dejó de respirar.
Por primera vez en muchos años...
La reina de los vampiros parecía completamente sorprendida.
Se acercó lentamente.
Extendió la mano.
Lyra la observó con cierta inseguridad.
Pero cuando Serafine rozó su mejilla...
La niña sonrió.
La reina sintió algo recorrerle el cuerpo.
Una conexión.
Un vínculo.
Una sangre que reconocía a la suya.
—Es mi nieta.
No existía duda alguna en su voz.
Avelina tragó saliva.
—Lyra, vuelve a colocarte el brazalete.
La pequeña obedeció.
Los rasgos vampíricos desaparecieron nuevamente.
Serafine observó a la niña durante varios segundos.
—¿Entiende ahora por qué no quiero que nadie sepa de ella?
Avelina tomó aire.
—Podrían hacerme cualquier cosa.
Miró a Lyra.
—Y siendo honesta, no me importaría.
Su voz se quebró.
—Mientras ella esté sana y salva.
Lyra levantó la cabeza.
—Mami.
Avelina la miró.
—No voy a dejar que nadie te haga nada.
La pequeña sonrió.
—Papi y los abuelos están aquí.
Serafine frunció ligeramente el ceño.
—¿Los abuelos?
—Ya no necesitan protegernos desde el cielo.
La reina sintió un dolor extraño en el pecho.
Ahora entendía.
—Morimos.
Acarició suavemente el cabello de Lyra.
—Por eso no nos conoce.
Aveline asintió.
—Según me pudo explicar, ustedes y mi padre murieron cuando ella era bebé.
Hizo una pausa.
—Kael murió un poco antes de que ella fuera enviada de vuelta.
Su voz se volvió apenas audible.
—Y por la cantidad de sangre con la que llegó...
Serafine cerró los ojos.
—Tú también moriste.
Avelina asintió.
—Al mismo momento en que ella regresó.
La reina permaneció en silencio.
—Traía esto consigo.
Avelina sacó un anillo.
—Además del collar con el emblema de mi casa.
Serafine tomó el anillo.
Lo examinó.
Su expresión cambió.
—Este anillo es falso.
Avelina parpadeó.
—¿Está segura?
—Completamente.
Serafine lo sostuvo entre sus dedos.
—El verdadero contiene en su diamante rojo una gota de sangre de cada rey y reina que ocupó el trono.
Avelina sintió un escalofrío.
—Pero Lyra dijo que Kael se lo dio.
—¿Estás segura de que vino con él?
—Ella dijo que se lo entregué yo antes de enviarla.
Avelina miró a su hija.
—Mi padre me dijo que era el emblema de su casa.
Serafine negó lentamente.
—Lo es.
Le devolvió el anillo.
—Pero este no es el original.
Lyra miró a su madre.
—Papi dijo que ese anillo tenía a los abuelitos.
Aveline se arrodilló.
—¿Sabes algo de él?
Lyra asintió.
—Papi dijo que tenía a los abuelitos.
Sonrió.
—Y que era tuyo porque tú eras la reina.
Avelina se quedó helada.
—¿Qué?
—Me lo diste antes de dormirme.
Lyra inclinó la cabeza.
—¿No lo recuerdas, mami?
Avelina sintió que el corazón se le detenía.
—Oh, por Merlín...
Sonrió.
—Sí, amor.
Mintió.
—Ahora lo recuerdo.
Serafine observó la escena sin decir nada.
Había demasiadas piezas que todavía no encajaban.
—Cignus.
Un joven vampiro apareció inmediatamente.
—Majestad.
—Trae de mis aposentos la caja sagrada.
Cignus desapareció.
Regresó segundos después con una caja de algarrobo.
Serafine la tomó.
—Gracias.
El vampiro hizo una reverencia y volvió a retirarse.
La reina abrió la caja.
Había joyas.
Collares.
Anillos.
Objetos pertenecientes a generaciones enteras.
Finalmente encontró lo que buscaba.
Un anillo idéntico al que Lyra había llevado desde el futuro.
—Este es el verdadero.
Avelina lo observó.
—¿Puedo tocarlo?
—Sí.
Avelina tomó el anillo.
Inmediatamente sintió calor.
Un fuego recorrió sus dedos.
La piedra comenzó a brillar.
—¿Qué...?
Serafine sonrió.
—¿Sientes la diferencia?
Avelina asintió.
—Es como si estuviera vivo.
—Lo está.
Avelina miró el anillo falso.
—Entonces Kael me dio uno falso.
—No necesariamente.
—¿Cómo?
—Solo las mujeres de la línea real pueden sentir la fuerza de nuestros ancestros al utilizarlo.
Serafine la miró.
—Tú no eras vampira.
—Entonces...
—No podías saberlo.
Aveline volvió a mirar el anillo.
—¿Por qué lo siento ahora?
Serafine respondió con total tranquilidad.
—Porque estoy cerca de ti.
Avelina levantó la mirada.
—¿Nunca me protegerá?
—Oh, sí lo hará.
Serafine sonrió.
—Pero probablemente nunca lo veas.
Avelina permaneció pensativa.
—Alguien los cambió.
Miró el anillo.
—¿Cuándo?
Serafine frunció el ceño.
—Solo alguien de la realeza puede abrir esta caja.
Avelina la escuchaba atentamente.
—Cuando tocas la cerradura, la magia reconoce tu sangre.
Señaló el interior.
—En tu caso también podrías abrirla.
—¿Por qué?
Serafine la miró directamente.
—Porque al casarte con mi hijo pasaste a ser reina en cuanto nosotros morimos.
Avelina se quedó inmóvil.
Aquella frase le provocó una sensación extraña.
Una vida que todavía no había vivido.
Una historia que para Lyra ya había ocurrido.
Serafine continuó:
—Necesitamos descubrir si el anillo fue cambiado antes de que lo recibieras o después.
Lyra levantó la mano.
—Papi dijo que mami nunca se sacaba ese anillo.
Las dos mujeres la miraron.
—¿Qué más dijo? —preguntó Serafine.
—Que mami se lo puso debajo de un árbol con flores rosas.
Lyra sonrió.
—Y nunca consiguió que se lo sacara.
Serafine quedó pensativa.
—Entonces ya tenemos la respuesta.
Avelina la miró.
—¿Cuál?
—Lo cambiaron antes.
El silencio volvió a caer sobre el jardín.
Y por primera vez Avelina comprendió que el futuro que Lyra había descrito podía estar mucho más manipulado de lo que todos habían imaginado.
No solo habían destruido su mundo.
Alguien había alterado objetos.
Había falsificado símbolos.
Había ocultado verdades.
Y quizá...
había preparado el camino para que el futuro terminara exactamente como terminó.
---
Dentro del castillo, una mujer observaba desde una de las ventanas.
Sus ojos estaban clavados en Avelina.
La rabia le recorría el cuerpo.
Por culpa de aquella bruja había sido expulsada del instituto.
Había perdido su posición.
Y, peor todavía...
Había perdido el favor de Kael.
Sus manos se cerraron.
—Todo esto es por tu culpa.
La mujer sonrió con malicia.
—Pero no será por mucho tiempo, Avelina Parker.
Mientras tanto, en el jardín, Lyra continuaba comiendo tranquilamente sus pastelitos.
Sin saber que, a pocos metros de ella, alguien acababa de decidir que la presencia de aquella niña en el mundo era una amenaza que debía ser eliminada.