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EL OMEGA YA NO OBEDECERA A UN ALFA INGRATO

EL OMEGA YA NO OBEDECERA A UN ALFA INGRATO

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Alex siempre creyó que obedecer a su Alfa era su deber. Entregado al Clan Sabio para pagar una deuda, soportó humillaciones, desprecios y castigos, convencido de que algún día Fernando comprendería su valor. Pero después de recibir un golpe injusto, algo cambia.

Una voz aparece en su mente.

La Diosa Lectora conoce sus secretos, revela las mentiras del clan y le muestra futuros que podrían convertirse en realidad. Por primera vez, Alex descubre que su sufrimiento no fue casualidad y que su origen guarda un secreto capaz de cambiarlo todo.

Con cada verdad, el Omega deja atrás al joven sumiso que todos podían pisotear. Ya no obedecerá ciegamente, ni permitirá que otros decidan su destino.

Mientras Fernando descubre demasiado tarde lo que perdió y Alejandro le ofrece un camino diferente, Alex deberá elegir entre la venganza, el amor y la libertad.

Porque esta vez, el Omega elegirá su propio futuro.

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El peso de la culpa

El silencio que siguió a la destrucción de la marca biológica era denso, amargo y atravesado únicamente por el goteo constante de la sangre de Alex sobre las losas de piedra. Fernando González permanecía paralizado, mirando sus propias manos mientras una punzada punzante atravesaba su cabeza. La ruptura forzada del vínculo, ejecutada con tal ferocidad por el omega, había dejado una secuela de vacío biológico que el alfa jamás imaginó experimentar.

—¡Llamen a los médicos del clan! —ordenó Fernando finalmente, y su voz rompió el estupor de la sala, aunque carecía del retumbo dominante de unos minutos atrás—. ¡Rápido!

Doña Matilde se tambaleó hacia adelante, apoyándose en el hombro de una de las sirvientas principales. Su rostro, surcado por las arrugas del tiempo y la rigidez de las tradiciones, temblaba con una mezcla de horror y furia.

—¡Ha rechazado el honor de la Casa González! —chilló la anciana beta, señalando a Alex con su bastón—. Fernando, este omega ha profanado el linaje, ha quemado el altar de Clara y ahora atenta contra su propia carne para humillarte frente a los siervos. ¡Debes aplicar la ley del clan! ¡Enciérralo en las mazmorras del pabellón norte hasta que la Casa Alba venga a responder por este insulto!

Alex ni siquiera se inmutó. Con la cabeza erguida y la piel del cuello cubierta de sangre fresca, observó a la anciana con una mirada helada y distante.

«Vaya anciana tan desagradable», resonó la voz del Sistema en la mente de Alex, cargada de una ironía mordaz. «Habla de honor y tradiciones, pero bien que usó la dote que trajiste de la Casa Alba para pagar las deudas del pabellón este el año pasado. ¡Menuda hipocresía!»

Una pequeña chispa de satisfacción interna recorrió el pecho de Alex. El dolor físico de la herida en su nuca era agudo, pero la sensación de libertad que comenzaba a florecer en su interior resultaba infinitamente más poderosa.

«Misión Principal: Romper la dominación del Alfa. Progreso actualizado: 12.4%.» «Recompensa por desbloqueo de hito: Resistencia física incrementada y estabilización de la pérdida de sangre.»

Un ligero calor recorrió la espalda de Alex, disminuyendo progresivamente el punzante ardor de la piel desgarrada.

Fernando dio un paso hacia Alex, extendiendo una mano dudosamente, como si intentara sujetarlo, pero la mano del alfa quedó suspendida en el aire. Por primera vez en tres años, el aura que rodeaba al omega no era de sumisión ni de miedo, sino de una indiferencia absoluta que resultaba inquietante.

—Alex... —murmuró Fernando, y el tono de su voz bajó por primera vez de su registro imperativo—. ¿Has perdido la razón por completo? No solo has destruido las reliquias de Clara, sino que has mutilado la marca que garantizaba tu protección dentro de la Casa González. Sin el respaldo de mi aura, cualquier alfa errante o miembro del clan puede cuestionar tu posición.

—¿Protección? —repetió Alex, dejando escapar una risa baja y amarga que resonó en las vigas de madera carbonizada del salón—. Marqués Fernando, no equivoque las cosas. En esta casa jamás he tenido protección. Fui el reemplazo silencioso, el sirviente que lavó las heridas de tus soldados y el criado que cuidó de tus tres cachorros mientras tú te ahogabas en el vino y los recuerdos de mi prima muerta.

Los sirvientes de los alrededores agacharon la cabeza, incapaces de sostener la mirada. Muchos de ellos sabían que las palabras del omega eran rigurosamente ciertas: durante los tres años de matrimonio, Alex había trabajado desde el amanecer hasta altas horas de la noche, soportando el desprecio de la familia noble y la frialdad del líder.

—Te dimos un hogar —intervino Doña Matilde, intentando recuperar el control de la situación—. Cuando tu familia te entregó tras aquel incidente vergonzoso en la noche de bodas, la Casa González te acogió para evitar que fueras repudiado por todos los clanes de la provincia. ¡Deberías vivir agradecido!

—Mi familia me drogo para meterme en la cama de un alfa que no me deseaba —respondió Alex, girándose bruscamente hacia la matriarca, con los ojos brillando con una determinación peligrosa—. Y la Casa González me aceptó no por caridad, sino porque necesitaban a alguien con la sangre pura de la Casa Alba para mantener la compatibilidad biológica con los tres cachorros huérfanos. No confundan su conveniencia con benevolencia.

Fernando apretó las mandíbulas. La verdad de las palabras de Alex golpeaba con la fuerza de un mazo. Aquella noche de bodas, tres años atrás, la Casa González atravesaba una crisis financiera y de sucesión tras la muerte prematura de Clara. La llegada de Alex había sido la solución perfecta para estabilizar a los cachorros y mantener la alianza estratégica entre ambos clanes.

—Aun así —dijo Fernando, tratando de endurecer la postura—, sigues residiendo bajo el techo de la Casa González. Si te niegas a recibir al médico y insistes en este comportamiento rebelde, no podré permitir que te acerques a los niños.

Alex dio un paso al frente, acortando la distancia con el alfa. La sangre que descendía por su túnica blanca manchaba el suelo a cada paso, pero su postura permanecía inquebrantable.

—Los cachorros ya no necesitan de mi cuidado para sobrevivir, Fernando. Javi está fuera de peligro ahora que el árbol que causaba sus fiebres ha sido destruido. Y en cuanto a mí... no pienses que puedes usar a los niños como rehén para mantenerme encadenado a este pabellón.

«¡Bien dicho!», vitoreó el Sistema en su mente. «Este alfa creía que tenía todas las cartas en la mano, pero no se ha dado cuenta de que el juego cambió desde el momento en que abriste los ojos. ¡Pronto entenderán el verdadero valor de lo que han perdido!»

En ese momento, los pasos apresurados del médico del clan resonaron en el pasillo exterior. El anciano beta entró al salón corriendo, llevando su maletín de medicinas, pero al ver la escena —el altar carbonizado, la sangre en el suelo y al omega erguido frente al alfa— se detuvo en seco, petrificado por el ambiente eléctrico.

—Señor... —titubeó el médico, mirando a Fernando—. Traje los bálsamos para la fiebre del joven máster Javi, pero... ¿qué ha ocurrido aquí?

—Atiende a Alex —ordenó Fernando con voz ronca, ensombrecida por una emoción que no lograba descifrar—. Límpiale la herida de la nuca inmediatamente.

—No es necesario —dijo Alex fríamente, dando medio paso atrás para evitar al médico—. Las heridas causadas por uno mismo curan más rápido que las cicatrices impuestas por otros. Guarde sus medicinas para los verdaderos miembros de la Casa González.

Sin esperar la autorización del alfa ni la respuesta de la matriarca, Alex se dio la vuelta. Con la túnica Manchada de sangre y hollín, caminó a través del largo salón dirigiéndose hacia sus aposentos en el ala oeste, dejando tras de sí a una familia noble conmocionada y a un alfa dominante cuyo orgullo comenzaba a resquebrajarse desde las cimientos.

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bea yordan
me faltó el cliché del nuevo romance y las descendencia
EspirituCreativo: Es cierto, pero para novela será...
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