Él juró destruir a su familia. Nunca imaginó que ella sería lo único que desearía salvar.
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Capítulo 15
Esa tarde...
Sia tomó su teléfono y llamó a su mecánico.
—Buenos tardes —saludó cuando contestaron—. Necesito que revise mi auto.
—Claro, señorita. ¿Qué ocurrió?
—Anoche no quería encender.
—¿No encendía?
—No. Giré la llave varias veces y no pasó nada.
—¿La batería?
—No lo sé. Por eso quiero que lo revises.
El mecánico pasó por el lugar poco después y revisó el automóvil con detenimiento.
Sia permaneció cerca mientras él comprobaba diferentes partes.
Después de unos minutos, el hombre cerró el capó.
—Está perfecto.
Sia lo miró confundida.
—¿Perfecto?
—Sí. No encuentro ninguna falla.
—Pero anoche no encendía.
—¿Está segura?
—Así es.
El mecánico volvió a revisar algunos componentes.
—Mire, señorita, no parece haber ningún problema. El motor está bien, la batería tiene carga y todo funciona correctamente.
Sia cruzó los brazos.
—Eso es extraño.
—Bastante.
Ella se quedó mirando el automóvil.
—Lo intenté varias veces.
—No lo dudo.
—Entonces, ¿qué pudo haber pasado?
El hombre se encogió de hombros.
—Quizás fue algo momentáneo. A veces sucede.
Sia no parecía convencida.
—¿Y ahora?
El mecánico entró al automóvil y lo encendió sin ninguna dificultad.
El motor respondió inmediatamente.
Sia suspiró.
—Bueno... al menos ahora funciona.
—Si vuelve a suceder, llámeme.
—Lo haré, muchas gracias.
El mecánico se despidió y se marchó.
Sia permaneció unos segundos observando el automóvil.
No podía entender qué había ocurrido.
Sin embargo, tampoco tenía ninguna razón para pensar que alguien hubiera intervenido.
Simplemente había sido una falla extraña.
O eso decidió creer.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Al terminar la jornada, Emma se acercó a Sia mientras ambas recogían sus cosas.
—¿Ya te vas?
—Sí. Estoy agotada.
Emma tomó su bolso y sonrió.
—Entonces acompáñame esta noche al club.
Sia negó inmediatamente con la cabeza.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque no tengo ganas de salir.
—Sia, llevas días encerrada entre planos y trabajo. Necesitas divertirte un poco.
—Puedes divertirte tú por las dos.
Emma soltó una carcajada.
—Sabía que dirías eso.
Sia tomó su bolso y se lo acomodó en el hombro.
—Además, quiero llegar temprano a casa.
—Solo unas horas.
—No, Emma.
—Está bien —dijo Emma, fingiendo resignación—. Pero si cambias de opinión, sabes dónde encontrarme.
—No voy a cambiar de opinión.
Emma sonrió.
—Eso también lo veremos.
Sia negó con la cabeza y salió de la oficina.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Horas más tarde, la mansión Whitmore estaba llena de una alegría poco habitual.
En el comedor, Gregory, Vivian, Victoria y Dylan ocupaban sus lugares alrededor de la mesa.
La cena había sido preparada con especial cuidado.
Gregory parecía satisfecho.
Victoria estaba radiante.
Dylan tenía una expresión de triunfo.
Vivian no dejaba de sonreír.
Solo faltaba Sia.
Cuando finalmente apareció, tomó asiento sin imaginar el motivo de aquella celebración.
—¿Qué ocurre? —preguntó al verlos tan contentos.
Victoria intercambió una mirada con sus padres.
Gregory fue quien habló.
—Tenemos una noticia importante.
Sia tomó un poco de agua.
—¿Qué pasó?
Gregory sonrió.
—Cerramos una alianza importante.
Sia asintió sin demasiado interés.
—Me alegro.
Dylan soltó una risa.
—No es solamente la alianza.
Sia levantó la mirada.
Victoria no pudo contener su sonrisa.
—Voy a casarme con Renán Prescott.
El vaso que Sia sostenía casi se le escapó de las manos.
Su rostro perdió el color.
—¿Qué?
Victoria sonrió orgullosa.
—Renán y yo nos casaremos.
Sia se quedó completamente inmóvil.
El hombre que la había besado.
Sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.
Pero había algo que no entendía.
¿Por qué Renán iba a casarse con Victoria?
—¿Estás bien? —preguntó Vivian.
Sia bajó la mirada.
—Sí.
Pero no era cierto.
Intentó controlar su expresión.
No quería que nadie notara lo que estaba pasando dentro de ella.
—Me disculpan —dijo finalmente—. Tengo que salir.
Gregory frunció el ceño.
—¿Salir?
—Sí.
—¿A estas horas?
Sia lo miró.
—Sí.
Vivian dejó los cubiertos sobre la mesa.
—Una señorita decente no debería estar saliendo de noche sola.
Sia respiró profundamente.
—Soy adulta, mamá.
—Eso no significa que puedas hacer lo que quieras.
—Significa que puedo decidir por mí misma.
Gregory la miró con severidad.
—¿A dónde vas?
—A reunirme con Emma.
—¿En un club?
Sia se sorprendió.
—¿Cómo sabes que voy a un club?
Dylan sonrió.
—A tu amiguita le encanta la diversión.
Sia guardó silencio un instante.
Victoria la observaba con curiosidad.
—¿Desde cuándo sales a clubes? —preguntó.
—Desde que quiero divertirme.
Vivian negó con la cabeza.
—No me parece apropiado.
—Puede que a ustedes no les parezca apropiado, pero es mi decisión.
Gregory suspiró.
—Sia...
Ella se levantó de la mesa.
—No quiero discutir.
Tomó su bolso con la intensión de subir a su habitación.
Gregory permaneció serio.
—No deberías acostumbrarte a salir así.
Sia lo miró.
—No necesito que me digan cómo vivir mi vida.
Sin esperar respuesta, salió del comedor.
Victoria siguió su salida con la mirada.
—Nunca cambia.
Dylan se encogió de hombros.
—Déjala.
Gregory volvió su atención a Victoria.
—Lo importante es que tú pronto formarás parte de la familia Prescott.
Victoria sonrió.
—Lo sé.
......................
Sia entró en su habitación y cerró la puerta.
Se apoyó contra ella y cerró los ojos.
Había intentado aparentar tranquilidad frente a su familia.
Pero no podía.
La noticia seguía dando vueltas en su cabeza.
Voy a casarme con Renán Prescott.
Las palabras de Victoria le dolían más de lo que quería admitir.
Sia tomó su teléfono y buscó el contacto de Emma.
La llamó.
—¿Hola?
—Emma.
—¿Qué pasó?
—Voy al club.
Emma soltó una carcajada.
—Sabía que lo harías.
—No empieces.
—¿A qué hora llegas?
—En unos minutos.
—Perfecto. nos vemos allá.
Sia se miró en el espejo.
No sabía exactamente por qué había decidido ir.
Quizás necesitaba distraerse.
Quizás necesitaba olvidar.
O quizás simplemente quería dejar de pensar en un hombre que, según acababa de descubrir, estaba a punto de casarse con su hermana.
—Nos vemos allá —dijo.
—Nos vemos.
Sia terminó la llamada.
Tomó su bolso y salió de la habitación.
Mientras caminaba por el pasillo, intentó convencerse de que aquella noche solo quería divertirse.
No quería pensar en Renán.
No quería pensar en el beso.
No quería pensar en Victoria.
Y, sobre todo, no quería preguntarse por qué le había dolido tanto descubrir que él iba a casarse con otra mujer.
🥰👏 las e leída todas las que se han publicado
Mucho éxito y siga escribiendo