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Vendida Al Rey Dragón

Vendida Al Rey Dragón

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Dragones
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

Isabela es vendida en matrimonio por su padre, al rey de los dragones, luego de qué su reino cayera en una profunda ruina. Su pueblo se moría de hambre y de frio, así que a la princesa del norte deberá elegir entre traicionar todo lo que conoce, o entregarse al hombre que la compró y salvar a su pueblo de la extinción.

Pero un veneno en su cuerpo, la hace perder completamente la vida y reencarnar en el cuerpo de una sirvienta de su propio palacio.

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Capítulo 9

Isabela retrocedió de inmediato, dando un paso firme hacia atrás hasta chocar contra las frías pieles que cubrían el muro de piedra, creando la mayor distancia posible entre el calor abrasador de su cuerpo y el suyo.

—Aún no soy tu esposa, Malakor —espetó ella, con la voz temblando ligeramente pero cargada de una firme negativa—. No me puedes obligar a compartir tu lecho ni tus reglas solo porque me compraste como a una bestia de carga.

Malakor se detuvo. No avanzó para acorralarla, pero la intensidad de su mirada ámbar no se apartó ni un centímetro de su rostro. En lugar de enojarse por su resistencia, una calma peligrosa y calculadora se dibujó en sus facciones.

—Es cierto —respondió el rey con voz ronca, cruzando los brazos sobre su pecho desnudo y marcado—. Aún no eres mi esposa legal ante los ojos de mi pueblo. Por eso, mañana, ante todos y en el fuego de mis dragones, te convertirás en mi mujer, como debe ser.

Isabela frunció el ceño, sintiendo que un escalofrío de pura inquietud recorría su espina dorsal, un frío que ni siquiera el calor de la habitación lograba disipar.

—¿Qué significa eso? —preguntó ella, con los ojos fijos en los suyos, intentando descifrar el peligro oculto detrás de sus palabras—. ¿En el fuego de tus dragones?

Malakor esbozó una sonrisa sombría, una expresión que revelaba la naturaleza salvaje e implacable de su estirpe.

—En Asgardia, una unión real no se sella con firmas en un papel ni con votos vacíos en un templo —explicó el rey con absoluta naturalidad, como si hablara de una regla meteorológica—. Antes de ser coronada reina y unida a mí, la prometida y el rey deben pasar la prueba del fuego. Seremos envueltos por las llamas de mis bestias frente a toda mi horda.

Isabela sintió que la sangre se le helaba por completo.

—¿Qué...? ¿Quieres decir que nos van a quemar vivos? —preguntó, con los ojos abiertos de pánico ante la locura de la costumbre.

—Si salgo vivo de las llamas, si mi piel y mi trono resisten la prueba, es la señal inequívoca de que sigo siendo digno de gobernar este imperio —continuó Malakor, dando un paso lento hacia ella, con una mirada tan hipnótica y oscura que la dejó sin aliento—. Y si tú te mantienes a mi lado y sobrevives al fuego sin soltar mi mano... entonces el nido te aceptará como su legítima reina.

—¡Te has vuelto loco! —gritó Isabela, con el terror finalmente rompiendo la coraza de orgullo que había mantenido intacta desde que pisó el sur—. ¡Moriré! ¡No pienso pasar por eso, mi piel se quemará hasta las cenizas!

El eco de su grito rebotó contra las paredes de piedra volcánica, cargado de una desesperación genuina. Para una princesa criada entre ventiscas y escarcha, la idea de enfrentarse al fuego directo de un dragón no era una prueba de honor; era una ejecución pública disfrazada de tradición bárbara.

Malakor, que había mantenido una compostura inquebrantable ante su furia y sus insultos, se quedó en silencio. Sin embargo, su mirada ámbar se suavizó por una fracción de segundo, perdiendo parte de esa dureza animal al ver el temblor real en las manos de la princesa.

—Si tuvieras miedo de morir, te habrías quedado en Valaria esperando a que el hambre hiciera el trabajo por ti —respondió Malakor, con la voz más baja, aunque firme e innegociable—. En Asgardia no hay lugar para reyes débiles, ni tampoco para reinas que tiemblan ante las brasas. El fuego no quema a los que tienen la fuerza para reclamarlo.

—¡Eso es una locura! —replicó Isabela, dando un paso atrás hasta tropezar con el borde de la cama, negándose a aceptar un destino tan cruel—. ¡Yo no soy una de tus bestias! No tengo escamas, Malakor. ¡Me vas a matar!

El rey de los dragones acortó la distancia entre ambos con dos zancadas pesadas. Antes de que ella pudiera escapar, la tomó de los hombros con una firmeza absoluta, obligándola a mirarlo a los ojos y deteniendo el temblor de su cuerpo con la fuerza de su agarre.

—Si creyera que vas a morir en las llamas, no te habría llevado a mi lado en el Gran Salón ante toda mi horda —murmuró Malakor, tan cerca que su aliento cálido rozaba la piel de la frente de Isabela—. Las leyendas del norte te enseñaron a temer al fuego, princesa... pero mañana aprenderás a sobrevivir con él.

Isabela contuvo el aliento, con el corazón golpeándole las costillas como un martillo, atrapada entre el terror a la muerte y la furia hirviente de saber que no tenía escapatoria.

—¿Acaso te crees que son mi horda los únicos que tienen que aceptarte? —continuó Malakor, su voz resonando con una gravedad aún más profunda y oscura, mientras sus manos seguían sujetando firmemente los hombros de la princesa—. No solo son ellos o mi pueblo... son mis dragones. Tienes que ser aceptada por ellos.

Isabela sintió que el poco aire que le quedaba en los pulmones se evaporaba. Sus ojos, anegados de una mezcla de incredulidad y terror, se clavaron en los del rey.

—¿Los... los dragones? —balbuceó ella, con la voz quebrada por primera vez desde que había pisado el imperio del sur—. ¿Pretendes que unas bestias devoradoras de hombres decidan si vivo o muero? ¡Eso no es una prueba de fuego, Malakor, es una sentencia de muerte!

El rey de los dragones no apartó la mirada ni un solo instante. Su expresión era un bloque de piedra, imperturbable ante el pánico evidente de la princesa.

—Un dragón no acepta a una reina por órdenes de su jinete —respondió Malakor con absoluta firmeza, como si estuviera explicando una ley de la naturaleza—. Las bestias huelen el miedo, pero también reconocen la sangre fría y el orgullo. Si entras a esa prueba temblando y pidiendo clemencia, te reducirán a cenizas antes de que el primer rugido cruce el cielo. No puedes esconderte detrás de títulos ni de escudos. Tienes que pararte frente a la muerte y demostrarles que eres tan indomable como ellos.

Isabela tragó saliva con dificultad, sintiendo que el peso de Asgardia entero se le venía encima. No solo tenía que lidiar con la hostilidad de un pueblo bárbaro, con el odio declarado de Yanara o con la arrogancia avasalladora de su captor; ahora su propia vida dependía de ganarse el respeto de monstruos alados que respondían únicamente al fuego y a la fuerza.

—Y si me niego... si decido no presentarme a esa locura mañana —susurró Isabela con la mandíbula tensa, intentando aferrarse a los restos de su dignidad—, ¿qué harás? ¿Me encerrarás en una celda oscura? ¿Me devolverás a mi padre?

Malakor inclinó ligeramente el rostro, y una sonrisa torcida, casi imperceptible pero cargada de una posesividad absoluta, se dibujó en sus labios.

—En Asgardia no hay celdas para la reina, Isabela —sentenció él con voz ronca, soltando lentamente sus hombros para dejar caer una mano pesada sobre la cintura de la princesa, acercándola a su cuerpo abrasador—. Y a tu padre ya no le importas. Mañana caminarás hacia el fuego conmigo. Y te aseguro que, al final de la prueba, no querrás huir de mi lado.

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Natalia Vasquez
quiero no Isabella tiene que hablar con malakor, para poder buscar una cura y destruir a los traidores 😠😠😠😠🤔🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
espero que malako le ayude y descubra a esos traidores 😠😠😠😠😠🤔🤔🤔🤔🤔.
Dulce maria Canelon
hayyyy espero que no se la tome algo debe saber ella, algo le debió de transferir la dragona cuando la toco no o se digo yo
Flæka Caviedez
Ayyyyy que no se la tomé
Nena
Uf!!! De una se la soltó
Natalia Vasquez
tantas pruebas que le pone Malakor a Isabela😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏👏quieres una reina o es una competidora 😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
uppppps valla ese hombre va al punto 😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏.
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Natalia Vasquez
ambos son orgullosos y mandones😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
se quedó mamando la otra pendeja, toma pa que lleves 😂😂😂😂👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔.
Yolanda Plazola Arroyo: jajajaja y si valla babosada pará que se entretenga 😂😂
total 1 replies
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