Valeria Salcedo murió traicionada por su esposo y por la mujer que llamaba hermana. Le quitaron su empresa, su familia, su dignidad y, al final, la vida.
Pero despertó de nuevo.
Esta vez volvió al día en que todo empezó: la mañana después de su boda, justo cuando estaban por acusarla de haber engañado a su marido. Solo que ahora Valeria ya sabe quiénes son sus enemigos, qué quieren quitarle y cuánto están dispuestos a destruirla.
Para sobrevivir, necesita poder. Y el poder tiene nombre: Santiago Alcázar, el hombre más temido del mundo empresarial mexicano.
Él no confía en ella. Ella tampoco piensa enamorarse de él.
Su matrimonio empieza como un trato: ella usará su apellido para vengarse, él usará sus secretos para encontrar la verdad de una mujer que nunca pudo olvidar.
Pero entre besos, amenazas, celos y enemigos que no dejan de aparecer, Valeria descubrirá que renacer no solo significa ajustar cuentas.
También puede significar aprender a elegir, por primera vez, a quién dejar entrar en su vida.
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Capítulo 13
Capítulo 13
—¿No estarás pensando de más? ¿De verdad es tan capaz? Antes era tan obediente...
—Yo soy el ejemplo vivo. ¿Todavía crees que pienso de más?
Camila le mostró el celular.
Teresa cerró la boca.
—Santiago Alcázar. Aunque me cueste la vida, voy a casarme con él. Mamá, tienes que ayudarme.
Teresa pensó un momento y la ayudó a levantarse.
—Te voy a ayudar.
—Si queremos vivir, tenemos que matar a Valeria. Ya es hora de avanzar con el plan.
Camila apretó el celular como si quisiera romperlo.
...
El día del evento empresarial, Valeria estuvo lista desde temprano. Esperó en la entrada.
Cuando Santiago bajó del auto, un rayo de sol cayó justo sobre el rostro de ella.
—Llegaste.
Valeria sonrió.
Mateo, de pie a un lado, retrocedió unos pasos y frunció el ceño.
Esa imagen... y el collar. Con razón Santiago quería casarse con ella.
—Vamos.
La voz de Santiago fue baja.
Valeria caminó a su lado y le tomó el brazo. Su perfume limpio, de mujer joven, llegó hasta él.
Santiago se inclinó hacia su oído.
—Qué hermosa. Qué bien hueles. Eres dulce.
—Qué alto. Qué guapo. Tiene dinero.
Valeria le devolvió el halago sin pudor.
Ese intercambio merecía diez estrellas.
—Vámonos.
Santiago le tomó la mano y subieron al auto.
Después de unos minutos, Mateo miró a Valeria por el retrovisor. Dudó bastante antes de preguntar:
—Señorita Salcedo, ¿solo tiene una hermana? ¿No hay otros hermanos?
—Camila no es mi hermana de sangre. Es hija de la señora Teresa, mi madrastra. Yo soy hija única.
—Ah. Entiendo.
Mateo sonrió incómodo.
Santiago lo miró.
Mateo volvió a guardar silencio.
Diez minutos después llegaron al evento.
La aparición de Santiago atrajo todas las miradas. Con Valeria a su lado, se volvieron el centro del salón.
—Ay, el señor Alcázar está guapísimo. Pero ya tiene dueña. Vino de la mano con Valeria Salcedo. Seguro ya van a fijar fecha.
—Qué suerte tiene ella.
—¿Suerte? Estrategia. Un día se divorcia, al otro le gana a la hermana por el señor Alcázar. Eso no es suerte.
Los murmullos crecieron.
Santiago envolvió con su mano la de Valeria y la presentó sin titubeos:
—Mi prometida, Valeria Salcedo.
Valeria no se dejó afectar. Levantó la cabeza y sonrió.
—Buenas noches. Soy Valeria Salcedo, prometida de Santiago Alcázar.
Su mirada pasó por las mujeres que murmuraban.
—Sé que muchas han oído rumores sobre mí y creen que no merezco estar a su lado. Entiendo que piensen así si no me conocen. El señor Alcázar es demasiado sobresaliente y no cualquiera parece suficiente para él. Pero no creo que duden de su inteligencia ni de su criterio. Si él me eligió, es porque confía en mí. Santiago Alcázar no es un hombre fácil de engañar. Pueden estar tranquilas.
Todos se quedaron sorprendidos.
Fue demasiado franca.
Y tenía razón. Si alguien tan listo como Santiago la elegía, algo debía saber.
—Sí —respondieron varios casi al mismo tiempo.
La mirada de Valeria recorrió la gente, buscando a alguien.
—Nada mal —dijo Santiago.
—Sí, fui increíble.
—Increíble y muy dominante.
—Solo puedo serlo porque usted me da respaldo. Yo... Gabriel Montes.
Valeria por fin lo encontró.
—¿Mmm?
Lo último lo dijo tan bajo que Santiago no escuchó.
—Dije que tengo sed. Voy por algo de tomar. Ahora vuelvo.
Valeria se alejó rápido.
Santiago siguió su espalda con la mirada y luego vio al hombre.
—Gabriel Montes. ¿Lo estaba buscando?
Quiso acercarse, pero varios empresarios lo rodearon para hablar de negocios.
—Gabriel Montes —llamó Valeria.
—Valeria, cuánto tiempo. No esperaba verte convertida en prometida del señor Alcázar. Tú y Damián...
Gabriel se detuvo, incómodo.
—Perdón, hablé de más.
—No importa. Damián y Camila me traicionaron. Me deshice de ellos. Quiero volver a la empresa.
Fue directa.
—¿Volver? ¿Quieres regresar?
—Sí. Me arrepiento de haber abandonado lo que construí por Damián.
—¿Y la empresa de tu familia?
—Mi padre volverá pronto a México. Confío en que podrá levantarla por su cuenta. Gabriel, ¿puedo volver?
—Claro. Tú fundaste la empresa. Todo su brillo nació de ti. Si quieres regresar, todos estarán felices. Pero si te casas con el señor Alcázar, ¿podrás trabajar? ¿Él sabe tu relación con la empresa?
—Yo manejaré eso.
No quiso explicar más, pero no cedió.
—Bien. Eres bienvenida cuando quieras. Yo...
Gabriel no terminó.
Santiago llegó y rodeó la cintura de Valeria. La atrajo hacia él.
—¿Conoces a Gabriel Montes?
—Lo he visto algunas veces.
—¿De qué hablaban?
Su voz baja traía un disgusto evidente.
—Solo nos saludamos como amigos. Disculpen, tengo algo que hacer.
Gabriel se levantó y se fue.
Valeria sonrió.
Era hora de volver al lugar que le pertenecía.
En la vida anterior fundó una compañía sola y en dos años la convirtió en líder del sector. Desde la sombra ayudó a los Salcedo.
Pero al conocer a Damián, perdió la cabeza y quiso ser ama de casa.
Un error tras otro la llevó a la muerte.
Esta vez iba a volver a la cima.
Y desde la oscuridad encontraría al verdadero enemigo.
—Ah...
Valeria volvió en sí con dolor.
Santiago la estaba besando frente a todos.
Intentó empujarlo, pero él le sujetó las manos y profundizó el beso.
—Santi...
Al abrir la boca, él aprovechó y atrapó su lengua.
—No pienses en otro hombre tan descaradamente.
—¿Está celoso, señor Alcázar?
Santiago se detuvo.
—¿Está celoso?
Valeria le mordió el labio hasta hacerlo sangrar.
¿Por qué solo él podía morderla?
Santiago pasó el pulgar por la sangre y sonrió.
—Gatita salvaje, ¿me estás provocando para que cometa un delito?
—Le recuerdo que no siempre puede morderme. Yo también respondo.
Él se inclinó a su oído.
—Entonces yo te recuerdo algo: no te acerques a Gabriel Montes.
—¿Tiene problemas con él?
—Es mi enemigo.
Valeria se quedó incómoda.
—Si yo soy amiga de su enemigo, usted...
Santiago volvió a besarla.
—No olvides que eres mi prometida.
Los besos siguieron.
A lo lejos, Gabriel Montes apretó los puños. Las venas del cuello se le marcaron.
y ahí se dan cuenta que es una sustituta y arde Troya ella merece a alguien que la quiera a ella no a un recuerdo