Huyó para escapar de un matrimonio arreglado, pero el destino tenía preparados cinco caminos que cambiarían su vida para siempre.
NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10: La llamada
La mañana comenzó más tranquila de lo habitual.
Puerto Azul despertaba lentamente mientras los primeros rayos del sol iluminaban el puerto. Los pescadores regresaban con sus embarcaciones y el aroma del mar se mezclaba con el del café recién hecho.
Nica abrió la puerta del Café del Puerto unos minutos antes de la hora habitual.
—Buenos días, Marta.
—Buenos días, hija.
Aquella palabra la tomó por sorpresa.
Hija.
Hacía mucho que nadie la llamaba así con tanto cariño.
—¿Qué pasa? ¿Te sorprendiste? —preguntó Marta sonriendo.
—Un poco...
—Bueno, si vas a trabajar conmigo todos los días, ya sos parte de esta familia.
Nica sintió un nudo en la garganta.
No respondió.
Solo sonrió y comenzó a acomodar las mesas.
A cientos de kilómetros de allí...
En el último piso del edificio Beaumont, el ambiente era cada vez más tenso.
Richard Beaumont permanecía de pie frente al enorme ventanal de su oficina.
Habían pasado varios días desde la desaparición de Nica.
Nadie sabía dónde estaba.
Nadie podía encontrarla.
El teléfono sobre su escritorio comenzó a sonar.
Alexander atendió inmediatamente.
—¿Sí?
Del otro lado habló una voz masculina.
—Tengo información sobre la señorita Beaumont.
Los cuatro hombres levantaron la vista al mismo tiempo.
—¿Quién habla?
—Eso no importa.
Solo quería confirmar una cosa.
¿La recompensa sigue en pie?
Alexander miró a su padre.
Richard respondió con un leve movimiento de cabeza.
—Sí.
—Entonces escuchen con atención...
El hombre hizo una pausa.
—Creo haber visto a una joven muy parecida a ella.
Richard dio un paso hacia el escritorio.
—¿Dónde?
—No estoy completamente seguro.
Necesito confirmar primero.
La llamada terminó.
Gabriel golpeó la mesa.
—¡¿Eso fue todo?!
Richard permaneció en silencio.
Su intuición le decía que aquella llamada no había sido una mentira.
Mientras tanto...
Nica terminaba de servir el desayuno a una pareja de turistas.
—Muchas gracias.
—Que tengan un lindo día.
Cada vez se desenvolvía mejor.
Incluso Marta comenzaba a dejarle más responsabilidades.
—Nica.
—¿Sí?
—¿Podés hacer el pedido del pan para mañana?
Ella abrió los ojos sorprendida.
—¿Confiás en mí para eso?
—Claro.
Si algún día querés crecer, tenés que empezar a tomar decisiones.
Aquellas palabras le hicieron recordar a su padre.
Él también hablaba de decisiones.
Pero la diferencia era enorme.
Marta enseñaba.
Richard imponía.
Al mediodía, la campanita de la puerta volvió a sonar.
El hombre de los ojos grises entró como de costumbre.
—Buenos días.
—Buenos días.
—¿El café de siempre?
Él sonrió.
—Empiezo a preocuparme.
—¿Por qué?
—Porque ya sabés demasiado de mí.
Nica rió.
—Solo sé que tomás café negro.
—Y que vengo todos los días.
Ella asintió.
—Eso también.
Mientras preparaba el pedido, no pudo evitar preguntarse a qué se dedicaba.
Siempre llevaba una computadora.
Siempre recibía llamadas importantes.
Y, sin embargo, parecía tener tiempo para sentarse durante horas frente al mar.
Cuando dejó el café sobre la mesa, él cerró la computadora.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Depende.
—¿Qué soñabas ser cuando eras chica?
Nica quedó completamente inmóvil.
Jamás había pensado en esa respuesta.
Desde niña todos decidían por ella.
Qué estudiar.
Cómo vestir.
Con quién reunirse.
Qué aprender.
Nunca le preguntaron qué quería.
Bajó lentamente la mirada.
—No lo sé.
Él no habló.
Esperó.
—Creo que nunca tuve tiempo para soñar.
Por primera vez, el hombre dejó de sonreír.
La observó con una mezcla de curiosidad y tristeza.
—Entonces todavía estás a tiempo.
Nica levantó la vista.
Aquellas palabras quedaron resonando en su corazón.
Esa tarde, al regresar a la pensión, la dueña la llamó desde la recepción.
—Nica.
—¿Sí?
—Creo que esto es tuyo.
Le entregó un pequeño sobre marrón.
—¿Quién lo dejó?
—No lo sé.
Un muchacho pasó hace unos minutos y pidió que te lo entregara.
Nica sintió que el corazón volvía a acelerarse.
Subió rápidamente a su habitación.
Cerró la puerta con llave.
Abrió el sobre con cuidado.
Dentro solo había una fotografía.
Era ella.
Sentada frente al mar con un vaso de café entre las manos.
La imagen había sido tomada apenas unas horas antes.
En el reverso había una frase escrita con la misma letra de la nota anterior.
"No importa cuánto huyas... el destino siempre encuentra el camino."
Nica dejó caer la fotografía sobre la cama.
Por primera vez desde que llegó a Puerto Azul, comprendió que aquello ya no podía ser una simple coincidencia.
Alguien la observaba.
Y estaba cada vez más cerca.
Continuará...