NovelToon NovelToon
Jefe, afuera somos desconocidos

Jefe, afuera somos desconocidos

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Aventura de una noche / Posesivo / Completas
Popularitas:16.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Siti Kembang

Una noche que debió ser olvidada lo cambió todo.

Valentina Solís, profesora universitaria de idiomas, jamás imaginó que el desconocido con quien despertó en un hotel de montaña sería Sebastián Montero — el hombre más poderoso de San Valero.

Él es frío, implacable y acostumbrado a que el mundo se mueva a su voluntad. Ella es brillante, independiente y arrastra heridas que prefiere no mostrar.

Lo que empezó como un accidente se convirtió en un acuerdo: en privado, fuego; en público, desconocidos.

Pero los secretos en una ciudad donde todos se conocen tienen fecha de caducidad. Entre cenas familiares que derriten el hielo, rivales que acechan en las sombras y una atracción que ni las reglas pueden contener, Valentina descubrirá que amar a Sebastián Montero es fácil.

Lo difícil es que el mundo no se entere.

"Jefe, afuera somos desconocidos."
"¿Y adentro?"
"Adentro... soy tuya."

NovelToon tiene autorización de Siti Kembang para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7: La primera traducción

Valentina llegó al Hotel Gran Metrópoli a las ocho quince.

El contrato decía nueve, pero una intérprete que llegaba a la hora exacta ya llegaba tarde. Pasó por recepción, mostró su identificación, firmó el registro de proveedores y subió al salón Ámbar con una carpeta, dos plumas, agua y una lista de términos que había preparado hasta la una de la mañana.

Paola la esperaba junto a la mesa de acreditación.

—Valentina Solís —dijo, revisando su gafete—. Dra. Montenegro habló muy bien de ti.

—Espero no hacerla quedar mal.

—Con que no confundas "licencia ambiental" con "permiso de obra" ya me ayudas más que el intérprete de la semana pasada.

Valentina sonrió.

—Traje glosario.

Paola miró la carpeta y aprobó con un gesto.

—Bien. Hoy no habrá cabina. Es reunión de mesa: español-portugués, intervención corta, preguntas técnicas. Tú cubres portugués. Marina cubre inglés si aparece algún documento mixto.

Una mujer de cabello rizado levantó la mano desde el otro extremo.

—Soy Marina. Si alguien habla demasiado rápido, le pateas la silla. Con cariño profesional.

Valentina soltó una risa breve.

—Tomado en cuenta.

El salón Ámbar no estaba lleno, pero cada persona parecía ocupar más espacio del necesario. Había representantes de una empresa brasileña de logística portuaria, directivos de Grupo Montero, dos abogados, un consultor ambiental y un funcionario municipal que no paraba de revisar su celular.

Sebastián entró a las ocho cincuenta y siete.

Valentina lo vio por el reflejo de una pantalla antes de verlo de frente. Traje oscuro, camisa blanca, sin corbata. Marcos Peña caminaba a su lado con una tableta. Dos hombres que ya estaban sentados se pusieron de pie.

—Director Montero.

Él saludó con un movimiento mínimo.

No miró a Valentina.

Perfecto.

Eso era lo acordado.

Entonces, ¿por qué le molestó?

Paola le puso un audífono de apoyo sobre la mesa.

—Respira. El primer minuto siempre se siente como saltar sin ver el piso. Luego el cuerpo recuerda que sabe caer.

Valentina asintió. Abrió su libreta. Escribió la fecha.

La reunión empezó con cortesías. Eso era fácil. Después llegó el primer bloque técnico: rutas de transporte, tiempos de despacho, permisos de operación y una discusión sobre si el centro de transferencia debía cumplir norma ambiental local o estándar internacional voluntario.

El representante brasileño habló rápido. Muy rápido.

Valentina levantó una mano.

—Disculpe, para precisión de acta: ¿se refiere a licencia ambiental obligatoria o a certificación voluntaria de sostenibilidad?

El hombre parpadeó, sorprendido, y respondió en portugués con más calma.

Valentina interpretó al español:

—Aclara que la licencia ambiental es requisito obligatorio para operar, pero la certificación de sostenibilidad es una meta comercial, no una condición legal del contrato.

Uno de los abogados dejó de escribir y levantó la vista.

—Gracias. Eso cambia el punto tres.

Valentina siguió.

No tradujo palabra por palabra. Eso lo podía hacer una aplicación barata y mal entrenada. Ella trasladó intención, jerarquía, riesgo. Cuando el funcionario municipal usó "garantía" de forma ambigua, Valentina preguntó si hablaba de garantía financiera, garantía de cumplimiento o respaldo documental. Cuando un directivo brasileño dijo una frase hecha que en español sonaría a burla, la convirtió en una cortesía firme.

La sala empezó a mirarla de otra manera.

No como a "la muchacha joven que mandó la agencia".

Como a una herramienta necesaria.

Esa diferencia se sentía en la piel.

El funcionario municipal intentó cerrar el punto con una frase vaga:

—Entonces queda claro que el permiso depende de lo que diga el comité.

Valentina no tradujo de inmediato.

—Para que el acta no quede ambigua —intervino—, ¿se refiere al comité técnico de evaluación o al comité de seguimiento del convenio? Son instancias distintas.

El funcionario frunció el ceño, pero el consultor ambiental se inclinó hacia el micrófono.

—Tiene razón. Es el comité técnico. El de seguimiento revisa avances, no autoriza permisos.

Valentina lo llevó al portugués en una sola frase limpia. El jefe de la delegación brasileña tomó nota, luego levantó el pulgar con discreción.

Uno de los directivos de Grupo Montero murmuró:

—Eso nos habría costado dos semanas.

Ella fingió no oírlo. Por dentro, guardó la frase como quien guarda una moneda de oro.

En el descanso, Marina le pasó una botella de agua.

—Oye, tú no viniste a jugar.

—Vine a cobrar.

—Me caes bien.

Valentina bebió agua para no reírse demasiado.

Al otro lado del salón, Sebastián conversaba con un empresario brasileño. Seguía sin acercarse, sin saludarla, sin romper una sola regla de la servilleta. Pero cuando el empresario dijo algo y señaló discretamente hacia ella, Sebastián giró la cabeza.

La miró un segundo.

Solo uno.

Valentina bajó la botella.

El orgullo en su expresión era mínimo, casi invisible. No sonreía. No levantaba cejas. No hacía nada que otra persona pudiera leer.

Ella lo leyó igual.

Y eso fue un problema.

La segunda parte fue peor. Uno de los abogados quiso presionar a la delegación brasileña con una cláusula de penalización que, traducida sin cuidado, sonaba a amenaza. Valentina pidió revisar el párrafo completo, leyó el original y corrigió:

—Sugiero traducir "penalización automática" como "mecanismo de compensación sujeto a verificación". En portugués jurídico, si usamos el primer término sin el matiz, la otra parte puede entender ejecución inmediata sin revisión.

El abogado la miró como si acabara de descubrir que la intérprete tenía cerebro propio.

—¿Está segura?

Valentina sostuvo su mirada.

—Sí. Y si lo desea, puedo dejar constancia de la diferencia terminológica en nota aparte.

El representante brasileño asintió antes de que el abogado respondiera.

—La intérprete tiene razón.

La tensión bajó.

Marcos, sentado detrás de Sebastián, escribió algo en la tableta.

La reunión terminó a la una veinte, cuarenta minutos después de lo previsto. Valentina tenía la garganta seca, la espalda tensa y una felicidad peligrosa corriendo por las manos. Esa felicidad no tenía nada que ver con Sebastián. Eso se dijo mientras guardaba la libreta. Nada que ver.

Paola se acercó con una sonrisa abierta.

—Necesito tu factura hoy mismo. Y tu disponibilidad mañana.

—¿Mañana?

—Sesión reservada. Menos gente, documentos más delicados, parte en portugués y parte en inglés. La agencia quiere proponerte primero a ti.

Valentina miró hacia la mesa principal. Sebastián estaba de espaldas, hablando con Marcos. No volteó.

—¿Grupo Montero lo pidió?

Paola entendió la pregunta detrás de la pregunta.

—Yo te estoy pidiendo. Porque hiciste bien el trabajo.

Esa respuesta le enderezó algo por dentro.

—Entonces mándame los términos.

—Ya van en camino.

Al salir del salón, Valentina pasó junto a Sebastián. Había espacio suficiente para no rozarse. Él no se movió.

—Profesora Solís —dijo, con voz de reunión.

—Director Montero.

Nadie alrededor habría podido acusarlos de nada.

Aun así, el saludo le tocó la piel como si fuera secreto.

En el elevador, el celular vibró.

Correo nuevo de Agencia Prisma.

`Solicitud de disponibilidad: sesión reservada, mañana 8:00 a.m. Sede: Torre Grupo Montero.`

Valentina leyó la dirección dos veces.

Abrió su calendario. La clase de las ocho tenía lectura asignada y Luciana podía cubrirle diez minutos si avisaba ahora. No era ideal, pero los trabajos importantes rara vez tocaban la puerta en horario cómodo.

Escribió una respuesta breve:

`Acepto. Envíen documentos preparatorios.`

La primera traducción había terminado.

La segunda ya venía con puertas cerradas.

1
Keyla M Borrero
😂😂😂🤦🏻‍♀️🤦🏻‍♀️🤦🏻‍♀️
Eliana Barraza navarro
Que mujer tan cansona
Rosa Rodelo
Foto porfa
Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas de la historia 🥰🥰
b zamitiz
🙂
Marixa Burgos
las vueltas de la vida 9🤣
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play