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Su única debilidad

Su única debilidad

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Mujer poderosa / Diferencia de edad / Completas
Popularitas:24.4k
Nilai: 5
nombre de autor: NocheCeniza

Valentina Serrano tiene veintitrés años, una marca de vestidos de novia que apenas sobrevive y un problema: acaba de confundir al hombre más poderoso de Ciudad de México con su primo.
Adrián Castellán no perdona. No sonríe. No explica. Pero cuando esa chica le muerde el cuello y sale corriendo, él se queda con su pasador de plata —y con algo más que no sabe nombrar.
Lo que empieza como una deuda se convierte en un contrato. Lo que empieza como un contrato se convierte en fuego.
Él le da todo: telas de Oaxaca, un imperio, la luna si la pide. Ella le da lo único que nadie más pudo darle: una Navidad.
Pero Adrián Castellán carga cicatrices que no se ven —un balazo cerca del corazón, un padre que lo destruyó, una infancia que le robaron— y su forma de amar se parece demasiado a una jaula.
Valentina tendrá que decidir: ¿puede amar a un hombre que quiere protegerla del mundo entero, incluso de sí mismo?
Él es la pesadilla de todos, pero eligió ser el Papá Noel de una sola persona.

NovelToon tiene autorización de NocheCeniza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 15: El humo de sus labios

Ella siempre debió ser mía.

Valentina no oyó esa frase.

Si la hubiera oído, quizá habría salido de la suite con la camisa de Adrián, el collar de perlas bajo el brazo y una denuncia emocional redactada en notas del celular.

En cambio, cuando Joaquín llegó con ropa nueva, ella estaba terminando una llamada con Roberto en la que había dicho "todo está bien" tres veces y no había sonado convincente ni una.

—¿Estás segura, Vale? —preguntó su padre.

—Sí, Papá. Fue un malentendido comercial.

Adrián, de vuelta en la sala, la miró desde el ventanal.

Valentina le sostuvo la mirada.

—Ya quedó resuelto.

—No me gusta que suenes así.

—¿Así cómo?

—Como tu mamá cuando dice que no está enojada.

Valentina casi sonrió.

—Mañana te explico. No firmes nada raro, no aceptes disculpas de proveedores nerviosos y duerme.

—Tú también.

Colgó con una culpa pequeña, incómoda. No le gustaba mentirle a Roberto. Tampoco sabía cómo decirle: "Acepté ser la novia de un hombre que puede congelar cinco millones por minuto, pero puse cláusulas".

Joaquín dejó una funda de ropa sobre el respaldo del sofá.

—La señorita Paloma envió opciones. Eligió esta porque, cito, "no parece secuestro ni luna de miel".

Valentina se cubrió la cara.

—Voy a despedirla.

—Parecía prever esa posibilidad —dijo Joaquín—. También envió zapatos cómodos.

Adrián tomó la funda antes de que Valentina pudiera hacerlo.

—Déjanos.

Joaquín salió.

Valentina extendió la mano.

—Mi ropa.

—La tuya está en limpieza.

—La mía no necesitaba limpieza.

—Olía a otro hombre.

—Era aire acondicionado con saco prestado. Supérelo.

Adrián abrió la funda. Un vestido negro sencillo, una chaqueta corta y zapatos bajos. Nada provocativo, nada ridículo. Paloma la conocía demasiado.

—Esto sí.

—Gracias por aprobar mi existencia.

—De nada.

Valentina le arrebató la funda y volvió al baño. Cuando salió vestida, Adrián estaba en la terraza privada de la suite, la puerta de cristal abierta hacia la noche húmeda de Panamá.

Tenía un cigarro encendido entre los dedos.

Valentina se detuvo.

—¿Fuma?

—A veces.

—Qué mal hábito.

—Tengo peores.

—No presuma.

Adrián exhaló hacia el exterior, no hacia ella. El humo se deshizo sobre las luces de la bahía.

Valentina cruzó los brazos.

—Tengo una pregunta.

—Solo una.

—Varias, pero empezaré por la más urgente. ¿Qué pasa si no obedezco?

Adrián giró apenas la cabeza.

—¿Obedecer?

—No se haga el moderno. Usted dijo exclusividad, reglas, venir cuando llame...

—Tú pusiste más reglas que yo.

—Porque alguien tenía que civilizar esto.

Adrián dejó el cigarro en un cenicero de piedra.

—Si no obedeces, te encierro.

El silencio cayó de golpe.

Valentina sintió que algo frío le tocaba la nuca.

No fue miedo exactamente. Fue una alarma. Una luz roja detrás de las costillas.

Esto no está bien.

La frase apareció limpia, sin drama, sin metáfora. No estaba bien que una parte de ella se estremeciera por la voz de Adrián y otra, más cuerda, quisiera marcar una salida.

—No bromee con eso —dijo.

Adrián la observó.

—No bromeo con amenazas.

—Entonces tenemos un problema.

Por primera vez, él no respondió de inmediato.

Valentina dio un paso hacia la puerta interior.

—Si alguna vez intenta encerrarme, aunque sea con cuentas bancarias, choferes, proveedores o lo que se le ocurra, este trato se termina. No habrá collar, ni textil, ni luna y estrellas que lo arregle.

Adrián apagó el cigarro con demasiada calma.

—Lo recordaré.

—No. Lo va a respetar.

La mirada de él se afiló.

—Lo respetaré.

Valentina respiró.

El aire seguía oliendo a humo, sal y hotel caro.

Adrián tomó el cigarro apagado, lo miró como si recién recordara que existía y lo dejó en el cenicero. Después se acercó a ella.

—¿Todavía quieres irte?

—Sí.

—¿Ahora?

Valentina pensó en Mariana, en Paloma, en el salón de subasta, en Regina levantando la barbilla y diciéndole que fuera a decirle a Adrián que no era de su propiedad.

—En cinco minutos.

Adrián se detuvo frente a ella.

—Eso no suena a irse.

—Suena a que quiero terminar de pelear.

—Bien.

—No diga bien como si hubiera ganado.

—No gané.

—Exacto.

—Todavía.

Valentina lo empujó con un dedo en el pecho.

—Insoportable.

Adrián le tomó la mano. Esta vez no la inmovilizó. Solo la llevó a su boca y besó los nudillos con una lentitud que le desordenó el enojo.

—No vuelvas a usar ropa de otro hombre.

—No vuelva a comprar collares de cincuenta millones para dar lecciones.

—No fue una lección.

—Fue un escándalo con perlas.

—Fue una respuesta.

—A nadie le pedí que respondiera.

Adrián bajó la mirada a sus labios.

—Lo sé.

Valentina entendió un segundo antes de que él se inclinara.

—No —dijo.

Adrián se detuvo.

Ella sintió una satisfacción breve y poderosa.

Luego tomó el cigarro apagado del cenicero, lo olió, hizo una mueca y lo dejó de nuevo.

—Si va a besarme, no quiero sabor a eso.

La sorpresa en los ojos de Adrián fue mínima.

Suficiente.

—Exigente.

—Cláusula nueva.

Adrián tomó un vaso de agua, bebió y dejó el vaso en la mesa.

—¿Ahora?

Valentina debería haber dicho que no.

Otra vez.

En cambio, dio un paso hacia él.

—Ahora.

El beso fue distinto al de antes. Menos furia, más peligro controlado. Adrián le sujetó la nuca, pero no empujó. Valentina sintió el sabor limpio del agua, el rastro lejano del humo en su aliento y la presión de su boca como una promesa que todavía no sabía si quería firmar.

Cuando se separaron, Adrián apoyó la frente contra la suya.

—Voy a tirar ese vestido.

Valentina tardó un segundo en procesarlo.

—¿Cuál?

—El de la subasta.

—¡Es mío!

—Olía a él.

—¡Ya está en limpieza!

—Mejor.

—Adrián, no puede tirar mi ropa porque le da celos una lavandería imaginaria.

—Puedo comprar diez mejores.

—No quiero diez mejores. Quiero que deje de comportarse como villano de telenovela con tarjeta ilimitada.

Él la miró, muy serio.

—No prometí no ser villano.

Valentina soltó una carcajada incrédula.

—Dios mío, esto va a salir pésimo.

Adrián le acomodó un mechón detrás de la oreja.

—Probablemente.

Y aun así, cuando Joaquín llamó para avisar que el coche estaba listo, Valentina tardó dos segundos de más en apartarse.

En la entrada de la suite, Joaquín sostenía una bolsa de prenda negra con la expresión de quien preferiría no participar en ningún asunto textil.

—La ropa de la señorita Serrano está lista —informó—. El saco del caballero de la fundación quedó separado.

Adrián tomó la bolsa del saco con dos dedos.

—Ese no vuelve.

—Por mí puede convertirlo en trapo de cocina —dijo Valentina—. Pero mi vestido vuelve conmigo.

Adrián la miró.

—Huele a esa noche.

—Mi vestido no hizo nada malo.

—Estabas usando ese vestido cuando...

—Cuando usted perdió la cabeza. Problema suyo.

Joaquín bajó la vista con una velocidad admirable.

Adrián sostuvo la mirada de Valentina. La tensión duró lo suficiente para que ella entendiera que, si cedía en algo tan absurdo como un vestido, después tendría que pelear cada centímetro de su vida.

—Si tira mi ropa, se termina el trato —dijo.

Adrián dejó la bolsa del vestido en manos de Joaquín.

—Entréguela en su casa.

Valentina sonrió sin dulzura.

—Está aprendiendo.

—No te acostumbres.

—Demasiado tarde.

1
Cliente anónimo
lenguaje diferente. pero impresionante.
excelente
Mar Sol
Muy bonita novela.
Gracias.
Mar Sol
Bonita novela, con un desarrollo diferente, reflexiva, con una buena redacción, con el cuidado de la ortografía, una historia que se recomienda leer.
Mar Sol
No se lo pusieron facil a Adrián, esa pedida de mano la va a recordar siempre como un triunfo.
Mar Sol
Al final Marcos resultó ser poco eficiente, no está preparado para esa misión, por la cuál se le contrató.
Mar Sol
Un gran equipo, liderado por Valentina, conformado por Lorenzo, Paloma, don Aurelio y reforzado con algunas opiniones de Adrián.
Mar Sol
Lorenzo vale oro, es un tiburón legal con colmillo.
Mar Sol
¡¡Hay Dios!! cuando Valentina decida reconocer que ama a Adrián, que él no tenga pretextos para hacerse del rogar.
Mar Sol
Quizas hay razón de la familia Serrano, en cuidar de Valentina, de sobra, ella a demostrado que sabe tratar a un hombre como Adrián o a él círculo de amistades que lo rodean, la verdad están siendo exageradamente sobreprotectores.
Mar Sol
Muy rispida la conversación entre Valentina y Adrián, pero se tenía que llevar a cabo.
Mar Sol
La señora Elena, da enseñanzas de vida, protege a Adrián con un gran cariño y sabe que Valentina es la indicada para él.
Mar Sol
Esa "competencia" entre Valentina y Daniela fue interesante, se definieron diferentes situaciones en las que quedó claro por que Valentina sobresale no sólo en lo laboral, si no en lo personal.
Mar Sol
Isabel y Valentina ya se conocían, me parece que cuando estuvieron en Valle de Bravo.
Mar Sol
Es lamentable que Daniela se haya hecho ilusiones con Adrián, ya son ocho años ¿todavía no se puede resignar? él no le ha dado muestra de querer algo con ella, así que no tiene por que tomar a mal que Valentina sea informada de por que se entrevista con Adrián.
Mar Sol
Que bueno que ya quedaron las cosas claras, Adrian lleva las de perder, por que Valentina no dió su brazo a torcer tan fácilmente.
Mar Sol
Muy acertado el comentario, que hace de Adrián, " La mano, que también aprieta."
Mar Sol
Es desastrosa esa relación entre Valentina y Adrián, por que, cuándo se enojan, sucede que todo se viene abajo para Juramento por que Capital Solaris, retiró apoyo, ¿no por eso hay un contrato? que falta de criterio el de Adrián, por que todos se enteran.
Mar Sol
Ahí va otra vez Adrian a actuar, como un niño berrinchudo por que no cedieron a sus peticiones.
Mar Sol
A Adrián se le olvida quien estuvo con él en cuanto necesitaba un abrazo, sin embargo, no olvida lo que hizo Valentina con el vídeo y con su teléfono y aún así quiere decirle a ella a quien ver o llamar.
Mar Sol
Me parecen exagerados don Roberto y Sebastian, por que con todo y que sean una familia unida, al final Valentina, sabe lo que hace, no es una niña, es joven, si, a demostrado ser un tiburón.
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