"La Emperatriz Renacida" narra el brutal regreso de Leticia, una huérfana de los barrios bajos convertida en déspota de la moda, quien reencarna como la humillada Adelfa Sterling en una novela rosa. Armada con una astucia letal, frialdad despiadada y tres hijos genios, Leticia desmantela a quienes la oprimieron en su vida pasada y presente, tejiendo una intriga de venganza y poder que reescribe el destino de los inocentes y los villanos por igual.
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Una desalmada rival
Julieta Fontana había arribado a la ciudad. Era la mujer que Don Julio Díaz había elegido para ser la esposa de Leonel, unión que él había rechazado con asco y firmeza. Julieta era la villana definitiva, mil veces peor que Rosa, una mujer letal, elegante, astuta y mala como el cáncer. Había sido la pesadilla de Rosa en la historia original, poniendo en jaque su relación con Gabriel, y había odiado a la Adelfa original con una pasión destructiva. Pero Julieta tenía un secreto: también había reencarnado. Provenía de la Metrólis feudal, donde fue una cortesana que sedujo al Emperador y alcanzó el título de Gran Consorte, traicionada justo cuando iba a coronarse como Emperatriz. En esta vida, estaba decidida a triunfar, y había puesto sus ojos en Leonel.
Al descender de su vehículo de lujo, ordenó a uno de sus sirvientes que se tirara al suelo para usar su espalda como alfombra y no manchar sus zapatos de diseño. Mientras caminaba sobre el hombre como si fuera basura, sus pensamientos eran veneno puro:
—Finalmente he regresado. Sé que Adelfa y Gabriel se divorciaron, y aunque no conozco todos los detalles de esta nueva realidad, algo es seguro: Leonel Díaz será mío. Lo quiero, y lo obtendré cueste lo que cueste. Nadie se interpondrá en mi camino esta vez.
A la mañana siguiente, tras cerrar negocios millonarios y contratar al mejor equipo para transformar la histórica Mansión Sterling en la sede de mi imperio de moda. Se organizó una comida de gala en el Club Malujoso, el recinto más exclusivo y costoso del país, con el pretexto de celebrar la llegada de Julieta Fontana. Pero yo sabía la verdad: Julieta había invitado a mi familia, a mi padre y madrastra, a Gabriel, a Rosa y a todos mis enemigos antiguos con un solo propósito: hacerme daño, humillarme y destruirme. Yo era el blanco.
Julieta:
Al llegar al club, Leonel estaba sentado en la mesa principal, observando la entrada con impaciencia, girando una copa entre sus dedos.
—¿Es posible que no haya venido? —murmuró para sí mismo, con una mezcla de duda y molestia—. Sería una lástima… esta reunión grita su nombre. Quería ver qué cara pone cuando se encuentra con sus verdugos.
De repente, el sonido inconfundible, rítmico y potente de mis tacones rompió la atmósfera. Clic-clac, clic-clac. Fue suficiente. Todas las conversaciones murieron, todas las cabezas se giraron y todas las mandíbulas cayeron al suelo. Yo hice mi entrada.
Mi atuendo era una obra maestra, diseñada por mí misma, una declaración de guerra y elegancia:
El Vestido:
Llevaba una creación de noche, larga y ceñida, en negro absoluto, un color que me sentaba como una segunda piel. La parte superior era de encaje negro fino y transparente, con intrincados patrones florales que dibujaban mi figura, sosteniendo un escote profundo en forma de corazón que era a la vez elegante y devastador. Unos tirantes finos sostenían la pieza, dejando mis hombros y cuello al descubierto. En la cintura, una banda ancha de material brillante, similar al satén y al cuero, marcaba mi silueta de forma implacable. La falda caía hasta el suelo con la caída pesada y lujosa de la seda, pero con un corte alto y atrevido en la pierna derecha que revelaba mi pierna entera al caminar, otorgándome un movimiento sensual y peligroso.
Los Accesorios:
Lo más impactante era el adorno que llevaba alrededor del cuello: una serpiente de diseño realista, con escamas que brillaban en tonos dorados, negros y cremas, que parecía estar viva y enrollada protegiendo lo que era suyo. En mis orejas, pendientes largos de cristales finos que capturaban cada luz y la devolvían en destellos cegadores. Mis manos eran armas: uñas largas, afiladas y pintadas de negro azabache, adornadas con anillos delicados pero llamativos que recorrían mis dedos. En mi mano, un bolso rectangular de diseño exclusivo con textura imitación a piel de serpiente, cerrando el conjunto con perfección.
Caminé por el pasillo central bajo la admiración absoluta de los hombres y la envidia venenosa de las mujeres. Me había robado el protagonismo antes incluso de decir una sola palabra.
Adelfa:
Julieta Fontana, desde su mesa, me miró llegar con los ojos inyectados de rabia, mordiendo su lengua para no gritar.
¡Maldita perra! —pensó con furia contenida—. ¿Cómo se atreve a robarme el protagonismo? ¡Es mi noche! ¡Mi celebración! Esta zorra se ha vuelto demasiado hermosa, demasiado poderosa… ¡La haré trizas! Le enseñaré que la única reina de la noche soy yo.
Leonel se levantó de golpe, acercándose a mí con una sonrisa que prometía caos.
—¡Por fin llegas! —dijo con entusiasmo, bajando la voz solo para mí—. Espero que estés preparada para darme el espectáculo que espero. Estoy más que seguro de que esta reunión fue organizada exclusivamente para ti, como carnada. Quiero ver qué vas a hacer ahora que estás rodeada de lobos.
Sonreí con esa dulzura que precede a la tormenta.
—Que no se preocupen. Quien me busca, me encuentra —respondí con calma letal—. Y tengo mucha curiosidad por ver de qué está hecha esta señorita Julieta. Ha invitado a todos mis enemigos, ha puesto el escenario… está claro que busca guerra. Pues bien, si quiere fuego, le daré el infierno entero.
porfis no te olvides de actualizar, gracias y perdona el abuso y fastidio.
un abrazo 🤗
solo que le cambiaron el nombre😬🫣🤔🤔