Luciana Montreal siempre obtuvo lo que quiso.
Incluso a David Balbuena… el único hombre que alguna vez se le resistió.
Pero el deseo no siempre trae victoria.
Entre noches que la consumieron y una verdad que lo cambió todo, Luciana entendió que hay algo más peligroso que no tener a alguien… tenerlo y descubrir quién es en realidad.
Años después, convertida en una mujer poderosa e inalcanzable, ha construido un mundo donde nadie puede tocarla...
Hasta que el pasado regresa... y no viene solo: Un hombre que aún puede hacerla arder. Otro que ya decidió que será suya.
Entre el fuego que la desarma y el control que amenaza con atraparla, Luciana deberá enfrentar la única decisión que nunca pudo dominar: seguir lo que la consume… o no volver a perderse jamás.
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PLAN TRAZADO
NARRADOR
Luciana se preparaba para un nuevo evento, otra fiesta tendría lugar en un lujoso hotel en donde solamente las personas más influyentes y adineradas podían hospedarse.
Se vistió cuidando cada detalle de su atuendo. Más temprano ese día, había ido a que le hicieran manicura y pedicura. Después había ido al salón de belleza para que retocaran su alisado definitivo. No quería tener rizos, ya estaba acostumbrada a ver su cabello lacio y le resultaba más sencillo verse perfecta.
Su cabello castaño claro con reflejos naturales dorados brillaba como un espejo. En sus ojos el brillo que predominaba era diferente, decisión. Esa noche estaba decidida a dar un paso en la dirección correcta, hacia David Balbuena.
Amy, a su lado, la miraba. Conocía aquella mirada, mucho más esa expresión. ¿Acaso no era la misma que tenía el día en el que decidió ayudar a su primo? Hizo silencio, recordando aquello...
Luciana había observado y también escuchado. Era privado, mucho. Lisandro estaba inquieto, confundido, actuando de manera distinta. Se había sentido alerta, con un presentimiento extraño. Supo que algo estaba mal y había decidido averiguar. Allí descubrió algo que no le agradó y tomó cartas en el asunto.
Ella no era débil, era fría, precisa, determinante cuando se requería. Sabía conseguir lo que quería, pero también conocía los puntos débiles de los demás. Podía ser dura cuando lo necesitaba y ese caso... lo ameritaba.
Aquel día no hizo nada escondiéndose detrás de su apellido, tampoco movió sus influencias. No. Ese día, ella misma fue a aquel lugar a confrontar a esa persona que se había atrevido a amenazar a una de las pocas personas que amaba. Fue contundente.
Un día más tarde, Lisandro había partido. Ella tenía la certeza de haber actuado demasiado tarde, de haber podido evitar ese desenlace si tan solo él le hubiese pedido ayuda, pero no lo había hecho.
Volviendo al presente, Amy subió la cremallera del vestido de su amiga. Estaba preciosa, como siempre.
-¿Qué pasará con tu regla número uno?- Cuestionó sabiendo que ella podría tomar la iniciativa para tener cercanía con David, así Luciana no se lo hubiese confirmado
-¿Mi regla? Yo no busco, yo decido. Ya lo sabes. Eso no cambiará ni hoy, ni mañana, ni nunca- Sonrió
Amy dudó. Indudablemente lo hizo.
Luciana había esperado demasiado para conseguir a David, pero él parecía no percatarse de su presencia, o al menos no sentirse atraído.
Ella se acercaría, sabía con quiénes hablar y como hacerse notar. Si lo conseguía para ella esa noche, él sería suyo. Todo estaba dispuesto, planeado con precisión. Nadie lo sabía, solamente ella. No contaba sus planes hasta que fueran un hecho.
Las dos mujeres entraron al salón. Amy fue a reunirse con sus padres, mientras que Luciana caminó hacia los suyos con elegancia.
Sostuvo una copa en su mano izquierda mientras respondía preguntas demasiado simples, aburridas. Cosas que a nadie le interesaba saber sobre ella.
-¿Tienes planes futuros, querida?- Preguntó la señora Rossetti con sus labios pintados de rojo y una sonrisa tan falsa como un billete de tres dólares
-Desde luego. Me gustaría ir a París...- Luciana respondió con una sonrisa, comentando con falso entusiasmo eventos sociales allí, los cuales no le importaban
-Magnífico. ¿Has pensado en casarte? Mi hija anunciará su compromiso la próxima semana...- Luciana sonrió de nuevo
-Desde luego, pero no me gustaría tomar la decisión incorrecta. Usted sabe que no todos los solteros presentes son adecuados- Se acercó algunos centímetros más para hablarle en confidencia- No me gustaría ser traicionada, existen hombres que no valen la pena y que son infieles por naturaleza...
Luciana sonrió mirando a esa mujer entrometida que había intentado hacerla sentir inferior por no estar prometida. Había escuchado que la hija de ella se casaba por haber quedado embarazada en una noche de fiesta y el hombre en cuestión estaba secretamente comprometido con otra mujer. La familia Rossetti había gastado mucho dinero para que aquel bochornoso comportamiento no saliera a la luz.
La mujer se había alejado demasiado incómoda. Luciana había ido a buscar otra copa, atrayendo miradas con cada paso que daba. Los hombres la deseaban, las mujeres la miraban con envidia.
Uno de los solteros más poderosos de la gala se acercó a ella. Suprimió su disgusto y sonrió con frialdad, por cortesía.
Ella quiso alejarse deprisa. Él quería bailar, de manera insistente.
David estaba cerca, observando la escena. En ese momento decidió intervenir. Tenía una pequeña rivalidad antigua con ese hombre. Nada importante, pero lo suficiente para que disfrutara molestarlo cuando tenía oportunidad.
Luciana sabía lo que ocurriría. Era demasiado predecible. Ese hombre ya la había molestado en la fiesta anterior y ella le había asegurado que en la próxima gala bailaría con él.
-Estaba buscándola, ¿Me dedicaría esta pieza?- David la miró a los ojos y extendió su mano
Luciana la tomó sin dudar, demostrándole alivio por sacarla de tal situación incómoda. Situación que ella manejaba perfectamente.
-Él es un hombre demasiado insistente. Muchas gracias- Le habló fingiendo estar realmente agradecida y conmovida por su gesto
-Lo entiendo. Es muy bella para estar sola. Hay demasiados hombres que podrían intentar seducirla- Él la miró con intensidad, ella no desvió la mirada
Aquella canción fue insuficiente. Ellos bailaron más tiempo juntos, hablando demasiado cerca. David le había hablado al oído en más de una oportunidad, seduciéndola. Ella había sonreído y se había mantenido cerca.
-¿Te gustaría ir a un lugar más privado? Me gustaría conocerte mejor- Él se alejó un paso cuando la melodía terminó, hablándole con más confianza
Luciana lo escuchó. Era su oportunidad y sabía lo que significaba.
Los dos abandonaron juntos el salón. Fueron vistos por muchas personas que rápidamente empezaron a murmurar fingiendo ser discretos, pero no lo suficiente.
En el elevador que los llevaría hacia la habitación que él ocuparía, David se acercó más y la besó. No fue rechazado, sino correspondido.
Cuando el ascensor se detuvo en el piso correspondiente, Luciana sonrió y le limpió un pequeño resto de su labial.
Al llegar a la habitación, él la había besado de inmediato y la había tocado con indecencia. Los dos sabían lo que ocurriría y lo deseaban.
Aquella noche, Luciana se sentía ganadora, pero ¿Lo era realmente o estaba siendo manipulada por alguien tan calculador como lo era ella?