Hay personas que llegan a tu vida haciendo ruido, otras que lo cambian todo en el silencio.
Libra nunca imaginó que una conversación sobre Saturno pudiera convertirse en el comienzo de la historia más importante de su vida. Entre recreos, paseos después de clase, chocolates calientes, bancos de madera y amaneceres compartidos, conocerá a Acuario, un chico que tiene la extraña habilidad de encontrar belleza en los pequeños detalles y de hacer sentir especiales a quienes lo rodean.
Mientras el tiempo avanza y el final del curso se acerca, ambos descubrirán que crecer significa aprender a convivir con los cambios, con el miedo a perder lo que amas y con las palabras que, a veces, nunca llegan a decirse.
Porque algunas historias de amor no nacen con un beso.
Nacen con una conversación que parecía insignificante.
Con una fotografía tomada sin avisar.
Con una promesa hecha entre risas.
Con dos personas que, sin darse cuenta, empiezan a convertirse en el hogar del otro.
NovelToon tiene autorización de Susiluu_ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7 - Una Conversación
Hay personas con las que puedes hablar durante horas.
Y hay personas con las que el tiempo deja de existir.
La diferencia es enorme.
Con unas mantienes una conversación.
Con otras construyes un recuerdo.
---
Aquella tarde había terminado como cualquier otra.
Libra llegó a casa, dejó la mochila en el suelo y se dejó caer sobre la cama.
El silencio de su habitación era casi un ritual.
Primero los deberes.
Después la ducha.
La cena con su familia.
Y, cuando todo el mundo empezaba a irse a dormir, llegaba su momento favorito del día.
Encender el móvil.
No porque esperara un mensaje.
O, al menos, eso intentaba convencerse.
Simplemente le gustaba ver las tonterías que enviaban al grupo.
Abrió WhatsApp.
Cincuenta y tres mensajes sin leer.
La mayoría eran memes.
Vídeos absurdos.
Audios de Leo diciendo auténticas barbaridades.
Capricornio quejándose de un examen.
Nada fuera de lo normal.
Sonrió mientras iba leyendo uno tras otro.
Entonces apareció una notificación nueva.
Acuario te ha mencionado.
Abrió el mensaje.
—Borde, deja de ignorarnos.
Libra soltó una pequeña risa.
Respondió casi al instante.
—No os ignoraba. Estaba cenando.
La respuesta tardó menos de diez segundos.
—Excusas.
—¿Siempre eres tan pesado?
—Solo contigo.
—Qué suerte tengo.
—No sabes cuánta.
Ella negó con la cabeza sonriendo.
Aquella conversación empezó delante de todo el grupo.
Pero, poco a poco, los demás dejaron de escribir.
Uno se fue a dormir.
Otro dijo que tenía examen.
Hasta que solo quedaron ellos dos.
---
—¿No madrugas mañana? —preguntó Libra.
—Sí.
—Entonces vete a dormir.
—Después de ti.
—Tengo sueño.
—Pues cierra los ojos.
—No seas listo.
—Lo intento.
Libra sonrió.
Era imposible discutir con él.
Siempre encontraba una salida.
Siempre tenía una respuesta preparada.
Aunque fuera absurda.
---
Sin darse cuenta, la conversación empezó a cambiar.
Pasaron de hablar del instituto...
...a la música.
Después a las películas.
Luego a los videojuegos.
A los viajes.
A los sueños que tenían para el futuro.
Libra descubrió que Acuario quería recorrer medio mundo.
Que algún día soñaba con ir a un festival de música electrónica en Bélgica.
Que le fascinaba Francia por la familia de su madre.
Que podía pasarse horas escuchando música con los auriculares puestos sin hacer absolutamente nada.
Él, por su parte, descubrió que Libra llevaba años escribiendo historias que casi nadie había leído.
Que le gustaba perderse viendo atardeceres.
Que podía quedarse mirando el cielo durante horas.
Y que tenía una imaginación tan grande como sus inseguridades.
—¿Siempre piensas tanto? —escribió él.
Ella tardó varios segundos en responder.
—Demasiado.
—Se nota.
—¿Eso es malo?
—No.
Llegó otro mensaje.
—Solo significa que a veces te haces daño tú sola.
Libra se quedó mirando la pantalla.
Era una frase sencilla.
Pero había acertado.
Y eso la descolocó.
---
La conversación continuó.
Sin prisas.
Sin silencios incómodos.
Como si ninguno quisiera ser el primero en despedirse.
A las doce de la noche seguían hablando.
A la una también.
A las dos...
Libra miró la hora y abrió mucho los ojos.
—¿Llevamos hablando cuatro horas?
—Creo que sí.
—Estamos fatal.
—Bastante.
Ella dejó el móvil sobre la almohada unos segundos.
Nunca hablaba tanto con nadie.
Ni siquiera con personas que conocía desde hacía años.
Y, sin embargo, con él todo parecía fácil.
Como si las palabras encontraran el camino solas.
---
—¿Puedo hacerte una pregunta? —escribió Acuario.
—Depende.
—Promete que responderás con sinceridad.
Libra dudó.
—Vale.
Pasaron unos segundos.
Como si él estuviera pensando muy bien cómo formularla.
Finalmente apareció el mensaje.
—¿Por qué al principio eras tan distante conmigo?
Libra respiró hondo.
Podía inventarse cualquier excusa.
Decir que era vergüenza.
Que estaba de mal humor.
Que simplemente era así.
Pero, por alguna razón, no quiso mentir.
Escribió despacio.
—Porque me daba miedo.
Tardó unos segundos en enviarlo.
Cuando por fin lo hizo, sintió un pequeño nudo en el estómago.
La respuesta no llegó inmediatamente.
Un minuto.
Dos.
Tres.
Demasiado tiempo.
«Ya la he liado.»
Justo cuando estaba pensando en borrar el mensaje, apareció la notificación.
—¿Miedo de mí?
—No.
—¿Entonces?
Libra apoyó la cabeza sobre la almohada.
No sabía cómo explicar algo que ni ella entendía.
Volvió a escribir.
—Miedo de no caer bien.
Miedo de decir alguna tontería.
Miedo de que pensaras que soy rara.
Porque me pasa mucho.
Esta vez la respuesta llegó enseguida.
—¿Sabes una cosa?
—¿Qué?
—Eres bastante rara.
Libra puso los ojos en blanco.
—Idiota.
Apareció otro mensaje.
—Pero de esas personas que merece la pena conocer.
Se quedó inmóvil.
No esperaba aquello.
Sintió cómo una sonrisa aparecía sola.
No era una frase especialmente romántica.
Ni pretendía serlo.
Pero tenía algo.
Algo que consiguió atravesar todas las inseguridades que llevaba años acumulando.
---
Acuario dejó el móvil unos segundos sobre el escritorio.
Había escrito esa frase sin pensar demasiado.
Simplemente porque era verdad.
Desde que conocía a Libra, había descubierto a una chica diferente.
Despistada.
Orgullosa.
Demasiado cabezota.
Pero también increíblemente buena con la gente.
Siempre pendiente de todos.
Siempre preguntando cómo estaban los demás.
Incluso cuando ella misma no tenía un buen día.
Le gustaba eso.
Mucho.
Aunque jamás lo habría reconocido delante de nadie.
---
La conversación continuó hasta que el reloj marcó las tres y ocho de la madrugada.
—Creo que deberíamos dormir.
—Creo que sí.
—Mañana vamos a parecer zombis.
—Sobre todo tú.
—¿Por qué yo?
—Porque tú eres más fea con sueño.
Libra soltó una carcajada.
—Buenas noches, pesado.
—Buenas noches, borde.
Esperó unos segundos antes de apagar el móvil.
Entonces llegó un último mensaje.
—Por cierto...
Ella volvió a desbloquear la pantalla.
—¿Sí?
—Me ha gustado hablar contigo hoy.
No respondió inmediatamente.
Simplemente sonrió.
Después escribió.
—A mí también.
Apagó el móvil.
La habitación quedó completamente a oscuras.
Pero ella seguía con la sonrisa dibujada en los labios.
Mientras cerraba los ojos, comprendió algo que llevaba días intentando negar.
Ya no esperaba el recreo únicamente.
Ahora también esperaba las noches.
Porque las noches eran el único momento del día en el que dejaban de existir las bromas delante de los demás.
Era cuando las máscaras empezaban a caer.
Y, sin darse cuenta, ambos habían dado el primer paso hacia un lugar mucho más peligroso que el amor.
La confianza.
Porque enamorarse puede ocurrir en un instante.
Pero confiar...
Confiar siempre empieza con una conversación que ninguno de los dos quiere terminar.