Salvatore Greco nunca tuvo problemas con la tentación.
Hasta que una mujer que no lo necesita se cruza en su camino.
Elira Rama es una sobreviviente.
No cree en rescates ni en promesas. Ha pasado su vida cuidando a otros y luchando por no perder el control de la suya.
Mientras él intenta protegerla y mantenerla a salvo, ella lucha por no depender de nadie.
Y cuando el deseo, el pasado y la ambición chocan, ambos deberán decidir si la tentación es una promesa… o una condena.
Porque no todas las mujeres quieren ser rescatadas.
Y no todos los capos sobreviven a aquello que no pueden dominar.
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Talento heredado
Elira
La música comienza a sonar y el telón sube lentamente. Las luces me ciegan por unos segundos mientras el olor a humo y alcohol satura todo a mi alrededor.
Comienzo a avanzar lentamente meneando mis caderas en una cadencia, espero que atrayente. Comienzo a jugar con los botones de la pequeña blusa que envuelve mi torso mientras mis caderas comienzan a moverse al ritmo de la música.
Los gritos y aullidos de los hombres comienzan a inundar el lugar y sé que lo estoy haciendo bien.
Sonrío con esa sonrisa que les regalaba mi tía antes de girarme y menear mi trasero mientras me afirmo en el tubo plateado que hay a la orilla del escenario.
Bajo, afirmándome en el tubo, dejando que pase por al medio de mi trasero y luego me lanzo hacia adelante y comienzo a gatear levantando mi trasero lo más que puedo.
Los billetes comienzan a volar a mi alrededor y suspiro agradecida.
Volteo mi rostro, tan solo un poco a mi audiencia, y les guiño un ojo, lo que me hace merecedora de otra lluvia de billetes.
Abro la blusa con fuerza, arrancando los botones que saltan al escenario, y quedo con los pechos desnudos, bañados con glitter plateado, que se arremolina sobre todo en mis pezones.
Gateo ahora en dirección al público, enseñándole mis pechos plateados. Uno de los hombres de la primera fila baja su mano a su pantalón y comienza a tocarse mientras su lengua lame sus labios.
Le sonrío mientras acaricio mis pechos y luego levanto mi cabello sin dejar de mover mis caderas.
Abro el botón del pequeño pantalón corto y bajo el cierre hasta enseñar toda la piel de mi vientre y el comienzo de las diminutas bragas plateadas.
Me levanto con la sonrisa que vi en mi tía muchas noches y camino hasta el hombre que está tocándose.
Acaricio su rostro y enredo mis dedos en su cabello.
–Creo que yo puedo hacerlo mejor –le susurro antes de darle la espalda y sentarme en su regazo.
Comienzo a subir y a bajar, como mi tía lo hacía, mientras el hombre mete el dinero entre mis pantalones y bragas, tocándome cada vez que puede hacerlo.
–Quiero hundirme en tu coño –gruñe en mi oído.
Tomo su mano y la llevo a mi coño por sobre mi pantalón, haciendo que todos los hombres que están a nuestro alrededor griten y se inclinen a dejarme dinero.
Sigo subiendo y bajando y luego llevo las manos del hombre a mis pechos llenos de glitter. Los aprieta con brusquedad y siento como se corre contra mi trasero con un quejido que resuena por todo el lugar.
–Te lo ganaste –dice y mete varios billetes de cien euros dentro de mis bragas.
Me levanto y dejo un beso suave al lado de sus labios antes de seguir bailando alrededor de las mesas.
Me subo a una y lanzo las jarras de cerveza al suelo y comienzo a subir y bajar sobre un pequeño botellín mientras todos los hombres me miran hipnotizados, con los ojos vidriosos.
Tomo el botellín y lo dejo caer sobre mis pechos. El glitter comienza a deslizarse lentamente, enseñando mis pezones y parte de mis pechos.
Me acerco a un hombre con barba y enormes músculos en sus brazos, y pego mis pechos a su rostro.
Su boca se pierde en ellos mientras sus manos dejan dinero entre mis bragas.
–¿Haces privados? –pregunta uno a mi espalda.
Le sonrío con la sonrisa de mi tía, que podía enloquecer al hombre más cuerdo, antes de negar con mi cabeza.
Me giro a él y me subo a su regazo. Sus manos se pierden en mi trasero mientras comienzo a subir y bajar sobre su polla dura.
–Puedo hacerte sentir bien en público –susurro contra su oído antes de meterme el lóbulo de su oreja en mi boca, como mi tía solía hacerlo.
Sus dientes se clavan en mis pechos y sus dedos se hunden debajo de mis bragas, acariciando la línea que divide mi trasero con mucha intensidad.
–Te daría un dineral si me dejas follarte el culo –gruñe contra mis pechos.
Meto mis dedos en su bolsillo y saco todos los billetes que encuentro.
–Con esto tengo suficiente –digo antes de darle un beso en el cuello y volver al escenario sin dejar de bailar al ritmo de la música.
La música termina y sé que mi turno ha terminado.
Todos comienzan a lanzar billetes mientras les sonrío antes de darles la espalda y salir del escenario.
Sé que Tony y Luan recogerán el dinero y me lo entregarán después.
–Los tenías en tus manos –me felicita una de las chicas.
–Podrías haberte quedado con todos sus bienes –dice otra con una sonrisa hermosa.
–Tienes talento, chica –dice otra antes de prepararse para subir.
Me quito la ropa y comienzo a sacar los billetes cuidadosamente, sorprendida de todo el dinero que hay entre mis bragas.
Me limpio el resto de glitter y me pongo mi camiseta y pantalones antes de sentarme para contar el dinero.
Luan deja un enorme tarro lleno de dinero frente a mis ojos.
–Tienes el talento de Katrina –susurra impresionado–. Están exigiendo que vuelvas al escenario.
Tomo el dinero y es una fortuna, mucho más de lo que ganaría en todo un mes trabajando en una pizzería o limpiando casas.
Una idea germina en mi cerebro y tomo la mano de Luan.
–¿Puedo trabajar aquí? –pregunto esperanzada de poder pagar mis estudios.
Luan sonríe. –Soy yo quién debería rogarte que trabajes aquí.
–Volveré todas las noches. Lo juro. Necesito el dinero para pagar la universidad.
Su ceño se arruga. –Pensé que tenías una beca.
–La perdí por un recorte de presupuesto –digo mientras me pongo mis zapatos. Tomo el dinero y lo meto en mi mochila–. Debo irme, pero mañana estaré de vuelta. Gracias, Luan.
–Gracias a ti, cariño, dejaste a todos revolucionados. Están pidiendo cerveza a raudales.
Asiento antes de tomar mis cosas y salir. Debo comprar los antibióticos.
*****
–¿Dónde estabas? –es lo primero que escucho cuando entro a la caravana.
–Comprando esto –digo enseñándole las jeringas con el antibiótico. Coloco mi mano sobre su frente, que arde con furia–. Pronto estarás bien –digo antes de inyectarle el antibiótico.
–Hueles a alcohol y a humo –susurra con los ojos vidriosos por la fiebre.
–Es una larga historia –digo antes de incorporarme y quitarme la camiseta, dándole la espalda. Limpio el glitter que no pude quitar antes y cuando sé que no podré sacarlo, camino al baño por una ducha rápida–. Vuelvo en unos minutos –suelto antes de dejarlo solo.
Me termino de desnudar y me meto a la ducha. El agua fría me hace temblar, pero luego de unos segundos me acostumbro y puedo quitar todo el brillo plateado y el olor a cerveza de mi cuerpo.
Me abrazo y miro al techo sintiendo que volví a encontrar mi norte.
No todo está acabado. Podré retomar mis sueños y todo gracias al talento de mi tía.
❤️🩹🥲🥹
ojalá no deje que la otra vuelva, ya es hora de que disfrute su vida a su manera y con Salvatore que la ama