En un mundo donde lobos y vampiros se odian desde generaciones, Aiden descubre que no es solo un joven universitario ordinario, sino el heredero de una de las más poderosas líneas Alfa. Criado en el mundo humano, sin saber quién es, su vida cambia cuando empieza a tener visiones, sueños extraños y un poder que no puede controlar. Junto a Lyra, una guardiana de la que se enamora, Aiden se enfrenta a un enemigo ancestral: la sombra, nacida del miedo de la creación. En su búsqueda de identidad, Aiden deberá descubrir quién es realmente, equilibrar las fuerzas que lo han perseguido y, solo a través del amor y la elección, cambiar el destino de su mundo, donde la verdad es la única fuerza capaz de unir aquello que el odio dividió.
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Capítulo 23: Los que duermen bajo la luna
La aldea permanecía en silencio.
Demasiado silencio.
Aiden caminaba entre las casas vacías intentando encontrar alguna pista, pero cada respuesta parecía abrir una nueva pregunta.
No había sangre.
No había señales de batalla.
No había rastros de una invasión.
Era como si los habitantes simplemente hubieran dejado de existir.
—Esto no tiene sentido —murmuró Darius.
Aiden observó una mesa abandonada.
Había platos servidos.
Una taza todavía estaba sobre el fuego apagado.
—No se fueron por voluntad propia.
Lyra tocó la pared donde estaba grabado el símbolo.
Su rostro se volvió serio.
—No.
Fueron llamados.
Boreas levantó la mirada.
—¿Llamados por quién?
Lyra dudó.
—Por algo que existía antes que nuestros reinos.
Aiden recordó las palabras de la figura oscura.
Todo lo que nace del odio termina destruyéndose.
Pero ahora había algo más.
Algo que no parecía buscar destrucción.
Buscaba despertar.
—Tenemos que encontrar a los desaparecidos —dijo Aiden.
Uno de los guerreros lo miró sorprendido.
—¿Ahora?
La noche está cayendo.
El bosque es peligroso.
Aiden se volvió hacia él.
—Precisamente por eso.
Un Alfa no espera a que sus problemas desaparezcan.
Va hacia ellos.
Esa misma noche, el grupo siguió un rastro extraño.
No era olor.
No era huella.
Era una especie de energía plateada que solo Aiden podía percibir.
Su lobo interior lo guiaba.
Cada vez más profundo.
Más lejos de los caminos conocidos.
Hasta que llegaron a una cueva oculta bajo la montaña.
La entrada estaba cubierta de símbolos antiguos.
Lyra los reconoció.
—Son de los primeros vampiros.
Darius frunció el ceño.
—Pensé que los primeros vampiros eran una leyenda.
Lyra negó.
—Lo eran.
Hasta que dejaron de serlo.
Dentro de la cueva había pinturas.
No hablaban de guerra.
No hablaban de odio.
Mostraban algo completamente diferente.
Lobos y vampiros juntos.
Protegiendo a humanos.
Viviendo en equilibrio.
Aiden quedó sorprendido.
—Entonces la historia empezó así.
Boreas asintió lentamente.
—Y alguien se aseguró de que lo olvidáramos.
Al final del túnel encontraron una enorme cámara.
Y allí estaban.
Los habitantes desaparecidos.
Todos dormidos.
Pero vivos.
Miles de ellos.
Suspendidos en una especie de sueño profundo.
Aiden se acercó a una mujer que reconoció.
Era la anciana que vendía flores en la plaza del pueblo.
Su mano estaba tibia.
—Están vivos.
Lyra observó alrededor.
—Pero atrapados.
Una voz resonó desde el fondo de la cueva.
—No atrapados.
Protegidos.
Todos levantaron sus armas.
Una figura apareció entre las sombras.
Era una mujer.
Alta.
Con cabello blanco como la nieve.
Sus ojos eran de un color plateado brillante.
No parecía vampiro.
No parecía lobo.
Era algo diferente.
Aiden dio un paso al frente.
—¿Quién eres?
La mujer lo observó.
Y sonrió.
—Finalmente conocí al hijo de Kael y Selene.
Aiden se tensó.
—Conociste a mis padres.
—Los vi luchar.
Los vi intentar reparar lo que sus ancestros destruyeron.
Y también vi cómo fracasaron.
Lyra se adelantó.
—¿Eres de la Luna Antigua?
La mujer asintió.
—Soy una guardiana.
Una de las últimas.
Darius levantó la espada.
—¿Por qué secuestraste a estas personas?
La mujer lo miró.
—Porque algo viene.
Algo que ni lobos ni vampiros podrán enfrentar divididos.
Los traje aquí para protegerlos.
Aiden no bajó el arma.
—¿De qué?
La guardiana miró hacia la oscuridad de la cueva.
—De aquellos que despertarán.
El suelo comenzó a temblar.
Las paredes se llenaron de grietas.
Desde las profundidades de la montaña llegó un sonido.
Un latido.
Gigantesco.
Antiguo.
Como si algo enorme hubiera abierto los ojos después de siglos.
La guardiana susurró:
—La primera criatura está despertando.
Aiden sintió que su sangre se helaba.
—¿Primera criatura?
La mujer lo miró.
—Antes de los lobos.
Antes de los vampiros.
Antes de los humanos...
Existieron los Primordiales.
Y uno de ellos acaba de recordar su nombre.
Muy lejos de allí...
En lo profundo de una montaña negra...
Una enorme mano cubierta de piedra abrió los ojos.
Una voz antigua despertó.
—¿Quién se atreve a romper mi sueño?
Y una sonrisa apareció en la oscuridad.
—El hijo del Alfa...
Ha regresado.