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El Sacrificio De Angrod Caranthir

El Sacrificio De Angrod Caranthir

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Matrimonio entre clanes / Batalla por el trono / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo mágico / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

La tarea del príncipe elfo es sencilla; debe preparar una humana para sellar el pacto entre el mundo de ella y el de él. La conoce desde niña, y cuando descubre que el ritual es un sacrificio y lo empiezan a presionar para que la entregue, hará lo que sea necesario para salvarla.

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CAPÍTULO 12 Sin red

El silencio después de la tormenta siempre era lo peor.

Leila lo había aprendido en su mundo, cuando las grandes tormentas de octubre azotaban su ciudad y ella se quedaba despierta escuchando la lluvia golpear los cristales. Después, cuando todo pasaba, el silencio era tan absoluto que parecía que el mundo entero contenía la respiración.

Ahora, en sus habitaciones vacías, el silencio era peor.

Porque Angrod no estaba.

Se había ido con los guardias sin oponer resistencia, sin luchar, sin siquiera mirarla una última vez. Y ella se había quedado allí, paralizada, con las manos vacías y el corazón desbocado.

Volveré a verte, había dicho. Te lo prometo.

Pero las promesas de los príncipes valían poco en un reino donde los reyes tenían la última palabra.

—Mi señora —dijo Elara desde la puerta—. Debe descansar.

—No puedo descansar.

—Mañana será un día difícil.

—¿Y qué importa mañana? —Leila se volvió para mirarla—. Hoy se han llevado a Angrod. Hoy mi única oportunidad de escapar está encerrada en una celda. Hoy el rey ha demostrado que no voy a salir viva de aquí.

Elara guardó silencio.

—Usted sabía —dijo Leila—. Usted sabía que esto iba a pasar.

—Sabía que el príncipe planeaba algo. No sabía que lo atraparían.

—Pero lo atraparon. Y ahora está solo.

—No está solo. Está con el hechicero.

—¿El de las mazmorras?

—El mismo. Lleva cincuenta años encerrado. Si alguien puede enseñarle a sobrevivir a un rey, es él.

Leila la miró largamente.

—¿Y yo? —preguntó—. ¿Quién me enseña a mí?

Elara sostuvo su mirada.

—Usted ya sabe, mi señora. Solo tiene que atreverse.

---

Esa noche, Leila no durmió.

Se sentó en el borde de la cama, con las manos apoyadas sobre las rodillas, y respiró. Una, dos, tres veces. Sintió la magia bullir bajo su piel, ansiosa, hambrienta.

Había pasado diecinueve años sin saber que existía. Diecinueve años durmiendo, esperando, siendo luz sin saberlo.

Ahora estaba despierta.

Y no iba a pasarse el resto de su vida —el resto de sus ocho días— esperando que alguien la salvara.

Soy Leila Prinsh, pensó. No soy un sacrificio. No soy una víctima. No soy una princesa que espera en su torre.

Soy la última de los Aelindel. Soy luz. Soy fuego.

Y voy a recuperar a mi hombre.

---

Amaneció gris.

Leila se vistió sola, sin ayuda de las criadas. Eligió la túnica oscura y los pantalones de sirviente que Elara le había conseguido días atrás. Se ató el cabello en una trenza apretada.

Se miró en el marco vacío del espejo roto.

No había superficie que devolviera su reflejo, pero ella sabía quién era. Quién tenía que ser.

Salió al pasillo.

---

Los guardias de la puerta sur la vieron acercarse con desconfianza.

—La humana —dijo uno—. Debería estar en sus habitaciones.

—Necesito ver al rey —dijo Leila.

—El rey no recibe visitas sin cita previa.

—No es una visita. Es una negociación.

El guardia arqueó una ceja.

—¿Una humana negocia con el rey?

—Esta humana sí.

Algo en su voz —algo frío, algo firme— hizo que el guardia dudara. Intercambió una mirada con su compañero.

—Espera aquí —dijo al fin—. Voy a consultar.

—No —respondió Leila—. No voy a esperar. O me dejas pasar o...

—¿O qué?

Ella sonrió.

Era una sonrisa dulce. Una sonrisa amable. Pero sus ojos verdes brillaban con una luz que no tenía nada de amable.

—O te conviertes en el primer elfo en quinientos años que muere a manos de un Aelindel.

El guardia palideció.

Nunca había oído esa palabra. Pero algo en la forma en que ella la pronunció, algo en el calor repentino que emanaba de sus manos, le hizo entender que no era una amenaza vacía.

—Pasa —dijo.

Leila pasó.

---

El rey Thranduil la recibió en el salón del trono.

Estaba solo, sentado en ese asiento de obsidiana que parecía más un cadalso que un símbolo de poder. La miraba con sus ojos helados, tan parecidos a los de Angrod y tan terriblemente distintos.

—Has venido a suplicar por él —dijo.

—No.

—¿No?

—No suplico. Vengo a negociar.

El rey enarcó una ceja.

—¿Y qué puedes ofrecerme tú, humana, que yo no pueda tomar por la fuerza?

Leila sostuvo su mirada.

—Mi cooperación —dijo—. El pacto. El sacrificio. Quieres que muera dócilmente en tu altar, ¿verdad? Quieres que los dioses reciban una ofrenda voluntaria, no una víctima que lucha.

El rey no respondió, pero sus dedos se tensaron sobre el reposabrazos.

—Si sueltas a Angrod —continuó Leila—, te doy eso. Me entregaré al altar sin resistencia. Nadará en mi sangre todo lo que quieras. Seré la ofrenda perfecta.

—¿Y por qué iba a liberar a un traidor a cambio de algo que ya es mío?

—Porque no es tuyo. Puedes matarme, pero no puedes obligarme a cooperar. Puedes atarme al altar, pero no puedes controlar mi voluntad. Y los dioses lo saben. Aceptan ofrendas, no cadáveres.

El rey la estudió largamente.

—Eres más lista de lo que pareces —dijo al fin.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo tomaré como tal.

Silencio.

—Angrod seguirá preso —dijo el rey—. Pero puede que le conmute la pena de muerte por cadena perpetua. Si tú cumples tu parte.

Leila sintió el corazón latir con fuerza.

—Quiero verlo —dijo—. Quiero asegurarme de que está vivo.

—No.

—Entonces no hay trato.

—No estás en posición de amenazarme, humanita.

—¿Seguro?

Levantó la mano. La luz brotó de su palma, dorada y cegadora. El rey entrecerró los ojos, pero no retrocedió.

—Puedo morir matándote —dijo Leila—. Puedo abrirte el pecho con esta luz antes de que tus guardias me atraviesen. No soy una guerrera, no sé luchar, pero sé una cosa: nadie puede detener a alguien que no tiene nada que perder.

—Tienes a Angrod —respondió el rey—. Mientras él viva, tienes algo que perder.

Leila apagó la luz.

—Por eso mismo —dijo—. Suéltalo, y te doy lo que quieres.

El rey la miró largamente.

—Veré lo que puedo hacer —dijo—. Vuelve a tus habitaciones.

Leila no se movió.

—Quiero verlo —repitió—. Ahora.

—Te he dicho que...

—No me importa lo que me hayas dicho. Quiero verlo. Con mis propios ojos. O no hay trato.

El rey apretó la mandíbula. Por un instante, Leila creyó que iba a ordenar que la mataran allí mismo.

Pero entonces, lentamente, asintió.

—Una hora —dijo—. Nada más.

—Una hora.

—Y no intentes nada. Mis guardias te vigilarán.

—No voy a intentar nada —respondió Leila—. Solo quiero verlo.

Y decirle, pensó, que no se atreva a morirse.

Que todavía no le he dado permiso.

---

Las mazmorras de Hassan olían a humedad y desesperanza.

Leila bajó los escalones de piedra con paso firme, ignorando las miradas de los guardias. Su corazón latía con tanta fuerza que podía sentirlo en la garganta, pero no iba a demostrar miedo.

No delante de ellos.

No delante de él.

—Aquí está —dijo el carcelero, deteniéndose ante una celda de barrotes negros—. Tiene una hora.

Leila no respondió. Se acercó a los barrotes.

Angrod estaba sentado en el suelo, la espalda apoyada contra la pared de piedra. Tenía el cabello revuelto, la túnica manchada de sangre seca —la herida del ataque de Malakor, quizá, o alguna nueva que le hubieran infligido al arrestarlo—, pero sus ojos azules seguían siendo los mismos.

Cuando la vio, se puso de pie de un salto.

—Leila —dijo—. ¿Qué haces aquí?

—Vine a verte.

—No deberías estar aquí. Es peligroso.

—Lo sé.

—El rey...

—Ya hablé con el rey.

Él enmudeció.

—¿De qué hablaste con él?

—De ti. De mí. Del pacto.

—Leila. No.

—Tranquilo. No voy a sacrificarme. Todavía.

Él apretó la mandíbula.

—¿Entonces?

—Entonces he venido a decirte que dejes de hacer el tonto.

—¿Perdón?

—Que dejes de planear tu muerte como si fuera la única solución. Que dejes de creer que mereces morir. Que dejes de tratarme como a una princesa de cuento que necesita que la salven.

Dio un paso hacia los barrotes.

—No soy una princesa —dijo—. Soy una humana testaruda que se lanzó al mar para salvar a un niño que se ahogaba. Y ese niño creció y se convirtió en un hombre igual de testarudo que cree que tiene que morir para redimirse.

—No es redención. Es...

—¿Qué? ¿Amor? ¿Crees que morir por mí es amor?

—Es lo único que sé hacer.

—Pues aprende otra cosa.

Él la miró largamente. Y en sus ojos azules, ella vio el mismo miedo que llevaba días acechándola.

—No sé cómo —susurró—. No sé cómo vivir sin la certeza de que mi muerte servirá para algo.

—Vive para mí —respondió Leila—. Eso es servir para algo.

—No es suficiente.

—Lo es. Tú lo eres.

El silencio se alargó.

—Leila —dijo él, con voz rota—. No quiero morir. Pero tampoco quiero que mueras tú. Y no sé cómo salvar a alguien sin perderme en el intento.

—No tienes que perderme. Solo tienes que quedarte.

—¿Y si no puedo?

—Entonces te enseño yo.

Él cerró los ojos.

—Siempre quieres enseñarme cosas —dijo, con un esbozo de sonrisa.

—Porque eres un desastre.

—Lo sé.

—Un desastre insoportable.

—También.

—Y te quiero.

Él abrió los ojos.

—Yo también te quiero —respondió—. Más de lo que crees.

—Entonces deja de intentar morir.

—Lo intentaré.

—No es suficiente.

—Lo intentaré de verdad.

Ella asintió lentamente.

—Eso tendrá que valer.

---

No supo cómo ocurrió.

Solo que de repente sus manos estaban entrelazadas a través de los barrotes, sus dedos enredados como raíces, sus frentes apoyadas contra el hierro frío.

—¿Vas a escapar? —susurró Leila.

—Voy a intentarlo.

—¿Necesitas ayuda?

—Tú ya has hecho bastante.

—¿Seguro?

—Seguro.

—¿Prometes que volverás?

—Te lo prometo.

—¿Y esta vez es verdad?

Él sonrió. Era una sonrisa pequeña, triste, pero real.

—Esta vez es verdad.

Ella asintió. Apartó las manos lentamente, dedo a dedo.

—Te espero —dijo—. No tardes.

—No tardaré.

—Mientes.

—Siempre miento.

—Conmigo intentas no hacerlo.

Él la miró largamente.

—Conmigo intentas no hacerlo.

—Esta vez no miento —respondió—. Volveré.

Leila quiso creerle.

Y por algún motivo, esta vez lo hizo.

---

La hora terminó demasiado rápido.

Los guardias la acompañaron de vuelta a sus habitaciones, pero Leila apenas los veía. Su mente seguía en esa celda, en esos ojos azules, en esa promesa.

Volveré, había dicho.

Y ella había decidido creerle.

Pero también había decidido que no iba a quedarse de brazos cruzados esperando.

—Elara —dijo, en cuanto la criada entró—. Necesito que me ayudes con algo.

—¿Qué necesita, mi señora?

—Necesito un mapa de Hassan. Necesito saber dónde están todos los guardias, todas las puertas, todos los pasadizos secretos.

—¿Para qué?

Leila se volvió para mirarla.

Sus ojos verdes brillaban con una luz nueva. Una luz afilada, peligrosa, hermosa.

—Para cuando él no pueda volver solo —respondió—. Para ir a buscarlo.

Elara la miró largamente.

Luego, lentamente, asintió.

—Siempre supe que usted era especial, mi señora —dijo—. Pero ahora empiezo a entender por qué los antiguos Aelindel gobernaban mundos.

—No quiero gobernar mundos —respondió Leila—. Solo quiero salvar al hombre que amo.

—Entonces será mejor que empecemos.

Y empezaron.

---

Él cree que tiene que morir para salvarme.

Él cree que su vida vale menos que la mía.

Él cree que el amor es sacrificio, renuncia, pérdida.

Pero yo voy a demostrarle que está equivocado.

El amor no es morir por alguien.

El amor es vivir para alguien.

Y yo voy a vivir para él.

Voy a vivir con él.

Voy a vivir.

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Maria Elena Maciel Campusano
Bueno Leila dió el paso decisivo y se entregó a Agrod ahora juntos enfrentarán al Malechor de Malakor 🤨🤨
Maria Elena Maciel Campusano
Quien lo diría Leila está enamorada de Agrod y él que temía ser rechazado, pero la unión hace la fuerza y quizás unidos logren vencer al tal Malechor perdón Malakor 🤔🤔
Maria Elena Maciel Campusano
🤔🤔🤔 Qué sacrificio tan grande hizo la mamá de Agrod por amor a su hijo, ahora él decidió sacrificar su existencia por amor a Leila 😔😮‍💨
Maria Elena Maciel Campusano
Estuvo interesante todo lo que Leila descubrió a través de leer un libro, pero lo mejor fué cuando Agrod logró hacer que ella despertara su poder🤔🤔
Maria Elena Maciel Campusano
Realmente es una historia interesante, pero mientras no se aclare sobre el dichoso pacto entre el mundo de Leila y el mundo de Agrod, seguiremos junto con Leila intrigados sobre el porqué de su encuentro y de ese pacto🤔🤨🤨🤨
Maria Elena Maciel Campusano
Debe ser muy impactante ser arrebatada de tu vida, de tu hogar, de tus amigos, familia y actividades así nada más 🤨🤨🤨
Lorena Itriago
Excelente Novela, Felicidades
Lorena Itriago
Que pasó con Elara?
welimar hernandez lobo
Buen historia lo malo es que la gente no lo conoce, gracias autora por publicar esto.
Jisieli: También te recomiendo mi otra novela "El Archiduque Bestia y la Esclava"
Feliz tarde 🤗
total 2 replies
Maria Elena Maciel Campusano
Vaya manera de llevarse a Leila a su mundo, fué muy impresionante leer sobre las sensaciones que sentía y la manera en que las sombras la arrastraron hasta cruzar el umbral del espejo 😨😰😱😱
Maria Elena Maciel Campusano
Me atrapó ésta historia, empezó con acción y la manera en que conoció a su destinada☺️👍👍👍
Jisieli
Me pareció encantadora la historia 🤗
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