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FANTASÍA REAL

FANTASÍA REAL

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

"Mis padres se fueron en un segundo, dejándome un vacío que quemaba. Pero el destino, con un sentido del humor retorcido, decidió llenarlo instalándome en la habitación de al lado del hombre que protagonizaba mis diarios desde los doce años. Ahora, sus pasos en el pasillo son la única música que me distrae del silencio de mi casa vacía."

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capitulo 17

El regreso del Apartamento 4B fue un descenso a los infiernos de la paranoia. Cada vez que el taxi frenaba en un semáforo, sentía que los ojos de los transeúntes podían ver a través de mi gabardina, detectando el rastro de carboncillo en mis yemas y el aroma a whisky y pecado que emanaba de mi piel. Llegué a la casa de los Martínez justo cuando las luces del jardín se encendían, proyectando sombras alargadas que parecían dedos acusadores sobre la fachada de piedra.

Me escurrí por la puerta lateral, la que daba al lavadero, y subí a mi habitación con el corazón martilleando en los oídos. Me desnudé con una urgencia febril, lanzando la ropa al fondo del armario como si fuera evidencia criminal. Pero, al vaciar los bolsillos de la gabardina, cometí el error que marcaría el inicio del fin.

Junto a la llave dorada, se había quedado pegado un pequeño boceto. No era uno de los grandes retratos de la pared, sino un estudio rápido, un trozo de papel de estraza donde Julián había dibujado mis labios entreabiertos, con una precisión tan obscena que cualquiera que lo viera sabría que no era el dibujo de un "hermano" preocupado.

Lo dejé sobre la mesilla de noche, con la intención de quemarlo en cuanto recuperara el aliento. Pero el cansancio del luto, sumado al agotamiento de la entrega física, me venció. Me desplomé en la cama y el sueño me arrastró a un abismo negro y sin sueños.

—¿Elena? ¿Estás despierta? Traigo el correo y algo de fruta.

La voz de Sofía me arrancó de la inconsciencia. La luz de la mañana inundaba el cuarto con una claridad despiadada. Me incorporé de golpe, pero ya era tarde. Sofía ya estaba dentro, dejando una bandeja sobre la mesa de estudio. Su mirada, siempre curiosa y vivaz, vagó por la habitación hasta detenerse en la mesilla de noche.

El aire se congeló en mis pulmones.

Sofía alargó la mano y tomó el trozo de papel. Lo observó en silencio durante lo que parecieron siglos. Sus cejas se fruncieron, y esa expresión de alegría perenne que solía definirla se desvaneció, sustituida por una confusión nublada.

—Qué dibujo más... intenso —dijo, su voz perdiendo su brillo habitual—. No sabía que seguías posando para Julián.

—No... no es lo que parece, Sofi —balbuceé, sintiendo que el sudor frío me empapaba la nuca—. Lo encontré en su despacho el otro día. Estaba tirado en la papelera y me gustó el trazo. Sabes que me interesa el arte.

Sofía giró el papel, analizando la firma en la esquina: una "J" entrelazada con una escuadra, el sello personal de su hermano.

—Es extraño —murmuró ella, sin mirarme—. Julián nunca tira sus estudios de anatomía. Y menos uno tan... íntimo. Estos son tus labios, Elena. Reconozco esa pequeña peca en la comisura.

Se hizo un silencio espeso, cargado de una electricidad estática que hacía que se me erizara el vello de los brazos. Sofía dejó el dibujo sobre la mesa, pero no me miró con la calidez de siempre. Había algo nuevo en sus ojos: una semilla de duda que empezaba a germinar en la tierra fértil de las mentiras que le habíamos contado.

—Ayer, cuando volviste... —empezó Sofía, jugueteando con el borde de su jersey—. Te oí entrar muy tarde. Y Julián tampoco estaba. Papá dijo que se había ido a ver una obra de emergencia, pero Valeria llamó dos veces preguntando por él porque no le cogía el teléfono.

—No sé nada de Julián, Sofía. Estaba caminando, ya te lo dije. La ansiedad no me deja dormir.

Sofía se acercó a la cama y se sentó en el borde. Me tomó la mano, pero su contacto ya no se sentía como un refugio, sino como un interrogatorio.

—Elena, prométeme algo. Prométeme que si está pasando algo raro... algo que yo no entienda... me lo dirás. Eres mi hermana. No soportaría que me ocultaras algo importante. Especialmente si tiene que ver con Julián. Él puede ser... abrumador. A veces no sabe dónde están los límites.

"Los límites hace tiempo que saltaron por los aires", quise gritar. Pero en su lugar, simplemente asentí, sintiendo que la lengua se me pegaba al paladar.

La mañana continuó con una normalidad fingida que resultaba agotadora. Bajamos a desayunar y allí estaba él, sentado en su sitio de siempre, leyendo el periódico como si no hubiera pasado la noche dibujando mi perdición en un apartamento secreto. Valeria estaba allí otra vez, vestida de un rojo vibrante que parecía un desafío. Estaba sentada al lado de Julián, revisando unos catálogos de muebles de diseño.

—Estamos pensando en un estilo nórdico para el salón del ático —decía Valeria, su voz destilando una seguridad que me hacía querer gritar—. Julián prefiere algo más industrial, pero yo creo que necesitamos calidez. ¿Verdad, cariño?

Julián asintió sin levantar la vista, pero cuando yo me senté frente a él, su pie buscó el mío bajo la mesa. Fue un contacto breve, una presión firme sobre mi empeine que me hizo dar un respingo.

—¿Te pasa algo, Elena? —preguntó Julián, bajando el periódico. Sus ojos eran dos pozos de cinismo—. Pareces nerviosa.

—Elena ha tenido una noche movida —intervino Sofía, mirándome de una manera que me heló la sangre—. Ha estado analizando unos "dibujos" que encontró.

Julián no se inmutó, pero vi cómo su mandíbula se apretaba un milímetro. Valeria levantó la vista del catálogo, interesada.

—¿Dibujos? No sabía que Julián dejara que nadie viera sus bocetos privados. Es muy celoso de su proceso creativo.

—Oh, este era un estudio de labios —continuó Sofía, clavando su mirada en su hermano—. Muy realista. Casi se podía sentir la respiración en el papel. Me pregunto quién habrá sido la modelo. Julián siempre dice que ya no tiene tiempo para retratos.

Valeria soltó una risita sofisticada, pero sus ojos se entrecerraron con una sospecha profesional.

—¿Labios? Qué curioso. Julián, pensaba que estabas obsesionado con las estructuras de acero últimamente, no con la carne.

Julián dobló el periódico con una lentitud deliberada. La atmósfera en la cocina se volvió asfixiante. El señor y la señora Martínez seguían desayunando, ajenos al drama que se cocía bajo el mantel y en los subtextos de la conversación.

—A veces, para entender una estructura, hay que entender las curvas —dijo Julián, mirándome directamente a los ojos con un descaro que me hizo temblar—. Pero Sofía tiene razón, es solo un dibujo viejo. Deberías devolverlo a su sitio, Elena. No es bueno guardar cosas que no te pertenecen.

—Lo haré —respondí, mi voz sonando como un susurro—. En cuanto termine de entender lo que significa.

Valeria rompió la tensión con un comentario sobre una exposición de arte, pero el daño ya estaba hecho. Sofía no volvió a hablar durante el resto del desayuno. Se limitó a observar. Observaba cómo Julián me pasaba el azúcar, observaba cómo yo evitaba su mirada y, sobre todo, observaba ese espacio invisible entre nosotros que vibraba con una intensidad prohibida.

Después de desayunar, Julián me interceptó en el pasillo, justo antes de que yo pudiera refugiarme en mi cuarto. Me agarró del brazo y me arrastró hacia el hueco de la escalera, donde la luz del sol no llegaba.

—¿Cómo ha visto Sofía ese dibujo? —preguntó, su voz era un siseo furioso.

—Me quedé dormida, Julián. Estaba agotada después de lo del apartamento. Entró en mi cuarto antes de que pudiera esconderlo.

—Eres una descuidada —gruñó él, apretando mi brazo—. Casi nos delatas delante de Valeria. Si ella empieza a tirar del hilo, se acabó el juego. Y si Sofía sospecha...

—¡Sofía ya sospecha! —le interrumpí, zafándome de su agarre—. No es tonta, Julián. Nos conoce a los dos. Siente que algo ha cambiado. Ayer Valeria, hoy el dibujo... no podemos seguir así.

Julián me acorraló contra la pared, su cuerpo bloqueando cualquier salida. Su olor a perfume y madera me invadió de nuevo, debilitando mi resolución.

—Escúchame bien. No vas a decir nada. Vas a actuar como si nada hubiera pasado. Si Sofía te pregunta, dile que el dibujo es de una exnovia mía de hace años. Inventa lo que sea. Pero no te quiebres.

—¿Y Valeria?

—Valeria se va conmigo a la obra de la costa este fin de semana. Estaremos fuera tres días. Aprovecha para limpiar cualquier rastro que hayas dejado en esta casa. Y Elena... —se inclinó, rozando mi oído con sus labios—, deja de mirarme así delante de mi familia. Tus ojos dicen lo que tus labios callan, y ahora mismo, tus ojos están gritando que me deseas.

Se alejó antes de que pudiera responder, dejándome sola en la penumbra del pasillo.

Pasé el resto del día evitando a Sofía. Me sentía una traidora, una sombra que manchaba todo lo que tocaba. Al atardecer, vi a Julián y a Valeria subir las maletas al coche blanco. Se iban. Por un lado, sentí alivio; el aire en la casa volvería a ser respirable. Pero por otro, sentí una punzada de celos que me quemaba las entrañas. Se iba con ella. Dormiría con ella, hablaría con ella, construiría su "fachada" mientras yo me quedaba aquí, en la casa de sus padres, guardando sus secretos como un perro fiel.

—Se han ido —dijo una voz a mi espalda.

Era Sofía. Estaba apoyada en el marco de la puerta del salón, mirándome con una expresión de tristeza infinita. No había rastro de la chica alegre que conocía.

—Sí —respondí, sin girarme—. Tienen mucho trabajo con ese proyecto.

Sofía caminó hacia mí y se detuvo a mi lado, mirando también hacia la calle vacía por donde el coche de Julián acababa de desaparecer.

—Elena... —dijo, y su voz tembló ligeramente—. He vuelto a ver el dibujo. Lo he mirado con una lupa de aumento de mi padre.

Mi corazón se detuvo.

—En la esquina inferior, casi imperceptible, Julián escribió una fecha. Es de hace tres días. La noche que dijiste que habías salido a caminar por el jardín porque tenías ansiedad.

Cerré los ojos, sintiendo que el mundo se desmoronaba bajo mis pies. La mentira era tan burda, tan mal tejida, que una simple fecha la había desgarrado.

—No me mientas más —suplicó Sofía, y esta vez las lágrimas corrían por sus mejillas—. Dime qué está pasando con mi hermano. Dime que no es lo que estoy pensando. Por favor, dime que no me has traicionado de la forma más sucia posible.

Me giré hacia ella, con el alma en carne viva. Quería mentir, quería inventar otra historia, pero al ver el dolor en sus ojos, comprendí que la "Fantasía Real" acababa de chocar frontalmente con la realidad más dolorosa de todas: la pérdida de la única persona que realmente me amaba sin condiciones.

—Sofía... —empecé, pero las palabras se me quedaron atascadas en una garganta llena de ceniza.

El secreto ya no era un dibujo en un papel. Era una herida abierta en el corazón de nuestra amistad. Y Julián, a kilómetros de distancia con su novia perfecta, no estaba allí para construir ninguna pared que pudiera protegerme de la verdad.

1
Margelis Izarra
si después de esto a caraja vuelve a tener sexo con el tipo, no leo más
Margelis Izarra
me parece muy maleable esta protagonista...no me termina de gustar
Rs
.
Blanca Fernandez
ella se sienta acostada por el por qué en este momento tan frágil no está preparada está confundida y el no le deja respirar obtener su duelo está sola ni con la amiga Abla lo que le pasa 🧐🧐
Rocio Raymundo
veremos a qué lleva todo esto
Rocio Raymundo
solo estar un mes en su casa el después que se irá y Elena si acepta solo lo tendrá un mes
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