Shelsy Ereu , una jóven de belleza natural y esto párese ser su castigo, el destino es un criminal en su vida ,nada aprese salir según sus deseos .
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capitulo Wailer también tiene herido su corazón.
No le contesté nada —añadió Wailer—. Salí a la empresa y busqué al hombre. Ingresé a su oficina pasando casi por encima de su secretaria, que trataba de impedir el paso. Me encerré con él. Se le veía el miedo; él sabía perfectamente quién era yo y qué hacía allí.
Me dijo:
—Soy casado y no dejaré a mi esposa. ¡Tu mujer se me insinuó!
El cínico trataba de salir bien librado. Lo amenacé. Le dije que, si no me acompañaba al hospital, le diría todo a su esposa. Para ese momento la secretaria ya había llamado a la policía, y mis compañeros llegaron. Yo salía con él. No puso ninguna queja; dijo que yo debía informarle algo delicado y que por eso había cerrado la puerta. Asignaron a Matías para que me acompañara. Desde entonces, él es un gran amigo.
Una vez en el hospital, mientras hacían el procedimiento, su esposa llegó apresurada. Matías le dijo que había caído en el trabajo y que lo estaban revisando.
Al preguntar por qué estaba él allí, respondió muy seguro:
—Su esposo trabaja en una empresa importante. No sabemos si cayó por sí solo o si alguien lo causó. Espero a que el médico lo revise para poder hacerle algunas preguntas y salir de dudas.
La señora no hizo más preguntas. El médico salió y me llamó a una esquina de la sala. Me informó que el procedimiento había sido exitoso; el bebé estaría bien.
—dijo él.
Luego preguntó quién era la señora.
—Es la esposa del hombre que está en el procedimiento. Mi compañero le dijo que cayó y se golpeó la espalda.
Por un momento pensé que el médico diría toda la verdad, pero entendió lo que sucedía. Así que le dijo:
—Señora, su esposo llegó con un fuerte dolor en la columna. Hicimos algunos análisis. Cayó abruptamente sobre la espalda. Realizamos estudios y parece que todo está bien. Le daré una incapacidad. Le administramos medicamentos fuertes para el dolor; eso le ha causado mareo y vómito. Estará en reposo hasta mañana. No es necesario que usted se quede.
Pero ella insistió. El médico me permitió entrar donde estaba el hombre.
Le dije:
—Su esposa está afuera. Le dijimos que resbaló y cayó en su lugar de trabajo.
Me fui de allí. Lo único que quería era saber que el bebé estaría bien.
El médico se quedó con él. Luego fui a ver a Natalia. Le dije que le enviaría los papeles del divorcio. Ella lloraba. No supe más de ella.
Matías estuvo un rato más en el hospital. Dijo que el médico lo había llevado a él y a la señora a ver al hombre, y que ella se había creído la historia de la caída. Él dijo que había agua en el piso, un descuido.
Luego me enteré de que Natalia rechazó al bebé, y su hermana lo estaba cuidando como hijo suyo. Ella está casada desde hace seis años, pero es estéril. Su esposo trabaja como cajero en un supermercado. Se esfuerzan mucho por cuidar al pequeño, pero los tratamientos son costosos. Hace poco le di algo de dinero para las medicinas; me dijo que el tratamiento duraría un año.
El bebé no tiene la culpa.
Después de escuchar esta historia, Shelsy estaba sin palabras.
—No entiendo… siendo usted tan buena persona, ¿cómo le pudo pasar esto?.
Un mensaje llegó al móvil de Darvi. Su hermana ya había enviado las compras.
—No importa, señorita. Aún estoy sanando. No ha sido fácil, pero ahí vamos.
Shelsy lo miró con tristeza.
—Todo mejorará —dijo ella.
—Sí, por supuesto que sí. ¿Por qué no descansas un poco?
—¿Te quedarás aquí? No quiero estar sola.
—No te preocupes. Aquí estaré, vigilando tu sueño.
Ella obedeció. Se acomodó junto a su hija y se durmió muy pronto.
Darvi la observaba. No sabía qué tenía esa chica. Se sentía atraído por ella; era como un consuelo en medio de su propio sufrimiento. No quería admitirlo, pero entre más la observaba, parecía estar enamorándose.
Matías llegó, así que Darvi aprovechó para ir un momento a la enfermería a recoger el paquete de las compras. En ese momento llegaron la promotora y un funcionario de la registraduría. Ella también traía un bolso con cosas para Shelsy y la bebé.
El capitán dijo que ella dormía.
—Tendrán que despertarla. No tengo mucho tiempo —dijo el funcionario.
Los tres entraron. La promotora la despertó con cuidado para no alterarla.
—Shelsy, el señor es del registro. Hará documentos para ti y para la niña.
El funcionario preguntó:
—Señorita, ¿está segura de que no tiene documentos?
—No lo sé. Si existían, los tenían mis padres, no yo. Después de su muerte nunca regresé a la casa para ver.
—Entiendo. No podemos hacer un documento sin saberlo; tal vez hagamos un duplicado y eso es delito.
Hagamos algo: dame el nombre de tus padres, el poblado más cercano donde vivían y la fecha en que celebraban tu cumpleaños. Con esos datos enviaré un perito a verificar.
—Pero señor, si envía a alguien a ese pueblo y la persona que me busca lo sabe, ¿no podrá seguirlo hasta este lugar? —dijo la joven preocupada.
—Entiendo. Lo haremos de otra forma. Enviaré la solicitud al registro nacional de la capital. Ellos llamarán a la registraduría del pueblo. Así nadie irá.
Ahora cuéntame, ¿quieres conservar tu nombre original? Podemos hacer un cambio debido a los sucesos, si usted desea.
Ella pensó por un momento.
—Mi hermana se llamaba Kataleya. Podría ser un nombre compuesto: Shelsy Kataleya Ereu.
—Me parece bien. Dame la fecha de tu cumpleaños.
—12 de noviembre del año xxxx.
—Eso quiere decir que la próxima semana cumples 18 años.
—Sí, señor.
—Eso nos facilitará la investigación sobre su registro civil, ya que todos los meses los pueblos envían copias de quienes van a cumplir la mayoría de edad. También nos servirá para registrar a su hija. Dame los datos de la bebé.
—¿Cómo se llamará?
—María Celeste.
—¿Cuándo nació?
—8 de agosto.
En realidad había nacido el 6, pero ella cambió la fecha. Era lo mejor; un par de días no harían mucha diferencia.
—¿Localidad donde nació?
—Señor, ¿podemos colocar el nombre de esta ciudad?
—¿Crees que el padre la buscará?
—No. Ni siquiera sabe que existe.
—Entiendo, señorita. Así se hará la diligencia. Necesito la firma de dos testigos.
—Yo firmo —dijo el capitán—, claro, si puedo.
—Yo también —dijo Matías.
La promotora preguntó:
—¿Se puede? ¿No hay inconveniente?
—No, no hay ninguno. Sus nombres, caballeros. Hoy es viernes. La niña cumplió tres meses ayer y ella cumple 18 el domingo. El martes tendré todo resuelto. Si le dan salida, por favor doctora contácteme para la dirección donde ella estará.
Eso es todo por ahora. Debo irme —continuó el funcionario.
Se fue.
La promotora le entregó un bolso a la chica.
—Aquí hay ropa, pañales, calzado y útiles de aseo para usted y la niña. El médico me dijo que estará aquí siete días, hasta que su pie sane por completo. Antes del anochecer vendrá el doctor Mario a verla. Yo vendré mañana en la mañana.
Debes tener acompañante, así que por orden de la jefatura de policía, el capitán y el auxiliar Matías se turnarán para acompañarla. Lo harán vestidos de civil. No regresarán a la estación después de cada turno; irán a sus casas y darán informes por teléfono.
Esperemos que no se presenten novedades. Ya se pidió un permiso especial al hospital debido al caso. También tienes permiso para comida y frutas. La alimentación del hospital no es mala, pero debes alimentarte bien para que tu bebé esté sana. Una fundación enviará todos los días un paquete con frutas para ti. Vendrán a nombre del capitán; no usaremos tu nombre para nada. No queremos exponerte.
Shelsy estaba muy tranquila y feliz. Dio las gracias. La promotora se despidió y salió.
—Darvi, ¿quién se quedará conmigo en la noche?
—Bueno, lo hará mi amigo Matías, pero puedes llamarlo Luis, con más confianza. Estarás en buenas manos.
—¿Pero por hoy no puedes quedarte tú?
Matías miró al capitán.
—Bueno, capitán… en realidad yo le iba a pedir que hiciera el turno hoy. Quedé de llevar a mi esposa a cenar.
—Bien, está bien. Pero voy a salir a cambiarme. La orden dice de civil. También informaré a mis superiores. Así que por un par de horas Luis se quedará.
—Está bien —dijo Shelsy.
—Por cierto, casi lo olvido. Este paquete es para ti. Será mi regalo de cumpleaños adelantado. Confío en los gustos de mi hermana; espero que les guste.
—No debió molestarse. La fundación trajo más cosas, pero gracias. De verdad se esfuerzan mucho por mí.
—No es nada. Bueno, los dejo por un rato. Me voy. Luis, ya sabes: cuídala bien.
—Sí, señor. No se preocupe.
la historia con el tiempo se mejora, te deseo mucho éxito.🙏