Isabella sabe convertir cualquier viaje en una experiencia inolvidable.
Alessandro Moretti sabe conseguir todo lo que desea.
Entre destinos de lujo, miradas que dicen demasiado y una atracción imposible de ignorar, ambos descubrirán que hay encuentros que no estaban en ningún itinerario.
Porque algunas tentaciones llegan para cambiarte el destino.
NovelToon tiene autorización de Yance para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Tengo celos de un fantasma
Durante las siguientes semanas, Isabella intentó convencerse de que todo podía mantenerse bajo control.
El trabajo, Alessandro, Su casa, Daniel y Emma.
Dos vidas perfectamente separadas. Eso era lo que había hecho durante años Y siempre había funcionado.
Hasta ahora.
Porque Alessandro Moretti estaba empezando a hacer preguntas que nadie antes se había atrevido a hacer.
—¿A dónde vas?
Isabella se detuvo frente a la puerta de la oficina.
Alessandro estaba sentado detrás de su escritorio, revisando unos documentos.
—A cenar.
Él levantó la mirada.
—¿Con quién?
Ella sonrió.
—¿Desde cuándo tengo que pedirte permiso?
—No tienes que pedirme permiso.
—Entonces, ¿por qué preguntas?
Alessandro dejó el documento sobre la mesa.
—Curiosidad.
—¿Curiosidad?
—Sí.
Isabella caminó hacia él.
—La curiosidad mató al gato.
—Pero yo no soy un gato.
Ella soltó una carcajada.
—Eso definitivamente lo sé.
Alessandro sonrió.
—¿Es una cena de trabajo?
—No.
—¿Con una amiga?
—Sí.
—¿Camila?
Isabella se sorprendió.
—¿Cómo sabes su nombre?
—Lo mencionaste una vez.
—Tienes buena memoria.
—Contigo, sí.
Isabella sostuvo su mirada.
Ese era precisamente el problema.
Alessandro estaba recordando demasiadas cosas.
La cena era con Camila, No era la primera vez que se reunían y esa noche Isabella necesitaba hablar.
—Te estás enamorando —dijo Camila mientras dejaba su copa sobre la mesa.
Isabella casi se atragantó.
—¿Qué?
—Lo escuchaste perfectamente.
—No y no lo repitas.
—Sí.
—Camila, no estoy enamorada.
Camila la observó en silencio.
—Entonces, ¿por qué estás defendiendo una respuesta que ni siquiera te pregunté?
Isabella suspiró.
—Porque sé lo que vas a decir.
—¿Y qué voy a decir?
—Que esto está tomando un rumbo peligroso.
—Porque lo está tomando.
Isabella bajó la mirada.
—Él no sabe nada.
—Precisamente.
—No puedo decírselo.
—No te estoy diciendo que se lo digas mañana.
—¿Entonces?
Camila se inclinó un poco hacia ella.
—Te estoy diciendo que no puedes controlar lo que él llegue a sentir si tú tampoco tienes claro lo que estás sintiendo.
Isabella guardó silencio.
Camila conocía demasiado bien sus silencios.
—¿Lo quieres?
Isabella respiró profundamente.
—No sé.
—Eso es una respuesta.
—No debería quererlo.
—Eso es diferente.
Isabella miró hacia la ventana.
—Cuando estoy con él no pienso.
—¿No piensas en el?
La pregunta cayó entre las dos.
Isabella no respondió.
—¿En Ella tampoco? —añadió Camila suavemente.
Isabella cerró los ojos.
—No.
—¿Y después?
—Después me siento culpable.
Camila asintió.
—Entonces todavía sabes perfectamente dónde están tus límites.
—No sé por cuánto tiempo.
Mientras tanto, Alessandro estaba en su apartamento, Solo.
Tenía el teléfono en la mano, había escrito un mensaje.
Lo borró.
Volvió a escribir.
Lo borró nuevamente.
Finalmente envió:
-¿Como estuvo tu cena? ¿Llegaste bien?
Isabella respondió unos minutos después.
-Sí, llegué bien y todo estuvo bien.
Alessandro sonrió.
Escribió:
-¿La pasaste bien?
La respuesta tardó más.
-Sí. Hablamos mucho.
Alessandro dejó el teléfono sobre la mesa, algo no le gustaba, no sabía qué, Pero no le gustaba, No era Camila. Era la forma en que Isabella desaparecía de repente.
La manera en que recibía llamadas y se alejaba para contestarlas.
Las veces que tenía que viajar sin explicarle demasiado. Los días en que parecía necesitarlo desesperadamente y otros en los que levantaba una muralla entre los dos Y aquella noche había aparecido otra vez.
La sensación, la duda.
¿Quién era realmente Isabella?
Al día siguiente, Alessandro llegó temprano a la oficina.
Isabella ya estaba allí.
—Buenos días.
Ella levantó la mirada.
—Buenos días.
Alessandro se acercó.
—¿Dormiste bien?
—Más o menos.
—Yo no.
Ella sonrió.
—¿Por qué?
—Estuve pensando.
—Eso es peligroso.
—Mucho.
Isabella continuó trabajando, Alessandro permaneció frente a ella.
—Tengo una pregunta.
—Hazla.
—¿Tienes novio?
El bolígrafo de Isabella se detuvo. Solo durante un segundo.
Pero Alessandro lo notó, Ella levantó lentamente la mirada.
—No.
—¿Segura?
—Segura.
—¿Alguna vez tuviste uno?
—Alessandro...
—Estoy preguntando.
—¿Por qué?
Él se encogió de hombros.
—Porque quiero saber.
Isabella sonrió.
—Qué curioso eres.
—Y tú eres demasiado misteriosa.
Ella volvió a mirar el documento.
—No hay nada que saber.
Alessandro la observó.
—Eso es exactamente lo que diría alguien que tiene algo que esconder.
Isabella levantó la cabeza.
—¿Estás celoso?
Alessandro sonrió.
—No.
—Mentiroso.
—Un poco.
Ella se acercó, se sentó en su regazo.
—No tienes derecho.
—Lo sé.
—Entonces deja de hacerlo.
Alessandro bajó la voz.
—No puedo.
Isabella dejó de sonreír. Por primera vez, no supo qué responder. Él la besó con necesidad y poco a poco fueron cediendo al deseo.
Isabella desabrochó rápidamente el pantalón del pelinegro sacó su miembro ya er*cto, se arrodilló y lo llevó a su boca haciendo maniobras magníficas y usando su lengua como si fuese un majar, luego quitó su braga y se puso a horcajadas y se introdujo en él, cabalgó como si no hubiese un mañana, mientras Alessandro intentaba tomar el control apretándola hacía él.
Después del lujurioso momento, ambos continuaron con sus labores.
El teléfono de Isabella comenzó a sonar.
Ella miró la pantalla, Su expresión cambió inmediatamente. Se levantó.
—Tengo que contestar.
Alessandro la siguió con la mirada.
Ella caminó hasta el otro extremo de la oficina.
—¿Sí?
Su voz se volvió mucho más suave.
Alessandro no podía escuchar la conversación.
Pero podía verla, Isabella sonrió. Una sonrisa diferente, Más íntima, Más familiar.
—Sí, mi amor.
Alessandro sintió que algo se cerraba dentro de su pecho.
¿Mi amor?
Isabella continuó hablando.
—No, todavía no sé a qué hora regreso.
Pausa.
—Sí, claro.
Otra pausa.
—Dale un beso de mi parte.
Alessandro apartó la mirada, No quería escuchar más, No tenía derecho a sentir aquello, Pero lo sentía.
Cuando Isabella terminó la llamada, regresó.
Alessandro estaba serio.
—¿Todo bien?
—Sí.
—¿Quién era?
Ella dudó.
—Familia.
—¿Familia?
—Sí.
—¿Tu hermano?
Isabella asintió.
—Sí.
Esa palabra volvió a salir muy rápido.
Pero esta vez Alessandro no sonrió.
—Entiendo.
—¿Qué te pasa?
—Nada.
—Alessandro.
Él la miró.
—Solo estoy intentando entenderte.
—No tienes que hacerlo.
—Quiero hacerlo.
Ella guardó silencio.
Alessandro se acercó.
—Y eso es lo que me preocupa.
—¿Por qué?
—Porque cada vez quiero saber más de ti.
Isabella sintió un nudo en el estómago.
—No deberías.
—Probablemente no.
Él levantó una mano y acarició suavemente su mejilla.
—Pero ya es demasiado tarde Isabella.
Esa noche, Isabella volvió a llamar a Camila.
—Está sospechando.
—¿De qué?
—De mí.
—Eso era inevitable.
—Me preguntó si tenía novio.
Camila permaneció en silencio.
—¿Y qué sentiste?
Isabella se dejó caer sobre la cama.
—Miedo.
—¿De que descubra la verdad?
—Sí.
—¿O de perderlo si la descubre?
Isabella no respondió.
Camila suspiró.
—Isabella.
—¿Qué?
—Tienes que empezar a hacerte una pregunta.
—¿Cuál?
—¿Qué vas a hacer cuando Alessandro deje de conformarse con una parte de ti?
Isabella cerró los ojos, No quería pensar en eso. Porque sabía que algún día ocurriría.
Alessandro iba a querer conocer su casa. Su familia, A Emma,A Daniel Y entonces todas las mentiras que había construido durante años comenzarían a caer.
Una por una.
Al otro lado de la ciudad, Alessandro estaba sentado en su balcón.
Tenía una copa en la mano. Miraba las luces de la ciudad.
Matteo lo había llamado varias veces, pero no había contestado.
Finalmente, el teléfono volvió a sonar.
—¿Qué quieres? —respondió Alessandro.
—Saber por qué llevas todo el día comportándote como un idiota.
Alessandro soltó una risa seca.
—Estoy pensando.
—Eso me preocupa más.
—Isabella está escondiendo algo.
Matteo guardó silencio.
—¿Qué tipo de algo?
—No lo sé.
—Entonces no sabes nada.
—Sé que hay alguien.
—¿Alguien?
—Alguien a quien ella ama.
Matteo suspiró.
—Aless...
—La escuché decirle "mi amor".
—¿Y?
—Nunca me ha hablado así.
—Tal vez hablaba con un familiar.
Alessandro quedó en silencio.
—Eso fue lo que dijo.
—Entonces déjalo.
Alessandro miró hacia la oscuridad.
—No puedo.
—¿Por qué?
Tardó unos segundos en responder.
—Porque creo que me estoy enamorando de ella.
Matteo no dijo nada, quería burlarse, recordarte que el había dicho que eso nunca pasaría, pero conocía Alessandro como la palma de su mano, no la estaba pasando bien.
Alessandro cerró los ojos.
Había pronunciado las palabras en voz alta Y por primera vez entendió lo que realmente significaban.
No era solo deseo, No era solo costumbre, No era solo obsesión, ¿Era amor?
- Estoy celoso de un fantasma.
- Amigo si ella dijo que era un familiar, debe serlo. Tal vez era Emma.
- Cuando es la niña, ella me lo dice.
Matteo se preocupó, si algo tenía Alessandro era su perspicacia, su astucia e inteligencia, si el decía que algo ocultaba la pelirroja debía ser cierto, pero él no iba a encender esa llama.
Entonces lo calmó.
- Se están conociendo, es muy pronto para que ella te muestre todo lo que es, no es una mujer de compromisos, tal vez tiene miedo. Tú eres un mujeriego que desecha a mujeres por doquier.
Esas palabras calmaron un poco a la bestia que estaba creciendo en Alessandro, bebió otra copa, suspiró y dijo.
- Tienes razón.