NovelToon NovelToon
Sistema De Luz : La Elegida Del Cielo.

Sistema De Luz : La Elegida Del Cielo.

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Viaje a un mundo de fantasía / Aventura / Completas
Popularitas:287
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Elena Vásquez es una joven común con una vida gris hasta que un meteorito azul cae del cielo y la elige como usuaria de un misterioso sistema de evolución personal. A partir de entonces, desbloquea habilidades basadas en la empatía y la sanación, y descubre que no está sola: otros elegidos en distintos lugares del mundo comparten dones complementarios. Juntos deberán restaurar el equilibrio energético de la Tierra, enfrentar a una organización que busca controlar sus poderes y, sobre todo, despertar a la humanidad antes de que la energía vital del planeta se extinga. Es una historia de crecimiento, cooperación y pequeños actos de bondad capaces de cambiar el mundo.

NovelToon tiene autorización de piscis 1 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Viaje.

Capítulo 8: El Viaje

El viaje comenzó un lunes por la mañana. Elena se despidió de Kafka con un beso en la cabeza y le dejó suficiente comida para dos semanas. El gato la miró con esa indiferencia felina que siempre le dedicaba, pero justo antes de cerrar la puerta, maulló una vez. Elena sonrió. Era lo más parecido a un "te voy a extrañar" que había recibido nunca.

El grupo se reunió en la estación de tren. Llevaban mochilas, ropa cómoda y una mezcla de nervios y emoción en los ojos. La Organización Terra les había proporcionado los boletos, los documentos y una ruta detallada. Iban como un grupo de "investigadores de campo", con credenciales falsas pero convincentes. La doctora Iris se despidió de ellos en el andén.

—El Núcleo está en una zona remota de los Andes —dijo—. No hay carreteras ni transporte público hasta allí. Tendrán que caminar los últimos treinta kilómetros. Pero he contratado a un guía local que los esperará en el pueblo más cercano.

—¿Confías en él? —preguntó Mateo.

—Confío en su reputación. Se llama Inti. Ha llevado a muchos investigadores a la montaña. Conoce la zona mejor que nadie.

Elena sintió la emoción de Iris. Había preocupación, pero también confianza. La mujer creía en ellos. Creía en lo que estaban haciendo.

—Cuídense —dijo Iris—. Y manténganse en contacto. Si algo sale mal, envíen una señal.

—¿Qué tipo de señal? —preguntó Valeria.

—Cualquier cosa. Un mensaje, una llamada, un grito. Estaremos monitoreando.

El tren partió puntualmente. Ocuparon dos compartimentos: uno para las mujeres (Elena, Sofía, Valeria, Carmen) y otro para los hombres (Mateo, Don Ramón, Andrés). El paisaje cambió lentamente: la ciudad gris quedó atrás, reemplazada por campos verdes, luego por colinas, luego por montañas que se alzaban en el horizonte como gigantes dormidos.

Elena se sentó junto a la ventana, observando el mundo pasar. Sofía dormía a su lado, con la cabeza apoyada en su hombro. Valeria leía un libro sobre botánica que había encontrado en una librería de viejo. Carmen tejía una bufanda con lana azul. Era un momento tranquilo, casi doméstico. Por un instante, Elena olvidó que iban a salvar el mundo.

Mateo apareció en la puerta del compartimento. —¿Puedo hablar contigo un momento?

Elena asintió y salió al pasillo. El tren traqueteaba suavemente, meciéndolos.

—Estuve revisando los datos que nos dio Iris —dijo Mateo, en voz baja—. El Núcleo no está solo enterrado. Está protegido.

—¿Protegido cómo?

—No lo sé. El sistema no da detalles. Solo dice que hay "barreras" que debemos superar. Y que no todos podrán pasar.

Elena frunció el ceño. —¿Qué significa eso?

—Significa que quizás no todos lleguemos al final. O que algunos tendrán que quedarse atrás.

—No me gusta eso.

—A mí tampoco. Pero no podemos ignorarlo.

Elena miró por la ventana. El paisaje se había vuelto más árido, más rocoso. Las montañas se alzaban a lo lejos, imponentes.

—Hablaremos con el grupo —dijo—. Cuando lleguemos al pueblo. No quiero sorpresas.

Mateo asintió. —De acuerdo.

Volvieron a sus compartimentos. Elena intentó dormir, pero su mente no dejaba de dar vueltas. ¿Qué tipo de barreras? ¿Por qué no todos podrían pasar? ¿Y qué pasaría con los que se quedaran atrás?

El viaje duró dos días. Cruzaron fronteras, cambiaron de tren, tomaron un autobús destartalado que subía por carreteras sinuosas. El paisaje se volvió cada vez más salvaje: montañas escarpadas, ríos caudalosos, pueblos pequeños donde el tiempo parecía haberse detenido. La gente los miraba con curiosidad, pero sin hostilidad. Eran viajeros, y los viajeros siempre eran bienvenidos.

Llegaron al pueblo al atardecer del segundo día. Se llamaba San Andrés de la Cumbre, y era poco más que una calle principal con casas de adobe, una iglesia pequeña y una plaza con una fuente seca. El aire era frío y limpio, y olía a tierra húmeda y a leña quemada. El guía los esperaba en la plaza.

Inti era un hombre de unos cuarenta años, de baja estatura pero complexión fuerte, con la piel curtida por el sol y el viento. Vestía ropa de montaña gastada pero bien cuidada, y llevaba un sombrero de lana que le cubría las orejas. Sus ojos eran oscuros, profundos, y parecían sonreír incluso cuando su boca permanecía seria.

—Ustedes deben ser los investigadores —dijo, con un acento suave—. Los estaba esperando.

—Elena —dijo ella, tendiéndole la mano—. Gracias por recibirnos.

Inti le estrechó la mano. —No hay de qué. La doctora Iris paga bien. Y me gusta la montaña. Aunque no entiendo por qué quieren ir a ese lugar.

—¿Qué lugar? —preguntó Mateo.

—La Montaña Sagrada. Así la llamamos aquí. Dicen que está maldita. Que quien entra, no sale.

—¿Y tú lo crees?

Inti se encogió de hombros. —No creo en maldiciones. Pero sí creo que hay lugares que no quieren ser visitados.

Esa noche, el grupo se reunió en una posada pequeña. Comieron sopa caliente y pan fresco, y hablaron de lo que venía. Elena les contó lo que Mateo había descubierto sobre las barreras.

—No sabemos qué son —dijo—. Pero el sistema dice que no todos podrán pasar. Tenemos que estar preparados para cualquier cosa.

—¿Y si no podemos pasar? —preguntó Valeria, con voz temblorosa.

—Entonces encontraremos otra forma —dijo Elena—. No vamos a dejar a nadie atrás.

Don Ramón, que había estado en silencio, habló. —Las barreras no son físicas. Son energéticas. Cada una está diseñada para probar algo. Coraje. Sabiduría. Compasión. Confianza. Si las superamos, podremos llegar al Núcleo. Si no... bueno, tendremos que encontrar la manera de superarlas.

—¿Y tú cómo sabes eso? —preguntó Andrés.

—Lo vi. En una visión. Mientras dormía en el autobús.

El silencio se apoderó de la mesa. Luego, Sofía habló.

—Entonces tendremos que enfrentarlas juntos. Una por una. Como siempre.

Elena sonrió. —Exacto.

Esa noche, Elena compartió una habitación con Sofía y Valeria. Las tres se acostaron en colchones delgados, envueltas en mantas de lana. El viento soplaba afuera, y las estrellas brillaban en el cielo como diamantes.

—Elena —dijo Valeria, en la oscuridad—. ¿Tienes miedo?

—Sí —admitió Elena—. Pero también tengo esperanza.

—¿Es suficiente?

—Con ustedes, sí.

Valeria se quedó callada un momento. Luego, habló de nuevo. —Mi abuela solía decir que el miedo es como la oscuridad. No se va por sí solo. Pero si enciendes una luz, deja de dar miedo.

—Tu abuela era sabia.

—Sí. Lo era.

Elena cerró los ojos. Pensó en su grupo. En Mateo. En Kafka. En el sistema. En el Núcleo. En el mundo. Y por primera vez en mucho tiempo, sintió que todo estaba en su lugar. El viaje continuaría al día siguiente. La montaña los esperaba. Pero no tenían miedo. O al menos, no el tipo de miedo que paraliza. Tenían el tipo de miedo que impulsa. Que hace avanzar. Que hace crecer.

A la mañana siguiente, con el sol apenas asomando sobre las montañas, el grupo partió hacia la Montaña Sagrada. Inti los guiaba, marcando el paso. Detrás de él, Elena y Mateo caminaban lado a lado. Luego Sofía, Valeria, Don Ramón, Andrés y Carmen. Siete personas. Siete elegidos. Siete luces en la inmensidad de los Andes.

El camino era empinado, pedregoso, difícil. Pero ninguno se detuvo. Ninguno se quejó. Avanzaron en silencio, respirando el aire frío, sintiendo la tierra bajo sus pies. Y a lo lejos, en la cima de la montaña, algo los esperaba. Algo antiguo. Algo poderoso. Algo que cambiaría sus vidas para siempre.

—¿Estás lista? —preguntó Mateo.

Elena miró hacia adelante. Miró la montaña. Miró a su grupo. Miró el cielo.

—Sí —dijo—. Estoy lista.

Y siguieron caminando.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play