Dos príncipes gemelos unidos por el trono, pero separados por sus propias sombras. Entre secretos de palacio, guerras inminentes y mujeres invencibles que se niegan a ser dominadas, el amor se convertirá en su mayor fortaleza... o en su ruina. Una historia de lealtad, pasión y un destino escrito con sangre que ni el tiempo podrá borrar. Traiciones de corte, pasiones prohibidas y un imperio que renace del caos. Sigue la historia de dos hermanos y las mujeres que conquistaron sus corazones, sin imaginar que la profecía que los unió dejaría una huella imborrable que trascenderá a través de los siglos.
NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9: Primera partida ganada.
A la mañana siguiente, el palacio amaneció envuelto en una niebla espesa. En el Gran Salón del Consejo, el aire se sentía tan pesado que resultaba difícil respirar. Los ministros, alineados a ambos lados de la larga mesa de caoba, cuchicheaban con el rostro pálido. La noticia de lo ocurrido en el banquete y el estancamiento financiero del Primer Ministro se había extendido como pólvora entre las filas de la alta nobleza.
Las pesadas puertas de bronce se abrieron de golpe.
El rey avanzó a paso firme, escoltado únicamente por Alessia, quien vestía una armadura de cuero reforzado con acero negro y llevaba la empuñadura de su espada corta al descubierto.
Detrás de ellos, Amira hizo su entrada luciendo el manto de Reina Consorte, seguida por Lyra y Daría. Las cuatro ocuparon asientos estratégicos a los costados del trono, rompiendo por completo la tradición que prohibía la presencia de las mujeres en las sesiones del Consejo.
—Majestad —comenzó el Ministro de Guerra, intentando ocultar el nerviosismo en su voz al dar un paso al frente—, la presencia de la corte femenina en esta asamblea es una violación a las leyes del imperio. El Consejo debe debatir la seguridad de las fronteras del Norte sin distracciones.
El rey apoyó los codos en los brazos del trono, entrelazando los dedos mientras lo miraba con una frialdad glacial.
—Las leyes del imperio fueron escritas por hombres que hoy se pudren bajo tierra, ministro —repuso el monarca, con un tono pausado que helaba la sangre—. Y hasta donde sé, el dueño de este palacio soy yo. Si alguien tiene una objeción sobre quién se sienta a mi lado, puede presentar su dimisión ahora mismo... o su cabeza.
El salón quedó en absoluto silencio. El Ministro de Guerra apretó los dientes y retrocedió un paso, bajando la cabeza.
—Bien —continuó el rey, haciendo una señal con la mano a Amira—. Hablemos de las fronteras.
Amira desplegó un mapa detallado del territorio septentrional sobre la mesa central. Sus ojos fijos en los ministros reflejaban una determinación calculadora.
—El Consejo ha reportado un supuesto déficit en los suministros del Paso de la Niebla —dijo la Reina Consorte, su voz resonando impecable en el recinto—. Argumentan que se necesitan trescientas mil piezas de oro adicionales para reequipar a las tropas. Sin embargo... la contabilidad de las rutas comerciales dice algo muy diferente.
Daría dio un paso al frente y arrojó un libro de cuentas encuadernado en cuero sobre la mesa. El impacto hizo eco contra las paredes.
—Durante los últimos cinco años, el presupuesto asignado al Norte ha sido desviado sistemáticamente a través de firmas fantasma en la provincia del Este —declaró Daría con una sonrisa gélida—. Curiosamente, todas esas firmas pertenecen a la familia del Ministro de Guerra y al cuñado del Primer Ministro. No hay ningún déficit militar, caballeros. Lo que hay es un robo masivo a la corona.
El Primer Ministro se puso de pie, con la cara roja de rabia retenida.
—¡Esas son acusaciones infundadas de una bastarda sin linaje! —gritó, señalando a Daría con un dedo tembloroso—. ¡No permitiremos que una mujer sacada de las provincias pretenda juzgar la lealtad de esta mesa!
En un pestañeo, Alessia desenvainó media pulgada de su espada. El sonido del metal al chocar contra la vaina resonó como una advertencia mortal. El Primer Ministro cerró la boca de golpe, dando un respingo al notar la mirada feroz de la guerrera.
—Cuidado con cómo le hablas a los miembros de este harén, ministro —siseó Alessia con la voz grave—. Mi espada no distingue entre un rebelde en el campo de batalla y un viejo corrupto con túnica de seda.
Lyra, sentada tranquilamente al lado de la Reina Consorte, dejó escapar una risita baja y dulce que captó la atención de todos los presentes.
—Oh, por favor, no se altere tanto, Primer Ministro —intervino Lyra, inclinándose hacia adelante con elegancia felina—. Si le preocupa el honor de su linaje, tal vez prefiera que discutamos las cartas que su esposa envió anoche a los generales del Sur pidiendo asilo político... o los contratos de contrabando que su difunto hijo firmó en el Loto Nocturno antes de su "lamentable accidente". Tengo las copias originales aquí conmigo, si desea que las lea en voz alta para todo el Consejo.
El Primer Ministro cayó de golpe en su silla, completamente desarmado. Las gotas de sudor frío le corrían por la sien. Entendió en ese instante que el rey no había reunido a cuatro mujeres por capricho; había reunido a sus peores pesadillas.
El rey se puso de pie. Su presencia dominó la estancia de inmediato, haciendo que todos los consejeros bajaran la mirada.
—El Primer Ministro y el Ministro de Guerra quedan suspendidos de sus funciones y bajo arresto domiciliario en sus aposentos mientras se realiza la auditoría de sus bienes —sentenció el monarca con voz firme—. Todas las propiedades congeladas serán transferidas al control directo de la Reina Consorte y la Concubina Daría.
Los guardias reales, que respondían únicamente a las órdenes de Alessia, avanzaron de inmediato y escoltaron a los dos hombres fuera del salón sin que estos se atrevieran a pronunciar una sola palabra de protesta.
Al quedar a solas en el gran recinto, las cuatro mujeres se acercaron al estrado. El rey miró a Amira y luego a las demás, manteniendo su semblante serio, aunque en el fondo de sus ojos se vislumbraba una sombra de satisfacción.
—El primer golpe ha sido dado —dijo el rey—. Las dos familias más poderosas del Consejo han quedado paralizadas. Pero los clanes secundarios no tardarán en reaccionar. Intentarán buscar aliados fuera de la capital.
—Que lo intenten —respondió Amira, ajustando el broche de su túnica con firmeza—. Nosotras estaremos listas para cortarles el paso.
El rey asintió. Sus ojos se cruzaron brevemente con los de la mujer que una vez, en la oscuridad de las mazmorras, le tendió un pedazo de pan y vendó sus heridas sin saber quién era. Ella no sospechaba que cada orden que él daba, cada movimiento táctico y cada cabeza que hacía rodar, era también para construir el imperio seguro que ella y las demás merecían.
—El juego continúa —concluyó el rey—. Vuelvan a sus puestos. Mañana tomaremos el control de la tesorería.
lo siento, me quedo con el rey y el príncipe 😅😅
yo creo que el rey ama a la reina, y que ella es su amada. por eso la reina sueña con ese enmascarado