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Renacida Como La Capitana Rival

Renacida Como La Capitana Rival

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Tras ser traicionada por su mejor amiga y su entrenador, la prodigiosa animadora Emma es asesinada. Al renacer dos años antes, se une al equipo rival para reconstruirlo y reunir pruebas con las que desenmascarar a quienes la destruyeron.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: La cita secreta

La noche cayó pesada, como una manta oscura sobre la ciudad. La dirección que Mara había enviado nos llevó a un antiguo almacén abandonado a las afueras, un edificio de ladrillo rojo con ventanas rotas y pintadas de negro, rodeado de hierba alta y silencio. El viento soplaba fuerte, agitando las hojas secas y haciendo crujir las viejas vigas de madera. Al acercarnos, las luces de la calle se acababan, y solo nos quedaba la luz pálida de la luna para guiarnos.

—Esto no me gusta nada —susurró Lucas, mirando a todos lados—. Demasiado oscuro, demasiado tranquilo. Es el lugar perfecto para una emboscada.

—Lo sé —respondí, deteniéndome a unos metros de la entrada—. Pero si no entramos, nunca sabremos la verdad. Y Mara está ahí dentro, esperándonos. No la podemos dejar sola con ellos.

Zoe apretó mi brazo, con la voz baja pero firme:

—Entramos juntas. Si algo pasa, nos vamos. Sin dudarlo. ¿Trato hecho?

—Trato hecho —asentí.

Entramos despacio, pisando con cuidado entre los escombros, cajas rotas y trozos de vidrio. El interior era inmenso y frío, el olor a humedad y pollo llenaba el aire. En el centro del espacio, una sola vela ardía sobre un viejo escritorio de metal, y frente a ella, sentada, estaba Mara. Tenía las rodillas pegadas al pecho, las manos entrelazadas con fuerza, y su cuerpo temblaba de frío y de miedo. Al vernos, se levantó de golpe, como si quisiera correr hacia nosotras, pero se detuvo, mirando hacia las sombras que rodeaban la luz de la vela.

—No deberían haber venido —susurró, con los ojos llenos de lágrimas—. Ella dijo que si venían, le harían daño a Javier. Dijo que… que yo era la culpable de todo.

—Nadie es culpable aquí excepto ellos —dije, acercándome despacio, sin hacer movimientos bruscos—. Mara, escúchame: lo que hiciste no fue tu culpa. Te chantajearon. Te obligaron. Y nosotras no te culpamos. Vinimos a sacarte de aquí. A sacarnos a todos. Cuéntanos la verdad, toda la verdad, y juntos encontramos una forma de ayudar a tu hermano.

—No pueden —murmuró, negando con la cabeza—. Tienen poder. Tienen dinero, contactos, todo. Yo… yo firmé lo que me dieron. Dije que ustedes me obligaron a mentir. Ahora no hay vuelta atrás. Si me retracto, dicen que soy yo la que miente y… y Javier se queda encerrado mucho tiempo. Me dieron a elegir: mi hermano o la verdad. Y no pude… no pude dejarlo solo.

Se le quebró la voz y se dejó caer en el borde del escritorio, llorando con el rostro entre las manos. Me acerqué y me senté a su lado, poniéndole un brazo sobre los hombros. Zoe y Lucas se quedaron cerca, vigilando las sombras, listos para cualquier cosa.

—Entiendo tu elección —le dije con suavidad—. Y no te culpo. Pero escúchame bien: Lila y su padre no van a cumplir su palabra. Te lo prometen ahora, pero cuando ya no les sirvas, te desechan. Igual que me hicieron a mí. Igual que harán con cualquiera. Si te callas, ellos ganan. Y entonces, ¿quién te protegerá? ¿Quién protegerá a Javier después?

Mara levantó la vista, con los ojos rojos e hinchados, y por primera vez vi algo más que miedo en su mirada: duda. Y debajo de la duda, rabia.

—¿Y si me equivoco? —susurró—. ¿Y si los destruyo a ellos y también a nosotros?

—No lo harás —dijo Zoe, acercándose y tomándole la mano—. Porque no estás sola. Estamos nosotras. Tenemos pruebas, tenemos a Julián, tenemos gente que nos cree. Si hablas, no es tu palabra contra la de ellos. Es la verdad completa. Juntos somos más fuertes que su miedo. Y tu hermano… él no querría que vivieras con esta culpa. Él querría que hicieras lo correcto.

Hubo un silencio largo, solo roto por el viento que golpeaba las paredes del almacén y el latido acelerado de nuestros corazones. Mara miró la vela, cuya llama bailaba inquieta, y luego nos miró a cada una de nosotras, como si buscara en nuestros ojos la fuerza que ella misma había perdido. Finalmente, respiró hondo, se secó las lágrimas con la manga y habló, con voz temblorosa pero clara:

—Lo sé todo. Sé que son padre e hija. Sé que roban dinero de los patrocinadores. Sé que manipulan las notas para mantener a las chicas en el equipo. Sé que… que mataron a alguien antes. —Se detuvo, tragando saliva, y sus ojos se clavaron en los míos con una intensidad que me heló la sangre—. Escuché al entrenador hablar por teléfono una vez. Dijo que si alguien se interponía en su camino, terminaba igual que la chica de las escaleras. Dijo que fue un accidente, pero… su voz no sonaba como si hablara de un accidente. Sonaba como si hablara de algo que había planeado.

El aire se me escapó de los pulmones. No era solo sospecha. No era solo recuerdo de mi muerte. Era confirmación. Alguien más lo sabía. Alguien más lo había escuchado. Y esa era la prueba definitiva, la voz que faltaba para que todo encajara.

—¿Estás dispuesta a decir eso en voz alta? —le pregunté, suave pero firme—. ¿Aunque dé miedo?

—Sí —respondió, sin dudarlo—. Porque si no lo hago, ¿quién lo hará? Si me callo, otra chica puede terminar igual que ella. Y no quiero llevarme eso a la tumba.

En ese instante, la llama de la vela se agitó violentamente. Una sombra se movió entre las cajas del fondo. Y una voz, fría y cortante como el hielo, llenó el espacio:

—Qué noble. Qué lástima que nadie vaya a creerte.

Nos giramos de golpe. Lila salió de las sombras, caminando despacio, con los brazos cruzados y una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Detrás de ella, dos figuras grandes se asomaron, bloqueando la única salida. El corazón se me detuvo. Había sido una trampa. Lo sabía. Y aun así, habíamos venido. Porque la esperanza siempre pesa más que el miedo.

—Lila —dije, poniéndome de pie y poniéndome delante de Mara—. Déjanos ir. No has ganado todavía.

—¿Ah no? —se rió ella, una risa seca y cruel—. Me entregasteis vuestra testigo con vuestras propias manos. Ahora nadie podrá detenernos. Y esta vez… no habrá testigos.

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Patty Molina
sin jóvenes,no entiendo por qué los papás no aparecen ellos deberían apoyarlos o los profesores, solos no pueden
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: los papás la apoyan, más no intervienen, porque la que busca justicia y venganza es la protagonista
total 1 replies
Eliana Angulo
te felicito 👏🏽👏🏽
Eliana Angulo
muy interesante, te felicito 👏
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