Natalia Serrano ha estado casada con Damián Santillán durante tres años. Un matrimonio construido por medio de un contrato con su familia y aunque durante ese tiempo, ella creyó que Damián podría llegar a amarla, estaba equivocada.
Con el regreso de Jimena, el primer amor de Damián, este solo muestra preferencias hacia ella sin importarle el dolor que causa en Natalia. Pero, justo cuando Natalia decide que ya no puede más y decide darle su libertad, Damián se niega a dejarla a ir, pero, aun así, no le da su lugar, sigue siendo frío, hiriente y le da el favoritismo a Jimena. ¿Qué es lo que realmente quiere Damián de ella?, ¿Por qué seguirla atando a un matrimonio que la hace sufrir?
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Capítulo 23
Capitulo 23
Vale fue quien le dijo a Damián lo del sangrado gástrico.
No porque quisiera ayudarlo.
Lo hizo porque ya no soportaba verlo parado frente a la puerta de su departamento, hablando de derechos de esposo como si la palabra esposo no se hubiera oxidado en su boca.
--¿Sabias que casi se muere después de lo de Lira? --le soltó--. ¿Sabias que te llamo encerrada en un cuarto de servicio? ¿Sabias que vomito sangre?
Damián no respondió.
Yo no estaba en la sala, pero escuche el silencio.
Fue distinto a sus otros silencios.
No era orgullo.
Era golpe.
--Y otra cosa --siguió Vale--. Natalia no entro a Aurora porque lo necesitara. Ella quería fotografía. Tenia premios, contactos, gente lista para invertir en su estudio. Pero tu empresa necesitaba una diseñadora y ella se quedo por ti.
La puerta se cerro después.
Vale entro a mi cuarto con cara de haber ganado una pelea y perdido paciencia.
--Le dije unas verdades.
--¿Cuales?
--Las necesarias.
No pregunte mas.
Al día siguiente, Lidia me llamo.
--Natalia, recursos humanos retiro la suspensión. Quieren que vuelvas.
Me quede mirando mi cámara vieja sobre la mesa.
--¿Quieren o Damián quiere?
--Ambas cosas, supongo.
--No se si quiero regresar.
Lidia guardo silencio un segundo.
--Hay algo mas. Aurora recibió invitación para Copa Luna. Categoría profesional.
La Copa Luna.
El concurso que me habían robado en la universidad. El nombre que aun me dolía como una cicatriz mal cerrada.
--Quiero que compitas --dijo Lidia--. No por Aurora. Por ti.
No conteste de inmediato.
Recordé una azotea. Una carpeta vacía. Patricia entregándole mis bocetos a su sobrina. Mi padre diciéndome que fuera sensata.
Recordé querer saltar.
--Voy --dije.
Esa tarde, Damián me mando un mensaje:
[Estoy preparando un estudio fotográfico para ti.]
Lo leí dos veces.
No sentí ternura.
Sentí rabia.
Le respondí:
[Mi sueno no es una disculpa que puedas comprar.]
El escribió.
Borro.
Volvió a escribir.
[No quiero comprarlo. Quiero devolvértelo.]
Apague la pantalla.
Había cosas que no se devuelven.
Se reconstruyen.
Y no necesariamente con las manos de quien las rompió.