Guillermo Lombardi. Heredero único del consorcio naviero más grande de europa, una noche tras un accidente catastrófico fue salvado por alguien que no logro ver su rostro con claridad.
En su desesperación por encontrarla el destino le hizo una mala jugada que no fue capaz de reconocerla cuando la tuvo enfrente.
Acompañe en está nueva obra. Encontrará Guillermo a la chica que lo salvó esa noche, o terminará casándose con la equivocada.
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Exige lo que por derecho le pertenece
El despacho del Padre de Lucia siempre había sido territorio sagrado.
Puertas de madera oscura. Biblioteca de caoba perfectamente alineada. Un escritorio amplio que no solo sostenía documentos, sino autoridad. Allí se tomaban decisiones que afectaban inversiones, alianzas, reputaciones.
Allí también, durante años, se habían enterrado verdades incómodas.
La madrastra de Lucía no tocó antes de entrar.
La puerta se abrió con un golpe seco que resonó contra las paredes tapizadas.
—¿Es cierto? —exigió, sin saludo, sin preámbulo.
El padre de Lucia se levantó la mirada lentamente. Sus facciones aún estaban tensas por la conversación previa con su hija.
—Cierra la puerta.
Ella lo hizo, pero no con suavidad. El sonido del pestillo encajando fue casi una declaración de guerra.
—Dime que no es cierto —insistió, avanzando hacia el escritorio—. Dime que esa niña no tuvo la insolencia de exigirte su herencia.
El hombre apoyó ambas manos sobre la superficie pulida.
—Lucía vino con documentos.
—¡Documentos! —repitió ella con incredulidad furiosa—. ¿Desde cuándo tiene acceso a documentos?
El silencio que siguió fue más revelador que cualquier respuesta.
Claudine sintió cómo la sangre le subía al rostro.
—¿Quién la está asesorando?
—El abogado de su madre.
Eso fue como una chispa sobre pólvora.
—¿Ernesto Salvatierra? —escupió el nombre con desprecio contenido.
Ernesto Salvatierra
—Sí.
Ella comenzó a caminar de un lado a otro, tacones marcando el ritmo de su furia contra el suelo impecable.
—Te advertí que mantenerla cerca era un error. Te advertí que tarde o temprano esa parte del pasado volvería a exigir espacio.
El padre de Lucia cerró los ojos un instante.
—No pensé que lo haría ahora.
—¡Claro que lo haría ahora! —estalló ella—. La casa está inestable. La desaparición de Guillermo Lombardi ha alterado todo el tablero social. Y justo ahora, esa mocosa decide jugar a la heredera legítima.
El nombre de Guillermo flotó en el aire como otro foco de tensión. Su ausencia había debilitado alianzas tácitas. Había generado rumores. Y ahora, la amenaza venía desde dentro.
Claudine se detuvo frente al escritorio, inclinándose levemente hacia su esposo.
—¿Qué exactamente está reclamando?
—Bienes que pertenecían a su madre antes del matrimonio. Acciones. Un fondo de inversión que nunca se ejecutó formalmente a su nombre.
El rostro de la mujer se tensó aún más.
—Esos activos están integrados a la estructura actual.
—Lo sé.
—Entonces no puede simplemente llevárselos como si fueran una cuenta olvidada.
—Legalmente, puede iniciar el proceso.
La palabra “legalmente” fue otro golpe.
Ella retrocedió un paso, respirando hondo.
Durante años había construido un equilibrio delicado. Su posición en la casa no provenía de una herencia propia. Provenía de estrategia, presencia y control. Si Lucía obtenía independencia financiera, dejaría de estar bajo su influencia.
Y eso era lo que realmente la aterraba.
—Esto no es solo dinero —dijo ella con voz más baja, pero cargada de tensión—. Es poder.
El padre de Lucia no respondió de inmediato.
Porque sabía que era verdad.
Si Lucía obtenía su patrimonio, ya no sería la hija dependiente que podía ser dirigida hacia un matrimonio conveniente. No sería la pieza sacrificable en una negociación social.
Sería autónoma.
Y una mujer autónoma dentro de esa casa alteraba todas las jerarquías.
—¿Qué le dijiste? —preguntó Claudine con ojos encendidos.
—Que si procede legalmente, afectará nuestra relación.
Ella soltó una risa breve y amarga.
—¿Relación? ¿De verdad crees que eso la detendrá? La he visto en las últimas semanas. Está diferente. Más segura. Más silenciosa… pero no sumisa.
El recuerdo de la conversación reciente con Lucía volvió a su mente. Esa calma firme. Esa mirada directa.
No era la niña que toleraba desprecios en silencio.
—¿Vas a permitirlo? —preguntó ella finalmente.
—No es cuestión de permitir.
—¡Claro que lo es! —volvió a elevar la voz—. Si ella inicia un proceso formal, esto puede salir a la luz. La prensa ama las disputas familiares entre apellidos respetables.
El padre de Lucia frunció el ceño.
—No dramatices.
—No estoy dramatizando. Estoy anticipando.
Ella siempre había sido buena anticipando.
Por eso le enfurecía no haber anticipado esto.
Se acercó a la ventana y observó el jardín impecable.
—Si Lucía obtiene su parte… podría marcharse.
La idea no era alivio.
Era amenaza.
—Y si se marcha con recursos propios, no habrá forma de influir en sus decisiones.
El señor Sotomayor guardó silencio.
Porque comprendía algo que su esposa no quería aceptar: quizá esa era precisamente la intención de Lucía.
—Podemos negociar —dijo él finalmente.
Claudine se giró con incredulidad.
—¿Negociar? ¿Con ella?
—Ofrecer una distribución gradual. Condicionada.
Ella negó con la cabeza.
—Eso solo le dará más argumentos legales.
El despacho comenzó a sentirse más pequeño.
Más cargado.
—Entonces, ¿qué propones? —preguntó él, con un dejo de cansancio.
Ella lo miró directamente.
—Debilitar su posición.
El silencio se volvió denso.
—¿Cómo?
La mujer cruzó los brazos.
—Si se cuestiona su estabilidad. Si se siembra duda sobre su criterio. Si se presenta como impulsiva…
—No voy a desacreditar a mi hija públicamente. Ya la hemos mantenido mucho tiempo a la sombra de Isabella.
—No hablo de público —respondió con frialdad—. Hablo de influencias. De retrasos procesales. De tecnicismos.
El señor Sotomayor se dejó caer en su silla.
—No quiero una guerra legal en mi propia casa.
—Ya empezó —replicó ella—. Solo que tú aún no lo aceptas.
En el pasillo, pasos suaves se detuvieron cerca de la puerta.
Lucía.
Que pensará y hará Isabella porque sus planes se le están escapando de sus manos 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Guillermo termina de una vez en decirle a Lucia que le gustas que estás babeando 🤤🤤🤤 por ella.
Lucia a medida que vas leyendo cada documento te das cuenta que la fortuna que dejo tu madre es mayor de lo que tu imaginabas.
Que paso Isabella tu orgullo está herido porque Guillermo Lombardi termino lo que nunca empezó bien y ahora lo quieres comprometer sutilmente ojalá que se de cuenta y no te siga el juego.
Claudine zorra vieja le estás preparando según tu idea el vestido, las joyas y que es lo que tiene que hacer Isabella para que quede Guillermo comprometido socialmente y no pueda salirse sin armar un escándalo.
Que mentira le dirán a Armand Valois 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓
Todos los planes que tenían las víboras se les fue por el caño de casar a sus hijas con magnates para seguir aparentando en sociedad.
Guillermo que harás con esa verdad de que fue Lucia quien te salvó esa noche y no Isabella 🤔🤔🤔❓❓❓❓