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Peligrosa Atracción

Peligrosa Atracción

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dannyperezok

Un imperio construido sobre el control. Una atracción que amenaza con destruirlo todo.

En el piso cuarenta y dos de Vance Financial, la regla es simple: la eficiencia se premia y las emociones no existen. Alexander Vance es un CEO implacable, calculador y distante, un hombre que ha convertido su vida en un mecanismo perfecto para sepultar la culpa de un pasado oscuro y un secreto familiar que podría arruinarlo.

Elena Ross llegó a su oficina solo para pagar las deudas de su familia, pero su resiliencia y templanza la convierten en la única asistente capaz de soportar la frialdad de Vance. Sin embargo, detrás de la fachada profesional, una química sofocante e innegable comienza a desgastar las barreras de ambos.

Cuando una serie de amenazas anónimas y un juego de poder corporativo ponen en riesgo la vida de Elena, el control de Alexander se fractura. Obligados a protegerse en medio de un nido de traiciones, la línea entre la lealtad, el deseo y el peligro empieza a borrarse.

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Capitulo 9: El cerco se cierra

​​La noticia golpeó el aire de la sala de conferencias con la precisión de un impacto sordo. Alexander no pestañeó, pero Elena, sentada a su derecha con la libreta de anotaciones abierta, notó cómo los nudillos de las manos de su jefe se volvían blancos al apretar el borde de la mesa de caoba.

​Los accionistas, ajenos al mensaje que Julian acababa de entregar en privado, continuaban murmurando sobre la reestructuración de las acciones. Alexander levantó la mano izquierda en un gesto seco. El silencio en la sala fue absoluto e instantáneo.

​—La sesión queda suspendida —declaró el CEO con una voz tan neutra y helada que pareció congelar el ambiente—. El comité ejecutivo asumirá las firmas operativas de forma temporal. Julian, despeja el piso.

​Sin esperar la reacción de los miembros de la junta, Alexander se puso de pie, tomó a Elena firmemente del codo y la guio fuera de la sala de reuniones a pasos agigantados. Elena tuvo que apresurar la marcha para mantener su ritmo a lo largo del pasillo de cristal.

​—Alexander, ¿qué está pasando? —preguntó ella en cuanto cruzaron la puerta doble de la presidencia.

​Alexander no respondió de inmediato. Se dirigió al panel oculto tras la biblioteca de su despacho, ingresó una secuencia en el teclado numérico y la puerta blindada del depósito privado se abrió. Extrajo dos cargadores adicionales para su arma y se los entregó a Julian, quien ya ingresaba al despacho cerrando con cerrojo tras de sí.

​—Marcus ya no está operando bajo la lógica del dinero o del poder corporativo, Elena —dijo Alexander, girándose hacia ella con los ojos grises reducidos a dos esquirlas de hielo—. Está atrapado. Sabe que las pruebas que enviaste a la fiscalía garantizan que pase el resto de su vida en una prisión de máxima seguridad. Un hombre como él, despojado de todo, solo busca una cosa: destruir lo que más me importa antes de que lo atrapen.

​—Mi departamento... —murmuró Elena, comprendiendo de golpe la desconexión de las cámaras perimetrales—. Cree que estoy allí. O busca algo para obligarte a negociar.

​—Buscaba una carnada —corrigió Julian, verificando el mecanismo de su propia pistola antes de guardarla bajo el saco—. Pero cuando sus hombres se den cuenta de que el piso está vacío y que tus cosas no han sido movidas desde ayer, van a rastrear los trayectos de los vehículos de la compañía. Tienen a gente dentro del sistema de monitoreo de tráfico de la ciudad.

​—No nos quedaremos a esperarlos en la torre —sentenció Alexander, ajustándose la chaqueta del traje—. El edificio tiene demasiados puntos ciegos en los pisos inferiores si cortan el suministro eléctrico central. Julian, activa el protocolo de evacuación discreta por el túnel de carga del nivel -4.

​—¿A dónde vamos? —preguntó Elena, sintiendo cómo la adrenalina volvía a acelerarle el pulso.

​Alexander caminó hacia ella, acortando la distancia con esa presencia imponente que siempre lograba primar sobre su miedo. Le tomó el rostro con ambas manos, obligándola a mirarlo fijamente. Su pulgar acarició el contorno de su pómulo con una devoción reprimida.

​—A un lugar donde la ventaja táctica sea nuestra —dijo él en un susurro grave—. A la antigua residencia de la costa. El único lugar que Marcus no tiene registrado en los activos formales de la familia.

​El túnel de servicio del nivel -4 era una arteria de concreto húmedo y luces amarillas que conectaba el subsuelo de la torre con el sistema de transporte subterráneo privado de la zona financiera. El sedán blindado avanzó con los faros apagados hasta incorporarse al flujo del tráfico exterior, diluyéndose entre la lluvia persistente que volvía a azotar la metrópoli.

​Durante la primera hora de viaje hacia el norte, el silencio dentro del habitáculo fue denso. Julian conducía con la vista fija en los tres espejos retrovisores, cambiando de carril de forma errática a intervalos regulares para detectar cualquier patrón de seguimiento. Elena permanecía en el asiento trasero, pegada al costado de Alexander. El CEO mantenía un brazo firme alrededor de los hombros de ella, manteniéndola ceñida a su cuerpo mientras conversaba en voz baja por un teléfono encriptado con el fiscal a cargo del caso.

​—Las órdenes de aprehensión ya están emitidas, Alexander —informó la voz del fiscal a través del altavoz—. La policía estatal está haciendo redadas en las propiedades oficiales de Marcus. Pero se ha confirmado que retiró dos millones de dólares en efectivo de una caja de seguridad privada hace tres horas. Tiene mercenarios con él.

​—Mantengan el cerrojo sobre los puertos y aeropuertos privados —ordenó Alexander—. Yo me encargaré de que no salga de la jurisdicción.

​Cortó la llamada y arrojó el teléfono sobre el asiento.

​—Están desesperados —comentó Elena, apoyando la cabeza en el hombro de él. El aroma a madera y pimienta de Alexander le devolvía el centro en medio del caos—. Un hombre con dos millones en efectivo y sin nada que perder es peligroso, pero comete errores.

​—Marcus siempre comete el mismo error —respondió Alexander, pasando los dedos por el cabello de Elena con suavidad—. Cree que todos los demás se mueven por la misma codicia que él. No entiende lo que significa la lealtad... ni entiende hasta dónde soy capaz de llegar para proteger lo que amo.

​La palabra resonó en la penumbra del vehículo con la fuerza de una declaración abierta. Elena levantó la mirada para encontrarse con sus ojos grises. No había frialdad corporativa ni barreras de jerarquía en la expresión de Alexander; solo la devoción implacable de un hombre que había encontrado su propósito más allá de la venganza.

​—¿Lo que amas? —susurró ella.

​Alexander se inclinó y presionó sus labios contra los de ella en un beso lento, profundo y cargado de una posesividad absoluta que hizo que Elena suspirara contra su boca.

​—Te amo a ti, Elena —confesó él contra sus labios, con la voz rasposa por la intensidad de la emoción—. Y no voy a permitir que el pasado que me arruinó la vida te toque a ti.

​Antes de que Elena pudiera responder, el vehículo dio un bandazo violento hacia la izquierda. El chillido de los neumáticos sobre el asfalto mojado fue acompañado por el sonido sordo de un impacto metálico contra el lateral del copiloto.

​—¡Nos alcanzaron! —bramó Julian, girando el volante con fuerza para estabilizar el sedán mientras pisaba el acelerador a fondo—. Una camioneta pesada sin luces nos embistió desde el carril de incorporación.

​A través del cristal trasero, Elena vio la silueta masiva de un todoterreno negro que volvía a acelerar para ponerse a su par en la carretera oscura de la costa.

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Francisca Letycia MirandaGarcia
otra vez su misma técnica de la otra vez
Francisca Letycia MirandaGarcia
esto se pone más peligroso
Francisca Letycia MirandaGarcia
ahora sí que por fin acaben con él
Francisca Letycia MirandaGarcia
y desde entonces no han hecho nada?
Francisca Letycia MirandaGarcia
bueno no tarda en haber un romance enmedio del peligro
Francisca Letycia MirandaGarcia
yo diría al verdadero caos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pq tienen que ser tan duros los jefes, con cara de amargados
Daniel Valmont: Están farmeando aura 🤣
total 1 replies
Francisca Letycia MirandaGarcia
se nota interesante gracias
Daniel Valmont: Gracias por darle una oportunidad ☺️
total 1 replies
Edith Zenteno
buuuu lo mismo cuando mataron a su hermano si es un ceo tan importante donde están la camionetas con guardaespaldas?
Daniel Valmont: Están de huelga 🤣
total 1 replies
Martha Divas Delgado
muy buen comiendo autora me gusta
Daniel Valmont: Me alegra que te guste, por cierto soy hombre🤭
total 1 replies
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