Fabián Black está a seis semanas de perder su herencia, el control del imperio hotelero familiar y cualquier posibilidad de seguir viviendo como siempre. Encontrar una esposa debería ser fácil. Sin embargo, una tras otra, todas las candidatas desaparecen antes de llegar al altar.
Rebeca Martínez tiene problemas mucho más urgentes. Entre dos trabajos agotadores, una sobrina en cuidados neonatales y una economía que se sostiene con pura voluntad, el amor ocupa el último lugar de su lista de prioridades.
Cuando un encuentro inesperado los lleva a aceptar un matrimonio por conveniencia, ambos creen tener las reglas claras.
Hasta que, durante la negociación, Rebeca le advierte:
--Si vamos a dormir juntos, hay algo que debes saber. Yo duermo con Babydoll y eso no es negociable
Durante unos segundos, Fabián creyó que aquel acuerdo sería mucho más interesante... Qué equivocado estaba.
Porque el verdadero desafío no era casarse... era sobrevivir al caos...
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LAS RESPUESTAS MÁS INESPERADAS
NARRADOR
Rebeca respiraba agitada. De alguna manera comunicarse con la operadora para decir que ella no había efectuado esas compras desconocidas la había hecho sudar más que correr con siete perros.
La puerta de la habitación de Sofía se había abierto. Su madre había salido con la tragedia impresa en sus facciones y la preocupación en su mirada.
--¿Cómo está?-- Preguntó queriendo entrar
--Demasiado alterada. Irritada. Dijo que no quiere ver a nadie-- Rebeca miró a su madre confundida
Sabía que Sofía estaba actuando de manera incomprensible desde que supo que estaba embarazada, pero imaginaba que querría tener a su familia acompañándola. Normalmente estaría aterrada.
--No entiendo. ¿El padre de mi sobrina no vino?-- Preguntó
Su madre desvió la mirada. Allí obtuvo la respuesta que necesitaba.
--Le pregunté si él vendría. Me dijo que no quería ver a nadie inmediatamente después-- Rebeca suspiró con frustración
--¿Algo que pueda hacer por ella?-- Esa era su mínima esperanza
Su madre suspiró. Estaba agotada. Sobrepasada.
--Dijo que tú escogerías el nombre de la niña. No ha pensado en uno ni lo hará
La esperanza de Rebeca se desplomó. Ella era la tía, no debería escoger un nombre. ¿Y si a Sofía no le gustaba? ¿Y si después la odiaba por ello?
--Deberias ir a ducharte y comer algo. No podrás cargar a la niña cuando nazca si estás así. Ni siquiera sé si nosotros podremos hacerlo-- La mujer empezó a llorar
Rebeca no sabía que decir, mucho menos que hacer.
Después de calmar a su madre, ella se fue a su apartamento. Le dolía el pecho tan solo por la inmensa preocupación y la angustia que sentía.
Al entrar al pequeño lugar supo que Thomas no había vuelto. Habían pasado semanas desde su desaparición y los gastos en su tarjeta de crédito la hicieron sospechar que él había tenido mucho que ver. ¿Lo peor? Había tenido que pagar la renta solamente para no ser desalojada. ¿Cómo pagaría la tarjeta de crédito? No tenía idea.
Con temor fue a buscar la tarjeta en su mueble. No estaba. Buscó en cada cajón obteniendo el mismo resultado.
Miró hacia un lado, había un mueble que contenía la ropa de Thomas. Cada uno tenía su propio espacio. Abrió el primer cajón, no había ni un calcetín.
--No...-- Dijo sospechando lo peor
Miró el segundo cajón, el tercero... hasta llegar al último.
--Se fue y me estafó...-- Las lágrimas comenzaron a caer rápidamente
Rebeca no supo si era por preocupación, por desesperación o simplemente por la traición que no merecía y que no esperaba. Había confiado en Thomas. Jamás había cuestionado nada.
Recordó el último día juntos. No hubo discusión, ni un pequeño desacuerdo.
La desesperación se hizo mayor. Los operadores de la tarjeta de crédito no tomarían su denuncia. No podía desconocer las compras. Lo ocurrido con su teléfono era prueba de ello. Habían pasado muchos días para hacer un reclamo.
Su mente se dirigió a su hermana a punto de dar a luz. No sabía cómo escoger un nombre apropiado para una niña teniendo tantas emociones negativas asfixiándola.
Había querido comprarle un regalo a su sobrina cuando naciera. Su presupuesto no lo permitiría.
Rebeca buscó sus ahorros. No eran muchos, solamente unos pocos billetes que dejaba dentro de un zapato para un caso de emergencia.
--No...-- Arrojó el zapato a la pared más cercana. No había nada allí
--¿Por qué?-- Se preguntó sin obtener respuesta
Fue a la ducha. Se metió debajo del agua caliente intentando pensar en un nombre para la niña por nacer. Fracasó.
Estaba demasiado desilusionada y cansada para eso. Sofia no tenía la culpa de nada. Tenía que enfocarse.
Pensó en los nombres probables.
--Camila Martinez... es bonito, pero no
Lo rechazó. Un apellido tan común era un problema si lo acompañaba un nombre tradicional y muy usado. ¿Cuántas veces había recibido cosas equivocadas por alguien que se llamaba Rebeca Martinez? No quería eso para su sobrina.
--No se me ocurre nada
Protestó mirando como se estaba vistiendo. El pantalón se lo había puesto al revés solamente por falta de concentración.
Llegó al hospital sin comer. Tenía un enorme nudo en el estómago y en la garganta. Al llegar a la habitación que ocupaba Sofía, la puerta estaba cerrada.
--También me hizo salir a mí-- Le dijo su padre con decepción
Rebeca fue consciente de que algo muy malo estaba pasando. No tenía idea de qué, pero tampoco tenía dudas.
Su hermana era la niña de papá. Siempre lo había sido. Desde muy pequeña compartía todo con su padre y él era su confidente. Lo había sido hasta que supo del embarazo. En ese momento cambió.
Rebeca abrazó a su padre. No sabía que más hacer. Él quería respuestas, pero nadie podía dárselas a excepción de Sofía que se negaba a compartir sus inquietudes.
--Lo intenté todo, hija. Ya no se que más hacer-- Mencionó secando sus lágrimas
Ernesto Martínez no era alguien que llorara fácilmente. Rebeca solamente lo había visto así cuando falleció el mejor amigo de su infancia. Pero a diferencia de ese momento, allí también experimentaba desesperación.
--Papá yo no sé nada. Le he preguntado, he intentado hablarle... llegué a pensar que ella me odia
--Puedes estar deprimida o ser una desconocida ahora, pero ella no nos odia-- Aseguró sentándose
--Tengo que elegir el nombre de mi sobrina, ¿Cómo puedo hacer eso? He llegado a pensar que Sofía no va a querer a la niña-- Quiso decirle que eso la estaba destruyendo, pero no fue capaz
Rebeca se puso de pie al cabo de varios minutos. Solamente en ese momento recordó que un coche la había atropellado. Tenía el tobillo hinchado. Ocultó su dolor para no preocupar a sus padres. Ellos estaban pasando demasiado y no merecían saber la gran cantidad de problemas que ella tenía.
Su madre llegó con dos vasos de café.
--Buscaré uno para ti
--No mami, iré yo. Todavía tengo que pensar en el nombre para la niña y si me quedo mirando la puerta de la habitación de mí hermana voy a enloquecer
Rebeca se alejó. Recién cuando dobló por el pasillo se permitió gemir de dolor, aunque eso no se comparaba ni remotamente a lo que sentía debido a la traición de Thomas.
MARGARET BLACK
La historia está muy bonita pero ya siento que se va tornando monótona 🤭
😂🤣😂🤣 pelear porque la primera sonrisa de Jade fue para Fabian fue demasiados celos de Rebeca que sobrina lo prefiriera cada vez que le hace una payasada.