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Entre Sombras Y Piel

Entre Sombras Y Piel

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Suspenso / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Elara es una arquitecta brillante, reservada, que ha vivido siempre bajo reglas y control. Todo cambia cuando acepta restaurar la antigua mansión de la familia Varela y conoce a Dante Varela: un hombre misterioso, intenso, que despierta en ella un fuego que creyó no tener. Entre paredes que guardan secretos, noches de pasión arrolladora y un pasado que amenaza con separarlos, descubrirán que el deseo no se puede controlar… y que a veces, amar es el único riesgo que vale la pena correr.

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Capítulo 13 — La persecución

Las luces traseras del coche que los perseguía se clavaban en ellos como dos ojos feroces en la oscuridad, creciendo cada segundo más, acercándose sin detenerse. Dante apretó el volante con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos, acelerando hasta que el motor rugió y el vehículo saltó hacia adelante, rasgando la noche. El camino era estrecho, lleno de curvas cerradas y bordes sin barandilla, con un precipicio que caía hacia el bosque oscuro a su derecha.

—Se acerca —susurró Elara, mirando por el retrovisor con el corazón golpeándole contra la garganta—. Dante, va muy rápido.

—Lo sé —respondió él, con voz tensa pero firme—. No lo pierdas de vista. Dime qué hace en cada curva.

El coche perseguidor cerró la distancia en cuestión de segundos, apareciendo casi pegado a su paragolpes. De pronto, se desvió hacia el carril contrario y aceleró para adelantarlos.

—¡Va a pasar! —gritó Elara—. ¡Nos va a cortar el paso!

Dante reaccionó al instante: frenó bruscamente y giró el volante hacia el arcén, dejando que el otro vehículo pasara por su lado con un rugido de motor, rozándolos por apenas centímetros. Al pasar, Elara vio el perfil del conductor: era un hombre que no conocía, con el rostro endurecido por la rabia, y en el asiento trasero… una sombra que reconoció al instante. Julián Montero. Iba allí, observándolos con esa calma fría y cruel, como si ya supiera cómo terminaría todo.

—Es él —dijo ella, helada—. Julián está ahí. No nos dejará llegar a la ciudad.

—No lo hará —convino Dante, recuperando la velocidad—. Pero tampoco nosotros se lo pondremos fácil.

El camino se estrechaba aún más, flanqueado por árboles altos que apenas dejaban pasar la luz de la luna. El coche de Julián se puso delante y frenó de golpe, obligando a Dante a frenar para no chocar, obligándolos a reducir la velocidad a la que él quisiera. Estaban atrapados, reducidos a su merced.

—No podemos seguir así —dijo Dante, mirando a ambos lados—. Si llegamos al tramo recto de la cima, nos bloquearán por completo. Allí no hay escapatoria.

—¿Qué haremos? —preguntó Elara, agarrando con fuerza la mochila donde estaban las pruebas—. No podemos dejar que nos las quiten. Si las recuperan… todo fue en vano. Y nosotros…

—No dejaré que nos toquen —la interrumpió él, tomándole la mano un instante sin soltar el volante—. Confía en mí.

En cuanto salieron de una curva cerrada, Dante vio su oportunidad: un camino de tierra estrecho que se desviaba a la derecha, hacia el bosque, casi oculto por la vegetación. Sin dudarlo, giró bruscamente hacia él. El coche saltó sobre los baches y la grava, perdiendo tracción un instante antes de encarrilarse. Detrás de ellos, escucharon el grito de los frenos del otro coche y el choque metálico cuando el conductor intentó imitarlo y rozó el guardarraíl.

—¡Se han estrellado! —exclamó Elara, girándose—. Se han quedado atrás.

—No por mucho tiempo —dijo Dante, sin aminorar la marcha—. Debemos alejarnos antes de que logren seguirnos.

El camino era áspero y lleno de baches, pero avanzaban entre los árboles, lejos de la carretera principal. La vegetación golpeaba los costados del coche, y las ramas arañaban el techo. No sabían hacia dónde iban, solo sabían que debían alejarse de ellos, de la mansión, del pasado que los perseguía.

—¿Adónde vamos? —preguntó Elara, mirando la oscuridad que se abría ante ellos.

—A una cabaña —respondió él—. En lo profundo del bosque. Mi padre la construyó para venir a cazar y descansar. Nadie la conoce. Ni siquiera Julián. Si logramos llegar, estaremos a salvo hasta el amanecer. Y entonces… decidiremos qué hacer.

Condujeron durante más de una hora, avanzando cada vez más lento a medida que el camino se volvía imposible para el coche. Finalmente, Dante detuvo el vehículo bajo unos árboles densos que lo ocultaban por completo.

—Debemos caminar desde aquí. Está cerca, pero no se puede pasar con el coche.

Bajaron al mismo tiempo, con la mochila al hombro de Dante, y empezaron a caminar entre la maleza. El aire era frío y húmedo, y el suelo estaba resbaladizo por la hojarasca y el rocío. Elara agarró la mano de Dante, dejando que él la guiara en la oscuridad, sin saber qué había delante, solo sabiendo que mientras estuvieran juntos, no tenía miedo.

—¿Crees que nos buscarán? —preguntó ella en voz baja.

—Buscarán hasta encontrar rastro —respondió él—. Pero este bosque es grande y confuso. Si nos escondemos bien, no nos hallarán antes de que salga el sol. Y con la luz… veremos el camino de verdad.

Poco después, entre los árboles, apareció la cabaña: pequeña, de madera rústica, con el techo inclinado y una chimenea de piedra. Parecía abandonada, perdida en el tiempo, pero era su refugio, su única oportunidad de respirar. Dante abrió la puerta con una llave que llevaba en el bolsillo, y entraron en la penumbra. Encendió una vela, y la luz dorada iluminó una estancia sencilla: una mesa, dos sillas, una chimenea, y al fondo, una cama estrecha cubierta con mantas viejas. El olor a leña seca y cera los recibió como un abrazo.

Se dejaron caer juntos en el borde de la cama, sin soltarse, temblando no solo por el frío, sino por la descarga de adrenalina que recorría sus cuerpos. Estaban vivos. Estaban juntos. Pero no estaban a salvo. Julián sabía que tenían las pruebas. Sabía que iban a buscar a Salinas. Y no se detendría ante nada para impedirlo.

—Estamos bien —susurró Dante, atrayéndola hacia sí y rodeándola con sus brazos—. Estamos a salvo, por ahora. Nadie nos encontrará aquí.

Elara recostó la cabeza en su pecho, escuchando su corazón latir fuerte y rápido, igual que el suyo.

—Esto es solo el comienzo, ¿verdad? —dijo ella—. Mañana no será más fácil.

—No —convino él, besando su frente—. Pero mientras estemos juntos, nada nos vencerá. Nos levantaremos al amanecer, y seguiremos. Hasta llegar con Salinas, hasta que la verdad salga a la luz, hasta que Valeria descanse en paz y mi padre sea limpiado de su nombre. No nos rendiremos. Ni ahora, ni nunca.

Se miraron a los ojos, y en la tenue luz de la vela, vieron lo que el miedo no podía borrar: el amor que los había llevado hasta allí, que los había hecho arriesgarlo todo, y que ahora era su única fuerza. Se besaron despacio, con la urgencia de quien sabe que cada instante cuenta, con la ternura de quien ha encontrado su refugio en la persona correcta. Afuera, la noche seguía oscura y silenciosa, llena de sombras y peligros, pero dentro de esa pequeña cabaña de madera, el fuego de su amor ardía más fuerte que nunca, iluminando el camino que aún les quedaba por recorrer.

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Eliana Angulo
interesante
Eliana Angulo
desde que se conocieron hubo una química entre los protagonistas, que me gustó 🤭
Eliana Angulo
el paso de deja quieto, por estar de hosiosa que les pasara
Eliana Angulo
yo no recostruiria nada, dejaría esa casa asi
Eliana Angulo
yo no recostruiria nada, dejaría esa casa asi
Eliana Angulo
esa Clara guarda algo
Eliana Angulo
jajaja es Dante no era que se reprimia🤣🤣
Eliana Angulo
interesante tu obra
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: me alegra que te guste, te invito a seguir leyendo la y a qué le mis otras historias, te encantarán ☺️
total 3 replies
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