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Escuchar Al Corazón

Escuchar Al Corazón

Status: Terminada
Genre:Niñero / CEO / Padre soltero / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Ariana Montiel tiene 22 años y un secreto increíble: puede escuchar los pensamientos de todo el mundo. Aunque el caos de la mente humana la abruma, descubrió el trabajo perfecto gracias a su don. Como niñera, solo necesita sintonizar la mente de los bebés para saber exactamente qué les duele o qué necesitan, convirtiéndose en la más famosa de la ciudad.
Todo cambia cuando Carlos Monterrey, un frío, estresado y millonario CEO, se cruza en su camino. Carlos es un padre soltero al borde del colapso con un bebé de seis meses que no deja de llorar. Desesperado pero desconfiado, le propone a Ariana un trato extremo: cuidará a su hijo por tres días. Si logra calmarlo y ve una mejoría real, obtendrá el trabajo de su vida con un sueldo espectacular; si falla, se irá a casa con los bolsillos vacíos.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Secretos del pasado

El ambiente mágico del domingo parecía haber dejado un rastro de paz en la mansión Monterrey. Sin embargo, para la noche del martes, la rutina habitual regresó con la llegada de una visita elegante.

Valeria, la mejor amiga de la infancia de Carlos y madrina de bautizo de Jonathan, vino a cenar. Era una mujer ejecutiva de clase alta, siempre vestida con trajes impecables y una actitud sofisticada. Aunque solía ser muy amable con el bebé, siempre me trataba con una distancia educada, como si yo fuera un mueble más de la decoración.

A las nueve de la noche, la cena formal en el comedor principal había terminado. Carlos y Valeria se trasladaron a la sala de estar con un par de copas de vino sobre la mesa de centro, mientras yo me encargaba de la rutina nocturna del niño.

Tras bañar a Jonathan y dejarlo tranquilo en su cuna juguetando con sus mantas, bajé a la cocina para preparar su última mamadera de leche tibia antes de hacerlo dormir.

La cocina de acero inoxidable estaba en penumbra. Me apoyé en la barra esperando a que el calentador de maderas hiciera su trabajo. Traía mis auriculares colgados al cuello y, debido al silencio de la casa, no hizo falta esforzarme mucho para notar la tensión que venía desde la sala contigua.

Las voces de los adultos se escuchaban con total claridad a través del amplio pasillo de mármol.

—Carlos, no puedes seguir viviendo así —decía la voz de Valeria, suave pero firme—. Llevas casi un año encerrado en este trabajo, usando la empresa como una trinchera para no sentir nada. Tienes que empezar a salir, a rehacer tu vida.

Escuché el sonido metálico de la copa de vino al golpear la mesa de cristal. Carlos dejó escapar una risa amarga y seca.

—No tengo tiempo para esas tonterías, Valeria. Mi vida son mi empresa y mi hijo. No necesito nada más.

—Lo que necesitas es superar lo que pasó con Sofía —replicó Valeria sin rodeos, haciendo que el ambiente se volviera helado al instante.

Al escuchar ese nombre, me quedé completamente inmóvil junto al calentador de biberones. *Sofía*. Era la primera vez que escuchaba nombrar a la madre de Jonathan en todos los días que llevaba trabajando en esa casa.

Sin pensarlo, bajé la guardia de mi mente. No usé mi don por curiosidad morosa, sino por un instinto inevitable. Quería entender el origen del dolor que quemaba por dentro a ese hombre.

En la sala, el pensamiento de Carlos explotó en una ráfaga de amargura, vergüenza y traición que me atravesó el alma como una aguja helada.

*«Sofía...»*, resonó en su mente con un dolor punzante y añejo. *«La mujer a la que le entregué todo mi amor, mis planes de vida y mi fe. Y no le importó nada»*.

—No hay nada que superar —respondió Carlos en voz alta, aunque su tono de voz sonó rasposo y lleno de rabia contenida—. Ella tomó una decisión y yo tomé la mía.

—Ella era una egoísta, Carlos. Todos lo sabíamos —insistió Valeria con un suspiro pesado—. Pero no puedes pagar las culpas de ella cerrándole la puerta a todo el mundo. No todas las mujeres son como Sofía.

En ese instante, la mente de Carlos me reveló la historia completa de lo que había ocurrido en esa casa hacía apenas seis meses. La verdad cruda y dolorosa se desplegó en sus pensamientos de forma tan clara que sentí que el aire se me escapaba de los pulmones.

Sofía no se había ido por un trágico accidente, ni por una enfermedad, ni por un desacuerdo común.

Cuando Jonathan tenía apenas tres semanas de nacido, Sofía miró a Carlos a los ojos en esa misma sala y le confesó que la maternidad le quedaba demasiado "grande". Le dijo sin rodeos que no estaba dispuesta a arruinar su cuerpo, ni su juventud, ni su prometedora carrera en la moda internacional por cuidar a un recién nacido. Prefirió firmar un acuerdo de renuncia de derechos, empacar sus maletas y marcharse a Europa con un diseñador multimillonario, dejando a Carlos solo con un bebé de días en los brazos, en medio de una tormenta de vergüenza, abandono y desolación.

*«Me miró a la cara y me dijo que tener un hijo con un ejecutivo cansado era una condena a la mediocridad»*, recordaba Carlos en su mente, mientras una ola de furia contenida le apretaba el corazón. *«Nos cambió por una vida de fiestas y estatus en París. Prometí esa misma noche que jamás volvería a dejar que una mujer entrara a nuestras vidas. Nadie más nos volvería a lastimar»*.

Me llevé una mano a la boca para contener un jadeo.

Ahí estaba. La pieza del rompecabezas que faltaba.

Por eso Carlos era un hombre de hielo. Por eso vestía esa armadura de CEO inflexible y autoritario. Por eso le aterraba tanto confiar en la gente, por eso reaccionaba con frialdad ante cualquier muestra de cariño y por eso me miraba con tanta desconfianza al principio. El abandono de Sofía lo había dejado sumido en una culpa enorme, haciéndole creer que si fallaba en el trabajo o si mostraba debilidad, el mundo entero se vendría abajo.

Detrás de su fachada de hombre millonario e invencible, solo había un padre joven al que le habían roto el corazón de la forma más cruel posible, cargando solo con la crianza de su pequeño hijo.

—Carlos, tienes que dejar ir esa ira —le decía Valeria desde la sala, su voz sonando como un murmullo distante frente al caos mental de Carlos—. Mira a Jonathan. Está creciendo feliz. Y esa nueva niñera... Ariana... parece ser una buena chica. Realmente está haciendo un milagro con el niño.

Hubo un silencio largo en la sala. Escuché cómo Carlos se ponía de pie y caminaba hacia la ventana.

—Montiel es una empleada excelente. Nada más —dijo él en voz alta, aunque su mente lo traicionó al instante.

Al escuchar mi nombre en su cabeza, la ráfaga de ira por Sofía se disipó para dar paso a una confusión tibia y profunda: *«Ariana no es como Sofía... Ariana mira a Jonathan con amor de verdad. Tiene esa sonrisa tan dulce... Pero no puedo. No debo. Si me permito sentir algo por ella, el golpe si se va me destruirá por completo»*.

El calentador de mamaderas emitió un tenue *"beep"*, indicando que la leche estaba lista.

El sonido me hizo volver a la realidad de golpe. Me apresuré a ponerme los auriculares sobre las orejas para cerrar el canal mental. Estaba temblando ligeramente. Tomé la mamadera con manos torpes y la envolví en una pequeña toalla limpia.

Salí de la cocina a pasos muy silenciosos, intentando no hacer el menor ruido al pasar cerca de la entrada de la sala. Eché una mirada rápida de reojo. Carlos estaba parado frente a la ventana, mirando hacia la oscuridad del jardín con la copa de vino en la mano y la espalda ríspida, luciendo más solitario que nunca en medio de la inmensa mansión.

Subí las escaleras lentamente, con el corazón apretado por una empatía desbordante.

Al entrar a la recámara del bebé, encontré a Jonathan despierto, chupándose el puñito mientras miraba el móvil de cuna. Le sonreí con ternura, lo cargué en mis brazos y le acomodé la mamadera en la boquita. El bebé empezó a tomar la leche con avidez, mirándome con sus grandes ojos negros.

—Tranquilo, mi amor —le susurré al oído, acariciándole su suave cabellera oscura—. Estás a salvo aquí.

Miré la puerta conectada con el pasillo, pensando en el hombre que sufría en silencio abajo. Ya no sentía ninguna molestia por las respuestas frías o cortantes de Carlos. Ahora lo entendía todo. Entendía el peso intolerable que llevaba sobre sus hombros y la enorme muralla que había construido alrededor de su corazón para no volver a romper en mil pedazos.

Le di un beso en la frente al pequeño Jonathan mientras se quedaba dormido en mis brazos. Tenía muy claro mi papel en esa casa, pero esa noche algo cambió para siempre dentro de mí: me prometí que, mientras estuviera bajo ese techo, haría todo lo posible para que ni Jonathan ni su padre se volvieran a sentir solos jamás.

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Sandra Vielmas
serían 6 meses no un año. porque el niño tenía 6 meses cuando ella se hizo cargo de el...
Sandra Vielmas
muy bonita historia pero muchas inconsistencias con las fechas. Y no me gustó el final
Sandra Vielmas
pues gracias a ese don te salvó de la ruina. cucaracho
Sandra Vielmas
pero autora no ha pasado ni un mes y ya están enamorados🤔
Sandra Vielmas
como le va a explicar ella, como lo supo...
Sandra Vielmas
esta muy lastimado. además apenas son 6 meses...
Sandra Vielmas
Valeria. quien la contactó la amiga de el va a ponerse celosa y será la villana del cuento🤔
Sandra Vielmas
es difícil convivir con alguien que te gusta...
Daiana Martínez
hermosa novela
Luna del Mar
Buena historia
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