Zoe y Antoni nacieron con cucharas de plata en la boca. Rodeados de opulencia y acostumbrados a la adulación, ambos han forjado una coraza de orgullo y narcisismo que los hace inmunes a la empatía. Sus mundos son un escenario de apariencias, donde cada sonrisa es calculada y cada palabra un arma.
Él, Antoni, un tiburón de los negocios, acostumbra a tener todo lo que desea, y el control es su droga más preciada. Su arrogancia es su bandera, y su éxito, su mayor orgullo. Ella, Zoe, una belleza fría y distante, se deleita en la manipulación y la competencia. Su ego es un monstruo que necesita ser alimentado constantemente con admiración y poder.
Sus caminos se cruzan en una fiesta exclusiva, donde la atracción inicial se mezcla con el desafío. Comienza entonces un juego de ajedrez mental y emocional, donde el objetivo no es ganar un amor, sino conquistar un ego.
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pasión
En palabras de Zoe....
Se lo que están pensando estoy cayendo con típico chico que va a romper mi corazón y si eso giraba en mi cabeza.
Pero el solo sentir su cuerpo junto al mío prendía algo dentro de mi que no podía explicar.
Lo bese, con esa decoración contenida de todo el día, me tomo con sus dos manos y entramos al auto.
— Vamos al hotel o juro que te haré el amor aquí mismo.— dijo agitado mientras me ponía el cinturón de seguridad y pasaba sus dedos por mi senos.
Cuando entró se acercó y volvió a besarme tenía tantas ganas de estar con el.
El trayecto de regreso al hotel fue una tortura silenciosa y abrasadora. Antoni conducía con una mano en el volante y la otra sujetando la mía con una fuerza casi posesiva, apretándola contra su muslo mientras ambos contábamos los segundos para llegar. Cada vez que nos deteníamos en un semáforo, sus ojos oscuros me devoraban en la penumbra de la camioneta, prometiendo sin hablar todo lo que me haría en cuanto cruzáramos la puerta.
Apenas llegamos a mi habitación, Antoni me empujó suavemente contra la madera, cerrando el cerrojo de un golpe sordo. No me dio tiempo ni de soltar la bolsa. Sus labios cayeron sobre los míos con una voracidad que me dejó sin aliento, devorándome la boca mientras sus manos grandes y firmes bajaban la cremallera de mi pantalón blanco.
—Antoni... —alcancé a jadear contra sus labios, sintiendo cómo se me doblaban las rodillas por el calor que me recorría entera.
Torpemente me quite mi pantalón mientras el también hacía a lo mismo y volvimos a besarnos y caímos a la cama entre besos quedé encima de él, tenía miedo de llevar yo el control pues me imaginaba que el ya había estado con muchas mujeres.
Levanté mi cadera y dejé que el entrara despacio, era aún doloroso, cuando por fin entro por completo ambos jadeamos.
Me costó unos segundos adaptarme a lo ancho y largo de su hombría el me miraba directamente a los ojos mientras acariciaba mis senos con suavidad.
Mis movimientos comenzaron lentos moviendo mi cintura, lo miraba y me encantaba todo el sus labios su nariz respingada y como jadeaba a la misma para de mi.
Mis movimientos se volvieron rápidos el tenía mis senos en su boca devorandolos algo que me volvía loca.
— Así muevete ahhh que delicioso..— decía Antoni.
— Ahhh Antoni mmmm...
Cuando llegamos al clímax me abrazó y yo lo bese, mientras mi cuerpo se llevaba de placer tanto que mi corazón latía con tanta fuerza.
Me dejé caer sobre su pecho, sintiendo el subir y bajar acelerado de su tórax y la calidez de su piel sudorosa pegada a la mía. Tenía el rostro escondido en su cuello, respirando ese perfume mezclado con el calor de nuestros cuerpos mientras mis pulsaciones intentaban volver a la normalidad.
Antoni no tardó ni un segundo en apretarme entre sus brazos, envolviéndome con una firmeza que me hacía sentir absurdamente protegida. Una de sus manos grandes subió hasta mi nuca, enredando sus dedos en mi cabello despeinado para besarme la frente con una ternura que me desarmó por completo.
—Eres increíble, Zoe... —murmuró con la voz rasposa, todavía intentando recuperar el aire—. No tienes idea de lo que me haces sentir.
— Antoni, tu eres diferente.— dije y se cerraron mis ojos.
por UE la tal amiguita esa ni me fio