En un mundo donde la magia y la traición se entrelazan, Valeria, una joven moderna, encuentra su vida truncada tras un fatal accidente. Al despertar, descubre que ha reencarnado en el cuerpo de la villana de una novela que acababa de leer. Con el rostro de la malvada que muere trágicamente, Valeria decide cambiar su destino. En lugar de seguir el camino de la oscuridad, planea reconciliarse con su media hermana, deshacer su compromiso con el héroe y recuperar el ducado que le pertenece por derecho. Sin embargo, en su búsqueda de venganza y redención, se verá atrapada en un romance inesperado con el verdadero villano de la historia. Entre intrigas y magia, Valeria deberá enfrentarse a sus propios demonios mientras intenta forjar un nuevo futuro.
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Capítulo 12
El sol de la mañana se filtraba a través de las pesadas cortinas de terciopelo carmesí, pintando la lujosa habitación con franjas de oro pálido y sombras danzantes. Seraphina abrió los ojos, no con el sobresalto del día anterior, sino con una conciencia serena, aunque extraña. Ya no era una empleada de galería de arte recién fallecida, sino Lady Seraphina von Drakenburg, la villana de una novela de fantasía, ahora dueña de un cuerpo que no era el suyo y de un destino que se negaba a aceptar.
El peso de su nueva identidad, sin embargo, no la abrumó como la noche anterior. En cambio, sintió una claridad inesperada, como si la inundación de recuerdos de Seraphina hubiera sedimentado en su mente, dejando tras de sí un mapa detallado del terreno que ahora debía navegar. La decisión de cambiar su destino, de reescribir su final, se había arraigado profundamente en su ser, una promesa silenciosa y feroz que la impulsaba hacia adelante. No era solo una cuestión de supervivencia; era una cuestión de dignidad, de demostrar que incluso la villana más vil podía encontrar su propia redención, o al menos, su propia senda.
Se sentó en la cama, la seda fría del camisón plateado rozando su piel. Estiró los brazos y las piernas, notando la ligereza y la gracia de este nuevo cuerpo. Ya no se sentía ajeno; una noche de sueño profundo, aunque lleno de sueños confusos que mezclaban los recuerdos de Valeria con los de Seraphina, había ayudado a cimentar la conexión. Sus músculos se sentían más firmes, su mente más aguda. Había algo vigorizante en esta nueva existencia, a pesar del terror subyacente. Era como si la muerte le hubiera otorgado una segunda oportunidad, no en la vida que conocía, sino en una que era infinitamente más compleja y peligrosa.
Un suave golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.
—¿Lady Seraphina? ¿Estáis despierta? —Era la voz suave y deferente de Lily, su doncella personal.
—Sí, Lily. Puedes pasar —respondió, su voz, la voz de Seraphina, sonando más firme y natural esta vez.
La puerta se abrió y Lily entró, con su cabello rubio ceniza pulcramente recogido en una trenza y sus ojos grandes y azules llenos de una mezcla de alivio y aprensión. Traía consigo una bandeja de plata reluciente con un té humeante y un pequeño cuenco de frutas frescas y bayas. Tras ella, otras dos doncellas entraron llevando toallas suaves, agua tibia en una jarra de plata y un perfume delicado.
—Buenos días, mi señora —dijo Lily, una sonrisa cautelosa asomando en sus labios—. Me alegra veros tan recuperada. El médico dice que solo necesitáis descanso y buena alimentación.
Seraphina le devolvió una sonrisa suave, la primera sonrisa genuina que este rostro había esbozado. Lily pareció momentáneamente sorprendida, sus ojos se abrieron ligeramente antes de que recuperara su compostura. La Seraphina original no era conocida por sus sonrisas amables.
—Gracias, Lily. Me siento mucho mejor, de verdad —dijo, su voz infundida con una calidez que Seraphina rara vez mostraba. La culpa por el trato pasado de Seraphina hacia esta chica seguía siendo un aguijón—. ¿Podrías servirme un poco de té, por favor? Y las frutas.
Lily asintió, sus manos se movían con una eficiencia silenciosa. Mientras servía el té, ella observó a las otras doncellas, que ya se afanaban en abrir las cortinas, permitiendo que la luz del sol inundara la habitación, y en preparar el agua para su aseo. Cada movimiento era calculado, cada mirada cautelosa. Eran sirvientas entrenadas, pero Valeria sentía la tensión en el aire, la expectativa. La verdadera Seraphina era una amante exigente y volátil. Su cambio de actitud, por sutil que fuera, no pasaría desapercibido.
Mientras tomaba un sorbo de té de hierbas, dulce y reconfortante, repasó mentalmente su plan para el día. La prioridad número uno: acercarse a Elara. No podía permitirse que la historia se repitiera, con ella antagonizando a la heroína y cimentando su propio destino trágico. Tenía que intentar tender un puente, por frágil que fuera.
—Lily —dijo Seraphina, dejando la taza en el platillo—. ¿Sabes dónde se encuentra Lady Elara esta mañana?
Lily se detuvo en medio de doblar una toalla, su expresión denotaba una mezcla de sorpresa y curiosidad.
—Oh, sí, mi señora. La he visto paseando por los jardines hace un rato, cerca del rosal antiguo. Le gusta leer allí, cuando el tiempo lo permite.
Seraphina asintió. Perfecto. El rosal antiguo. Era un lugar pintoresco, apartado, ideal para una conversación privada.
—Bien. Me gustaría un baño, y luego… me gustaría elegir un vestido que sea apropiado para un paseo por los jardines. Algo… cómodo, pero elegante.
Lily asintió, visiblemente complacida por la aparente mejora en el humor de su ama.
—Por supuesto, mi señora. Será un placer.
Mientras las sirvientas la ayudaban con el baño, vertiendo agua perfumada con lavanda y rosas en la tina de mármol, ella dejó que su mente divagara. El agua tibia relajaba sus músculos, pero su mente no dejaba de trabajar. Tenía que elegir las palabras adecuadas, el tono preciso. Elara estaría a la defensiva, y con razón. La Seraphina original la había tratado con crueldad y desprecio. La disculpa tenía que ser genuina, pero también tenía que ser creíble dentro del contexto de un "desmayo por agotamiento" que había alterado su personalidad.
Se sumergió en el agua, sintiendo la caricia suave del jabón perfumado en su piel. Las manos de Lily se movían con delicadeza, lavando su largo cabello negro, enjabonando su espalda. Era una experiencia extraña, ser atendida con tanta intimidad. Ella, en su vida pasada, era una persona independiente que prefería hacer las cosas por sí misma. Pero aquí, el lujo y el protocolo dictaban que una duquesa no se atendía sola.
—Lily —llamo, la voz ahogada por el agua—. ¿Se ha recibido alguna misiva o noticia importante desde que… me desmayé?
Lily dudó un momento, su expresión ligeramente tensa.
—Solo… una carta del Duque Kaelen, mi señora. Preguntando por vuestra salud. Y una nota de vuestro padre, el Duque Alaric, expresando su preocupación y aconsejando descanso. Nada más de importancia.