Evolett aprendió demasiado pronto que el mundo podía ser un lugar cruel. Durante dos años, sobrevivió en silencio, escondiendo sus heridas detrás de una mirada tímida y un corazón que ya no confiaba en nadie.
Hasta que apareció Will Cleim.
Él no la mira con lástima. No intenta salvarla. Simplemente decide quedarse.
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capitulo 14
Las primeras semanas en Cleim Couture fue un torbellino de sensaciones. Evolett llegaba a las siete de la mañana o a las nueve, después de haber asistido a sus clases en la Sorbona, Will le había ajustado el horario para que pudiera completar su formación y se quedaba hasta las seis de la tarde, absorbiendo todo lo que podía sobre el proceso de diseño.
El apartamento que la empresa le había proporcionado era cómodo, pero Evolett no podía evitar sentir que todo era demasiado bueno para ser verdad. El sueldo adelantado, los beneficios, la flexibilidad horaria...
Lo que ella no sabía es que ninguna de las otras pasantes en la empresa tenía condiciones similares. Pero cuando le preguntó, Will le había respondido con evasivas.
—Eres mi asistente personal
había dicho, con una sonrisa que no llegaba del todo a sus ojos.
—Tienes responsabilidades diferentes.
Ella no había insistido. Pero algo en su interior le decía que Will estaba inventando excusas para ayudarla. Y aunque era reconfortante, también era aterrador.
El viernes por la tarde, Evolett estaba en su escritorio un espacio pequeño pero bien iluminado dentro de la oficina de Will, revisando los bocetos de la colección cuando escuchó voces en el pasillo. Una de ellas era familiar, la risa profunda de Will. La otra era más aguda, con un tono burlón que no reconocía.
—No me digas que estás trabajando un viernes por la tarde
dijo la voz, mientras la puerta de la oficina de Will se abría.
—Hasta tú mereces un descanso, amigo.
Evolett levantó la mirada y vio a un hombre alto, de cabello negro, con ojos verdes que brillaban con picardía. Llevaba un traje azul eléctrico que contrastaba con el estilo más sobrio de Will.
—Marcus
dijo Will, con un tono de resignación afectuosa
—no sabía que venías.
—Sorpresa
respondió Marcus, entrando en la oficina como si fuera suya.
—He estado fuera de la ciudad dos semanas y quería ver cómo está mi socio favorito.
Will negó con la cabeza, pero una sonrisa se formó en sus labios.
—Siéntate. Quieres café?
—¿El de la máquina de la oficina? No, gracias. Prefiero el veneno.
Will soltó una risa y se volvió hacia la puerta, donde Evolett seguía observando la escena desde su escritorio.
—Evolett, ven. Quiero presentarte a alguien.
Ella se levantó con lentitud, sintiendo que el corazón le latía con fuerza. Conocía a Marcus de oídas, pero nunca lo había visto en persona.
—Marcus, ella es Evolett Lurent, mi nueva asistente de diseño. Evolett, él es Marcus, mi mejor amigo y abogado de la empresa.
Marcus la miró con curiosidad, y una sonrisa amplia se formó en su rostro.
—Así que eres tú
dijo, extendiendo su mano.
—Will no ha parado de hablar de ti desde que te conoció. La chica de la galería, la del vestido azul... ¿no?
Evolett tomó su mano con vacilación.
—No sé si soy esa chica
respondió, con timidez.
—Eres exactamente esa chica
dijo Marcus, con una sonrisa que no parecía burlona.
—Will me contó todo. Bueno, casi todo. Dijo que tenías un talento increíble y que eras la mejor decisión que había tomado en años.
Evolett sintió que el calor subía a sus mejillas y lanzó una mirada rápida a Will, que parecía incómodo con la revelación.
—Marcus exagera
dijo Will, con un tono que intentaba ser ligero.
—No exagero
respondió Marcus, soltando la mano de Evolett.
—Y además, necesito conocer a la persona que ha logrado que mi amigo se olvide de sus compromisos sociales.
Will lo fulminó con la mirada.
—Marcus.
—Vale, vale
dijo Marcus, levantando las manos en señal de rendición.
—No diré nada más. Pero los invito a cenar a los dos. ¿Qué les parece?
Evolett abrió la boca para rechazar la invitación, pero Will habló primero.
—No puede. Tiene clases esta noche.
—Ah, estudias?
preguntó Marcus, con interés genuino.
—Dónde?
—En la Sorbona. Diseño de moda
respondió Evolett.
—Impresionante. Una mujer con talento y estudios. Will, no la sueltes.
Will lo miró con una advertencia silenciosa, pero Evolett no pudo evitar una sonrisa. Marcus era tan diferente a Will, ruidoso, bromista, sin filtros. Pero también parecía genuinamente amable.
—Bueno
dijo Marcus, palmeando el hombro de Will.
—si no pueden cenar hoy, será otro día. Pero prométeme que me invitarás a conocerla mejor.
—no lo haré
respondió Will, con un tono que sugería que quería terminar la conversación.
—jajaja, entonces me retiro
dijo Marcus, guiñando un ojo a Evolett.
—Ha sido un placer conocerte, Evolett.
—Igualmente
respondió ella, sintiendo que la sonrisa se le pegaba en el rostro.
Cuando Marcus se fue, Will se volvió hacia ella con una expresión de disculpa.
—Lamento eso. Marcus es un poco... intenso.
—Es simpático
dijo Evolett.
—Y parece que te quiere mucho.
Will sonrió, con un destello de calidez en los ojos.
—Sí. Es como un hermano para mí. A veces molesto, pero siempre leal.
Evolett asintió y se dispuso a volver a su escritorio, pero Will la detuvo.
—Evolett, antes de que te vayas... quería preguntarte cómo te está yendo. Con el trabajo, con las clases, con el apartamento. ¿Necesitas algo?
Ella lo miró, sorprendida por la pregunta.
—No, todo está bien. El trabajo es exigente pero me encanta. Las clases son interesantes. Y el apartamento es perfecto.
—Me alegra oír eso
dijo Will, y su voz sonaba sincera.
—Si necesitas algo, no dudes en decírmelo.
Evolett asintió y fue a su escritorio, pero algo en el tono de Will la hizo detenerse un momento.
—Will
dijo, sin mirarlo.
—¿Por qué haces todo esto por mí?
Hubo un silencio. Luego, su voz llegó suave desde detrás de ella.
—Porque mereces una oportunidad. Y porque no puedo evitar querer darte todas las que estén en mi mano.
Evolett sintió que el corazón le daba un vuelco. No supo qué responder. Solo asintió y salió, dejando la puerta entreabierta.
Esa noche, en su apartamento, Evolett se sentó en la ventana y observó las luces de París. Tenía un montón de deberes que hacer, pero no podía concentrarse. Las palabras de Will resonaban en su cabeza.
¿Qué significaba eso, era solo amabilidad, o había algo más?
No sabía la respuesta. Y tenía miedo de averiguarlo.