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Salvatore Nueva Tierra

Salvatore Nueva Tierra

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: jhezzy ortiz

Esta historia no empezó con amor.
Empezó con una reseña de 2 estrellas que casi la arruina.
Y con un contrato de 50 mil euros que casi lo salva.

*Él: Damián Ruiz*
35 años. Crítico de vinos. Dueño de viña en Toscana.
Escribió que su comida "no tenía alma".
Ahora necesita que ella cocine su boda.

*Ella: Melody Salvatore*
29 años. Chef en París. 12 mesas y una deuda gigante.
Lo odia. Con razón.
Ahora tiene 30 días para cocinar para él en Toscana.

El trato: 1 mes. Sin tocarse. Sin hablar de lo de Roma.
Solo comida y dinero.

Lo que no estaba en el contrato:
Los viñedos en verano.
Las noches sin dormir.
Las manos que se rozan al probar un plato.
Y la pregunta que nadie se hace: ¿Y si el odio es solo miedo de querer?

NovelToon tiene autorización de jhezzy ortiz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

cicatrices con tu nombre

El olor a trufas y a vino tinto viejo lo envolvía todo.

Melody Salvatore apoyó las manos en la barra de mármol de su pequeño restaurante en el Barrio Latino de París. _“Salvatore”_. 12 mesas. Siempre lleno. Su refugio después de que todo se fuera al infierno en Roma, 3 años atrás.

Flashback......

En la pantalla de su celular, el video seguía reproduciéndose.

Damián Ruiz. Traje sastre, copa de Barolo en la mano, filmando desde la mesa 1 de _“Salvatore”_ hace 6 meses.

_“La cocina italiana en París es un oxímoron. Y esta chef lo confirma. Pasta sin alma. Salsa sin riesgo. 2 estrellas. No pierdan su tiempo ni su dinero.”_

2 estrellas.

Su reseña en _Le Goût_ destruyó sus reservas por 2 meses. Casi la quiebra.

Toc, toc.

Su sous chef, Luc, asomó la cabeza.

—Melody, hay un hombre. Dice que viene de parte de la familia Ruiz. Que es urgente.

El corazón le dio un vuelco. Ruiz dijo en su mente Melody

Cuando entró, el aire del restaurante cambió.

Más alto. Más oscuro. Traje gris, sin corbata. El pelo negro un poco revuelto como si acabara de bajarse de un avión. Los mismos ojos verdes que la juzgaron desde una pantalla. *Damián Ruiz en persona.*

Sus ojos la recorrieron. Vestido negro simple, delantal blanco, el pelo castaño recogido. Labios apretados.

—Señorita Salvatore —su voz era grave, con un leve acento español—. Gracias por recibirme sin cita.

—Ahorrémonos las mentiras, Ruiz —dijo ella, secándose las manos en el delantal—. ¿Vino a terminar el trabajo? ¿Otra reseña?

Él negó con la cabeza y sacó un sobre color marfil del bolsillo interno.

—Me caso en 30 días. En una viña familiar en Toscana. Mi abuela. 150 invitados. —Hizo una pausa, clavándole la mirada—. Quiero que seas la chef.

Melody se rió. Un sonido corto, sin humor.

—Qué gracioso. ¿Quieres que cocine para ti después de lo que escribiste de mí?

—Quiero que cocines para mí _a pesar_ de lo que escribí —corrigió él, dando un paso. Olía a cuero, a lluvia de París y a algo más. Peligro.

—Te voy a pagar 50 mil euros. Todo pagado: vuelo, estadía en la viña por un mes. Pruebas de menú, cenas, la boda.

50 mil euros.

Exactamente la deuda que tenía con el banco de París por la remodelación de _“Salvatore”_.

—¿Y por qué yo? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta. Su orgullo no la dejaba ceder tan fácil.

Damián dejó el sobre sobre la barra. Sus dedos rozaron los de ella por un segundo. El contacto le quemó.

—Porque mi abuela probó tu risotto hace 5 años en Roma. Dijo que era el único plato que le recordaba a mi madre. Y porque —bajó la voz— le debo una disculpa.

—No me debes nada.

—Me debo dejar de huir —susurró él, tan bajo que casi no lo oyó.

El silencio se estiró entre los dos. A su alrededor, el restaurante seguía: copas, murmullos, pero para Melody solo existía él. Y la rabia. Y esa tensión rara que le apretaba el estómago.

Si decía no, seguiría sobreviviendo.

Si decía sí, tendría que encerrarse 30 días en Toscana con el hombre que casi la hunde. Con viñedos, noches de verano y cero escapatoria.

Melody tomó el sobre. Lo abrió. El contrato estaba ahí. Elegante. Frío. Como él.

—Condiciones —dijo, levantando la barbilla—. Uno: solo hablamos de comida. Dos: no me tocas. Tres: cuando la boda termine, te vas de mi vida y no vuelves a escribir mi nombre.

Damián sonrió por primera vez. Peligrosa. Lenta.

—Acepto. —Extendió la mano—. ¿Trato?

Ella dudó 2 segundos. Luego le dio la mano. La de él era cálida, firme. Le apretó un poco más de la cuenta. Un desafío.

Cuando sus dedos se separaron, a los dos se les erizó la piel.

—El vuelo sale mañana a Florencia —dijo Damián, guardando las manos en los bolsillos—. Te veo en la viña. _Benvenuta all’inferno_, señorita Salvatore.

Salió. Y el restaurante volvió a respirar.

Luc se acercó temblando.

—Jefa... ¿vas a irte un mes a Italia... con él?

Melody miró por la ventana. Afuera empezaba a lloviznar en París.

—No —murmuró, guardando el contrato—. Voy a ir a ganarme mi libertad. Y a demostrarle que se equivocó conmigo.

Esa noche, en un hotel de la Rue Saint-Honoré, Damián desempacó. En su maleta había un cuaderno viejo. En la primera página decía: _“Rectificación: Sobre Melody Salvatore y el error de Roma”_.

La cerró. Todavía no.

Primero tenía que sobrevivir 30 días con la única mujer que lo hacía querer confesar. Y que lo miraba como si quisiera besarlo y matarlo

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Ffgh Sfgh
escriba más bien de vaqueros es más creible
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