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Tu Precio, Mi Deseo

Tu Precio, Mi Deseo

Status: Terminada
Genre:Romance / Autosuperación / Posesivo / Completas
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1 - Segunda Temporada

Seis meses habían transcurrido desde que el tintineo de las copas de cristal y las promesas susurradas bajo un arco de flores blancas sellaran su destino. Para Scarlett Moreno, ahora oficialmente Scarlett Serrano ante el registro civil, la transición de universitaria con un contrato secreto en una aplicación exclusiva a esposa del magnate más codiciado de la industria automotriz había sido un viaje a la velocidad de la luz. Pero allí, en la intimidad del penthouse que alguna vez fue su jaula de oro y ahora era su santuario, el tiempo parecía ralentizarse, adaptándose al ritmo pausado de sus respiraciones conectadas.

Era una mañana de sábado de un radiante enero de 2026. El sol invernal se filtraba por los inmensos ventanales de suelo a techo, pintando de un tono dorado y miel el parqué oscuro del dormitorio principal.

Scarlett abrió los ojos lentamente, desperezándose como un felino sobre las sábanas de hilo gris. Lo primero que percibió fue el calor reconfortante que emanaba del cuerpo que la aprisionaba con una posesividad deliciosa. El brazo fuerte y tatuado de Damiano estaba cruzado sobre su cintura desnuda, manteniéndola pegada a su torso musculoso. Scarlett se giró con cuidado, apoyando la barbilla en su pecho de acero. Contempló el rostro de su esposo en la paz del sueño: la mandíbula angulosa ligeramente relajada, las pestañas oscuras que contrastaban con su piel bronceada y la sombra de una barba de un par de días que le daba ese aire peligrosamente atractivo que la volvía loca.

Llevaba puesta una de las camisas de algodón gris de él, que le caía de lado por el hombro, dejando al descubierto una generosa porción de su piel canela y la delicada línea de su clavícula. Con una sonrisa pícara y juvenil, Scarlett estiró la mano y comenzó a delinear con la yema de sus dedos los tatuajes que subían por el brazo de Damiano, trazando el recorrido de las líneas de tinta hasta llegar a su cuello.

Un gemido ronco y sordo vibró en el pecho del empresario. Antes de que Scarlett pudiera reaccionar, los ojos grises de Damiano se abrieron, cargados de una intensidad eléctrica e instantánea que la hizo estremecer. Sus manos grandes se movieron con la rapidez de un depredador; la sujetó de las caderas y, con un movimiento ágil y coordinado, la colocó debajo de él, atrapándola entre sus piernas.

—Te he dicho que es peligroso jugar con el motor antes de encenderlo, señora Serrano —murmuró Damiano contra sus labios, con su voz matutina, más áspera y profunda de lo habitual.

—Me gusta el peligro, señor Serrano. Deberías saberlo a estas alturas —respondió ella con un brillo de audacia en sus ojos avellana, enredando sus dedos en el cabello oscuro y ligeramente despeinado de su esposo.

Damiano no esperó más. Se inclinó y la besó con una urgencia contenida que a Scarlett le encendió la sangre en un segundo. Fue un beso húmedo, profundo y cargado de una sensualidad que solo seis meses de matrimonio y absoluta libertad erótica podían perfeccionar. Sus lenguas se encontraron con una familiaridad adictiva, saboreándose con una lentitud que los hizo gemir a ambos en la penumbra dorada del cuarto. La mano de Damiano se deslizó por debajo de la camisa de algodón, recorriendo la curva de su muslo y ascendiendo por su cadera, quemando su piel canela a su paso.

—Hueles a vainilla y a sábado —susurró él, rompiendo el beso para morderle suavemente el lóbulo de la oreja y descender por su cuello, dejando un rastro de besos húmedos que hicieron que Scarlett arqueara la espalda, presionando su feminidad contra la pelvis dura de él.

La atracción posesiva entre ambos no había disminuido ni un ápice desde el fin de la aplicación *Velvet*; al contrario, se había consolidado en una complicidad madura pero innegablemente juvenil, donde el deseo no se compraba, sino que se reclamaba en cada rincón del penthouse.

Después de una hora de entregarse el uno al otro con una pasión lenta, tierna y devastadora que los dejó con la respiración entrecortada y las sábanas desordenadas, la pareja finalmente se trasladó a la cocina.

Scarlett estaba sentada en la barra de granito negro, con las piernas desnudas cruzadas y balanceándose de manera juguetona. Llevaba una taza de café humeante entre las manos y observaba a Damiano, quien solo vestía unos pantalones de chándal grises que caían bajos en sus caderas. Él estaba de espaldas, preparando unas tostadas con aguacate y huevos. Scarlett contempló la imponente anchura de su espalda tatuada y la tensión de sus hombros, sintiendo una oleada de ternura que le inundó el pecho.

—He estado revisando la carpeta que nos envió la abogada ayer por la tarde —dijo Scarlett en un susurro, rompiendo el silencio pacífico de la cocina.

Damiano se detuvo por un segundo. Dejó el cuchillo sobre la tabla de cortar y exhaló un suspiro, pero no fue un suspiro de fastidio; era de expectación. Se giró, apoyándose contra la barra de la cocina con los brazos cruzados sobre su pecho esculpido, clavando sus ojos grises en ella.

—¿La de la agencia de adopción? —preguntó con voz suave.

—Sí —Scarlett dejó la taza de café a un lado y estiró las manos para tomar las de él, entrelazando sus dedos de forma protectora—. Los requisitos formales están listos. Nuestra estabilidad financiera está más que probada, la casa es apta y... bueno, la abogada dice que el hecho de que estemos casados legalmente acelera el proceso en la lista de espera para recién nacidos. Es el momento de tomar la decisión formal, Damiano. De firmar el inicio del trámite de adopción.

La mandíbula de Damiano se apretó levemente. Scarlett conocía esa mirada. Era el fantasma del pasado, el eco de las palabras crueles de su padre Héctor llamándolo «árbol seco» y recordándole su esterilidad debido a los excesos de su adolescencia en las calles del extrarradio. A pesar de haber confrontado a sus demonios y haber expulsado a su padre de su vida, la idea de no poder dar vida de forma biológica seguía siendo un dolor silencioso en el alma del titán del motor.

—¿Estás segura de que esto es lo que quieres, Scar? —preguntó Damiano, mirándola con una vulnerabilidad cruda—. Eres joven. Tienes veintidós años. Podrías... no sé, tal vez en el futuro querrías un hijo que tenga tus ojos, tu sonrisa. Conmigo no puedes tener eso biológicamente. No quiero privarte de...

Scarlett no lo dejó terminar. Se deslizó de la barra de granito y dio un paso al frente, acortando la distancia física entre ambos. Le acunó el rostro con ambas manos, obligándolo a sostenerle la mirada.

—Mírame, Damiano Serrano —le ordenó con una vehemencia dulce, sus ojos avellana brillando con una determinación indomable—. Mi futuro eres tú. Y el concepto de familia no tiene nada que ver con la genética o los cromosomas. Se trata de esto. De cuidarnos, de sostenernos y de tener el amor suficiente para abrir las puertas de nuestro hogar a un niño que lo necesite. Quiero ser madre, sí, pero solo si es contigo. No hay otra opción para mí. Eres el hombre más fuerte y maravilloso que existe, y vas a ser un padre increíble.

La sinceridad de sus palabras desarmó por completo el bloque de hielo que amenazaba con formarse en el pecho del empresario. Damiano cerró los ojos por un segundo, apoyando su frente contra la de ella, respirando su mismo aire. Sintió cómo el peso de sus inseguridades se disolvía una vez más ante el fuego protector del amor de Scarlett.

—Está bien —susurró él, con una sonrisa tierna y genuina abriéndose paso en sus labios—. Firmemos esos malditos papeles. Hagámoslo oficial. Formemos nuestra familia.

Scarlett chilló de alegría, rodeando su cuello con los brazos y besándolo con una felicidad desbordante y juvenil que hizo que Damiano se riera a carcajadas, levantándola una vez más sobre el granito de la barra.

El sabor de su alianza no era solo el de un papel firmado ante un juez o los anillos de platino que llevaban en los dedos; era el compromiso inquebrantable de avanzar juntos, sin secretos y sin precios, hacia un destino que ellos mismos estaban diseñando. La segunda temporada de sus vidas acababa de arrancar, y aunque el camino estuviera lleno de curvas peligrosas y fantasmas del pasado listos para saltar a la pista, estaban listos para acelerar a fondo, unidos por una atracción que desafiaba cualquier límite biológico.

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Lau
comenzando me gusta 🤭
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